DEVOCIONAL

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Día 204 de 365 · 23 de julio

TAMAÑO

Esdras 4

1Cuando se enteraron los enemigos de Judá y de Benjamín de que el pueblo del destierro estaba edificando un templo al Señor, Dios de Israel, 2se presentaron ante Zorobabel y ante los jefes de casas paternas, y les dijeron: «Vamos a edificar con ustedes, porque, como ustedes, buscamos a su Dios, y le hemos estado ofreciendo sacrificios desde los días de Esar Hadón, rey de Asiria, que nos trajo aquí».
3Pero Zorobabel y Jesúa y los demás jefes de casas paternas de Israel les dijeron: «No tienen nada en común con nosotros para que juntos edifiquemos una casa a nuestro Dios, sino que nosotros unidos la edificaremos al Señor, Dios de Israel, como nos ordenó el rey Ciro, rey de Persia». 4Entonces el pueblo de aquella tierra se puso a desanimar al pueblo de Judá, y a atemorizarlos para que dejaran de edificar. 5Tomaron a sueldo consejeros contra ellos para frustrar sus propósitos, todos los días de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia.
6En el reinado de Asuero, al principio de su reinado, sus enemigos escribieron una acusación contra los habitantes de Judá y de Jerusalén.
7Y en los días de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel y sus demás compañeros escribieron a Artajerjes, rey de Persia, y el texto de la carta estaba en escritura aramea y traducido al arameo. 8El gobernador Rehum y el escriba Simsai, escribieron una carta al rey Artajerjes contra Jerusalén, de esta manera: 9El gobernador Rehum, el escriba Simsai y sus demás compañeros, los jueces y los gobernadores de menos categoría, los oficiales, los secretarios, los hombres de Erec, los babilonios, los hombres de Susa, es decir, los elamitas, 10y las demás naciones que el grande y noble Asnapar deportó y estableció en la ciudad de Samaria, y en el resto de la provincia al otro lado del Río.
Y ahora 11esta es la copia de la carta que le enviaron: «Al rey Artajerjes, de sus siervos, los hombres de la provincia al otro lado del Río: Y ahora 12sepa el rey que los judíos que salieron por orden suya, han venido a nosotros en Jerusalén; están reedificando la ciudad rebelde y perversa, y están terminando las murallas y reparando los cimientos. 13Sepa también el rey, que si esa ciudad es reedificada y las murallas terminadas, ellos no pagarán tributo, ni impuesto, ni peaje, lo cual perjudicará los ingresos de los reyes. 14Y debido a que estamos en el servicio del palacio, y no es apropiado que veamos el desprecio al rey, por eso hemos enviado a hacérselo saber al rey, 15a fin de que se investigue en el libro de las Memorias de sus padres. Y en el libro de las Memorias hallará y sabrá que esa ciudad es una ciudad rebelde y perjudicial a los reyes y a las provincias, y que en tiempos pasados han surgido rebeliones dentro de ella; por eso fue devastada esa ciudad. 16Nosotros informamos al rey que si esa ciudad es reedificada y las murallas terminadas, como resultado, el territorio más allá del Río no será suyo».
17 Entonces el rey envió respuesta al gobernador Rehum, al escriba Simsai, y a sus demás compañeros que habitan en Samaria y en las demás provincias al otro lado del Río: «Paz. Y ahora 18el documento que nos enviaron ha sido leído claramente delante de mí. 19Y por mí fue proclamado un decreto. Se investigaron los hechos, y se ha descubierto que esa ciudad en tiempos pasados se ha levantado contra los reyes, y que en ella se ha fomentado rebelión e insurrección; 20que reyes poderosos han reinado sobre Jerusalén, gobernando todas las provincias más allá del Río, y que se les pagaba tributo, impuesto y peaje. 21Ahora pues, proclamen un decreto para que estos hombres paren la obra y que esa ciudad no sea reedificada hasta que se proclame un decreto por mí. 22Cuídense de no ser negligentes en cumplir este asunto; ¿por qué se ha de aumentar el daño en perjuicio de los reyes?».
23Así que tan pronto como la copia del documento del rey Artajerjes fue leída delante de Rehum, del escriba Simsai y sus compañeros, fueron a toda prisa a Jerusalén, a los judíos, y por la fuerza los hicieron parar la obra.
24Entonces cesó la obra en la casa de Dios que estabaen Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia.

