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Día 20 de 365 · 20 de enero

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Génesis 39

1Cuando José fue llevado a Egipto, Potifar, un oficial egipcio de Faraón, capitán de la guardia, lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allá. 2Pero el Señor estaba con José, que llegó a ser un hombre próspero, y vivía en la casa de su amo el egipcio. 3Vio su amo que el Señor estaba con él y que el Señor hacía prosperar en su mano todo lo que él hacía.
4Así José halló gracia ante sus ojos y llegó a ser su siervo personal; y él lo hizo mayordomo sobre su casa y entregó en su mano todo lo que poseía. 5Y sucedió que desde el tiempo que lo hizo mayordomo sobre su casa y sobre todo lo que poseía, el Señor bendijo la casa del egipcio por causa de José. La bendición del Señor estaba sobre todo lo que poseía en la casa y en el campo. 6Así que todo lo que poseía lo dejó en mano de José, y con él allí no se preocupaba de nada, excepto del pan que comía. Y era José de gallarda figura y de hermoso parecer.
7Sucedió después de estas cosas que la mujer de su amo miró a José con deseo y le dijo: «Acuéstate conmigo». 8Pero él rehusó y dijo a la mujer de su amo: «Estando yo aquí, mi amo no se preocupa de nada en la casa, y ha puesto en mi mano todo lo que posee. 9No hay nadie más grande que yo en esta casa, y nada me ha rehusado excepto a usted, pues es su mujer. ¿Cómo entonces podría yo hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?». 10Y ella insistía a José día tras día, pero él no accedió a acostarse con ella o a estar con ella.
11Pero un día que él entró en casa para hacer su trabajo, y no había ninguno de los hombres de la casa allí dentro, 12entonces ella tomó a José de la ropa, y le dijo: «¡Acuéstate conmigo!». Pero él le dejó su ropa en la mano, y salió huyendo afuera. 13Cuando ella vio que él había dejado su ropa en sus manos y había huido afuera, 14llamó a los hombres de su casa y les dijo: «Miren, Potifar nos ha traído un hebreo para que se burle de nosotros; vino a mí para acostarse conmigo, pero yo grité a gran voz. 15Cuando él oyó que yo alzaba la voz y gritaba, dejó su ropa junto a mí y salió huyendo afuera».
16Ella dejó junto a sí la ropa de José hasta que su señor vino a casa. 17Entonces ella le habló con estas palabras: «Vino a mí el esclavo hebreo que nos trajiste, para burlarse de mí. 18Y cuando levanté la voz y grité, él dejó su ropa junto a mí y huyó afuera».
19Cuando su señor escuchó las palabras que su mujer le dijo: «Esto es lo que tu esclavo me hizo», se encendió su ira. 20Entonces el amo de José lo tomó y lo echó en la cárcel, en el lugar donde se encerraba a los presos del rey. Allí permaneció en la cárcel. 21Pero el Señor estaba con José, le extendió Su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel.
22El jefe de la cárcel confió en mano de José a todos los presos que estaban en la cárcel, y de todo lo que allí se hacía él era responsable. 23El jefe de la cárcel no supervisaba nada que estuviera bajo la responsabilidad de José, porque el Señor estaba con él, y todo lo que él emprendía, el Señorlo hacía prosperar.

