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Día 245 de 365 · 2 de septiembre

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Eclesiastés 11

1Echa tu pan sobre las aguas,
Que después de muchos días lo hallarás.
2Reparte tu porción con siete, o aun con ocho,
Porque no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.
3Si las nubes están llenas,
Derraman lluvia sobre la tierra;
Y caiga el árbol al sur o al norte,
Donde cae el árbol allí se queda.
4El que observa el viento no siembra,
Y el que mira las nubes no siega.
5Como no sabes cuál es el camino del viento,
O cómo se forman los huesos en el vientre de la mujer encinta,
Tampoco conoces la obra de Dios que hace todas las cosas.
6De mañana siembra tu semilla
Y a la tarde no des reposo a tu mano,
Porque no sabes si esto o aquello prosperará,
O si ambas cosas serán igualmente buenas.
7¶Agradable es la luz,
Y bueno para los ojos ver el sol.
8Ciertamente, si un hombre vive muchos años,
Que en todos ellos se regocije,
Pero recuerde que los días de tinieblas serán muchos.
Todo lo por venir es vanidad.
9Alégrate, joven, en tu juventud,
Y tome placer tu corazón en los días de tu juventud.
Sigue los impulsos de tu corazón y el gusto de tus ojos;
Pero debes saber que por todas estas cosas, Dios te traerá a juicio.
10Por tanto, aparta de tu corazón la congoja
Y aleja el sufrimiento de tu cuerpo,
Porque la juventud y la primavera de la vida son vanidad.

Eclesiastés 12

1Acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud,
Antes que vengan los días malos,
Y se acerquen los años en que digas:
«No tengo en ellos placer».
2Antes que se oscurezcan el sol y la luz,
La luna y las estrellas,
Y las nubes vuelvan tras la lluvia;
3El día cuando tiemblen los guardas de la casa
Y los fuertes se encorven,
Las que muelen estén ociosas porque son pocas,
Y se nublen los que miran por las ventanas.
4Cuando además se cierren las puertas de la calle
Por ser bajo el sonido del molino,
Y se levante uno al canto del ave,
Y todas las hijas del canto sean abatidas;
5Se temerá a la altura y a los terrores en el camino.
Cuando florezca el almendro, se arrastre la langosta y la alcaparra pierda su efecto;
Porque el hombre va a su morada eterna
Mientras los del duelo andan por la calle.
6 Acuérdate de Él antes que se rompa el hilo de plata,
Se quiebre el cuenco de oro,
Se rompa el cántaro junto a la fuente,
Y se haga pedazos la rueda junto al pozo;
7Entonces el polvo volverá a la tierra como lo que era,
Y el espíritu volverá a Dios que lo dio.
8«Vanidad de vanidades», dice el Predicador, «todo es vanidad».
9El Predicador, además de ser sabio, enseñó también sabiduría al pueblo; y reflexionó, investigó y compuso muchos proverbios. 10El Predicador trató de encontrar palabras agradables, y de escribir correctamente palabras de verdad.
11Las palabras de los sabios son como aguijones, y como clavos bien clavados las de los maestros de estas colecciones, dadas por un Pastor. 12Pero además de esto, hijo mío, estate prevenido: el hacer muchos libros no tiene fin, y demasiada dedicación a ellos es fatiga del cuerpo.
13La conclusión, cuando todo se ha oído, es esta:
Teme a Dios y guarda Sus mandamientos,
Porque esto concierne a toda persona.
14Porque Dios traerá toda obra a juicio,
Junto con todo lo oculto,
Sea bueno o sea malo.

Apocalipsis 7

1Después de esto, vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento alguno, ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol. 2También vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo. Y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar: 3«No hagan daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios».
4Oí el número de los que fueron sellados: 144,000 sellados de todas las tribus de los israelitas. 5De la tribu de Judá fueron sellados 12,000; de la tribu de Rubén, 12,000; de la tribu de Gad, 12,000; 6de la tribu de Aser, 12,000; de la tribu de Neftalí, 12,000; de la tribu de Manasés, 12,000; 7de la tribu de Simeón, 12,000; de la tribu de Leví, 12,000; de la tribu de Isacar, 12,000; 8de la tribu de Zabulón, 12,000; de la tribu de José, 12,000 y de la tribu de Benjamín fueron sellados 12,000.
9Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos, y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. 10Clamaban a gran voz:
«La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero».
11Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Estos cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios,
12diciendo:
«¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén».
13Uno de los ancianos habló diciéndome: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?». 14Y le respondí: «Señor mío, usted lo sabe». Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15Por eso están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en Su templo; y Aquel que está sentado en el trono extenderá Su tabernáculo sobre ellos. 16Ya no tendrán hambre ni sed, ni el sol les hará daño, ni ningún calor abrasador, 17pues el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos».

Salmo 95

1Vengan, cantemos con gozo al Señor,
Aclamemos con júbilo a la roca de nuestra salvación.
2Vengamos ante Su presencia con acción de gracias;
Aclamemos a Él con salmos.
3Porque Dios grande es el Señor,
Y Rey grande sobre todos los dioses,
4En cuya mano están las profundidades de la tierra;
Suyas son también las cumbres de los montes.
5Suyo es el mar, pues Él lo hizo,
Y Sus manos formaron la tierra firme.
6¶Vengan, adoremos y postrémonos;
Doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor.
7Porque Él es nuestro Dios,
Y nosotros el pueblo de Su prado y las ovejas de Su mano.
Si ustedes oyen hoy Su voz,
8No endurezcan su corazón como en Meriba,
Como en el día de Masah en el desierto,
9Cuando sus padres me tentaron,
Me pusieron a prueba, aunque habían visto Mi obra.
10Por cuarenta años me repugnó aquella generación,
Y dije: «Es un pueblo que se desvía en su corazón
Y no conocen Mis caminos.
11-»Por tanto, juré en Mi ira:
Ciertamente no entrarán en Mi reposo».

Proverbios 28

1El impío huye sin que nadie lo persiga,
Pero los justos están confiados como un león.
2Por la transgresión de la tierra, muchos son sus príncipes;
Pero por el hombre entendido y de conocimiento permanece estable.
3El pobre que oprime a los humildes
Es como lluvia torrencial que no deja pan.
4Los que abandonan la ley alaban a los impíos,
Pero los que guardan la ley luchan contra ellos.
5Los hombres malvados no entienden de justicia,
Pero los que buscan al Señor lo entienden todo.
6Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el que es perverso, aunque sea rico.
7El que guarda la ley es hijo entendido,
Pero el que es compañero de glotones avergüenza a su padre.
8El que aumenta su riqueza por interés y usura,
La recoge para el que se apiada de los pobres.
9Al que aparta su oído para no oír la ley,
Su oración también es abominación.
10El que extravía a los rectos por el mal camino
En su propia fosa caerá,
Pero los íntegros heredarán el bien.
11El rico es sabio ante sus propios ojos,
Pero el pobre que es entendido, lo sondea.
12Cuando los justos triunfan, grande es la gloria,
Pero cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden.
13El que encubre sus pecados no prosperará,
Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.
14Cuán bienaventurado es el hombre que siempre teme,
Pero el que endurece su corazón caerá en el infortunio.
15 Cual león rugiente y oso agresivo
Es el gobernante perverso sobre el pueblo pobre.
16Al príncipe que es gran opresor le falta entendimiento,
Pero el que odia las ganancias injustas prolongará sus días.
17El hombre cargado con culpa de sangre humana,
Fugitivo será hasta la muerte; que nadie lo apoye.
18El que anda en integridad será salvo,
Pero el que es de camino torcido caerá de repente.
19El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que sigue propósitos vanos se llenará de pobreza.
20El hombre fiel abundará en bendiciones,
Pero el que se apresura a enriquecerse no quedará sin castigo.
21Hacer acepción de personas no es bueno,
Pues por un bocado de pan el hombre pecará.
22El hombre avaro corre tras la riqueza
Y no sabe que la miseria vendrá sobre él.
23El que reprende al hombre hallará después más favor
Que el que lo lisonjea con la lengua.
24El que roba a su padre o a su madre
Y dice: «No es transgresión»,
Es compañero del hombre destructor.
25El hombre arrogante provoca rencillas,
Pero el que confía en el Señor prosperará.
26El que confía en su propio corazón es un necio,
Pero el que anda con sabiduría será librado.
27El que da al pobre no pasará necesidad,
Pero el que cierra sus ojos tendrá muchas maldiciones.
28Cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden;
Pero cuando perecen, los justos se multiplican.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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