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Día 22 de 365 · 22 de enero

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Génesis 43

1El hambre iba agravándose en la tierra. 2Y cuando acabaron de comer el grano que habían traído de Egipto, su padre les dijo: «Vuelvan allá y cómprennos un poco de alimento».
3Pero Judá le respondió: «Aquel hombre claramente nos advirtió: “No verán mi rostro si su hermano no está con ustedes”. 4Si envías a nuestro hermano con nosotros, descenderemos y compraremos alimento. 5Pero si no lo envías, no descenderemos. Porque el hombre nos dijo: “No verán mi rostro si su hermano no está con ustedes” ».
6Entonces Israel respondió: «¿Por qué me han tratado tan mal, informando al hombre que tenían un hermano más?». 7Pero ellos dijeron: «El hombre nos preguntó específicamente acerca de nosotros y nuestros familiares, diciendo: “¿Vive aún su padre? ¿Tienen otro hermano?”. Y nosotros contestamos sus preguntas. ¿Acaso podíamos nosotros saber que él diría: “Traigan a su hermano”?».
8Y Judá dijo a su padre Israel: «Envía al muchacho conmigo. Nos levantaremos e iremos, para que vivamos y no perezcamos, tanto nosotros como tú y nuestros pequeños. 9Yo me haré responsable de él. De mi mano lo demandarás. Si yo no te lo vuelvo a traer y lo pongo delante de ti, que lleve yo la culpa para siempre delante de ti. 10Porque si no hubiéramos perdido tiempo, sin duda ya habríamos regresado por segunda vez».
11Entonces su padre Israel les dijo: «Si así tiene que ser, hagan esto: tomen de los mejores productos de la tierra en sus vasijas, y lleven a aquel hombre como presente un poco de bálsamo y un poco de miel, resina aromática y mirra, nueces y almendras. 12Y tomen doble cantidad de dinero en su mano, y lleven de nuevo en su mano el dinero que fue devuelto en la boca de sus costales. Tal vez fue un error. 13Tomen también a su hermano, levántense y vuelvan a aquel hombre. 14Que el Dios Todopoderoso les conceda misericordia ante aquel hombre para que ponga en libertad a su otro hermano y a Benjamín. En cuanto a mí, si he de ser privado de mis hijos, que así sea».
15Tomaron, pues, los hombres este presente, doble cantidad de dinero en su mano y a Benjamín. Se levantaron y descendieron a Egipto y se presentaron delante de José.
16Cuando José vio a Benjamín con ellos, dijo al mayordomo de su casa: «Haz entrar a estos hombres a casa, y mata un animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo al mediodía». 17El hombre hizo como José le dijo, y llevó a los hombres a casa de José.
18Ellos tenían miedo porque eran llevados a casa de José y dijeron: «Por causa del dinero que fue devuelto en nuestros costales la primera vez hemos sido traídos aquí, para tener pretexto contra nosotros y caer sobre nosotros y tomarnos por esclavos con nuestros asnos». 19Entonces se acercaron al mayordomo de la casa de José, y le hablaron a la entrada de la casa, 20y dijeron: «Oh señor mío, ciertamente descendimos la primera vez para comprar alimentos. 21Y cuando llegamos a la posada, abrimos nuestros costales, y el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, todo nuestro dinero. Así que lo hemos vuelto a traer en nuestra mano. 22También hemos traído otro dinero en nuestra mano para comprar alimentos. No sabemos quién puso nuestro dinero en nuestros costales».
23Y el mayordomo les dijo: «No se preocupen, no teman. El Dios de ustedes y el Dios de su padre les ha dado ese tesoro en sus costales. Yo haré constar que recibí el dinero de ustedes». Entonces les sacó a Simeón.
24Después el hombre llevó a los hombres a casa de José, y les dio agua y se lavaron los pies. También dio forraje a sus asnos. 25Entonces prepararon el presente para la venida de José al mediodía, pues habían oído que iban a comer allí.
26Cuando José regresó a su casa, ellos le trajeron a la casa el presente que traían en su mano y se postraron ante él en tierra. 27Entonces él les preguntó cómo se encontraban, y añadió: «¿Cómo está su anciano padre de quien me hablaron? ¿Vive todavía?». 28«Su siervo nuestro padre está bien; todavía vive», contestaron. Y ellos se inclinaron en reverencia. 29Al alzar José sus ojos y ver a su hermano Benjamín, hijo de su madre, les preguntó: «¿Es este su hermano menor de quien me hablaron?». Y dijo: «Dios te imparta Su favor, hijo mío». 30José se apresuró a salir, pues se sintió profundamente conmovido a causa de su hermano y buscó dónde llorar. Entró en su aposento y lloró allí.
31Después se lavó la cara y salió, y controlándose, dijo: «Sirvan la comida». 32Le sirvieron a José en un lado, a los hermanos en otro lado, y a los egipcios que comían con él, también les sirvieron aparte. Porque los egipcios no podían comer con los hebreos, pues esto es abominación para los egipcios. 33Los sentaron delante de él, el primogénito conforme a su derecho de primogenitura, y el más joven conforme a su edad. Ellos se miraban unos a otros con asombro. 34Él les llevó porciones de su propia mesa, pero la porción de Benjamín era cinco veces mayor que la de cualquiera de ellos. Bebieron, pues, y se alegraron con él.

