DEVOCIONAL

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Día 207 de 365 · 26 de julio

TAMAÑO

Esdras 10

1Mientras Esdras oraba y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, una gran asamblea de Israel, hombres, mujeres y niños se juntó a él; y el pueblo lloraba amargamente. 2Y Secanías, hijo de Jehiel, uno de los hijos de Elam, dijo a Esdras: «Hemos sido infieles a nuestro Dios, y nos hemos casado con mujeres extranjeras de los pueblos de esta tierra; pero todavía hay esperanza para Israel a pesar de esto. 3Hagamos ahora un pacto con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres y a sus hijos, conforme al consejo de mi señor y de los que tiemblan ante el mandamiento de nuestro Dios; y que sea hecho conforme a la ley. 4Levántate, porque este asunto es tu responsabilidad, pero estaremos contigo; anímate y hazlo».
5Esdras se levantó e hizo jurar a los principales sacerdotes, a los levitas y a todo Israel que harían conforme a esta propuesta; y ellos lo juraron. 6Después Esdras se levantó de delante de la casa de Dios y entró a la cámara de Johanán, hijo de Eliasib. Aunque entró allí, no comió pan ni bebió agua, porque hacía duelo a causa de la infidelidad de los desterrados. 7Entonces hicieron una proclama en Judá y Jerusalén a todos los desterrados para que se reunieran en Jerusalén, 8y a cualquiera que no viniera dentro de tres días, conforme al consejo de los jefes y de los ancianos, le serían confiscadas todas sus posesiones y él mismo sería excluido de la asamblea de los desterrados.
9Se reunieron, pues, todos los hombres de Judá y Benjamín en Jerusalén dentro de los tres días. Era el mes noveno, el día veinte del mes, y todo el pueblo se sentó en la plaza delante de la casa de Dios, temblando a causa de este asunto y de la intensa lluvia. 10Entonces se levantó el sacerdote Esdras y les dijo: «Ustedes han sido infieles y se han casado con mujeres extranjeras añadiendo así a la culpa de Israel. 11Ahora pues, confiesen al Señor, Dios de sus padres, y hagan Su voluntad; sepárense de los pueblos de esta tierra y de las mujeres extranjeras».
12Toda la asamblea respondió, y dijo a gran voz: «¡Está bien! Tal como has dicho es nuestro deber cumplirlo. 13Solo que el pueblo es numeroso, y es la temporada de lluvia, y no podemos permanecer afuera. Tampoco se puede hacer todo en un solo día ni en dos, porque hemos pecado en gran manera en este asunto. 14Que nuestros jefes representen toda la asamblea y que todos aquellos en nuestras ciudades que se han casado con mujeres extranjeras vengan en tiempos señalados, junto con los ancianos y jueces de cada ciudad, hasta que la tremenda ira de nuestro Dios a causa de este asunto se aparte de nosotros». 15Solamente Jonatán, hijo de Asael, y Jahazías, hijo de Ticva, se opusieron a esto, con Mesulam y el levita Sabetai respaldándolos.
16Pero los desterrados sí lo hicieron. Y el sacerdote Esdras designó a hombres jefes de casas paternas por cada una de sus casas paternas, todos ellos por nombre. Y se reunieron el primer día del mes décimo para investigar el asunto. 17Terminaron de investigar a todos los hombres que se habían casado con mujeres extranjeras el primer día del mes primero.
18Entre los hijos de los sacerdotes que se habían casado con mujeres extranjeras se encontraron, de los hijos de Jesúa, hijo de Josadac, y de sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Gedalías. 19(Ellos juraron despedir a sus mujeres, y siendo culpables, ofrecieron un carnero del rebaño por su delito). 20De los hijos de Imer: Hananí y Zebadías; 21de los hijos de Harim: Maasías, Elías, Semaías, Jehiel y Uzías; 22de los hijos de Pasur: Elioenai, Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa.
23Entre los levitas: Jozabad, Simei, Kelaía (es decir, Kelita), Petaías, Judá y Eliezer.
24De los cantores: Eliasib, y de los porteros: Salum, Telem y Uri.
25También entre los de Israel: de los hijos de Paros: Ramía, Jezías, Malquías, Mijamín, Eleazar, Malquías y Benaía; 26de los hijos de Elam: Matanías, Zacarías, Jehiel, Abdi, Jeremot y Elías; 27de los hijos de Zatu: Elioenai, Eliasib, Matanías, Jeremot, Zabad y Aziza; 28de los hijos de Bebai: Johanán, Hananías, Zabai y Atlai; 29de los hijos de Bani: Mesulam, Maluc, Adaía, Jasub, Seal y Ramot; 30de los hijos de Pahat Moab: Adna, Quelal, Benaía, Maasías, Matanías, Bezalel, Binúi y Manasés; 31de los hijos de Harim: Eliezer, Isías, Malquías, Semaías, Simeón, 32Benjamín, Maluc y Semarías; 33de los hijos de Hasum: Matenai, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremai, Manasés y Simei; 34de los hijos de Bani: Madai, Amram, Uel, 35Benaía, Bedías, Quelúhi, 36Vanías, Meremot, Eliasib, 37Matanías, Matenai, Jaasai, 38Bani, Binúi, Simei, 39Selemías, Natán, Adaía, 40Macnadebai, Sasai, Sarai, 41Azareel, Selemías, Semarías, 42Salum, Amarías y José; 43de los hijos de Nebo: Jeiel, Matatías, Zabad, Zebina, Jadau, Joel y Benaía. 44Todos estos se habían casado con mujeres extranjeras, y algunos de ellos tenían mujeres que leshabían dado hijos.

