DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 209 de 365 · 28 de julio

TAMAÑO

Nehemías 4

1 Cuando Sanbalat se enteró de que estábamos reedificando la muralla, se enfureció y se enojó mucho. Y burlándose de los judíos, 2habló en presencia de sus hermanos y de los ricos de Samaria, y dijo: «¿Qué hacen estos débiles judíos? ¿La restaurarán para sí mismos? ¿Podrán ofrecer sacrificios? ¿Terminarán en un día? ¿Harán revivir las piedras de los escombros polvorientos, aun las quemadas?». 3Tobías el amonita estaba cerca de él, y dijo: «Aun lo que están edificando, si un zorro saltara sobre ello, derribaría su muralla de piedra».
4Oye, oh Dios nuestro, cómo somos despreciados. Devuelve su oprobio sobre sus cabezas y entrégalos por despojo en una tierra de cautividad. 5No perdones su iniquidad, ni su pecado sea borrado de delante de Ti, porque han desmoralizado a los que edifican.
6Y edificamos la muralla hasta que toda la muralla estaba unida hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.
7 Cuando Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los de Asdod se enteraron que continuaba la reparación de las murallas de Jerusalén, que las brechas comenzaban a ser cerradas, se enojaron mucho. 8Y todos ellos conspiraron juntos para venir a luchar contra Jerusalén y causar disturbio en ella. 9Entonces oramos a nuestro Dios, y para defendernos montamos guardia contra ellos de día y de noche. 10Pero se decía en Judá:
«Desfallecen las fuerzas de los cargadores,
Y queda mucho escombro;
Nosotros no podemos
Reedificar la muralla».
11Y nuestros enemigos decían: «No sabrán ni verán hasta que entremos en medio de ellos y los matemos y hagamos cesar la obra».
12Así que cuando los judíos que habitaban cerca de ellos vinieron y nos dijeron diez veces: «Subirán contra nosotros de todo lugar adonde ustedes se vuelvan», 13entonces aposté hombres en las partes más bajas del lugar, detrás de la muralla y en los sitios descubiertos; aposté al pueblo por familias con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. 14Cuando vi su temor, me levanté y dije a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: «No les tengan miedo. Acuérdense del Señor, que es grande y temible, y luchen por sus hermanos, sus hijos, sus hijas, sus mujeres y sus casas».
15Sucedió que nuestros enemigos se enteraron que conocíamos sus propósitos y que Dios había desbaratado sus planes; entonces todos nosotros volvimos a la muralla, cada uno a su trabajo. 16Desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaban en la obra mientras que la otra mitad portaba las lanzas, los escudos, los arcos y las corazas; y los capitanes estaban detrás de toda la casa de Judá. 17Los que reedificaban la muralla y los que llevaban cargas llevaban la carga en una mano trabajando en la obra, y en la otra empuñaban un arma. 18Cada uno de los que reedificaban tenía ceñida al lado su espada mientras edificaba. El que tocaba la trompeta estaba junto a mí. 19Y dije a los nobles, a los oficiales y al resto del pueblo: «La obra es grande y extensa, y estamos separados en la muralla, lejos el uno del otro. 20En el lugar que oigan el sonido de la trompeta, reúnanse allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros».
21Hacíamos el trabajo con la mitad empuñando lanzas desde el despuntar del alba hasta que salían las estrellas. 22En aquel tiempo dije también al pueblo: «Cada hombre con su ayudante pase la noche dentro de Jerusalén, para que nos sirvan de centinela por la noche y de obrero por el día». 23Ni yo, ni mis hermanos, ni mis criados, ni los hombres de la guardia que me seguían, ninguno de nosotros se quitó la ropa; cada uno llevaba su arma aun en el agua.