Génesis 44

1Entonces José ordenó al mayordomo de su casa, diciendo: «Llena de alimento los costales de los hombres, todo lo que puedan llevar, y pon el dinero de cada uno de ellos en la boca de su costal. 2Y mi copa, la copa de plata, ponla en la boca del costal del menor, con el dinero de su grano». Y el mayordomo hizo conforme a lo que había dicho José. 3Al rayar el alba, fueron despedidos los hombres con sus asnos.
4Cuando ellos habían salido de la ciudad, y no estaban muy lejos, José dijo al mayordomo de su casa: «Levántate, sigue a esos hombres. Cuando los alcances, diles: “¿Por qué han pagado mal por bien? 5¿No es esta la copa en que bebe mi señor, y que de hecho usa para adivinar? Obraron mal en lo que hicieron” ».
6Así que los alcanzó, les dijo estas palabras. 7Y ellos le dijeron: «¿Por qué habla mi señor de esta manera? Lejos esté de sus siervos hacer tal cosa. 8El dinero que encontramos en la boca de nuestros costales, se lo volvimos a traer de la tierra de Canaán. ¿Cómo, pues, habíamos de robar de la casa de su señor plata u oro? 9Aquel de sus siervos que sea hallado con ella, que muera, y también nosotros entonces seremos esclavos de mi señor».
10Y él dijo: «Sea ahora también conforme a sus palabras. Aquel que sea hallado con ella será mi esclavo, y los demás de ustedes serán inocentes». 11Ellos se dieron prisa. Cada uno bajó su costal a tierra, y cada cual abrió su costal. 12El mayordomo registró, comenzando con el mayor y acabando con el menor, y la copa fue hallada en el costal de Benjamín. 13Entonces ellos rasgaron sus vestidos, y después de cargar cada uno su asno, regresaron a la ciudad.
14Cuando Judá llegó con sus hermanos a casa de José, él estaba aún allí, y ellos cayeron a tierra delante de él. 15Y José les dijo: «¿Qué acción es esta que han hecho? ¿No saben que un hombre como yo puede ciertamente adivinar?».
16Entonces dijo Judá: «¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Qué podemos hablar y cómo nos justificaremos? Dios ha descubierto la iniquidad de sus siervos. Así que somos esclavos de mi señor, tanto nosotros como aquel en cuyo poder fue encontrada la copa». 17Pero José respondió: «Lejos esté de mí hacer eso. El hombre en cuyo poder ha sido encontrada la copa será mi esclavo. Pero ustedes, suban en paz a su padre».
18Entonces Judá se le acercó, y dijo: «Oh señor mío, permita a su siervo hablar una palabra a los oídos de mi señor, y que no se encienda su ira contra su siervo, pues usted es como Faraón mismo. 19Mi señor preguntó a sus siervos: “¿Tienen padre o hermano?”. 20Y respondimos a mi señor: “Tenemos un padre ya anciano y un hermano pequeño, hijo de su vejez. Su hermano ha muerto, así que solo queda él de los hijos de su madre, y su padre lo ama”.
21»Entonces usted dijo a sus siervos: “Tráiganmelo para que yo lo vea”. 22Y nosotros respondimos a mi señor: “El muchacho no puede dejar a su padre, pues si dejara a su padre, este moriría”. 23Usted, sin embargo, dijo a sus siervos: “Si su hermano menor no desciende con ustedes, no volverán a ver mi rostro”.
24»Aconteció, pues, que cuando subimos a mi padre, su siervo, le contamos las palabras de mi señor. 25Y nuestro padre dijo: “Regresen, cómprennos un poco de alimento”. 26Pero nosotros respondimos: “No podemos ir. Si nuestro hermano menor va con nosotros, entonces iremos. Porque no podemos ver el rostro del hombre si nuestro hermano no está con nosotros”.
27»Y mi padre, su siervo, nos dijo: “Ustedes saben que mi mujer me dio a luz dos hijos; 28el uno salió de mi lado, y dije: ‘Seguro que ha sido despedazado’, y no lo he visto desde entonces. 29Si también se llevan a este de mi presencia, y algo malo le sucede, ustedes harán descender mis canas con dolor al Seol”.
30»Ahora pues, cuando yo vuelva a mi padre, su siervo, y el muchacho no esté con nosotros, como su vida está ligada a la vida del muchacho, 31sucederá que cuando él vea que el muchacho no está con nosotros, morirá. Así pues, sus siervos harán descender las canas de nuestro padre, su siervo, con dolor al Seol. 32Porque yo, su siervo, me hice responsable del muchacho con mi padre, diciendo: “Si no te lo traigo, que lleve yo la culpa delante de mi padre para siempre”.
33»Ahora pues, le ruego que quede este su siervo como esclavo de mi señor, en lugar del muchacho, y que el muchacho suba con sus hermanos. 34Pues, ¿cómo subiré a mi padre no estando el muchacho conmigo, sin que yo vea el mal que sobrevendráa mi padre?».

