DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 24 de 365 · 24 de enero

Inicia sesión para registrar tu lectura y llevar tu racha.Ingresar →
TAMAÑO

Génesis 47

1Entonces José vino e informó a Faraón: «Mi padre y mis hermanos, con sus ovejas, sus vacas y todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán. Ahora ellos están en la tierra de Gosén». 2Y tomó cinco hombres de entre sus hermanos, y los presentó delante de Faraón.
3Entonces Faraón dijo a sus hermanos: «¿Cuál es su ocupación?». «Sus siervos son pastores de ovejas, tanto nosotros como nuestros padres», ellos respondieron a Faraón. 4Dijeron también a Faraón: «Hemos venido a residir en esta tierra, porque no hay pasto para los rebaños de sus siervos, pues el hambre es severa en la tierra de Canaán. Ahora pues, permita que sus siervos habiten en la tierra de Gosén».
5Y Faraón dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti. 6La tierra de Egipto está a tu disposición. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos. Que habiten en la tierra de Gosén, y si sabes que hay hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado». 7José trajo a su padre Jacob y lo presentó a Faraón. Jacob bendijo a Faraón. 8Y Faraón preguntó a Jacob: «¿Cuántos años tienes?». 9Entonces Jacob respondió a Faraón: «Los años de mi peregrinación son 130 años; pocos y malos han sido los años de mi vida, y no han alcanzado a los años que mis padres vivieron en los días de su peregrinación». 10Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de su presencia.
11Así, pues, José estableció allí a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramsés, como Faraón había mandado. 12José proveyó de alimentos a su padre, a sus hermanos y a toda la casa de su padre, según el número de sus hijos.
13No había alimento en toda la tierra, de modo que el hambre era muy severa, y la tierra de Egipto y la tierra de Canaán desfallecían a causa del hambre. 14Y José recogió todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán a cambio del grano que le compraban, y José trajo el dinero a la casa de Faraón.
15Cuando se acabó el dinero en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, todos los egipcios vinieron a José, diciendo: «Denos alimento, pues ¿por qué hemos de morir delante de usted? ya que nuestro dinero se ha acabado». 16Entonces José dijo: «Entreguen sus ganados y yo les daré alimento por sus ganados, puesto que su dinero se ha acabado».
17Trajeron, pues, sus ganados a José, y José les dio pan a cambio de los caballos, las ovejas, las vacas y los asnos; aquel año les proveyó de alimento a cambio de todos sus ganados. 18Y terminado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: «No encubriremos a mi señor que el dinero se ha acabado, y que el ganado pertenece a mi señor. No queda nada para mi señor, excepto nuestros cuerpos y nuestras tierras. 19¿Por qué hemos de morir delante de sus ojos, tanto nosotros como nuestra tierra? Cómprenos a nosotros y a nuestra tierra a cambio de alimento, y nosotros y nuestra tierra seremos siervos de Faraón. Denos, pues, semilla para que vivamos y no muramos, y no quede la tierra desolada».
20Así compró José toda la tierra de Egipto para Faraón, pues los egipcios vendieron cada uno su campo, porque el hambre era severa sobre ellos. Y la tierra llegó a ser de Faraón. 21En cuanto a la gente, la hizo pasar a las ciudades, desde un extremo de la frontera de Egipto hasta el otro. 22Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, pues los sacerdotes tenían ración de parte de Faraón, y vivían de la ración que Faraón les daba. Por tanto no vendieron su tierra.
23Entonces José dijo al pueblo: «Hoy los he comprado a ustedes y a sus tierras para Faraón. Ahora, aquí hay semilla para ustedes. Vayan y siembren la tierra. 24Al tiempo de la cosecha darán la quinta parte a Faraón, y cuatro partes serán de ustedes para sembrar la tierra y para el mantenimiento de ustedes, para los de sus casas y para alimento de sus pequeños».
25Y ellos dijeron: «Nos ha salvado la vida. Hallemos gracia ante los ojos de Faraón mi señor, y seremos siervos de Faraón».
26Entonces José puso una ley respecto a la tierra de Egipto, en vigor hasta hoy: que Faraón debía recibir la quinta parte. Solo la tierra de los sacerdotes no llegó a ser de Faraón.
27Israel habitó en la tierra de Egipto, en Gosén. Allí adquirieron propiedades y fueron fecundos y se multiplicaron en gran manera. 28Jacob vivió diecisiete años en la tierra de Egipto; así que los días de Jacob, los años de su vida, fueron 147 años.
29Cuando a Israel se le acercó el tiempo de morir, llamó a su hijo José y le dijo: «Si he hallado gracia ante tus ojos, por favor, pon ahora tu mano debajo de mi muslo y trátame con misericordia y fidelidad: Por favor, no me sepultes en Egipto. 30Cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos». «Haré según tu palabra», le respondió José. 31Y Jacob dijo: «Júramelo». Y se lo juró. Entonces Israel se inclinó en adoraciónen la cabecera de la cama.