Nehemías 1

1Palabras de Nehemías, hijo de Hacalías:
En el mes de Quisleu, en el año veinte del rey Artajerjes de Persia, estando yo en la fortaleza de Susa, 2vino Hananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá, y les pregunté por los judíos, los que habían escapado y habían sobrevivido a la cautividad, y por Jerusalén. 3Y me dijeron: «El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allá en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego».
4Cuando oí estas palabras, me senté y lloré; hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo. 5Y dije: «Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que lo aman y guardan Sus mandamientos, 6que estén atentos Tus oídos y abiertos Tus ojos para oír la oración de Tu siervo, que yo hago ahora delante de Ti día y noche por los israelitas Tus siervos, confesando los pecados que los israelitas hemos cometido contra Ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.
7»Hemos procedido perversamente contra Ti y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a Tu siervo Moisés. 8Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a Tu siervo Moisés: “Si ustedes son infieles, Yo los dispersaré entre los pueblos; 9pero si se vuelven a Mí y guardan Mis mandamientos y los cumplen, aunque sus desterrados estén en los confines de los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido para hacer morar Mi nombre allí”. 10Ellos son Tus siervos y Tu pueblo, los que Tú redimiste con Tu gran poder y con Tu mano poderosa. 11Te ruego, oh Señor, que Tu oído esté atento ahora a la oración de Tu siervo y a la oración de Tus siervos que se deleitan en reverenciar Tu nombre. Haz prosperar hoy a Tu siervo, y concédele favor delante de este hombre».
Era yo entonces copero del rey.

Hebreos 3

1Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, consideren a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. 2El cual fue fiel al que lo designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. 3Porque Jesús ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. 4Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios.
5Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde. 6Pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza.
7Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
«Si ustedes oyen hoy Su voz,
8No endurezcan sus corazones, como en la provocación,
Como en el día de la prueba en el desierto,
9Donde sus padres me tentaron y me pusieron a prueba,
Y vieron Mis obras por cuarenta años.
10-»Por lo cual Yo me disgusté con aquella generación,
Y dije: “Siempre se desvían en su corazón,
Y no han conocido Mis caminos”;
11Como juré en Mi ira:
“No entrarán en Mi reposo” ».
12Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. 13Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: «Hoy»; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado. 14Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra seguridad. 15Por lo cual se dice:
«Si ustedes oyen hoy Su voz,
No endurezcan sus corazones, como en la provocación».
16Porque ¿quiénes, habiendo oído, lo provocaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? 17¿Con quiénes se disgustó por cuarenta años? ¿No fue con aquellos que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18¿Y a quiénes juró que no entrarían en Su reposo, sino a los que fueron desobedientes? 19Vemos, pues, que no pudieron entrar a causa de suincredulidad.

