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Día 200 de 365 · 19 de julio

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2 Crónicas 32

1Después de estos actos de fidelidad, Senaquerib, rey de Asiria, vino e invadió a Judá y sitió las ciudades fortificadas, y mandó conquistarlas para sí. 2Cuando Ezequías vio que Senaquerib había venido y que se proponía hacer guerra contra Jerusalén, 3decidió con sus oficiales y guerreros cortar el agua de las fuentes que estaban fuera de la ciudad, y ellos lo ayudaron. 4Y se reunió mucha gente y cegaron todas las fuentes y el arroyo que fluía por la región, diciendo: «¿Por qué han de venir los reyes de Asiria y hallar tanta agua?». 5Y Ezequías cobró ánimo y reedificó toda la muralla que había sido derribada y levantó torres en ella, edificó otra muralla exterior, fortificó el Milo en la ciudad de David, e hizo armas arrojadizas y escudos en gran cantidad. 6Puso también oficiales militares sobre el pueblo, los reunió a su lado en la plaza a la puerta de la ciudad y les habló dándoles ánimo: 7«Sean fuertes y valientes; no teman ni se acobarden a causa del rey de Asiria, ni a causa de toda la multitud que está con él, porque el que está con nosotros es más poderoso que el que está con él. 8Con él está solo un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas». Y el pueblo confió en las palabras de Ezequías, rey de Judá.
9Después de esto, mientras Senaquerib, rey de Asiria, estaba sitiando Laquis con todas sus fuerzas, envió a sus siervos a Jerusalén, a decirle a Ezequías, rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: 10«Así dice Senaquerib, rey de Asiria: “¿En qué están ustedes confiando para que permanezcan bajo sitio en Jerusalén? 11¿No los engaña Ezequías para entregarlos a morir de hambre y de sed, diciéndoles: ‘El Señor nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria?’. 12¿Acaso no es el mismo Ezequías el que ha quitado Sus lugares altos y Sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‘Delante de un solo altar ustedes adorarán, y sobre él quemarán incienso?’. 13¿No saben lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de estas tierras? ¿Pudieron los dioses de las naciones de las tierras librar su tierra de mi mano? 14¿Quién de entre todos los dioses de aquellas naciones que mis padres destruyeron completamente pudo librar a su pueblo de mi mano, para que el Dios de ustedes pueda librarlos de mi mano? 15Ahora pues, no dejen que Ezequías los engañe y los extravíe en esta forma. No crean en él, porque ningún dios de ninguna nación ni reino pudo librar a su pueblo de mi mano ni de la mano de mis padres. ¡Cuánto menos los librará de mi mano el Dios de ustedes!” ».
16Y los siervos de Senaquerib hablaron aún más contra el Señor Dios y contra su siervo Ezequías. 17También Senaquerib escribió cartas para insultar al Señor, Dios de Israel, y para hablar contra Él, en que decía: «Como los dioses de las naciones de las tierras no han librado a sus pueblos de mi mano, así el Dios de Ezequías no librará a Su pueblo de mi mano». 18Proclamaron esto a gran voz en la lengua de Judá al pueblo de Jerusalén que estaba sobre la muralla, para espantarlos y aterrorizarlos, para así poder tomar la ciudad. 19Y hablaron del Dios de Jerusalén como de los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos de hombres.
20Pero el rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amoz, oraron sobre esto, y clamaron al cielo. 21El Señor envió un ángel que destruyó a todo guerrero valiente, comandante y capitán en el campamento del rey de Asiria. Así regresó avergonzado a su propia tierra. Y cuando entró al templo de su dios, algunos de sus propios hijos lo mataron allí a espada. 22Así salvó el Señor a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de mano de Senaquerib, rey de Asiria, y de mano de todos los demás, y los guió por todas partes. 23Y muchos traían presentes al Señor en Jerusalén y presentes valiosos a Ezequías, rey de Judá, de modo que después de esto fue engrandecido delante de todas las naciones.
24En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte; y oró al Señor, y Él le habló y le dio una señal. 25Pero Ezequías no correspondió al bien que había recibido, porque su corazón era orgulloso; por tanto, la ira vino sobre él, sobre Judá y sobre Jerusalén. 26Pero después Ezequías se humilló, quitando el orgullo de su corazón, tanto él como los habitantes de Jerusalén, de modo que no vino sobre ellos la ira del Señor en los días de Ezequías.
27Ezequías tenía inmensas riquezas y honores. Hizo para sí depósitos para plata, oro, piedras preciosas, especias, escudos y toda clase de objetos de valor. 28Hizo también almacenes para el producto de granos, vino y aceite, corrales para toda clase de ganado y rediles para los rebaños. 29Él edificó ciudades y adquirió rebaños y ganados en abundancia, porque Dios le había dado muchísimas riquezas. 30Ezequías fue el que cegó la salida superior de las aguas de Gihón y las condujo al lado occidental de la ciudad de David. Ezequías prosperó en todo lo que hizo. 31Aun en el asunto de los enviados por los gobernantes de Babilonia, que los mandaron a él para investigar la maravilla que había acontecido en el país, Dios lo dejó solo para probarlo, a fin de saber todo lo que había en su corazón.
32Los demás hechos de Ezequías y sus obras piadosas, están escritos en la visión del profeta Isaías, hijo de Amoz, y en el libro de los reyes de Judá y de Israel. 33Ezequías durmió con sus padres, y lo sepultaron en la parte superior delos sepulcros de los hijos de David; y todo Judá y los habitantes de Jerusalén le rindieron honores en su muerte. Y su hijo Manasés reinó en su lugar.