Nehemías 5

1Y hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra sus hermanos judíos. 2Había quienes decían: «Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas somos muchos; por tanto, que se nos dé trigo para que comamos y vivamos». 3Había otros que decían: «Nosotros tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas para conseguir grano, a causa del hambre». 4También había otros que decían: «Hemos pedido dinero prestado para el impuesto del rey sobre nuestros campos y nuestras viñas. 5Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, y nuestros hijos como sus hijos. Sin embargo, estamos obligando a nuestros hijos y a nuestras hijas a que sean esclavos, y algunas de nuestras hijas ya están sometidas a servidumbre, y no podemos hacer nada porque nuestros campos y nuestras viñas pertenecen a otros».
6Entonces me enojé en gran manera cuando oí su clamor y estas palabras. 7Se rebeló mi corazón dentro de mí, y reprendí a los nobles y a los oficiales y les dije: «Ustedes están cobrando en exceso cada uno a su hermano». Por tanto congregué contra ellos una gran asamblea. 8Y les dije: «Nosotros, conforme a nuestras posibilidades, hemos redimido a nuestros hermanos judíos que fueron vendidos a las naciones; y ahora, ¿venderían ustedes aun a sus hermanos para que sean vendidos a nosotros?». Ellos se quedaron callados y no hallaron respuesta que dar. 9Agregué además: «No está bien lo que hacen. ¿No deben andar en el temor de nuestro Dios a causa del oprobio de las naciones enemigas nuestras? 10También yo y mis hermanos y mis siervos les hemos prestado dinero y grano. Les ruego, pues, que abandonemos esta usura. 11Les ruego que hoy mismo les devuelvan sus campos, sus viñas, sus olivares y sus casas; también la centésima parte del dinero y del grano, del vino nuevo y del aceite que están exigiendo de ellos».
12Entonces ellos dijeron: «Lo devolveremos y no les exigiremos nada; haremos tal como has dicho». Así que llamé a los sacerdotes y les hice jurar que harían conforme a esta promesa. 13También sacudí los pliegues de mi manto y dije: «Así sacuda Dios de su casa y de sus bienes a todo hombre que no cumpla esta promesa; así sea sacudido y despojado». Y toda la asamblea dijo: «¡Amén!». Y alabaron al Señor. Entonces el pueblo hizo conforme a esta promesa.
14Además, desde el día en que el rey me mandó que fuera gobernador en la tierra de Judá, desde el año veinte hasta el año treinta y dos del rey Artajerjes, doce años, ni yo ni mis hermanos hemos comido del pan del gobernador. 15Pero los gobernadores anteriores que me precedieron gravaban al pueblo y tomaban de ellos 40 siclos (456 gramos) de plata además del pan y del vino; también sus sirvientes oprimían al pueblo. Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios. 16También yo me dediqué a la obra en esta muralla; y no compramos ningún terreno, y todos mis siervos estaban reunidos allí para la obra.
17Había a mi mesa 150 judíos y oficiales, sin contar los que vinieron a nosotros de las naciones que nos rodeaban. 18Lo que se preparaba para cada día era un buey y seis ovejas escogidas, también eran preparadas aves para mí; cada diez días se proveía en abundancia toda clase de vino. Y con todo esto, no reclamé el pan del gobernador, porque la servidumbre era pesada sobre este pueblo. 19Acuérdate de mí, Dios mío, para bien, conforme atodo lo que he hecho por este pueblo.

Hebreos 5

1Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en las cosas que a Dios se refieren, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados. 2Puede obrar con benignidad para con los ignorantes y extraviados, puesto que él mismo está sujeto a flaquezas. 3Por esa causa está obligado a ofrecer sacrificios por los pecados, tanto por sí mismo como por el pueblo. 4Nadie toma este honor para sí mismo, sino que lo recibe cuando es llamado por Dios, así como lo fue Aarón.
5De la misma manera, Cristo no se glorificó a Él mismo para hacerse Sumo Sacerdote, sino que lo glorificó el que le dijo:
«Hijo Mío eres Tú,
Yo te he engendrado hoy»;
6como también dice en otro pasaje:
«Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec».
7Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, fue oído a causa de Su temor reverente. 8Aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció; 9y habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen, 10siendo constituido por Dios como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
11Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que ustedes se han hecho tardos para oír. 12Pues aunque ya debieran ser maestros, otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. 13Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. 14Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.