Salmo 57

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David, en la cueva, cuando huía de Saúl.
1Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí,
Porque en Ti se refugia mi alma;
En la sombra de Tus alas me ampararé
Hasta que la destrucción pase.
2Clamaré al Dios Altísimo,
Al Dios que todo lo hace para mí.
3Él enviará desde los cielos y me salvará;
Él reprocha al que me pisotea. (Selah)
Dios enviará Su misericordia y Su verdad.
4¶Mi alma está entre leones;
Tengo que acostarme entre los que vomitan fuego;
Entre los hijos de los hombres, cuyos dientes son lanzas y saetas,
Y cuya lengua es espada afilada.
5Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sea Tu gloria sobre toda la tierra.
6Han tendido una red para mis pasos;
Mi alma está abatida;
Han cavado una fosa delante de mí,
Pero ellos mismos han caído en medio de ella. (Selah)
7¶Firme está mi corazón, oh Dios, mi corazón está firme;
¡Cantaré y entonaré salmos!
8¡Despierta, gloria mía!
¡Despierten, arpa y lira!
¡A la aurora despertaré!
9Te alabaré entre los pueblos, Señor;
Te cantaré alabanzas entre las naciones.
10Porque grande, hasta los cielos, es Tu misericordia,
Y hasta el firmamento Tu verdad.
11Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;
Sobre toda la tierra seaTu gloria.

Proverbios 21

1 Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor;
Él lo dirige donde le place.
2Todo camino del hombre es recto ante sus ojos,
Pero el Señor sondea los corazones.
3El hacer justicia y derecho
Es más deseado por el Señor que el sacrificio.
4Los ojos altivos y el corazón arrogante,
Y la lámpara de los impíos son pecado.
5Los proyectos del diligente ciertamente son ventaja,
Pero todo el que se apresura, ciertamente llega a la pobreza.
6Conseguir tesoros con lengua mentirosa
Es un vapor fugaz, es buscar la muerte.
7La violencia de los impíos los arrastrará,
Porque se niegan a obrar con justicia.
8Torcido es el camino del pecador
Mas el proceder del limpio es recto.
9Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
10El alma del impío desea el mal;
Su prójimo no halla favor a sus ojos.
11Cuando el insolente es castigado, el simple se hace sabio;
Pero cuando se instruye al sabio, adquiere conocimiento.
12El justo observa la casa del impío,
Llevando al impío a la ruina.
13El que cierra su oído al clamor del pobre,
También él clamará y no recibirá respuesta.
14Una dádiva en secreto aplaca la ira,
Y el soborno bajo el manto, el furor violento.
15El cumplimiento de la justicia es gozo para el justo,
Pero terror para los que obran iniquidad.
16El hombre que se aparta del camino del saber
Reposará en la asamblea de los muertos.
17El que ama el placer será pobre;
El que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá.
18El impío es rescate para el justo,
Y el malvado está en lugar de los rectos.
19Mejor es habitar en tierra desierta
Que con mujer rencillosa y molesta.
20Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio,
Pero el necio todo lo disipa.
21El que sigue la justicia y la lealtad
Halla vida, justicia y honor.
22El sabio escala la ciudad de los poderosos
Y derriba la fortaleza en que confiaban.
23El que guarda su boca y su lengua,
Guarda su alma de angustias.
24«Altivo», «arrogante» y «escarnecedor», son los nombres
Del que obra con orgullo insolente.
25El deseo del perezoso lo mata,
Porque sus manos rehúsan trabajar;
26Todo el día codicia,
Mientras el justo da y nada retiene.
27El sacrificio de los impíos es abominación,
Cuánto más trayéndolo con mala intención.
28El testigo falso perecerá,
Pero el hombre que escucha la verdad, hablará siempre.
29El hombre impío muestra audacia en su rostro,
Pero el recto asegura su camino.
30No vale sabiduría, ni entendimiento,
Ni consejo, ante el Señor.
31Se prepara al caballo para el día de la batalla,
Pero la victoria es del Señor.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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