DEVOCIONAL

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Día 211 de 365 · 30 de julio

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Nehemías 8

1Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y pidieron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés que el Señor había dado a Israel. 2Entonces el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían entender lo que oían. Era el primer día del mes séptimo. 3Y leyó en el libro frente a la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley.
4El escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que habían hecho para esta ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías; y a su izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. 5Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo, pues él estaba en un lugar más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. 6Entonces Esdras bendijo al Señor, el gran Dios. Y todo el pueblo respondió: «¡Amén, Amén!», mientras alzaban las manos. Después se postraron y adoraron al Señor rostro en tierra. 7También Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán, Pelaías, y los levitas, explicaban la ley al pueblo mientras el pueblo permanecía en su lugar. 8Y leyeron en el libro de la ley de Dios, interpretándolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura.
9Entonces Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este día es santo para el Señor su Dios; no se entristezcan, ni lloren». Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley. 10También les dijo: «Vayan, coman de la grasa, beban de lo dulce, y manden raciones a los que no tienen nada preparado; porque este día es santo para nuestro Señor. No se entristezcan, porque la alegría del Señor es la fortaleza de ustedes». 11Los levitas calmaron a todo el pueblo diciéndole: «Callen, porque el día es santo, no se entristezcan». 12Entonces todo el pueblo se fue a comer, a beber, a mandar porciones y a celebrar una gran fiesta, porque comprendieron las palabras que les habían enseñado.
13Al segundo día los jefes de casas paternas de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se reunieron junto al escriba Esdras para entender las palabras de la ley. 14Y encontraron escrito en la ley que el Señor había mandado por medio de Moisés que los israelitas habitaran en tabernáculos durante la fiesta del mes séptimo. 15Así que ellos dieron a conocer esta proclama en todas sus ciudades y en Jerusalén: «Salgan al monte y traigan ramas de olivo, ramas de olivo silvestre, ramas de mirto, ramas de palmera y ramas de otros árboles frondosos, para hacer tabernáculos, como está escrito».
16El pueblo salió y trajeron las ramas y se hicieron tabernáculos, cada uno en su terrado, en sus patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efraín. 17Toda la asamblea de los que habían regresado de la cautividad hicieron tabernáculos y habitaron en ellos. Los israelitas ciertamente no habían hecho de esta manera desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta aquel día. Y hubo gran regocijo. 18Esdras leyó del libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último día. Celebraron la fiesta siete días, y al octavo día hubouna asamblea solemne según lo establecido.

Nehemías 9

1El día veinticuatro de ese mes se congregaron los israelitas en ayuno, vestidos de cilicio y con polvo sobre sí. 2Y los descendientes de Israel se separaron de todos los extranjeros, y se pusieron en pie, confesando sus pecados y las iniquidades de sus padres. 3Puestos de pie, cada uno en su lugar, una cuarta parte del día estuvieron leyendo en el libro de la ley del Señor su Dios, y otra cuarta parte, estuvieron confesando y adorando al Señor su Dios. 4Y sobre el estrado de los levitas se levantaron Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani, y clamaron en alta voz al Señor su Dios.
5Entonces los levitas, Jesúa, Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías, dijeron: «Levántense, bendigan al Señor su Dios por siempre y para siempre.
Sea bendito Tu glorioso nombre
Y exaltado sobre toda bendición y alabanza.
6-»Solo Tú eres el Señor.
Tú hiciste los cielos,
Los cielos de los cielos con todo su ejército,
La tierra y todo lo que en ella hay,
Los mares y todo lo que en ellos hay.
Tú das vida a todos ellos
Y el ejército de los cielos se postra ante Ti.
7-»Tú eres el Señor Dios
Que escogiste a Abram,
Lo sacaste de Ur de los caldeos
Y le diste por nombre Abraham.
8-»Hallaste fiel su corazón delante de Ti,
E hiciste con él un pacto
Para darle la tierra del cananeo,
Del hitita, del amorreo,
Del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo,
Para darla a su descendencia.
Y has cumplido Tu palabra, porque eres justo.
9¶»Tú viste la aflicción de nuestros padres en Egipto,
Y escuchaste su clamor junto al mar Rojo.
10-»Entonces hiciste señales y maravillas contra Faraón,
Contra todos sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra;
Pues supiste que ellos los trataban con soberbia,
Y te hiciste un nombre como el de hoy.
11-»Dividiste el mar delante de ellos,
Y pasaron por medio del mar sobre tierra firme;
Y echaste en los abismos a sus perseguidores,
Como a una piedra en aguas turbulentas.
12-»Con columna de nube los guiaste de día,
Y con columna de fuego de noche,
Para alumbrarles el camino
En que debían andar.
13-»Luego bajaste sobre el monte Sinaí,
Y desde el cielo hablaste con ellos;
Les diste ordenanzas justas y leyes verdaderas,
Estatutos y mandamientos buenos.
14-»Les hiciste conocer Tu santo día de reposo,
Y les entregaste mandamientos, estatutos y la ley
Por medio de Tu siervo Moisés.
15-»Les proveíste pan del cielo para su hambre,
Les sacaste agua de la peña para su sed,
Y les dijiste que entraran a poseer
La tierra que Tú habías jurado darles.
16¶»Pero ellos, nuestros padres, obraron con soberbia,
Fueron tercos y no escucharon Tus mandamientos.
17-»Rehusaron escuchar,
Y no se acordaron de las maravillas que hiciste entre ellos;
Fueron tercos y eligieron un jefe para volver a su esclavitud en Egipto.
Pero Tú eres un Dios de perdón,
Clemente y compasivo,
Lento para la ira y abundante en misericordia,
Y no los abandonaste.
18-»Ni siquiera cuando hicieron
Un becerro de metal fundido
Y dijeron: “Este es tu Dios
Que te sacó de Egipto”,
Y cometieron grandes blasfemias,
19En Tu gran compasión,
Tú no los abandonaste en el desierto.
La columna de nube no los dejó de día
Para guiarlos en el camino,
Ni la columna de fuego de noche para alumbrarles el camino por donde debían andar.
20-»Y diste Tu buen Espíritu para instruirles;
No retiraste Tu maná de su boca,
Y les diste agua para su sed.
21-»Por cuarenta años proveíste para ellos en el desierto y nada les faltó,
Sus vestidos no se gastaron ni se hincharon sus pies.
22-»También les diste reinos y pueblos,
Y se los repartiste con sus límites.
Tomaron posesión de la tierra de Sehón, rey de Hesbón,
Y la tierra de Og, rey de Basán.
23-»Multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo,
Y los llevaste a la tierra
Que habías dicho a sus padres que entraran a poseerla.
24-»Así que entraron los hijos y poseyeron la tierra.
Y Tú sometiste delante de ellos a los habitantes de la tierra, a los cananeos,
Y los entregaste en su mano, con sus reyes y los pueblos de la tierra,
Para hacer con ellos como quisieran.
25-»Capturaron ciudades fortificadas y una tierra fértil.
Tomaron posesión de casas llenas de toda cosa buena,
Cisternas excavadas, viñas y olivares,
Y árboles frutales en abundancia.
Comieron, se saciaron, engordaron
Y se deleitaron en tu gran bondad.
26¶»Pero fueron desobedientes y se rebelaron contra Ti,
Echaron Tu ley a sus espaldas,
Mataron a Tus profetas que los amonestaban
Para que se volvieran a Ti;
Y cometieron grandes blasfemias.
27-»Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, que los oprimieron;
Pero en el tiempo de su angustia clamaron a Ti,
Y Tú escuchaste desde el cielo, y conforme a Tu gran compasión
Les diste libertadores que los libraron de mano de sus opresores.
28-»Pero cuando tenían descanso, volvían a hacer lo malo delante de Ti;
Por tanto, Tú los abandonabas en mano de sus enemigos para que los dominaran.
Cuando clamaban de nuevo a Ti, Tú oías desde el cielo
Y muchas veces los rescataste conforme a Tu compasión.
29-»Los amonestaste para que volvieran a Tu ley,
Pero ellos obraron con soberbia y no escucharon Tus mandamientos, sino que pecaron contra Tus ordenanzas,
Las cuales si el hombre las cumple, por ellas vivirá.
Dieron la espalda en rebeldía, fueron tercos y no escucharon.
30-»Sin embargo, Tú fuiste paciente con ellos por muchos años,
Y los amonestaste con Tu Espíritu por medio de Tus profetas,
Pero no prestaron oído.
Entonces los entregaste en mano de los pueblos de estas tierras.
31-»Pero en Tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste,
Porque Tú eres un Dios clemente y compasivo.
32¶»Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, poderoso y temible, que guardas el pacto y la misericordia,
No parezca insignificante ante Ti toda la aflicción
Que nos ha sobrevenido, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo Tu pueblo,
Desde los días de los reyes de Asiria hasta el día de hoy.
33-»Pero Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros,
Porque Tú has obrado fielmente,
Pero nosotros, perversamente.
34-»Nuestros reyes, nuestros jefes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no han observado Tu ley
Ni han hecho caso a Tus mandamientos ni a Tus amonestaciones con que los amonestabas.
35-»Pero ellos en su propio reino,
Con los muchos bienes que Tú les diste,
Con la espaciosa y rica tierra que pusiste delante de ellos,
No te sirvieron ni se convirtieron de sus malas obras.
36-»Por tanto, hoy somos esclavos,
Y en cuanto a la tierra que diste a nuestros padres
Para comer de sus frutos y de sus bienes,
Ahora somos esclavos en ella.
37-»Y su abundante fruto es para los reyes
Que Tú pusiste sobre nosotros a causa de nuestros pecados,
Los cuales dominan nuestros cuerpos
Y nuestros ganados como les place,
Y en gran angustia estamos.
38 A causa de todo esto, nosotros hacemos un pacto fiel por escrito; y en el documento sellado están los nombres de nuestros jefes, nuestros levitas ynuestros sacerdotes».

Hebreos 7

1Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham cuando este regresaba de la matanza de los reyes, y lo bendijo, 2y Abraham le entregó el diezmo de todos los despojos. El nombre Melquisedec significa primeramente rey de justicia, y luego también rey de Salem, esto es, rey de paz. 3Sin tener padre, ni madre, y sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida, siendo hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote a perpetuidad.
4Consideren, pues, la grandeza de este Melquisedec a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botín. 5Y en verdad los hijos de Leví que reciben el oficio de sacerdote, tienen mandamiento en la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. 6Pero aquel cuya genealogía no viene de ellos, recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. 7Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.
8Aquí, ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí, los recibe uno de quien se da testimonio de que vive. 9Y, por decirlo así, por medio de Abraham también Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, 10porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11Ahora bien, si la perfección era por medio del sacerdocio levítico, (pues sobre esa base recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad había de que se levantara otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no designado según el orden de Aarón? 12Porque cuando se cambia el sacerdocio, necesariamente ocurre también un cambio de la ley. 13Pues aquel de quien se dicen estas cosas, pertenece a otra tribu, de la cual nadie ha servido en el altar. 14Porque es evidente que nuestro Señor descendió de Judá, una tribu de la cual Moisés no dijo nada tocante a sacerdotes.
15Y esto es aún más evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote, 16que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible. 17Pues de Cristo se da testimonio:
«Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec».
18Porque ciertamente, queda anulado el mandamiento anterior por ser débil e inútil 19(pues la ley nada hizo perfecto), y se introduce una mejor esperanza, mediante la cual nos acercamos a Dios.
20Y por cuanto no fue sin juramento, 21pues en verdad ellos llegaron a ser sacerdotes sin juramento, pero Él, por un juramento del que le dijo:
«El Señor ha jurado
Y no cambiará:
“Tú eres sacerdote para siempre” ».
22Por eso, Jesús ha venido a ser fiador de un mejor pacto.
23Los sacerdotes anteriores eran más numerosos porque la muerte les impedía continuar, 24pero Jesús conserva Su sacerdocio inmutable puesto que permanece para siempre. 25Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos.
26Porque convenía que tuviéramos tal Sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado, apartado de los pecadores, y exaltado más allá de los cielos, 27que no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente, primero por sus propios pecados y después por los pecados del pueblo. Porque esto Jesús lo hizo una vez para siempre, cuando Él mismo se ofreció. 28Porque la ley designa como sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento, que vino después de la ley, designaal Hijo, hecho perfecto para siempre.

Salmo 61

Para el director del coro. Sobre instrumentos de cuerdas. Salmo de David.
1Oye, oh Dios, mi clamor;
Atiende a mi oración.
2Desde los confines de la tierra te invoco, cuando mi corazón desmaya.
Condúceme a la roca que es más alta que yo.
3Porque Tú has sido refugio para mí,
Torre fuerte frente al enemigo.
4Que more yo en Tu tienda para siempre;
Y me abrigue bajo el refugio de Tus alas. (Selah)
5¶Porque Tú, oh Dios, has escuchado mis votos;
me has dado la heredad de los que temen Tu nombre.
6Tú añadirás días a los días del rey;
Sus años serán como muchas generaciones.
7Él reinará para siempre delante de Dios;
Concédele misericordia y fidelidad para que lo guarden.
8Así cantaré alabanzas a Tu nombre para siempre,
Cumpliendo mis votos día tras día.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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