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Día 243 de 365 · 31 de agosto

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Eclesiastés 7

1Mejor es el buen nombre que el buen ungüento,
Y el día de la muerte que el día del nacimiento.
2Mejor es ir a una casa de luto
Que ir a una casa de banquete,
Porque aquello es el fin de todo hombre,
Y al que vive lo hará reflexionar en su corazón.
3Mejor es la tristeza que la risa,
Porque cuando el rostro está triste el corazón puede estar contento.
4El corazón de los sabios está en la casa del luto,
Mientras que el corazón de los necios está en la casa del placer.
5Mejor es oír la reprensión del sabio
Que oír la canción de los necios.
6Porque como crepitar de espinos bajo la olla,
Así es la risa del necio.
Y también esto es vanidad.
7Ciertamente la opresión enloquece al sabio,
Y el soborno corrompe el corazón.
8Mejor es el fin de un asunto que su comienzo;
Mejor es la paciencia de espíritu que la arrogancia de espíritu.
9No te apresures en tu espíritu a enojarte,
Porque el enojo se anida en el seno de los necios.
10No digas: «¿Por qué fueron los días pasados mejores que estos?».
Pues no es sabio que preguntes sobre esto.
11Buena es la sabiduría con herencia,
Y provechosa para los que ven el sol.
12Porque la sabiduría protege como el dinero protege;
Pero la ventaja del conocimiento es que la sabiduría preserva la vida de sus poseedores.
13Considera la obra de Dios:
Porque ¿quién puede enderezar lo que Él ha torcido?
14Alégrate en el día de la prosperidad,
Y en el día de la adversidad considera:
Dios ha hecho tanto el uno como el otro
Para que el hombre no descubra nada que suceda después de él.
15He visto todo durante mi vida de vanidad:
Hay justo que perece en su justicia,
Y hay impío que alarga su vida en su perversidad.
16No seas demasiado justo,
Ni seas sabio en exceso.
¿Por qué has de destruirte?
17No seas demasiado impío,
Ni seas necio.
¿Por qué has de morir antes de tu tiempo?
18Bueno es que retengas esto
Sin soltar aquello de tu mano;
Porque el que teme a Dios se sale con todo ello.
19¶La sabiduría hace más fuerte al sabio
Que diez gobernantes que haya en una ciudad.
20Ciertamente no hay hombre justo en la tierra
Que haga el bien y nunca peque.
21Tampoco tomes en serio todas las palabras que se hablan,
No sea que oigas a tu siervo maldecirte.
22Porque tú también te das cuenta
Que muchas veces has maldecido a otros de la misma manera.
23Todo esto probé con sabiduría, y dije:
«Seré sabio»; pero eso estaba lejos de mí.
24Está lejos lo que ha sido,
Y en extremo profundo.
¿Quién lo descubrirá?
25Dirigí mi corazón a conocer,
A investigar y a buscar la sabiduría y la razón,
Y a reconocer la maldad de la insensatez
Y la necedad de la locura.
26Y hallé más amarga que la muerte
A la mujer cuyo corazón es lazos y redes,
Cuyas manos son cadenas.
El que agrada a Dios escapará de ella,
Pero el pecador será por ella apresado.
27«Mira», dice el Predicador, «he descubierto esto,
Agregando una cosa a otra para hallar la razón,
28Que mi alma está todavía buscando pero no ha hallado:
He hallado a un hombre entre mil,
Pero no he hallado mujer entre todas estas.
29-»Mira, solo esto he hallado:
Que Dios hizo rectos a los hombres,
Pero ellos se buscaron muchas artimañas».

Eclesiastés 8

1¿Quién es como el sabio?
¿Y quién otro sabe la explicación de un asunto?
La sabiduría del hombre ilumina su rostro
Y hace que la dureza de su rostro cambie.
2Yo digo: «Guarda el mandato del rey por causa del juramento de Dios. 3No te apresures a irte de su presencia. No te unas a una causa impía, porque él hará todo lo que le plazca». 4Puesto que la palabra del rey es soberana, ¿quién le dirá: «¿Qué haces?»?
5¶El que guarda el mandato real no experimenta ningún mal;
Porque el corazón del sabio conoce el tiempo y el modo de hacerlo.
6Porque para cada deleite hay un tiempo y un modo,
Aunque la aflicción del hombre sea mucha sobre él.
7Si nadie sabe qué sucederá,
¿Quién le anunciará cómo ha de suceder?
8No hay hombre que tenga potestad para refrenar el viento con el viento,
Ni potestad sobre el día de la muerte.
No se da licencia en tiempo de guerra,
Ni la impiedad salvará a los que la practican.
9Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en toda obra que se hace bajo el sol, cuando el hombre domina a otro hombre para su mal.
10También he visto a los impíos ser sepultados, los que entraban y salían del lugar santo, y que fueron pronto olvidados en la ciudad en que así habían actuado. También esto es vanidad. 11Porque la sentencia contra una mala obra no se ejecuta enseguida, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos entregado enteramente a hacer el mal. 12Aunque el pecador haga el mal cien veces y alargue su vida, con todo, yo sé que les irá bien a los que temen a Dios, a los que temen ante Su presencia. 13Pero no le irá bien al impío, ni alargará sus días como una sombra, porque no teme ante la presencia de Dios.
14Hay una vanidad que se hace sobre la tierra: hay justos a quienes les sucede conforme a las obras de los impíos, y hay impíos a quienes les sucede conforme a las obras de los justos. Digo que también esto es vanidad. 15Por tanto yo alabé el placer, porque no hay nada bueno para el hombre bajo el sol sino comer, beber y divertirse, y esto le acompañará en sus afanes en los días de su vida que Dios le haya dado bajo el sol.
16Cuando apliqué mi corazón a conocer la sabiduría y a ver la tarea que ha sido hecha sobre la tierra (aunque uno no durmiera ni de día ni de noche), 17y vi toda la obra de Dios, decidí que el hombre no puede descubrir la obra que se ha hecho bajo el sol. Aunque el hombre busque con afán, no la descubrirá; y aunque el sabio diga que la conoce, no puede descubrirla.

Apocalipsis 5

1En la mano derecha de Aquel que estaba sentado en el trono vi un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. 2Vi también a un ángel poderoso que anunciaba a gran voz: «¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos?». 3Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro ni mirar su contenido. 4Yo lloraba mucho, porque nadie había sido hallado digno de abrir el libro ni de mirar su contenido.
5Entonces uno de los ancianos me dijo*: «No llores; mira, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos». 6Miré, y vi entre el trono (con los cuatro seres vivientes) y los ancianos, a un Cordero, de pie, como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 7Él vino y tomó el libro de la mano derecha de Aquel que estaba sentado en el trono. 8Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero. Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos. 9Y cantaban* un cántico nuevo, diciendo:
«Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque Tú fuiste inmolado, y con Tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación.
10Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra».
11Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono y de los seres vivientes y de los ancianos. El número de ellos era miríadas de miríadas, y millares de millares, 12que decían a gran voz:
«El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza».
13Y oí decir a toda cosa creada que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay:
«Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos».
14Los cuatro seres vivientes decían: «Amén», y los ancianos se postraron y adoraron.

Salmo 93

1El Señor reina, vestido está de majestad;
El Señor se ha vestido y ceñido de poder;
Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible.
2Desde la antigüedad está establecido Tu trono;
Tú eres desde la eternidad.
3¶Los torrentes han alzado, oh Señor,
Los torrentes han alzado su voz;
Los torrentes alzan sus batientes olas.
4Más que el fragor de muchas aguas,
Más que las poderosas olas del mar,
Es poderoso el Señor en las alturas.
5Tus testimonios son muy fidedignos;
La santidad conviene a Tu casa,
Eternamente, oh Señor.

Proverbios 26

1Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
2Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
3El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
4No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
6Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
7 Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
8Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
9 Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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