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Día 210 de 365 · 29 de julio

TAMAÑO

Nehemías 6

1Cuando se les informó a Sanbalat, a Tobías, a Gesem el árabe y a los demás enemigos nuestros que yo había reedificado la muralla y que no quedaba ninguna brecha en ella (aunque en aquel tiempo yo no había asentado todavía las hojas en las puertas), 2Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: «Ven, reunámonos en Quefirim en el llano de Ono». Pero ellos tramaban hacerme daño. 3Y les envié mensajeros, diciéndoles: «Yo estoy haciendo una gran obra y no puedo descender. ¿Por qué ha de detenerse la obra mientras la dejo y desciendo a ustedes?».
4Cuatro veces me enviaron mensajes en la misma forma, y en cada ocasión yo les respondí de la misma manera. 5Entonces Sanbalat, por quinta vez, me envió su siervo en la misma forma, con una carta abierta en su mano. 6En ella estaba escrito: «Se ha oído entre las naciones, y Gasmu dice, que tú y los judíos están tramando rebelarse; por eso reedificas la muralla. Y según estos informes tú vas a ser su rey. 7También has puesto profetas para anunciar en Jerusalén en cuanto a ti: “Un rey está en Judá”. Y ahora llegarán a oídos del rey estos informes. Ahora pues, ven, consultemos juntos». 8Entonces le envié un mensaje, diciéndole: «No han sucedido esas cosas que tú dices, sino que las estás inventando en tu corazón». 9Porque todos ellos querían atemorizarnos, pensando: «Ellos se desanimarán con la obra y no será hecha». Pero ahora, oh Dios, fortalece mis manos.
10Cuando yo entré en casa de Semaías, hijo de Delaía, hijo de Mehetabel, que estaba encerrado allí, él dijo: «Reunámonos en la casa de Dios, dentro del templo, y cerremos las puertas del templo, porque vienen a matarte, vienen de noche a matarte». 11Pero yo dije: «¿Huir un hombre como yo? ¿Y acaso uno como yo entraría al templo para salvar su vida? No entraré».
12Entonces me di cuenta de que ciertamente Dios no lo había enviado, sino que había dicho su profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat le habían pagado. 13Le pagaron por esta razón: para que yo me atemorizara y obrara de esa manera y pecara, y así ellos tuvieran un mal informe de mí y pudieran reprocharme. 14Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat conforme a estas obras suyas, también de la profetisa Noadías y de los demás profetas que estaban atemorizándome.
15La muralla fue terminada el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días. 16Cuando se enteraron todos nuestros enemigos y lo vieron todas las naciones que estaban alrededor nuestro, decayó su ánimo; porque reconocieron que esta obra había sido hecha con la ayuda de nuestro Dios. 17También en aquellos días se enviaban muchas cartas de los nobles de Judá a Tobías, y de Tobías venían cartas a ellos. 18Porque muchos en Judá estaban unidos a él bajo juramento porque él era yerno de Secanías, hijo de Ara, y su hijo Johanán se había casado con la hija de Mesulam, hijo de Berequías. 19Además, hablaban de sus buenas obras en mi presencia y a él le informaban de mis palabras. YTobías me enviaba cartas para atemorizarme.