2 Crónicas 33

1Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén. 2Pero hizo lo malo ante los ojos del Señor conforme a las abominaciones de las naciones que el Señor había expulsado delante de los israelitas. 3Porque reedificó los lugares altos que su padre Ezequías había derribado. Levantó también altares a los Baales e hizo Aseras, y adoró a todo el ejército de los cielos y los sirvió. 4Edificó altares en la casa del Señor, de la cual el Señor había dicho: «Mi nombre estará en Jerusalén para siempre». 5Edificó altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa del Señor.
6Además, Manasés hizo pasar por el fuego a sus hijos en el valle de Ben Hinom; practicó la hechicería, usó la adivinación, practicó la brujería y trató con adivinos y espiritistas. Hizo mucho mal ante los ojos del Señor, provocándolo a ira. 7Colocó la imagen tallada del ídolo que había hecho, en la casa de Dios, de la cual Dios había dicho a David y a su hijo Salomón: «En esta casa y en Jerusalén, que he escogido de entre todas las tribus de Israel, pondré Mi nombre para siempre, 8y no volveré a quitar el pie de Israel de la tierra que Yo he asignado para sus padres, con tal de que cuiden de hacer todo lo que les he mandado conforme a toda la ley, los estatutos y las ordenanzas dados por medio de Moisés». 9Así Manasés hizo extraviar a Judá y a los habitantes de Jerusalén para que hicieran lo malo más que las naciones que el Señor había destruido delante de los israelitas.
10El Señor habló a Manasés y a su pueblo, pero ellos no hicieron caso. 11Por eso el Señor hizo venir contra ellos a los capitanes del ejército del rey de Asiria, que capturaron a Manasés con garfios, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia. 12Cuando estaba en angustia, Manasés imploró al Señor su Dios, y se humilló grandemente delante del Dios de sus padres. 13Y cuando oró a Él, Dios se conmovió por su ruego, oyó su súplica y lo trajo de nuevo a Jerusalén, a su reino. Entonces Manasés reconoció que el Señor era Dios.
14Después de esto, Manasés edificó la muralla exterior de la ciudad de David al occidente de Gihón, en el valle, hasta la entrada de la puerta del Pescado; y rodeó con ella el Ofel y la hizo muy alta. Entonces puso capitanes del ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. 15También quitó los dioses extranjeros y el ídolo de la casa del Señor, así como todos los altares que había edificado en el monte de la casa del Señor y en Jerusalén, y los arrojó fuera de la ciudad. 16Reparó el altar del Señor, y sacrificó sobre él ofrendas de paz y ofrendas de gratitud; y ordenó a Judá que sirviera al Señor, Dios de Israel. 17Sin embargo, el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque solo al Señor su Dios.
18Los demás hechos de Manasés, y su oración a su Dios, y las palabras de los videntes que le hablaron en el nombre del Señor, Dios de Israel, están en los registros de los reyes de Israel. 19También su oración y cómo fue oído, todo su pecado y su infidelidad, y los sitios donde edificó lugares altos y levantó las Aseras y las imágenes talladas antes de humillarse, están escritos en los registros de los Hozai. 20Manasés durmió con sus padres, y lo sepultaron en su casa; y su hijo Amón reinó en su lugar.
21Amón tenía veintidós años cuando comenzó a reinar, y reinó dos años en Jerusalén. 22Pero hizo lo malo ante los ojos del Señor, como había hecho su padre Manasés. Amón ofreció sacrificios a todas las imágenes talladas que su padre Manasés había hecho, y las sirvió. 23Además, no se humilló delante del Señor como su padre Manasés se había humillado, sino que Amón aumentó su culpa. 24Y conspiraron contra él sus siervos y le dieron muerte en su casa. 25Pero el pueblo del país mató a todos los que habían conspirado contra el rey Amón; y en su lugar el pueblo del país hizo rey a su hijo Josías.