Mateo 22

1Jesús comenzó a hablarles otra vez en parábolas, diciendo: 2«El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. 3Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir. 4De nuevo envió otros siervos, diciéndoles: “Digan a los que han sido invitados: ‘Ya he preparado mi banquete; he matado mis novillos y animales cebados, y todo está preparado; vengan a las bodas’ ”. 5Pero ellos no hicieron caso y se fueron: uno a su campo, otro a sus negocios, 6y los demás, echando mano a los siervos, los maltrataron y los mataron.
7 »Entonces el rey se enfureció, y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos asesinos e incendió su ciudad. 8Luego dijo* a sus siervos: “La boda está preparada, pero los que fueron invitados no eran dignos. 9Vayan, por tanto, a las salidas de los caminos, e inviten a las bodas a cuantos encuentren”. 10Aquellos siervos salieron por los caminos, y reunieron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos; y el salón de bodas se llenó de invitados.
11 »Pero cuando el rey entró a ver a los invitados, vio allí a uno que no estaba vestido con traje de boda, 12y le dijo*: “Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de boda?”. Pero el hombre se quedó callado. 13El rey entonces dijo a los sirvientes: “Átenle las manos y los pies, y échenlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes”. 14Porque muchos son llamados, pero pocos son escogidos».
15Entonces los fariseos se fueron y deliberaron entre sí cómo atrapar a Jesús en alguna palabra que Él dijera. 16Y los fariseos enviaron* algunos de sus discípulos junto con los partidarios de Herodes, diciendo: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad, y no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial. 17Dinos, pues, cuál es Tu opinión: ¿Está permitido pagar impuesto a César, o no?».
18Pero Jesús, conociendo su malicia, dijo: «¿Por qué me ponen a prueba, hipócritas? 19Traigan la moneda que se usa para pagar ese impuesto». Y le trajeron un denario. 20Y Él les preguntó*: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». 21Ellos le dijeron*: «De César». Entonces Él les dijo*: «Pues den a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». 22Al oír esto, se maravillaron; lo dejaron y se fueron.
23Ese día se acercaron a Jesús algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, 24y le dijeron: «Maestro, Moisés dijo: “Si alguien muere sin tener hijos, su hermano, como pariente más cercano, se casará con su mujer y levantará descendencia a su hermano”. 25Ahora bien, había entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; pero no teniendo descendencia, le dejó la mujer a su hermano. 26De igual manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. 27Y después de todos, murió la mujer. 28Por tanto, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos ellos la tuvieron».
29Pero Jesús les respondió: «Están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios. 30Porque en la resurrección, ni se casan ni son dados en matrimonio, sino que son como los ángeles de Dios en el cielo. 31Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído lo que les fue dicho por Dios, cuando dijo: 32“Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob”? Él no es Dios de muertos, sino de vivos». 33Al oír esto, las multitudes se admiraban de Su enseñanza.
34Los fariseos se agruparon al oír que Jesús había dejado callados a los saduceos. 35Uno de ellos, intérprete de la ley, para poner a prueba a Jesús, le preguntó: 36«Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?».
