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Día 242 de 365 · 30 de agosto

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Eclesiastés 5

1 Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y acércate a escuchar en vez de ofrecer el sacrificio de los necios, porque estos no saben que hacen el mal.
2 No te des prisa en hablar,
Ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios.
Porque Dios está en el cielo y tú en la tierra;
Por tanto sean pocas tus palabras.
3Porque los sueños vienen de la mucha tarea,
Y la voz del necio de las muchas palabras.
4Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque Él no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmplelo. 5Es mejor que no hagas votos, a que hagas votos y no los cumplas. 6No permitas que tu boca te haga pecar, y no digas delante del mensajero de Dios que fue un error. ¿Por qué ha de enojarse Dios a causa de tu voz y destruir la obra de tus manos? 7Porque en los muchos sueños y en las muchas palabras hay vanidades; tú, sin embargo, teme a Dios.
8Si ves la opresión del pobre y la negación del derecho y de la justicia en la provincia, no te sorprendas del hecho, porque un oficial vigila sobre otro oficial, y hay oficiales superiores sobre ellos. 9Con todo, es de beneficio para el país que el rey mantenga cultivado el campo.
10¶El que ama el dinero no se saciará de dinero,
Y el que ama la abundancia no se saciará de ganancias.
También esto es vanidad.
11Cuando aumentan los bienes,
Aumentan también los que los consumen.
Así, pues, ¿cuál es la ventaja para sus dueños, sino verlos con sus ojos?
12Dulce es el sueño del trabajador,
Coma mucho o coma poco;
Pero la hartura del rico no le permite dormir.
13Hay un grave mal que he visto bajo el sol:
Las riquezas guardadas por su dueño para su mal.
14Cuando esas riquezas se pierden por un mal negocio,
Y él engendra un hijo,
No queda nada para mantenerlo.
15Como salió del vientre de su madre, desnudo,
Así volverá, yéndose tal como vino.
Nada saca del fruto de su trabajo
Que pueda llevarse en la mano.
16También esto es un grave mal:
Que tal como vino, así se irá.
Por tanto, ¿qué provecho tiene el que trabaja para el viento?
17Además, todos los días de su vida come en tinieblas,
Con mucha molestia, enfermedad y enojo.
18Esto es lo que yo he visto que es bueno y conveniente: comer, beber y gozarse uno de todo el trabajo en que se afana bajo el sol en los contados días de la vida que Dios le ha dado; porque esta es su recompensa. 19Igualmente, a todo hombre a quien Dios ha dado riquezas y bienes, lo ha capacitado también para comer de ellos, para recibir su recompensa y regocijarse en su trabajo: esto es don de Dios. 20Pues él no se acordará mucho de los días de su vida, porque Dios lo mantiene ocupado con alegría ensu corazón.

Eclesiastés 6

1Hay un mal que he visto bajo el sol, y muy común entre los hombres: 2un hombre a quien Dios ha dado riquezas, bienes y honores, y nada le falta a su alma de todo lo que desea, pero que Dios no le ha capacitado para disfrutar de ellos, porque un extraño los disfruta. Esto es vanidad y penosa aflicción.
3Si un hombre engendra cien hijos y vive muchos años, por muchos que sean sus años, si su alma no se ha saciado de cosas buenas, y tampoco halla sepultura, entonces digo: «Mejor es el abortivo que él, 4porque en vano viene, y a la oscuridad va; y en la oscuridad su nombre quedará oculto». 5«Además, no ha visto el sol y nada sabe; más reposo tiene este que aquel. 6Aunque el hombre viva dos veces mil años, pero no disfruta de cosas buenas, ¿no van todos al mismo lugar?».
7¶Todo el trabajo del hombre es para su boca,
Sin embargo, su apetito no se sacia.
8Pues ¿qué ventaja tiene el sabio sobre el necio?
¿Qué ventaja tiene el pobre que sabe comportarse entre los vivientes?
9Mejor es lo que ven los ojos que lo que el alma desea.
También esto es vanidad y correr tras el viento.
10¶A lo que existe, ya se le ha dado nombre,
Y se sabe lo que es un hombre:
No puede luchar con el que es más fuerte que él.
11Cuando hay muchas palabras, aumenta la vanidad.
¿Cuál es entonces la ventaja para el hombre?
12Porque, ¿quién sabe lo que es bueno para el hombre durante su vida, en los contados días de su vana vida? Los pasarácomo una sombra. Pues, ¿quién hará saber al hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?

Apocalipsis 4

1Después de esto miré, y vi una puerta abierta en el cielo. Y la primera voz que yo había oído, como sonido de trompeta que hablaba conmigo, decía: «Sube acá y te mostraré las cosas que deben suceder después de estas». 2Al instante estaba yo en el Espíritu, y vi un trono colocado en el cielo, y a Uno sentado en el trono. 3El que estaba sentado era de aspecto semejante a una piedra de jaspe y sardio, y alrededor del trono había un arco iris, de aspecto semejante a la esmeralda. 4Y alrededor del trono había veinticuatro tronos. Y sentados en los tronos, veinticuatro ancianos vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en la cabeza. 5Del trono salían relámpagos, voces, y truenos. Delante del trono había siete lámparas de fuego ardiendo, que son los siete Espíritus de Dios.
6Delante del trono había como un mar transparente semejante al cristal; y en medio del trono y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. 7El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo ser era semejante a un becerro; el tercer ser tenía el rostro como el de un hombre, y el cuarto ser era semejante a un águila volando. 8Los cuatro seres vivientes, cada uno de ellos con seis alas, estaban llenos de ojos alrededor y por dentro, y día y noche no cesaban de decir:
«Santo, Santo, Santo es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir».
9Y cada vez que los seres vivientes dan gloria, honor, y acción de gracias a Aquel que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10los veinticuatro ancianos se postran delante de Aquel que está sentado en el trono, y adoran a Aquel que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
11«Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque Tú creaste todas las cosas, y por Tu voluntad existeny fueron creadas».

Salmo 92

Salmo. Cántico para el día de reposo.
1Bueno es dar gracias al Señor,
Y cantar alabanzas a Tu nombre, oh Altísimo;
2Anunciar por la mañana Tu bondad,
Y Tu fidelidad por las noches,
3Con laúd de diez cuerdas y con el arpa,
Con la música sonora de la lira.
4Porque Tú, oh Señor, me has alegrado con Tus obras,
Cantaré con gozo ante las obras de Tus manos.
5¶¡Qué grandes son Tus obras, oh Señor,
Cuán profundos Tus pensamientos!
6El hombre torpe no tiene conocimiento,
Y el necio no entiende esto:
7Que cuando los impíos brotaron como la hierba,
Y florecieron todos los que hacían iniquidad,
Solo fue para ser destruidos para siempre.
8Pero Tú, oh Señor, excelso eres eternamente.
9Porque Tus enemigos, Señor,
Porque Tus enemigos perecerán;
Serán esparcidos todos los que hacen iniquidad.
10¶Pero Tú has exaltado mi poder como el del búfalo;
He sido ungido con aceite fresco.
11Mis ojos satisfechos han mirado a los que me acechaban,
Y oyen mis oídos de los malhechores que se levantan contra mí.
12El justo florecerá como la palma,
Crecerá como cedro en el Líbano.
13Plantados en la casa del Señor,
Florecerán en los atrios de nuestro Dios.
14Aun en la vejez darán fruto;
Estarán vigorosos y muy verdes,
15Para anunciar cuán recto es el Señor;
Él esmi Roca, y que en Él no hay injusticia.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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