DEVOCIONAL

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Día 216 de 365 · 4 de agosto

TAMAÑO

Ester 5

1Y ACONTECIÓ que al tercer día se vistió Esther su vestido real, y púsose en el patio de adentro de la casa del rey, enfrente del aposento del rey: y estaba el rey sentado en su solio regio en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento.

2Y fué que, como vió á la reina Esther que estaba en el patio, ella obtuvo gracia en sus ojos; y el rey extendió á Esther el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces se llegó Esther, y tocó la punta del cetro.

3Y dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Esther? ¿y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino, se te dará.

4Y Esther dijo: Si al rey place, venga hoy el rey con Amán al banquete que le he hecho.

5Y respondió el rey: Daos priesa, llamad á Amán, para hacer lo que Esther ha dicho. Vino pues el rey con Amán al banquete que Esther dispuso.

6Y dijo el rey á Esther en el banquete del vino: ¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida.

7Entonces respondió Esther, y dijo: Mi petición y mi demanda es:

8Si he hallado gracia en los ojos del rey, y si place al rey otorgar mi petición y hacer mi demanda, que venga el rey con Amán al banquete que les dispondré; y mañana haré conforme á lo que el rey ha mandado.

9Y salió Amán aquel día contento y alegre de corazón; pero como vió á Mardochêo á la puerta del rey, que no se levantaba ni se movía de su lugar, llenóse contra Mardochêo de ira.

10Mas refrenóse Amán, y vino á su casa, y envió, é hizo venir sus amigos, y á Zeres su mujer.

11Y refirióles Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido y con que le había ensalzado sobre los príncipes y siervos del rey.

12Y añadió Amán: También la reina Esther á ninguno hizo venir con el rey al banquete que ella dispuso, sino á mí: y aun para mañana soy convidado de ella con el rey.

13Mas todo esto nada me sirve cada vez que veo al judío Mardochêo sentado á la puerta del rey.

14Y díjole Zeres su mujer, y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos, y mañana di al rey que cuelguen á Mardochêo en ella; y entra con el rey al banquete alegre. Y plugo la cosa en los ojos de Amán, é hizo preparar la horca.

Ester 6

1Aquella noche el rey no podía dormir y dio orden que trajeran el libro de las Memorias, las crónicas, y que las leyeran delante del rey. 2Y fue hallado escrito lo que Mardoqueo había informado acerca de Bigtán y Teres, dos de los eunucos del rey, guardianes del umbral, de que ellos habían procurado echar mano al rey Asuero. 3Y el rey preguntó: «¿Qué honor o distinción se le ha dado a Mardoqueo por esto?». Respondieron los siervos del rey que le servían: «Nada se ha hecho por él». 4Entonces el rey preguntó: «¿Quién está en el atrio?». Y Amán acababa de entrar al atrio exterior del palacio del rey, para pedir al rey que hiciera ahorcar a Mardoqueo en la horca que él le había preparado.
5Los siervos del rey le respondieron: «Amán está en el atrio». El rey dijo: «Que entre». 6Cuando Amán entró, el rey le preguntó: «¿Qué se debe hacer para el hombre a quien el rey quiere honrar?». Y Amán se dijo: «¿A quién desearía el rey honrar más que a mí?». 7Amán respondió al rey: «Para el hombre a quien el rey quiere honrar, 8que traigan un manto real con que se haya vestido el rey, y un caballo en el cual el rey haya montado y en cuya cabeza se haya colocado una diadema real; 9y el manto y el caballo sean entregados en mano de uno de los príncipes más nobles del rey, y vistan al hombre a quien el rey quiere honrar, lo lleven a caballo por la plaza de la ciudad y anuncien delante de él: “Así se hace al hombre a quien el rey quiere honrar” ».
10Entonces el rey dijo a Amán: «Toma presto el manto y el caballo como has dicho, y hazlo así con el judío Mardoqueo, que está sentado a la puerta del rey. No omitas nada de todo lo que has dicho». 11Y Amán tomó el manto y el caballo, vistió a Mardoqueo y lo llevó a caballo por la plaza de la ciudad, y anunció delante de él: «Así se hace al hombre a quien el rey quiere honrar».
12Después Mardoqueo regresó a la puerta del rey, pero Amán se apresuró a volver a su casa, lamentándose, con la cabeza cubierta. 13Y Amán contó a su mujer Zeres y a todos sus amigos todo lo que le había acontecido. Entonces sus sabios y su mujer Zeres le dijeron: «Si Mardoqueo, delante de quien has comenzado a caer, es de descendencia judía, no podrás con él, sino que ciertamente caerás delante de él». 14Aún estaban hablando con él, cuando llegaron los eunucos del rey y llevaron aprisa a Amán al banquete que Ester había preparado.