Génesis 48

1Y después de estas cosas, le dijeron a José: «Su padre está enfermo». Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín. 2Cuando se le avisó a Jacob: «Su hijo José ha venido a usted»; entonces Israel hizo un esfuerzo y se sentó en la cama.
3Y Jacob dijo a José: «El Dios Todopoderoso se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán. Me bendijo, 4y me dijo: “Yo te haré fecundo y te multiplicaré. Y haré de ti multitud de pueblos y daré esta tierra a tu descendencia después de ti en posesión perpetua”.
5»Ahora pues, tus dos hijos que te nacieron en la tierra de Egipto, antes de que yo viniera a ti a Egipto, míos son. Efraín y Manasés serán míos, como lo son Rubén y Simeón. 6Pero los hijos que has tenido después de ellos, serán tuyos. Serán llamados por el nombre de sus hermanos en su heredad. 7En cuanto a mí, cuando vine de Padán, Raquel se me murió en la tierra de Canaán, en el camino, cuando faltaba todavía cierta distancia para llegar a Efrata, y la sepulté allí en el camino a Efrata, esto es Belén».
8Cuando Israel vio a los hijos de José, dijo: «¿Quiénes son estos?». 9Y José respondió a su padre: «Son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí». «Acércalos a mí, te ruego, para que yo los bendiga», le dijo. 10Los ojos de Israel estaban tan débiles por la vejez que no podía ver. Entonces José se los acercó, y él los besó y los abrazó. 11Israel dijo a José: «Nunca esperaba ver tu rostro, y mira, Dios me ha permitido ver también a tus hijos».
12Entonces José los tomó de las rodillas de Jacob, y se inclinó con su rostro en tierra. 13José tomó a los dos, a Efraín con la derecha, hacia la izquierda de Israel, y a Manasés con la izquierda, hacia la derecha de Israel, y se los acercó. 14Pero Israel extendió su derecha y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés, cruzando a propósito sus manos, aunque Manasés era el primogénito. 15Israel bendijo a José, y dijo:
«El Dios delante de quien anduvieron mis padres Abraham e Isaac,
El Dios que ha sido mi pastor toda mi vida hasta este día,
16El ángel que me ha rescatado de todo mal,
Bendiga a estos muchachos;
Y viva en ellos mi nombre,
Y el nombre de mis padres Abraham e Isaac;
Y crezcan para ser multitud en medio de la tierra».
17Cuando José vio que su padre había puesto su mano derecha sobre la cabeza de Efraín, esto le desagradó. Y tomó la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés. 18Y José dijo a su padre: «No sea así, padre mío, pues este es el primogénito. Pon tu mano derecha sobre su cabeza».
19Pero su padre rehusó y dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé. Él también llegará a ser un pueblo, y él también será grande. Sin embargo, su hermano menor será más grande que él, y su descendencia llegará a ser multitud de naciones». 20Y los bendijo aquel día, diciendo:
«Por ti bendecirá Israel, diciendo:
“Que Dios te haga como Efraín y Manasés” ».
Así puso a Efraín antes de Manasés.
21Entonces Israel dijo a José: «Yo estoy a punto de morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus padres. 22Yo te doy una partemás que a tus hermanos, la cual tomé de mano del amorreo con mi espada y con mi arco».

Mateo 24

1Cuando Jesús salió del templo, y se iba, se acercaron Sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2Pero Él les dijo: «¿Ven todo esto? En verdad les digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada».
3Estando Jesús sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a Él los discípulos en privado, y le preguntaron: «Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de Tu venida y de la consumación de este siglo?». 4Jesús les respondió: «Tengan cuidado de que nadie los engañe. 5Porque muchos vendrán en Mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos. 6Ustedes van a oír de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No se alarmen, porque es necesario que todo esto suceda; pero todavía no es el fin. 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos. 8Pero todo esto es solo el comienzo de dolores.
9 »Entonces los entregarán a tribulación, y los matarán, y serán odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. 10Muchos se apartarán de la fe entonces, y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. 11Se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán. 12Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriará. 13Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo. 14Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.
15 »Por tanto, cuando ustedes vean la abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo, y el que lea que entienda, 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no baje a sacar las cosas de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. 19Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días!
20 »Oren para que la huida de ustedes no suceda en invierno, ni en día de reposo. 21Porque habrá entonces una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás. 22Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
23 »Entonces si alguien les dice: “Miren, aquí está el Cristo”, o “Allí está”, no lo crean. 24Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos. 25Vean que se lo he dicho de antemano. 26Por tanto, si les dicen: “Miren, Él está en el desierto”, no vayan; o “Miren, Él está en las habitaciones interiores”, no les crean. 27Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. 28Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.
29 »Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas. 30Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. 31Y Él enviará a Sus ángeles con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
32 »De la higuera aprendan la parábola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, saben que el verano está cerca. 33Así también ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que Él está cerca, a las puertas. 34En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 35El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán.
36 »Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre. 37Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre.
40 »Entonces estarán dos en el campo; uno será llevado y el otro será dejado. 41Dos mujeres estarán moliendo en el molino; una será llevada y la otra será dejada. 42Por tanto, velen, porque no saben en qué día viene su Señor. 43Pero entiendan esto: si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, hubiera estado alerta y no hubiera permitido que entrara en su casa. 44Por eso, también ustedes estén preparados, porque a la hora que no piensan vendrá el Hijo del Hombre.
45 »¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente a quien su señor puso sobre los de su casa para que les diera la comida a su tiempo? 46Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. 47De cierto les digo que lo pondrá sobre todos sus bienes. 48Pero si aquel siervo es malo, y dice en su corazón: “Mi señor tardará”; 49y empieza a golpear a sus consiervos, y come y bebe con los que se emborrachan, 50vendrá el señor de aquel siervo el día que no lo espera, y a una hora que no sabe, 51y lo azotará severamente y le asignará un lugar con los hipócritas; allí será el llanto y el crujir de dientes.

Salmo 24

Salmo de David.
1Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
El mundo y los que en él habitan.
2Porque Él la fundó sobre los mares,
Y la asentó sobre los ríos.
3¿Quién subirá al monte del Señor?
¿Y quién podrá estar en Su lugar santo?
4El de manos limpias y corazón puro,
El que no ha alzado su alma a la falsedad
Ni jurado con engaño.
5Ese recibirá bendición del Señor,
Y justicia del Dios de su salvación.
6Tal es la generación de los que lo buscan,
De los que buscan Tu rostro, como Jacob. (Selah)
7¶Alcen, oh puertas, sus cabezas,
Álcense, puertas eternas,
Para que entre el Rey de la gloria.
8¿Quién es este Rey de la gloria?
El Señor, fuerte y poderoso;
El Señor, poderoso en batalla.
9Álcen, oh puertas, sus cabezas,
Álcenlas, puertas eternas,
Para que entre el Rey de la gloria.
10¿Quién es este Rey de la gloria?
El Señor de los ejércitos,
Él es el Rey de la gloria. (Selah)

Proverbios 24

1No tengas envidia de los malvados,
Ni desees estar con ellos;
2Porque su corazón trama violencia,
Y sus labios hablan de hacer mal.
3¶Con sabiduría se edifica una casa,
Y con prudencia se afianza;
4Con conocimiento se llenan las cámaras
De todo bien preciado y deseable.
5¶El hombre sabio es fuerte,
Y el hombre de conocimiento aumenta su poder.
6Porque con dirección sabia harás la guerra,
Y en la abundancia de consejeros está la victoria.
7¶Muy alta está la sabiduría para el necio,
En la puerta de la ciudad no abre su boca.
8¶Al que planea hacer el mal,
Lo llamarán intrigante.
9El tramar necedad es pecado,
Y el insolente es abominación a los hombres.
10¶Si eres débil en día de angustia,
Tu fuerza es limitada.
11¶Libra a los que son llevados a la muerte,
Y retén a los que van con pasos vacilantes a la matanza.
12Si dices: «Mira, no sabíamos esto».
¿No lo tiene en cuenta el que sondea los corazones?
¿No lo sabe el que guarda tu alma?
¿No dará a cada hombre según su obra?
13¶Come miel, hijo mío, porque es buena;
Sí, la miel del panal es dulce a tu paladar.
14Debes saber que así es la sabiduría para tu alma;
Si la hallas, entonces habrá un futuro,
Y tu esperanza no será cortada.
15¶No aceches, oh impío, la morada del justo;
No destruyas su lugar de descanso;
16Porque el justo cae siete veces, y vuelve a levantarse,
Pero los impíos caerán en la desgracia.
17¶No te regocijes cuando caiga tu enemigo,
Y no se alegre tu corazón cuando tropiece;
18No sea que el Señor lo vea y le desagrade,
Y aparte de él Su ira.
19¶No te impacientes a causa de los malhechores
Ni tengas envidia de los impíos;
20Porque no habrá futuro para el malo.
La lámpara de los impíos será apagada.
21¶Hijo mío, teme al Señor y al rey;
No te asocies con los que son inestables;
22Porque de repente se levantará su desgracia,
Y la destrucción que vendrá de ambos, ¿quién la sabe?
23¶También estos son dichos de los sabios:
«Hacer acepción de personas en el juicio no es bueno».
24Al que dice al impío: «Eres justo»,
Lo maldecirán los pueblos, lo aborrecerán las naciones;
25Pero los que lo reprenden tendrán felicidad,
Y sobre ellos vendrá abundante bendición.
26Besa los labios
El que da una respuesta correcta.
27¶Ordena tus labores de fuera
Y tenlas listas para ti en el campo,
Y después edifica tu casa.
28¶No seas, sin causa, testigo contra tu prójimo,
Y no engañes con tus labios.
29No digas: «Como él me ha hecho, así le haré;
Pagaré al hombre según su obra».
30¶He pasado junto al campo del perezoso
Y junto a la viña del hombre falto de entendimiento,
31Y vi que todo estaba lleno de cardos,
Su superficie cubierta de ortigas,
Y su cerca de piedras, derribada.
32Cuando lo vi, reflexioné sobre ello;
Miré, y recibí instrucción.
33«Un poco de dormir, otro poco de dormitar,
Otro poco de cruzar las manos para descansar»,
34Y llegará tu pobreza como ladrón,
Y tu necesidad como hombre armado.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable