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Día 244 de 365 · 1 de septiembre

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Eclesiastés 9

1Pues bien, he tomado todas estas cosas en mi corazón y declaro todo esto: que los justos y los sabios y sus hechos están en la mano de Dios. Los hombres no saben ni de amor ni de odio, aunque todo está delante de ellos.
2A todos les sucede lo mismo:
Hay una misma suerte para el justo y para el impío;
Para el bueno, para el limpio y para el inmundo;
Para el que ofrece sacrificio y para el que no sacrifica.
Como el bueno, así es el pecador;
Como el que jura, así es el que teme jurar.
3Este mal hay en todo lo que se hace bajo el sol: que hay una misma suerte para todos. Además, el corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldad y hay locura en su corazón toda su vida. Después se van a los muertos. 4Para cualquiera que está unido con los vivos, hay esperanza; ciertamente un perro vivo es mejor que un león muerto.
5Porque los que viven saben que han de morir,
Pero los muertos no saben nada,
Ni tienen ya ninguna recompensa,
Porque su recuerdo está olvidado.
6En verdad, su amor, su odio y su celo ya han perecido,
Y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace bajo el sol.
7¶Vete, come tu pan con gozo,
Y bebe tu vino con corazón alegre,
Porque Dios ya ha aprobado tus obras.
8En todo tiempo sean blancas tus ropas,
Y que no falte ungüento sobre tu cabeza.
9Goza de la vida con la mujer que amas todos los días de tu vida fugaz que Él te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad. Porque esta es tu parte en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol.
10Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque no hay actividad ni propósito ni conocimiento ni sabiduría en el Seol adonde vas.
11Vi, además, que bajo el sol
No es de los ligeros la carrera,
Ni de los valientes la batalla;
Y que tampoco de los sabios es el pan,
Ni de los entendidos las riquezas,
Ni de los hábiles el favor,
Sino que el tiempo y la suerte les llegan a todos.
12Porque el hombre tampoco conoce su tiempo:
Como peces atrapados en la red traicionera
Y como aves apresadas en la trampa,
Así son atrapados los hijos de los hombres en el tiempo malo
Cuando este cae de repente sobre ellos.
13También esto llegué a ver como sabiduría bajo el sol, y me impresionó: 14Había una pequeña ciudad con pocos hombres en ella. Llegó un gran rey, la cercó y construyó contra ella grandes baluartes. 15Pero en ella se hallaba un hombre pobre y sabio; y él con su sabiduría libró la ciudad; sin embargo, nadie se acordó de aquel hombre pobre. 16Y yo me dije:
«Mejor es la sabiduría que la fuerza».
Pero la sabiduría del pobre se desprecia
Y no se presta atención a sus palabras.
17Las palabras del sabio oídas en quietud son mejores
Que los gritos del gobernante entre los necios.
18Mejor es la sabiduría que las armas de guerra,
Pero un solo pecador destruye mucho bien.

Eclesiastés 10

1Las moscas muertas hacen que el ungüento del perfumista dé mal olor;
Un poco de insensatez pesa más que la sabiduría y el honor.
2El corazón del sabio lo guía hacia la derecha,
Y el corazón del necio, hacia la izquierda.
3Aun cuando el necio ande por el camino,
Le falta entendimiento
Y demuestra a todos que es un necio.
4Si la ira del gobernante se levanta contra ti,
No abandones tu puesto,
Porque la serenidad suaviza grandes ofensas.
5¶Hay un mal que he visto bajo el sol,
Como error que procede del gobernante:
6La necedad colocada en muchos lugares elevados,
Mientras los ricos se sientan en lugares humildes.
7He visto siervos a caballo
Y príncipes caminando como siervos sobre la tierra.
8¶El que cava un hoyo cae en él,
Y al que abre brecha en un muro, lo muerde la serpiente.
9El que saca piedras, puede lastimarse con ellas,
Y el que corta leña, puede lesionarse con ella.
10Si el hierro está embotado y él no ha amolado su filo,
Entonces tiene que ejercer más fuerza;
La sabiduría tiene la ventaja de impartir éxito.
11Si la serpiente muerde antes de ser encantada,
No hay ganancia para el encantador.
12Llenas de gracia son las palabras de la boca del sabio,
Mientras que los labios del necio a él lo consumen,
13El comienzo de las palabras de su boca es insensatez,
Y el final de su habla perversa es locura.
14El necio multiplica las palabras,
Pero nadie sabe lo que sucederá,
¿Y quién le hará saber lo que ha de suceder después de él?
15El trabajo del necio lo cansa tanto
Que no sabe ir a la ciudad.
16¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un muchacho,
Y cuyos príncipes banquetean de mañana!
17Bienaventurada tú, tierra, cuyo rey es de noble cuna
Y cuyos príncipes comen a su debida hora,
Para fortalecerse y no para embriagarse.
18Por negligencia se hunde el techo,
Y por pereza tiene goteras la casa.
19Para el placer se prepara la comida,
Y el vino alegra la vida,
Y el dinero es la respuesta para todo.
20Ni aun en tu recámara maldigas al rey,
Ni en tus alcobas maldigas al rico,
Porque un ave de los cielos llevará el rumor,
Y un ser alado hará conocer el asunto.