2 Timoteo 4

1En la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por Su manifestación y por Su reino te encargo solemnemente: 2Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción.
3Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, 4y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos. 5Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio.
6Porque yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. 7He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. 8En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman Su venida.
9Procura venir a verme pronto, 10pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica. Crescente se fue a Galacia y Tito a Dalmacia. 11Solo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráelo contigo, porque me es útil para el ministerio. 12Pero a Tíquico lo envié a Éfeso.
13Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos. 14Alejandro, el calderero, me hizo mucho daño; el Señor le retribuirá conforme a sus hechos. 15Tú también cuídate de él, pues se opone vigorosamente a nuestra enseñanza.
16En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. 17Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león. 18El Señor me librará de toda obra mala y me traerá a salvo a Su reino celestial. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
19Saluda a Prisca y a Aquila, y a la casa de Onesíforo. 20Erasto se quedó en Corinto, pero a Trófimo lo dejé enfermo en Mileto. 21Procura venir antes del invierno. Eubulo te saluda, también Pudente, Lino, Claudia y todos los hermanos.
22El Señor sea con tu espíritu. La gracia sea con ustedes.

Salmo 50

Salmo de Asaf.
1El poderoso Dios, el Señor, ha hablado,
Y convocado a la tierra, desde el nacimiento del sol hasta su ocaso.
2Desde Sión, perfección de hermosura,
Dios ha resplandecido.
3Que venga nuestro Dios y no calle;
El fuego consume delante de Él,
Y a Su derredor hay gran tempestad.
4Él convoca a los cielos en lo alto
Y a la tierra, para juzgar a Su pueblo,
5 Y dice: «Junten a Mis santos,
Los que han hecho conmigo pacto con sacrificio».
6Y los cielos declaran Su justicia,
Porque Dios mismo es el juez. (Selah)
7¶«Oye, pueblo Mío, y hablaré;
Israel, Yo testificaré contra ti.
Yo soy Dios, tu Dios.
8-»No te reprendo por tus sacrificios,
Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de Mí.
9-»No tomaré novillo de tu casa,
Ni machos cabríos de tus corrales.
10-»Porque Mío es todo animal del bosque,
Y el ganado sobre mil colinas.
11-»Conozco a todas las aves de los montes,
Y Mío es todo lo que en el campo se mueve.
12-»Si Yo tuviera hambre, no te lo diría a ti;
Porque Mío es el mundo y todo lo que en él hay.
13-»¿Acaso he de comer carne de toros,
O beber sangre de machos cabríos?
14-»Ofrece a Dios sacrificio de acción de gracias,
Y cumple tus votos al Altísimo.
15-»Invoca Mi nombre en el día de la angustia;
Yo te libraré, y tú me honrarás».
16¶Pero al impío Dios le dice:
«¿Qué derecho tienes tú de hablar de Mis estatutos,
Y de tomar Mi pacto en tus labios?
17-»Porque tú aborreces la disciplina,
Y a tus espaldas echas Mis palabras.
18-»Cuando ves a un ladrón, te complaces con él,
Y con adúlteros te asocias.
19-»Das rienda suelta a tu boca para el mal,
Y tu lengua trama engaño.
20-»Te sientas y hablas contra tu hermano;
Al hijo de tu propia madre calumnias.
21-»Estas cosas has hecho, y Yo he guardado silencio;
Pensaste que Yo era tal como tú;
Pero te reprenderé, y delante de tus ojos expondré tus delitos.
22¶»Entiendan ahora esto ustedes, los que se olvidan de Dios,
No sea que los despedace, y no haya quien los libre.
23-»El que ofrece sacrificio de acción de gracias me honra;
Y al que ordena bien su camino,
Le mostraré la salvación de Dios».

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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