Hebreos 12

1Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
3Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra Él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón. 4Porque todavía, en su lucha contra el pecado, ustedes no han resistido hasta el punto de derramar sangre. 5Además, han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige:
«Hijo Mío, no tengas en poco la disciplina del Señor,
Ni te desanimes al ser reprendido por Él.
6-»Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo».
7Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? 8Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. 9Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos? 10Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidad.
11Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia. 12Por tanto, fortalezcan las manos débiles y las rodillas que flaquean, 13y hagan sendas derechas para sus pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane.
14Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados. 16Que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida. 17Porque saben que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimas.
18Porque ustedes no se han acercado a un monte que se puede tocar, ni a fuego ardiente, ni a tinieblas, ni a oscuridad, ni a torbellino, 19ni a sonido de trompeta, ni a ruido de palabras tal, que los que oyeron rogaron que no se les hablara más. 20Porque ellos no podían soportar el mandato: «Si aun una bestia toca el monte, será apedreada». 21Tan terrible era el espectáculo, que Moisés dijo: «Estoy aterrado y temblando».
22Ustedes, en cambio, se han acercado al monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, 23a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos, 24y a Jesús, el mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la sangre de Abel.
25Tengan cuidado de no rechazar a Aquel que habla. Porque si aquellos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de Aquel que nos amonesta desde el cielo. 26Su voz hizo temblar entonces la tierra, pero ahora Él ha prometido, diciendo: «Aún una vez más, Yo haré temblar no solo la tierra, sino también el cielo». 27Y esta expresión: Aún, una vez más, indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que permanezcan las cosas que son inconmovibles. 28Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud, mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio aceptable con temor y reverencia; 29porque nuestro Dios es fuego consumidor.

Salmo 66

Para el director del coro. Cántico. Salmo.
1Aclamen con júbilo a Dios, habitantes de toda la tierra;
2Canten la gloria de Su nombre;
Hagan gloriosa Su alabanza.
3Digan a Dios: «¡Cuán portentosas son Tus obras!
Por la grandeza de Tu poder, Tus enemigos fingirán que te obedecen.
4-»Toda la tierra te adorará,
Y cantará alabanzas a Ti,
Cantará alabanzas a Tu nombre». (Selah)
5¶Vengan y vean las obras de Dios,
Admirable en Sus hechos a favor de los hijos de los hombres.
6Convirtió el mar en tierra seca;
Cruzaron el río a pie;
Regocijémonos allí en Él.
7Él domina con Su poder para siempre;
Sus ojos velan sobre las naciones;
No se enaltezcan los rebeldes. (Selah)
8¶Bendigan, oh pueblos, a nuestro Dios,
Y hagan oír la voz de Su alabanza.
9Él es quien nos guarda con vida,
Y no permite que nuestros pies resbalen.
10Porque Tú nos has probado, oh Dios;
Nos has refinado como se refina la plata.
11Nos metiste en la red;
Carga pesada pusiste sobre nuestros lomos.
12Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas;
Pasamos por el fuego y por el agua,
Pero Tú nos sacaste a un lugar de abundancia.
13Entraré en Tu casa con holocaustos;
A Ti cumpliré mis votos,
14Los que pronunciaron mis labios
Y habló mi boca cuando yo estaba en angustia.
15Te ofreceré holocaustos de animales engordados,
Con el humo de la ofrenda de carneros;
Haré una ofrenda de toros y machos cabríos. (Selah)
16¶Vengan y oigan, todos los que temen a Dios,
Y contaré lo que Él ha hecho por mi alma.
17Con mi boca clamé a Él,
Y ensalzado fue con mi lengua.
18Si observo iniquidad en mi corazón,
El Señor no me escuchará.
19Pero ciertamente Dios me ha oído;
Él atendió a la voz de mi oración.
20Bendito sea Dios,
Que no ha desechado mi oración,
Ni apartadode mí Su misericordia.