Esdras 5

1Cuando los profetas Hageo y Zacarías, hijo de Iddo, profetizaron a los judíos que estaban en Judá y en Jerusalén, en el nombre del Dios de Israel que estaba sobre ellos, 2Zorobabel, hijo de Salatiel, y Jesúa, hijo de Josadac, se levantaron entonces y comenzaron a reedificar la casa de Dios en Jerusalén; y los profetas de Dios estaban con ellos apoyándolos. 3En aquel tiempo Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del Río, y Setar Boznai y sus compañeros vinieron a ellos y les hablaron así: «¿Quién les dio orden de reedificar este templo y de terminar este edificio?». 4También les dijeron así: «¿Cuáles son los nombres de los hombres que están reedificando este edificio?». 5Pero el ojo de su Dios velaba sobre los ancianos de los judíos, y no les detuvieron la obra hasta que un informe llegara a Darío, y volviera una respuesta escrita tocante al asunto.
6 Esta es la copia de la carta que Tatnai, gobernador de la provincia al otro lado del Río, y Setar Boznai y sus compañeros los oficiales que estaban al otro lado del Río, enviaron al rey Darío. 7Le enviaron un informe que estaba escrito así: «Al rey Darío, toda paz. 8Sepa el rey que hemos ido a la provincia de Judá, a la casa del gran Dios, que está siendo edificada con piedras enormes y vigas empotradas en las paredes; y esta obra se adelanta con gran esmero y prospera en sus manos.
9»Entonces preguntamos a aquellos ancianos, y les dijimos así: “¿Quién les dio orden de reedificar este templo y de terminar este edificio?”. 10También les preguntamos sus nombres para informarle, y para dar por escrito los nombres de los hombres que eran sus jefes. 11Y así nos respondieron: “Somos los siervos del Dios del cielo y de la tierra, y estamos reedificando el templo que fue construido hace muchos años, el cual un gran rey de Israel edificó y terminó. 12Pero como nuestros padres provocaron a ira al Dios del cielo, Él los entregó en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, el caldeo, quien destruyó este templo, y llevó cautivo al pueblo a Babilonia.
13”Sin embargo, en el año primero de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro proclamó un decreto de que se reedificara esta casa de Dios. 14También los utensilios de oro y de plata de la casa de Dios, que Nabucodonosor había sacado del templo que estaba en Jerusalén y llevado al templo de Babilonia, los sacó el rey Ciro del templo de Babilonia, y fueron entregados a Sesbasar, a quien había puesto por gobernador. 15Y le dijo: ‘Toma estos utensilios, ve y colócalos en el templo que está en Jerusalén, y sea la casa de Dios reedificada en su lugar’. 16Entonces aquel Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios que está en Jerusalén; y desde entonces hasta ahora se sigue construyendo, pero aún no está terminada”. 17Ahora, si al rey le parece bien, que se busque en la casa del tesoro del rey que está allí en Babilonia, a ver si es que fue proclamado un decreto de parte del rey Ciro para reedificar esta casa de Dios en Jerusalén; y que se nos envíe la decisión del rey en cuanto a este asunto».

Filemón 1

1Pablo, prisionero de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo:
A Filemón nuestro amado hermano y colaborador, 2y a la hermana Apia, y a Arquipo, nuestro compañero de lucha, y a la iglesia que está en tu casa: 3Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
4Doy gracias a mi Dios siempre, haciendo mención de ti en mis oraciones, 5porque oigo de tu amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús y hacia todos los santos. 6Ruego que la comunión de tu fe llegue a ser eficaz por el conocimiento de todo lo bueno que hay en ustedes mediante Cristo. 7Pues he llegado a tener mucho gozo y consuelo en tu amor, porque los corazones de los santos han sido confortados por ti, hermano.
8Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte hacer lo que conviene, 9no obstante, por causa del amor que te tengo, te hago un ruego, siendo como soy, Pablo, anciano, y ahora también prisionero de Cristo Jesús: 10te ruego por mi hijo Onésimo, a quien he engendrado en mis prisiones; 11quien en otro tiempo te era inútil, pero ahora nos es útil a ti y a mí. 12Y te lo he vuelto a enviar en persona, es decir, como si fuera mi propio corazón.
13Hubiera querido retenerlo conmigo, para que me sirviera en lugar tuyo en mis prisiones por el evangelio. 14Pero no quise hacer nada sin tu consentimiento, para que tu bondad no fuera como por obligación, sino por tu propia voluntad. 15Porque quizá por esto se apartó de ti por algún tiempo, para que lo volvieras a recibir para siempre, 16ya no como esclavo, sino como más que un esclavo, como un hermano amado, especialmente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.
17Si me tienes, pues, por compañero, acéptalo como me aceptarías a mí. 18Y si te ha perjudicado en alguna forma, o te debe algo, cárgalo a mi cuenta.
19Yo, Pablo, escribo esto con mi propia mano. Yo lo pagaré (por no decirte que aun tú mismo te me debes a mí). 20Sí, hermano, permíteme disfrutar este beneficio de ti en el Señor. Recrea mi corazón en Cristo.
21Te escribo confiado en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que digo. 22Y al mismo tiempo, prepárame también alojamiento, pues espero que por las oraciones de ustedes les seré concedido.
23Te saluda Epafras, mi compañero de prisión en Cristo Jesús; 24también Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
25La gracia del Señor Jesucristo sea con el espíritu de ustedes.

Salmo 54

Para el director del coro; con instrumentos de cuerda. Masquil de David, cuando los zifeos vinieron y dijeron a Saúl: «¿No está David escondido entre nosotros?».
1¡Sálvame! Oh Dios, por Tu nombre,
Y hazme justicia con Tu poder.
2Escucha mi oración, oh Dios,
Presta oído a las palabras de mi boca.
3Porque extraños se han levantado contra mí,
Y hombres violentos buscan mi vida;
No han puesto a Dios delante de sí. (Selah)
4¶Pero Dios es el que me ayuda;
El Señor es el que sostiene mi alma.
5Él devolverá el mal a mis enemigos;
Destrúyelos por Tu fidelidad.
6¶Voluntariamente sacrificaré a Ti;
Alabaré Tu nombre, oh Señor, porque es bueno.
7Porque Él me ha librado de toda angustia,
Y mis ojos han visto a mis enemigos derrotados.

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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