37Y Él le contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Este es el grande y primer mandamiento. 39Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas».
41Estando reunidos los fariseos, Jesús les hizo una pregunta: 42«¿Cuál es la opinión de ustedes sobre el Cristo? ¿De quién es hijo?». «De David», le contestaron* ellos.
43Jesús les dijo*: «Entonces, ¿cómo es que David en el Espíritu lo llama “Señor”, diciendo:
44 “Dijo el Señor a mi Señor:
‘Siéntate a Mi diestra,
Hasta que ponga a Tus enemigos debajo de Tus pies’ ”?
45 Pues si David lo llama “Señor”, ¿cómo es Él su hijo?». 46Y nadie le pudo contestar ni una palabra, ni ninguno desde ese día se atrevió a hacer más preguntas a Jesús.

Salmo 22

Para el director del coro; sobre Ajelet Hasahar. Salmo de David.
1Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?
2Dios mío, de día clamo y no respondes;
Y de noche, pero no hay para mí reposo.
3Sin embargo, Tú eres santo,
Que habitas entre las alabanzas de Israel.
4En Ti confiaron nuestros padres;
Confiaron, y Tú los libraste.
5A Ti clamaron, y fueron librados;
En Ti confiaron, y no fueron decepcionados.
6¶Pero yo soy gusano, y no hombre;
Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.
7Todos los que me ven, de mí se burlan;
Hacen muecas con los labios, menean la cabeza, diciendo:
8Que se encomiende al Señor; que Él lo libre;
Que Él lo rescate, puesto que en Él se deleita.
9¶Porque Tú me sacaste del seno materno;
Me hiciste confiar estando a los pechos de mi madre.
10A Ti fui entregado desde mi nacimiento;
Desde el vientre de mi madre Tú eres mi Dios.
11¶No estés lejos de mí, porque la angustia está cerca,
Pues no hay nadie que ayude.
12Muchos toros me han rodeado;
Toros fuertes de Basán me han cercado.
13Ávidos abren su boca contra mí,
Como un león que despedaza y ruge.
14Soy derramado como agua,
Y todos mis huesos están descoyuntados;
Mi corazón es como cera;
Se derrite en medio de mis entrañas.
15Como un tiesto se ha secado mi vigor,
Y la lengua se me pega al paladar;
Me has puesto en el polvo de la muerte.
16Porque perros me han rodeado;
Me ha cercado cuadrilla de malhechores;
Me horadaron las manos y los pies.
17Puedo contar todos mis huesos;
Ellos me miran, me observan.
18Se reparten entre sí mis vestidos,
Y sobre mi ropa echan suertes.
19¶Pero Tú, oh Señor, no estés lejos;
Fuerza mía, apresúrate a socorrerme.
20Libra mi alma de la espada,
Mi única vida de las garras del perro.
21Sálvame de la boca del león
Y de los cuernos de los búfalos; respóndeme.
22¶Hablaré de Tu nombre a mis hermanos;
En medio de la congregación te alabaré.
23Los que temen al Señor, alábenlo;
Descendencia toda de Jacob, glorifíquenlo,
Témanlo, descendencia toda de Israel.
24Porque Él no ha despreciado ni aborrecido la aflicción del angustiado,
Ni le ha escondido Su rostro;
Sino que cuando clamó al Señor, lo escuchó.
25¶De Ti viene mi alabanza en la gran congregación;
Mis votos cumpliré delante de los que le temen.
26Los pobres comerán y se saciarán;
Los que buscan al Señor, lo alabarán.
¡Viva para siempre el corazón de ustedes!
27Todos los términos de la tierra se acordarán y se volverán al Señor,
Y todas las familias de las naciones adorarán delante de Ti.
28Porque del Señor es el reino,
Y Él gobierna las naciones.
29Todos los grandes de la tierra comerán y adorarán;
Se postrarán ante Él todos los que descienden al polvo,
Aun aquel que no puede conservar viva su alma.
30La posteridad le servirá;
Esto se dirá del Señor hasta la generación venidera.
31Vendrán y anunciarán Su justicia;
A un pueblo por nacer, anunciarán que Él ha hecho esto.