Salmo 59

Para el director del coro; según tonada de «No destruyas». Mictam de David, cuando Saúl envió hombres y vigilaron la casa para matarlo.
1Líbrame de mis enemigos, Dios mío;
Ponme a salvo en lo alto, lejos de los que se levantan contra mí.
2Líbrame de los que hacen iniquidad,
Y sálvame de los hombres sanguinarios.
3Porque han puesto emboscada contra mi vida;
Hombres feroces me atacan,
Pero no es por mi transgresión, ni por mi pecado, Señor.
4Sin culpa mía, corren y se preparan contra mí.
Despierta para ayudarme, y mira.
5Tú, Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel,
Despierta para castigar a todas las naciones;
No tengas piedad de ningún malvado traidor. (Selah)
6Regresan al anochecer, aúllan como perros,
Y rondan por la ciudad.
7Mira, echan espuma por la boca;
Hay espadas en sus labios,
Pues dicen: «¿Quién oye?».
8Pero Tú, oh Señor, te ríes de ellos;
Te burlas de todas las naciones.
9A causa de su fuerza esperaré en Ti,
Porque Dios es mi baluarte.
10Mi Dios en Su misericordia vendrá a mi encuentro;
Dios me permitirá verme victorioso sobre mis enemigos.
11No los mates, para que mi pueblo no se olvide;
Dispérsalos con Tu poder, y humíllalos,
Oh Señor, escudo nuestro.
12 Por el pecado de su boca y la palabra de sus labios,
Sean presos en su orgullo,
Y a causa de las maldiciones y mentiras que profieren.
13Acábalos en Tu furor, acábalos, para que ya no existan;
Para que los hombres sepan que Dios gobierna en Jacob
Hasta los confines de la tierra. (Selah)
14Regresan al anochecer, aúllan como perros,
Y rondan por la ciudad;
15Merodean buscando qué devorar,
Y si no se sacian, gruñen.
16¶Pero yo cantaré de Tu poder;
Sí, gozoso cantaré por la mañana Tu misericordia;
Porque Tú has sido mi baluarte
Y refugio en el día de mi angustia.
17Oh fortaleza mía, a Ti cantaré alabanzas;
Porque mi baluarte es Dios, el Dios que me muestra misericordia.

Proverbios 23

1Cuando te sientes a comer con un gobernante,
Considera bien lo que está delante de ti,
2Y pon cuchillo a tu garganta
Si eres hombre de mucho apetito.
3No desees sus manjares,
Porque es alimento engañoso.
4¶No te fatigues en adquirir riquezas,
Deja de pensar en ellas.
5Cuando pones tus ojos en ella, ya no está.
Porque la riqueza ciertamente se hace alas
Como águila que vuela hacia los cielos.
6¶No comas el pan del egoísta,
Ni desees sus manjares;
7Pues como piensa dentro de sí, así es él.
Él te dice: «Come y bebe»,
Pero su corazón no está contigo.
8Vomitarás el bocado que has comido,
Y malgastarás tus cumplidos.
9¶No hables a oídos del necio,
Porque despreciará la sabiduría de tus palabras.
10¶No muevas el lindero antiguo,
Ni entres en la heredad de los huérfanos,
11Porque su Redentor es fuerte;
Él defenderá su causa contra ti.
12Aplica tu corazón a la instrucción
Y tus oídos a las palabras del conocimiento.
13¶No escatimes la disciplina del niño;
Aunque lo castigues con vara, no morirá.
14Lo castigarás con vara,
Y librarás su alma del Seol.
15¶Hijo mío, si tu corazón es sabio,
Mi corazón también se me alegrará;
16Y se regocijarán mis entrañas
Cuando tus labios hablen lo que es recto.
17¶No envidie tu corazón a los pecadores,
Antes vive siempre en el temor del Señor.
18Porque ciertamente hay un futuro,
Y tu esperanza no será cortada.
19Escucha, hijo mío, y sé sabio,
Y dirige tu corazón por el buen camino.
20No estés con los bebedores de vino,
Ni con los comilones de carne,
21Porque el borracho y el glotón se empobrecerán,
Y la vagancia se vestirá de harapos.
22¶Escucha a tu padre, que te engendró,
Y no desprecies a tu madre cuando envejezca.
23Compra la verdad y no la vendas,
Adquiere sabiduría, instrucción e inteligencia.
24¶El padre del justo se regocijará en gran manera,
Y el que engendra un sabio se alegrará en él.
25Alégrense tu padre y tu madre,
Y regocíjese la que te dio a luz.
26¶Dame, hijo mío, tu corazón,
Y que tus ojos se deleiten en mis caminos.
27Porque fosa profunda es la ramera
Y pozo angosto es la mujer desconocida.
28Ciertamente ella acecha como ladrón,
Y multiplica los infieles entre los hombres.
29¶¿De quién son los ayes? ¿De quién las tristezas?
¿De quién las luchas? ¿De quién las quejas?
¿De quién las heridas sin causa?
¿De quién los ojos enrojecidos?
30De los que se demoran mucho con el vino,
De los que van en busca de vinos mezclados.
31No mires al vino cuando rojea,
Cuando resplandece en la copa;
Entra suavemente,
32 Pero al final muerde como serpiente,
Y pica como víbora.
33Tus ojos verán cosas extrañas,
Y tu corazón proferirá perversidades.
34Y serás como el que se acuesta en medio del mar,
O como el que se acuesta en lo alto de un mástil.
35 Y dirás: «Me hirieron, pero no me dolió;
Me golpearon, pero no lo sentí.
Cuando despierte,
Volveré a buscar más».

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable