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Día 247 de 365 · 4 de septiembre

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Cantares 3

1«En mi lecho, por las noches, he buscado
Al que ama mi alma;
Lo busqué, pero no lo hallé.
2“Me levantaré ahora, y andaré por la ciudad;
Por las calles y por las plazas
Buscaré al que ama mi alma”.
Lo busqué, pero no lo hallé.
3-»Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,
Y les dije: “¿Han visto al que ama mi alma?”.
4-»Apenas los había pasado
Cuando hallé al que ama mi alma;
Lo agarré y no quise soltarlo,
Hasta que lo llevé a la casa de mi madre
Y a la alcoba de la que me concibió».
5¶«Yo les ruego, oh hijas de Jerusalén,
Por las gacelas o por las ciervas del campo,
Que no levanten ni despierten a mi amor,
Hasta que quiera».
6¶«¿Qué es eso que sube del desierto
Como columnas de humo,
Con perfume de mirra e incienso,
Con todos los polvos aromáticos del mercader?
7-»¡Miren! Es la litera de Salomón;
Sesenta valientes la rodean,
De los valientes de Israel.
8-»Todos ellos manejan la espada,
Son diestros en la guerra,
Cada uno tiene la espada a su lado,
Contra los peligros de la noche.
9-»El rey Salomón se ha hecho un carruaje
De madera del Líbano.
10-»Hizo sus columnas de plata,
Su respaldo de oro
Y su asiento de púrpura,
Su interior tapizado con amor
Por las hijas de Jerusalén.
11-»Salgan, hijas de Sión,
Y contemplen al rey Salomón con la corona
Con la cual su madre lo coronó
El día de sus bodas,
El día de la alegría de su corazón».

Cantares 4

1«¡Cuán hermosa eres, amada mía.
Cuán hermosa eres!
Tus ojos son como palomas detrás de tu velo;
Tu cabellera, como rebaño de cabras
Que descienden del monte Galaad.
2-»Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas
Que suben del lavadero,
Todas tienen mellizas,
Y ninguna de ellas ha perdido su cría.
3-»Tus labios son como hilo de escarlata,
Y tu boca, encantadora.
Tus mejillas, como mitades de granada
Detrás de tu velo.
4-»Tu cuello, como la torre de David
Edificada con hileras de piedras;
Miles de escudos cuelgan de ella,
Todos escudos de los valientes.
5-»Tus dos pechos, como dos crías,
Mellizas de una gacela
Que pacen entre los lirios.
6-»Antes de que sople la brisa del día
Y huyan las sombras,
Me iré al monte de la mirra
Y al collado del incienso.
7¶»Toda tú eres hermosa, amada mía,
Y no hay defecto en ti.
8Ven conmigo desde el Líbano, esposa mía,
Ven conmigo desde el Líbano.
Baja desde la cumbre del Amaná,
Desde la cumbre del Senir y del Hermón,
Desde las guaridas de los leones,
Desde los montes de los leopardos.
9-»Has cautivado mi corazón, hermana mía, esposa mía;
Has cautivado mi corazón con una sola mirada de tus ojos,
Con una sola hebra de tu collar.
10-»¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, esposa mía!
¡Cuánto mejores son tus amores que el vino,
Y la fragancia de tus ungüentos
Que todos los bálsamos!
11-»Miel virgen destilan tus labios, esposa mía,
Miel y leche hay debajo de tu lengua,
Y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Líbano.
12-»Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía,
Huerto cerrado, fuente sellada.
13-»Tus renuevos son paraíso de granados,
Con frutas escogidas, alheña y nardos,
14Nardo y azafrán, cálamo aromático y canela,
Con todos los árboles de incienso,
Mirra y áloes, con todos los mejores bálsamos.
15Tú eres fuente de huertos,
Pozo de aguas vivas,
Y corrientes que fluyen del Líbano».
16¶«Despierta, viento del norte,
Y ven, viento del sur;
Hagan que mi huerto exhale fragancia,
Que se esparzan sus aromas.
Entre mi amado en su huerto
Y coma sus mejores frutas».

Apocalipsis 9

1El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que había caído del cielo a la tierra, y se le dio la llave del pozo del abismo. 2Cuando abrió el pozo del abismo, subió humo del pozo como el humo de un gran horno, y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo. 3Del humo salieron langostas sobre la tierra, y se les dio poder como tienen poder los escorpiones de la tierra.
4Se les dijo que no dañaran la hierba de la tierra, ni ninguna cosa verde, ni ningún árbol, sino solo a los hombres que no tienen el sello de Dios en la frente. 5No se les permitió matar a nadie, sino atormentarlos por cinco meses. Su tormento era como el tormento de un escorpión cuando pica al hombre. 6En aquellos días los hombres buscarán la muerte y no la hallarán; y ansiarán morir, y la muerte huirá de ellos.
7El aspecto de las langostas era semejante al de caballos dispuestos para la batalla, y sobre sus cabezas tenían como coronas que parecían de oro, y sus caras eran como rostros humanos. 8Tenían cabellos como cabellos de mujer, y sus dientes eran como de leones. 9También tenían corazas como corazas de hierro. El ruido de sus alas era como el estruendo de carros, de muchos caballos que se lanzan a la batalla. 10Tienen colas parecidas a escorpiones, y aguijones. En sus colas está su poder para hacer daño a los hombres por cinco meses. 11Tienen sobre ellos por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego se llama Apolión.
12El primer ¡ay! ha pasado; pero aún vienen dos ayes después de estas cosas.
13El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz que salía de los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios, 14y decía al sexto ángel que tenía la trompeta: «Suelta a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates». 15Y fueron desatados los cuatro ángeles que habían sido preparados para la hora, el día, el mes, y el año, para matar a la tercera parte de la humanidad.
16El número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones; yo escuché su número. 17Así es como vi en la visión los caballos y a los que los montaban: los jinetes tenían corazas color de fuego, de jacinto y de azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de sus bocas salía fuego, humo, y azufre.
18La tercera parte de la humanidad fue muerta por estas tres plagas: por el fuego, el humo, y el azufre que salían de sus bocas. 19Porque el poder de los caballos está en su boca y en sus colas; pues sus colas son semejantes a serpientes, tienen cabezas y con ellas hacen daño.
20El resto de la humanidad, los que no fueron muertos por estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra, y de madera, que no pueden ver ni oír ni andar. 21Tampoco se arrepintieron de sus homicidios ni de sus hechicerías ni de su inmoralidadni de sus robos.

Salmo 97

1El Señor reina; regocíjese la tierra;
Alégrense las muchas islas.
2Nubes y densas tinieblas lo rodean,
Justicia y derecho son el fundamento de Su trono.
3Fuego va delante de Él,
Y quema a Sus adversarios en derredor.
4Sus relámpagos iluminaron el mundo;
La tierra vio y se estremeció.
5Como cera se derritieron los montes ante la presencia del Señor,
Ante la presencia del Señor de toda la tierra.
6Los cielos proclaman Su justicia,
Y todos los pueblos han visto Su gloria.
7¶Sean avergonzados todos los que sirven a imágenes talladas,
Los que se glorían en los ídolos.
Póstrense ante Él todos los dioses.
8Oyó Sión esto y se alegró,
Y las hijas de Judá se han regocijado
A causa de Tus juicios, oh Señor.
9Porque Tú eres el Señor, el Altísimo sobre toda la tierra,
Muy excelso sobre todos los dioses.
10¶Los que aman al Señor, aborrezcan el mal;
Él guarda las almas de Sus santos;
Los libra de la mano de los impíos.
11Luz se ha sembrado para el justo,
Y alegría para los rectos de corazón.
12Justos, alégrense en el Señor,
Y alaben Su santo nombre.

Proverbios 30

1Palabras de Agur, hijo de Jaqué: el oráculo.
Declaración del hombre a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2Ciertamente soy el más torpe de los hombres,
Y no tengo inteligencia humana.
3Y no he aprendido sabiduría,
Ni tengo conocimiento del Santo.
4¿Quién subió al cielo y descendió?
¿Quién recogió los vientos en Sus puños?
¿Quién envolvió las aguas en Su manto?
¿Quién estableció todos los confines de la tierra?
¿Cuál es Su nombre o el nombre de Su hijo?
Ciertamente tú lo sabes.
5¶Probada es toda palabra de Dios;
Él es escudo para los que en Él se refugian.
6No añadas a Sus palabras,
No sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso.
7¶Dos cosas te he pedido,
No me las niegues antes que muera:
8Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas,
No me des pobreza ni riqueza;
Dame a comer mi porción de pan,
9No sea que me sacie y te niegue, y diga:
«¿Quién es el Señor?».
O que sea menesteroso y robe,
Y profane el nombre de mi Dios.
10¶No hables mal del esclavo ante su amo,
No sea que te acuse y seas hallado culpable.
11Hay gente que maldice a su padre,
Y no bendice a su madre.
12 Hay gente que se tiene por pura,
Pero no está limpia de su inmundicia.
13 Hay gente de ojos altivos,
Cuyos párpados se alzan en arrogancia.
14 Hay gente cuyos dientes son espadas,
Y sus muelas cuchillos,
Para devorar a los pobres de la tierra,
Y a los menesterosos de entre los hombres.
15¶La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: «¡Dame!», «¡Dame!».
Hay tres cosas que no se saciarán,
Y una cuarta que no dirá: «¡Basta!».
16El Seol, la matriz estéril,
La tierra que jamás se sacia de agua,
Y el fuego que nunca dice: «¡Basta!».
17Al ojo que se burla del padre
Y escarnece a la madre,
Lo sacarán los cuervos del valle,
Y lo comerán los aguiluchos.
18¶Hay tres cosas que son incomprensibles para mí,
Y una cuarta que no entiendo:
19El rastro del águila en el cielo,
El rastro de la serpiente sobre la roca,
El rastro del barco en medio del mar,
Y el rastro del hombre en la doncella.
20Así es el proceder de la mujer adúltera:
Come, se limpia la boca,
Y dice: «No he hecho nada malo».
21¶Por tres cosas tiembla la tierra,
Y por una cuarta no se puede sostener:
22Por el esclavo cuando llega a ser rey,
Por el necio cuando se sacia de pan,
23Por la mujer odiada cuando se casa,
Y por la sierva cuando suplanta a su señora.
24¶Cuatro cosas son pequeñas en la tierra,
Pero son sumamente sabias:
25Las hormigas, pueblo sin fuerza,
Que preparan su alimento en el verano;
26Los tejones, pueblo sin poder,
Que hacen su casa en la peña;
27Las langostas, que no tienen rey,
Pero todas salen en escuadrones,
28 Y el lagarto, que se puede agarrar con las manos,
Pero está en los palacios de los reyes.
29¶Hay tres cosas majestuosas en su marcha,
Y aun una cuarta de elegante caminar:
30El león, poderoso entre las fieras,
Que no retrocede ante ninguna,
31El gallo, que se pasea erguido, asimismo el macho cabrío,
Y el rey cuando tiene el ejército con él.
32¶Si has sido necio en ensalzarte,
O si has tramado el mal, pon la mano sobre tu boca;
33Porque batiendo la leche se saca mantequilla,
Y apretando la nariz sale sangre,
Y forzando la ira se producepleito.

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