Proverbios 22

1Más vale el buen nombre que las muchas riquezas,
Y el favor que la plata y el oro.
2El rico y el pobre tienen un lazo común:
A ambos los hizo el Señor.
3El prudente ve el mal y se esconde,
Pero los simples siguen adelante y son castigados.
4La recompensa de la humildad y el temor del Señor
Son la riqueza, el honor y la vida.
5Espinos y lazos hay en el camino del perverso;
El que cuida su alma se alejará de ellos.
6Instruye al niño en el camino que debe andar,
Y aun cuando sea viejo no se apartará de él.
7El rico domina a los pobres,
Y el deudor es esclavo del acreedor.
8El que siembra iniquidad segará vanidad,
Y la vara de su furor perecerá.
9El generoso será bendito,
Porque da de su pan al pobre.
10Echa fuera al insolente y saldrá la discordia,
Y cesarán también los pleitos y la ignominia.
11El que ama la pureza de corazón
Tiene gracia en sus labios, y el rey es su amigo.
12Los ojos del Señor guardan el conocimiento,
Pero Él confunde las palabras del engañador.
13El perezoso dice: «Hay un león afuera;
Seré muerto en las calles».
14Fosa profunda es la boca de las mujeres extrañas;
El que es maldito del Señor caerá en ella.
15La necedad está ligada al corazón del niño,
Pero la vara de la disciplina lo alejará de ella.
16El que oprime al pobre para engrandecerse,
O da al rico, solo llegará a la pobreza.
17¶Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,
Y aplica tu corazón a mi conocimiento;
18Porque te será agradable si las guardas dentro de ti,
Para que estén listas en tus labios.
19Para que tu confianza esté en el Señor,
Te he instruido hoy a ti también.
20¿No te he escrito cosas excelentes
De consejo y conocimiento,
21Para hacerte saber la certeza de las palabras de verdad
A fin de que respondas correctamente al que te ha enviado?
22¶No robes al pobre, porque es pobre,
Ni aplastes al afligido en la puerta;
23Porque el Señor defenderá su causa
Y quitará la vida de los que los despojan.
24¶No te asocies con el hombre iracundo,
Ni andes con el hombre violento,
25No sea que aprendas sus maneras
Y tiendas lazo para ti mismo.
26¶No estés entre los que dan fianzas,
Entre los que salen de fiadores de préstamos.
27Si no tienes con qué pagar,
¿Por qué han de quitarte la cama de debajo de ti?
28¶No muevas el lindero antiguo
Que pusieron tus padres.
29¶¿Has visto un hombre diestro en su trabajo?
Estará delante de los reyes;
No estará delantede hombres sin importancia.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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