Nehemías 7

1Cuando la muralla quedó reconstruida y yo había asentado las puertas, y habían sido designados los porteros, los cantores y los levitas, 2puse al frente de Jerusalén a mi hermano Hananí y a Hananías, jefe de la fortaleza, porque este era hombre fiel y temeroso de Dios más que muchos. 3Entonces les dije: «No se abrirán las puertas de Jerusalén hasta que caliente el sol; y estando todavía los porteros en sus puestos, se cerrarán y atrancarán las puertas. Designen también guardias de los habitantes de Jerusalén, unos en su puesto de guardia, y otros delante de su casa». 4La ciudad era espaciosa y grande, pero el pueblo dentro de ella era poco y no había casas reedificadas.
5Entonces mi Dios puso en mi corazón reunir a los nobles, a los oficiales y al pueblo para que fueran inscritos por genealogías. Y encontré el libro de la genealogía de los que habían subido primero, y hallé escrito en él: 6Estos son los hijos de la provincia que subieron de la cautividad, aquellos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado cautivos y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad, 7los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamaní, Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum y Baana.
El número de hombres del pueblo de Israel: 8los hijos de Paros, 2,172; 9los hijos de Sefatías, 372; 10los hijos de Ara, 652; 11los hijos de Pahat Moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, 2,818; 12los hijos de Elam, 1,254; 13los hijos de Zatu, 845; 14los hijos de Zacai, 760; 15los hijos de Binúi, 648; 16los hijos de Bebai, 628; 17los hijos de Azgad, 2,322; 18los hijos de Adonicam, 667; 19los hijos de Bigvai, 2,077; 20los hijos de Adín, 655; 21los hijos de Ater, de Ezequías, 98; 22los hijos de Hasum, 328; 23los hijos de Bezai, 324; 24los hijos de Harif, 112; 25los hijos de Gabaón, 95; 26los hombres de Belén y Netofa, 188; 27los hombres de Anatot, 128; 28los hombres de Bet Azmavet, 42; 29los hombres de Quiriat Jearim, Cafira y Beerot, 743; 30los hombres de Ramá y Geba, 621; 31los hombres de Micmas, 122; 32los hombres de Betel y Hai, 123; 33los hombres del otro Nebo, 52; 34los hijos del otro Elam, 1,254; 35los hijos de Harim, 320; 36los hombres de Jericó, 345; 37los hijos de Lod, Hadid y Ono, 721; 38los hijos de Senaa, 3,930.
39Los sacerdotes: los hijos de Jedaías de la casa de Jesúa, 973; 40los hijos de Imer, 1,052; 41los hijos de Pasur, 1,247; 42los hijos de Harim, 1,017.
43Los levitas: los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Hodavías, 74. 44Los cantores: los hijos de Asaf, 148. 45Los porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai, 138.
46Los sirvientes del templo: los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, 47los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padón, 48los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Salmai, 49los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, 50los hijos de Reaía, los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, 51los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Paseah, 52los hijos de Besai, los hijos de Mehunim, los hijos de Nefisesim, 53los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur, 54los hijos de Bazlut, los hijos de Mehída, los hijos de Harsa, 55los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, 56los hijos de Nezía, los hijos de Hatifa.
57Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Perida, 58los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel, 59los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret Hazebaim, los hijos de Amón.
60El total de los sirvientes del templo y de los hijos de los siervos de Salomón era de 392.
61Estos fueron los que subieron de Tel Mela, Tel Harsa, Querub, Adón e Imer, aunque no pudieron demostrar si sus casas paternas o su descendencia eran de Israel: 62los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, 642. 63De los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, que había tomado por mujer a una de las hijas de Barzilai el galaadita, con cuyo nombre fue llamado. 64Estos buscaron en su registro de genealogías pero no se hallaron, y fueron considerados inmundos y excluidos del sacerdocio. 65Y el gobernador les dijo que no comieran de las cosas santísimas hasta que un sacerdote se levantara con Urim y Tumim.
66Toda la asamblea reunida era de 42,360, 67sin contar sus siervos y siervas, que eran 7,337; y tenían 245 cantores y cantoras. 68Sus caballos eran 736; sus mulos, 245; 69sus camellos, 435; sus asnos, 6,720.
70Algunos de los jefes de casas paternas contribuyeron para la obra. El gobernador dio para el tesoro 1,000 dracmas (8.5 kilos) de oro, 50 tazones y 530 túnicas sacerdotales. 71Los jefes de casas paternas dieron para el tesoro de la obra 20,000 dracmas (170 kilos) de oro y 2,200 minas (1,254 kilos) de plata. 72Lo que dio el resto del pueblo fue 170 kilos de oro, 1,140 kilos de plata y 67 túnicas sacerdotales.
73Y los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, algunos del pueblo, los sirvientes del templo y el resto de Israel habitaron en sus ciudades.
Cuando llegó el mes séptimo, los israelitas ya estabanen sus ciudades.

Hebreos 6

1Por tanto, dejando las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe en Dios, 2de la enseñanza sobre lavamientos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. 3Y esto haremos, si Dios lo permite.
4Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública.
7Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetación útil a aquellos por los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios. 8Pero si produce espinos y cardos no vale nada, está próxima a ser maldecida, y termina por ser quemada.
9Pero en cuanto a ustedes, amados, aunque hablemos de esta manera, estamos persuadidos de las cosas que son mejores y que pertenecen a la salvación. 10Porque Dios no es injusto como para olvidarse de la obra de ustedes y del amor que han mostrado hacia Su nombre, habiendo servido, y sirviendo aún, a los santos. 11Pero deseamos que cada uno de ustedes muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, 12a fin de que no sean perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas.
13Pues cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por uno mayor, juró por Él mismo, 14diciendo: «Ciertamente te bendeciré y ciertamente te multiplicaré». 15Y así, habiendo esperado con paciencia, Abraham obtuvo la promesa. 16Porque los hombres juran por uno mayor que ellos mismos, y para ellos un juramento dado como confirmación es el fin de toda discusión.
17Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de Su propósito, interpuso un juramento, 18a fin de que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
19Tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo, 20adonde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho, según el orden de Melquisedec, Sumo Sacerdote para siempre.