Apocalipsis 6

1Entonces vi cuando el Cordero abrió uno de los siete sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes que decía, como con voz de trueno: «Ven». 2Miré, y había un caballo blanco. El que estaba montado en él tenía un arco. Se le dio una corona, y salió conquistando y para conquistar.
3Cuando el Cordero abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente que decía: «Ven». 4Entonces salió otro caballo, rojo. Al que estaba montado en él se le concedió quitar la paz de la tierra y que los hombres se mataran unos a otros; y se le dio una gran espada.
5Cuando el Cordero abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente que decía: «Ven». Y miré, y había un caballo negro. El que estaba montado en él tenía una balanza en la mano. 6Y oí como una voz en medio de los cuatro seres vivientes que decía: «Un litro de trigo por un denario, y tres litros de cebada por un denario, y no dañes el aceite y el vino».
7Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente que decía: «Ven». 8Y miré, y había un caballo amarillento. El que estaba montado en él se llamaba Muerte, y el Hades lo seguía. Y se les dio autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con pestilencia y con las fieras de la tierra.
9Cuando el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían mantenido. 10Clamaban a gran voz: «¿Hasta cuándo, oh Señor santo y verdadero, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre de los que moran en la tierra?». 11Y se les dio a cada uno de ellos una vestidura blanca, y se les dijo que descansaran un poco más de tiempo, hasta que se completara también el número de sus consiervos y de sus hermanos que habrían de ser muertos como ellos lo habían sido.
12Vi cuando el Cordero abrió el sexto sello, y hubo un gran terremoto, y el sol se puso negro como cilicio hecho de cerda, y toda la luna se volvió como sangre, 13y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos verdes al ser sacudida por un fuerte viento. 14El cielo desapareció como un pergamino que se enrolla, y todo monte e isla fueron removidos de su lugar.
15Los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes, 16y decían* a los montes y a las peñas: «Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero. 17Porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?».

Salmo 94

1Oh Señor, Dios de las venganzas,
Oh Dios de las venganzas, ¡resplandece!
2Levántate, Juez de la tierra;
Da su merecido a los soberbios.
3¿Hasta cuándo los impíos, Señor,
Hasta cuándo los impíos se regocijarán?
4Charlan, hablan con arrogancia;
Todos los que hacen iniquidad se vanaglorían.
5Aplastan a Tu pueblo, Señor,
Y afligen a Tu heredad.
6Matan a la viuda y al extranjero,
Y asesinan a los huérfanos.
7Y dicen: «El Señor no ve nada
Ni hace caso el Dios de Jacob».
8¶Hagan caso, torpes del pueblo;
Necios, ¿cuándo entenderán?
9El que hizo el oído, ¿acaso no oye?
El que dio forma al ojo, ¿acaso no ve?
10¿No reprenderá el que castiga a las naciones,
El que enseña conocimiento al hombre?
11El Señor conoce los pensamientos del hombre,
Sabe que son solo un soplo.
12¶Bienaventurado el hombre a quien reprendes, Señor,
Y lo instruyes en Tu ley;
13Para darle descanso en los días de aflicción,
Hasta que se cave una fosa para el impío.
14Porque el Señor no abandonará a Su pueblo,
Ni desamparará a Su heredad.
15Porque el juicio volverá a ser justo,
Y todos los rectos de corazón lo seguirán.
16¿Quién se levantará por mí contra los malhechores?
¿Quién me defenderá de los que hacen iniquidad?
17¶Si el Señor no hubiera sido mi ayuda,
Pronto habría habitado mi alma en el lugar del silencio.
18Si digo: «Mi pie ha resbalado»,
Tu misericordia, oh Señor, me sostendrá.
19Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí,
Tus consuelos deleitan mi alma.
20¿Puede ser aliado Tuyo un trono de destrucción,
Que planea el mal por decreto?
21Se unen contra la vida del justo,
Y condenan a muerte al inocente.
22Pero el Señor ha sido mi baluarte,
Y mi Dios la roca de mi refugio.
23Él ha hecho volver sobre ellos su propia iniquidad,
Y los destruirá en su maldad;
El Señor, nuestro Dios, los destruirá.

Proverbios 27

1No te gloríes del día de mañana,
Porque no sabes qué traerá el día.
2Que te alabe el extraño, y no tu boca;
El extranjero, y no tus labios.
3Pesada es la piedra y pesada la arena,
Pero la provocación del necio es más pesada que ambas.
4Cruel es el furor e inundación la ira;
Pero ¿quién se mantendrá ante los celos?
5Mejor es la reprensión franca
Que el amor encubierto.
6Fieles son las heridas del amigo,
Pero engañosos los besos del enemigo.
7El hombre saciado aborrece la miel,
Pero para el hombre hambriento todo lo amargo le es dulce.
8Como pájaro que vaga lejos de su nido,
Así es el hombre que vaga lejos de su hogar.
9El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y dulce para su amigo es el consejo del hombre.
10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre,
Ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio.
Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
11Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón,
Para que yo responda al que me afrenta.
12El hombre prudente ve el mal y se esconde,
Los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.
13Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por la mujer desconocida.
14Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz,
Le será contado como una maldición.
15Gotera constante en día de lluvia
Y mujer rencillosa, son semejantes;
16El que trata de contenerla, es como refrenar al viento
Y recoger aceite con su mano derecha.
17El hierro con hierro se afila,
Y un hombre aguza a otro.
18El que cuida la higuera comerá su fruto,
Y el que atiende a su señor será honrado.
19Como el agua refleja el rostro,
Así el corazón del hombre refleja al hombre.
20El Seol y el Abadón nunca se sacian;
Tampoco se sacian los ojos del hombre.
21El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe.
22Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido,
No se apartará de él su necedad.
23¶Conoce bien la condición de tus rebaños,
Y presta atención a tu ganado;
24Porque las riquezas no son eternas,
Ni perdurará la corona por todas las generaciones.
25 Cuando la hierba desaparece se ve el retoño,
Y se recogen las hierbas de los montes;
26Los corderos darán para tu vestido,
Y las cabras para el precio de un campo,
27Y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento,
Para el alimento de tu casa,
Y sustento para tus doncellas.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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