Génesis 40

1Después de estas cosas, sucedió que el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto. 2Faraón se enojó contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos. 3Y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel, en el mismo lugar donde José estaba preso. 4El capitán de la guardia se los asignó a José, y él les servía. Allí estuvieron bajo custodia por algún tiempo.
5Entonces el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban encerrados en la cárcel, tuvieron ambos un sueño en una misma noche, cada uno su propio sueño, y cada sueño con su propia interpretación. 6Cuando José vino a ellos por la mañana y los observó, vio que estaban decaídos. 7Y preguntó a los oficiales de Faraón que estaban con él bajo custodia en casa de su señor: «¿Por qué están sus rostros tan tristes hoy?». 8Y ellos le respondieron: «Hemos tenido un sueño y no hay nadie que lo interprete». Entonces les dijo José, «¿No pertenecen a Dios las interpretaciones? Les ruego que me lo cuenten».
9Contó, pues, el jefe de los coperos su sueño a José, y le dijo: «En mi sueño, vi que había una vid delante de mí, 10y en la vid había tres ramas. Y al echar brotes, aparecieron las flores, y sus racimos produjeron uvas maduras. 11La copa de Faraón estaba en mi mano. Así que tomé las uvas y las exprimí en la copa de Faraón, y puse la copa en la mano de Faraón». 12Entonces José le dijo: «Esta es su interpretación: los tres sarmientos son tres días. 13Dentro de tres días Faraón levantará su cabeza, le restaurará a su puesto y usted pondrá la copa de Faraón en su mano como acostumbraba antes cuando era su copero. 14Solo le pido que se acuerde de mí cuando le vaya bien, y le ruego que me haga el favor de hacer mención de mí a Faraón, y me saque de esta casa. 15Porque la verdad es que yo fui secuestrado de la tierra de los hebreos, y aun aquí no he hecho nada para que me pusieran en el calabozo».
16Cuando el jefe de los panaderos vio que había interpretado favorablemente, dijo a José: «Yo también vi en mi sueño que había tres cestas de pan blanco sobre mi cabeza. 17Sobre la cesta de encima había toda clase de manjares hechos por un panadero para Faraón, y las aves los comían de la cesta sobre mi cabeza».
18Entonces José respondió: «Esta es su interpretación: las tres cestas son tres días; 19dentro de tres días Faraón le quitará la cabeza de sobre usted, le colgará en un árbol y las aves comerán la carne de su cuerpo».
20Y sucedió que al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, este hizo un banquete para todos sus siervos, y levantó la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos en medio de sus siervos. 21Y restauró al jefe de los coperos a su cargo de copero y este puso la copa en manos de Faraón; 22pero ahorcó al jefe de los panaderos, tal como les había interpretado José. 23Pero el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que se olvidó de él.

Mateo 20

1 »Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña. 2Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3Salió después como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; 4y a estos les dijo: “Vayan también ustedes a la viña, y les daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. 5Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo. 6Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo*: “¿Por qué han estado aquí parados todo el día sin trabajar?”. 7Ellos le dijeron*: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo*: “Vayan también ustedes a la viña”.
8 »Al atardecer, el señor de la viña dijo* a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos y terminando con los primeros”. 9Cuando llegaron los que habían sido contratados como a la hora undécima, cada uno recibió un denario. 10Cuando llegaron los que fueron contratados primero, pensaban que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado, 12diciendo: “Estos últimos han trabajado solo una hora, pero usted los ha hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del día”.
13 »Pero respondiendo el hacendado, dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; pero yo quiero darle a este último lo mismo que a ti. 15¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?”. 16Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos».
17Cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos, y por el camino les dijo: 18«Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y lo condenarán a muerte; 19y lo entregarán a los gentiles para burlarse de Él, lo azotarán y crucificarán, pero al tercer día resucitará».
20Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y postrándose ante Él, le pidió algo. 21Jesús le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella le dijo*: «Ordena que en Tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda». 22Pero Jesús dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber?». Ellos respondieron*: «Podemos». 23Él les dijo*: «Mi copa ciertamente beberán, pero el sentarse a Mi derecha y a Mi izquierda no es Mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por Mi Padre».
24Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. 25Pero Jesús, llamándolos junto a Él, dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. 26No ha de ser así entre ustedes, sino que el que entre ustedes quiera llegar a ser grande, será su servidor, 27y el que entre ustedes quiera ser el primero, será su siervo; 28así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar Su vida en rescate por muchos».
29Al salir de Jericó, una gran multitud siguió a Jesús. 30Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». 31La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más aún: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!».
32Y deteniéndose Jesús, los llamó y les dijo: «¿Qué quieren que Yo haga por ustedes?». 33Ellos le respondieron*: «Señor, deseamos que nuestros ojos sean abiertos». 34Entonces Jesús, movido a compasión, tocó los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y lo siguieron.

Salmo 20

Para el director del coro. Salmo de David.
1Que el Señor te responda en el día de la angustia;
Que el nombre del Dios de Jacob te ponga en alto.
2Que desde el santuario te envíe ayuda
Y desde Sión te sostenga.
3Que se acuerde de todas tus ofrendas,
Y halle aceptable tu holocausto. (Selah)
4¶Que te conceda el deseo de tu corazón,
Y cumpla todos tus anhelos.
5Nosotros cantaremos con gozo por tu victoria,
Y en el nombre de nuestro Dios alzaremos bandera.
Que el Señor cumpla todas tus peticiones.
6¶Ahora sé que el Señor salva a Su ungido;
Le responderá desde Su santo cielo
Con la potencia salvadora de Su diestra.
7Algunos confían en carros y otros en caballos,
Pero nosotros en el nombre del Señor nuestro Dios confiaremos.
8Ellos se doblegaron y cayeron,
Pero nosotros nos hemos levantado y nos mantenemos en pie.
9¡Salva, oh Señor!
Que el Rey nos responda el día que clamemos.

Proverbios 20

1El vino es provocador, la bebida fuerte alborotadora,
Y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio.
2Como rugido de león es el furor del rey,
El que lo provoca a ira pone en peligro su propia vida.
3Es honra para el hombre evitar las discusiones,
Pero cualquier necio se enredará en ellas.
4Desde el otoño, el perezoso no ara,
Así que pide durante la cosecha, pero no hay nada.
5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre,
Y el hombre de entendimiento lo sacará.
6Muchos hombres proclaman su propia lealtad,
Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?
7El justo anda en su integridad;
¡Cuán dichosos son sus hijos después de él!
8El rey que se sienta sobre el trono del juicio,
Disipa con sus ojos todo mal.
9¿Quién puede decir: «Yo he limpiado mi corazón,
Limpio estoy de mi pecado»?
10Pesas desiguales y medidas desiguales,
Ambas cosas son abominables al Señor.
11Aun por sus hechos un muchacho se da a conocer
Si su conducta es pura y recta.
12El oído que oye y el ojo que ve,
Ambos los ha hecho el Señor.
13No ames el sueño, no sea que te empobrezcas;
Abre tus ojos y te saciarás de pan.
14«Malo, malo», dice el comprador,
Pero cuando se marcha, entonces se jacta.
15Hay oro y abundancia de joyas,
Pero cosa más preciosa son los labios con conocimiento.
16Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por los extranjeros.
17El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre,
Pero después su boca se llenará de grava.
18Los proyectos con consejo se preparan,
Y con dirección sabia se hace la guerra.
19El que anda murmurando revela secretos,
Por tanto, no te asocies con el chismoso.
20Al que maldice a su padre o a su madre,
Se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas.
21La herencia adquirida de prisa al principio,
No será bendecida al final.
22No digas: «Yo pagaré mal por mal»;
Espera en el Señor, y Él te salvará.
23Pesas desiguales son abominación al Señor,
Y no está bien usar una balanza falsa.
24Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
¿Cómo puede, pues, el hombre entender su camino?
25Lazo es para el hombre decir a la ligera: «Es santo»,
Y después de los votos investigar.
26El rey sabio avienta a los impíos,
Y hace pasar la rueda de trillar sobre ellos.
27Lámpara del Señor es el espíritu del hombre
Que escudriña lo más profundo de su ser.
28Lealtad y verdad guardan al rey,
Y por la justicia sostiene su trono.
29La gloria de los jóvenes es su fuerza,
Y la honra de los ancianos, sus canas.
30Los azotes que hieren limpian del mal,
Y los golpes llegan a lo más profundodel cuerpo.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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