Salmo 60

Para el director del coro; según la tonada de «El lirio del testimonio». Mictam de David para enseñar, cuando luchó con Aram Naharaim y contra Aram Soba, y volvió Joab e hirió a 12,000 edomitas en el valle de la Sal.
1Oh Dios, Tú nos has rechazado, nos has quebrantado,
Te has enojado. Restáuranos, oh Dios.
2Has hecho temblar la tierra, la has hendido;
Sana sus hendiduras, porque se tambalea.
3Cosas duras has hecho ver a Tu pueblo;
Nos has dado a beber vino embriagador.
4Has dado un estandarte a los que te temen,
Para que sea alzado por causa de la verdad. (Selah)
5Para que sean librados Tus amados,
Salva con Tu diestra, y respóndeme.
6¶Dios ha hablado en Su santidad:
«Me alegraré, repartiré a Siquem,
Y mediré el valle de Sucot.
7-»Mío es Galaad, Mío es Manasés,
Efraín es el casco de Mi cabeza,
Judá es Mi cetro.
8-»Moab es la vasija en que me lavo;
Sobre Edom arrojaré Mi calzado;
Clama a gritos, oh Filistea, a causa de Mí».
9¶¿Quién me conducirá a la ciudad fortificada?
¿Quién me guiará hasta Edom?
10¿No eres Tú, oh Dios, el que nos ha rechazado?
¿No saldrás, oh Dios, con nuestros ejércitos?
11Danos ayuda contra el adversario,
Pues vano es el auxilio del hombre.
12En Dios haremos proezas,
Y Él pisoteará a nuestros adversarios.

Proverbios 24

1No tengas envidia de los malvados,
Ni desees estar con ellos;
2Porque su corazón trama violencia,
Y sus labios hablan de hacer mal.
3¶Con sabiduría se edifica una casa,
Y con prudencia se afianza;
4Con conocimiento se llenan las cámaras
De todo bien preciado y deseable.
5¶El hombre sabio es fuerte,
Y el hombre de conocimiento aumenta su poder.
6Porque con dirección sabia harás la guerra,
Y en la abundancia de consejeros está la victoria.
7¶Muy alta está la sabiduría para el necio,
En la puerta de la ciudad no abre su boca.
8¶Al que planea hacer el mal,
Lo llamarán intrigante.
9El tramar necedad es pecado,
Y el insolente es abominación a los hombres.
10¶Si eres débil en día de angustia,
Tu fuerza es limitada.
11¶Libra a los que son llevados a la muerte,
Y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza.
12Si dices: «Mira, no sabíamos esto».
¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones?
¿No lo sabe el que guarda tu alma?
¿No dará a cada hombre según su obra?
13¶Come miel, hijo mío, porque es buena;
Sí, la miel del panal es dulce a tu paladar.
14Debes saber que así es la sabiduría para tu alma;
Si la hallas, entonces habrá un futuro,
Y tu esperanza no será cortada.
15¶No aceches, oh impío, la morada del justo;
No destruyas su lugar de descanso;
16Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse,
Pero los impíos caerán en la desgracia.
17¶No te regocijes cuando caiga tu enemigo,
Y no se alegre tu corazón cuando tropiece;
18No sea que el Señor lo vea y le desagrade,
Y aparte de él Su ira.
19¶No te impacientes a causa de los malhechores
Ni tengas envidia de los impíos;
20Porque no habrá futuro para el malo.
La lámpara de los impíos será apagada.
21¶Hijo mío, teme al Señor y al rey;
No te asocies con los que son inestables;
22Porque de repente se levantará su desgracia,
Y la destrucción que vendrá de ambos, ¿quién la sabe?
23¶También estos son dichos de los sabios:
«Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno».
24Al que dice al impío: «Eres justo»,
Lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones;
25Pero los que lo reprenden tendrán felicidad,
Y sobre ellos vendrá abundante bendición.
26Besa los labios
El que da una respuesta correcta.
27¶Ordena tus labores de fuera
Y tenlas listas para ti en el campo,
Y después edifica tu casa.
28¶No seas, sin causa, testigo contra tu prójimo,
Y no engañes con tus labios.
29No digas: «Como él me ha hecho, así le haré;
Pagaré al hombre según su obra».
30¶He pasado junto al campo del perezoso
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento,
31Y vi que todo estaba lleno de cardos,
Su superficie cubierta de ortigas,
Y su cerca de piedras, derribada.
32Cuando lo vi, reflexioné sobre ello;
Miré, y recibí instrucción.
33«Un poco de dormir, otro poco de dormitar,
Otro poco de cruzar las manos para descansar»,
34Y llegará tu pobreza como ladrón,
Y tu necesidad como hombre armado.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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