Proverbios 30

1Palabras de Agur, hijo de Jaqué: el oráculo.
Declaración del hombre a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2Ciertamente soy el más torpe de los hombres,
Y no tengo inteligencia humana.
3Y no he aprendido sabiduría,
Ni tengo conocimiento del Santo.
4¿Quién subió al cielo y descendió?
¿Quién recogió los vientos en Sus puños?
¿Quién envolvió las aguas en Su manto?
¿Quién estableció todos los confines de la tierra?
¿Cuál es Su nombre o el nombre de Su hijo?
Ciertamente tú lo sabes.
5¶Probada es toda palabra de Dios;
Él es escudo para los que en Él se refugian.
6No añadas a Sus palabras,
No sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso.
7¶Dos cosas te he pedido,
No me las niegues antes que muera:
8Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas,
No me des pobreza ni riqueza;
Dame a comer mi porción de pan,
9No sea que me sacie y te niegue, y diga:
«¿Quién es el Señor?».
O que sea menesteroso y robe,
Y profane el nombre de mi Dios.
10¶No hables mal del esclavo ante su amo,
No sea que te acuse y seas hallado culpable.
11Hay gente que maldice a su padre,
Y no bendice a su madre.
12 Hay gente que se tiene por pura,
Pero no está limpia de su inmundicia.
13 Hay gente de ojos altivos,
Cuyos párpados se alzan en arrogancia.
14 Hay gente cuyos dientes son espadas,
Y sus muelas cuchillos,
Para devorar a los pobres de la tierra,
Y a los menesterosos de entre los hombres.
15¶La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: «¡Dame!», «¡Dame!».
Hay tres cosas que no se saciarán,
Y una cuarta que no dirá: «¡Basta!».
16El Seol, la matriz estéril,
La tierra que jamás se sacia de agua,
Y el fuego que nunca dice: «¡Basta!».
17Al ojo que se burla del padre
Y escarnece a la madre,
Lo sacarán los cuervos del valle,
Y lo comerán los aguiluchos.
18¶Hay tres cosas que son incomprensibles para mí,
Y una cuarta que no entiendo:
19El rastro del águila en el cielo,
El rastro de la serpiente sobre la roca,
El rastro del barco en medio del mar,
Y el rastro del hombre en la doncella.
20Así es el proceder de la mujer adúltera:
Come, se limpia la boca,
Y dice: «No he hecho nada malo».
21¶Por tres cosas tiembla la tierra,
Y por una cuarta no se puede sostener:
22Por el esclavo cuando llega a ser rey,
Por el necio cuando se sacia de pan,
23Por la mujer odiada cuando se casa,
Y por la sierva cuando suplanta a su señora.
24¶Cuatro cosas son pequeñas en la tierra,
Pero son sumamente sabias:
25Las hormigas, pueblo sin fuerza,
Que preparan su alimento en el verano;
26Los tejones, pueblo sin poder,
Que hacen su casa en la peña;
27Las langostas, que no tienen rey,
Pero todas salen en escuadrones,
28 Y el lagarto, que se puede agarrar con las manos,
Pero está en los palacios de los reyes.
29¶Hay tres cosas majestuosas en su marcha,
Y aun una cuarta de elegante caminar:
30El león, poderoso entre las fieras,
Que no retrocede ante ninguna,
31El gallo, que se pasea erguido, asimismo el macho cabrío,
Y el rey cuando tiene el ejército con él.
32¶Si has sido necio en ensalzarte,
O si has tramado el mal, pon la mano sobre tu boca;
33Porque batiendo la leche se saca mantequilla,
Y apretando la nariz sale sangre,
Y forzando la ira se producepleito.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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