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Día 248 de 365 · 5 de septiembre

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Cantares 5

1«He entrado en mi huerto, hermana mía, esposa mía;
He recogido mi mirra con mi bálsamo.
He comido mi panal y mi miel;
He bebido mi vino y mi leche.
Coman, amigos;
Beban y embriáguense, oh amados».
2¶«Yo dormía, pero mi corazón velaba,
¡Una voz! ¡Mi amado toca a la puerta!
“Ábreme, hermana mía, amada mía,
Paloma mía, perfecta mía,
Pues mi cabeza está empapada de rocío,
Mis cabellos empapados de la humedad de la noche”.
3-»Me he quitado la ropa,
¿Cómo he de vestirme de nuevo?
Me he lavado los pies,
¿Cómo he de ensuciarlos de nuevo?
4-»Mi amado metió su mano por la abertura de la puerta,
Y se estremecieron por él mis entrañas.
5-»Yo me levanté para abrir a mi amado;
Y mis manos destilaron mirra,
Y mis dedos mirra líquida,
Sobre las manecillas de la cerradura.
6-»Abrí yo a mi amado,
Pero mi amado se había retirado, se había ido.
Tras su hablar salió mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé;
Lo llamé, y no me respondió.
7-»Me hallaron los guardas que rondan la ciudad,
Me golpearon y me hirieron;
Me quitaron de encima mi chal los guardas de las murallas.
8-»Yo les ruego, oh hijas de Jerusalén,
Si encuentran a mi amado,
¿Qué le han de decir?:
Que estoy enferma de amor».
9¶«¿Qué clase de amado es tu amado,
Oh la más hermosa de las mujeres?
¿Qué clase de amado es tu amado,
Que así nos ruegas?».
10¶«Mi amado es apuesto y sonrosado,
Distinguido entre diez mil.
11-»Su cabeza es como oro, oro puro,
Sus cabellos, como racimos de dátiles,
Negros como el cuervo.
12-»Sus ojos son como palomas
Junto a corrientes de agua,
Bañados en leche,
Colocados en su engaste.
13-»Sus mejillas, como eras de bálsamo,
Como riberas de hierbas aromáticas;
Sus labios son lirios
Que destilan mirra líquida.
14-»Sus manos son barras de oro
Engastadas de berilo;
Su vientre es marfil tallado
Recubierto de zafiros.
15-»Sus piernas son columnas de alabastro
Asentadas sobre basas de oro puro;
Su aspecto es como el Líbano,
Gallardo como los cedros.
16-»Su paladar es dulcísimo,
Y todo él, deseable.
Este es mi amado y este es mi amigo,
Hijas de Jerusalén».

Cantares 6

1«¿Adónde se ha ido tu amado,
Oh la más hermosa de las mujeres?
¿Adónde se ha dirigido tu amado,
Para que lo busquemos contigo?».
2¶«Mi amado ha descendido a su huerto,
A las eras de bálsamo,
A apacentar su rebaño en los huertos
Y recoger lirios.
3-»Yo soy de mi amado y mi amado es mío,
Él apacienta su rebaño entre los lirios».
4¶«Eres hermosa como Tirsa, amada mía,
Encantadora como Jerusalén,
Imponente como un ejército con estandartes.
5-»Aparta de mí tus ojos,
Porque ellos me han confundido;
Tu cabellera es como un rebaño de cabras
Que descienden de Galaad.
6-»Tus dientes son como rebaño de ovejas
Que suben del lavadero,
Todas tienen mellizas,
Y ninguna de ellas ha perdido su cría.
7-»Tus mejillas son como mitades de granada
Detrás de tu velo.
8-»Sesenta son las reinas y ochenta las concubinas,
Y las doncellas, sin número;
9 Pero sin igual es mi paloma, mi perfecta,
Es la hija única de su madre,
La preferida de la que la dio a luz.
Las doncellas la vieron y la llamaron bienaventurada,
También las reinas y las concubinas, y la alabaron, diciendo:
10¶“¿Quién es esta que se asoma como el alba,
Hermosa como la luna llena,
Refulgente como el sol,
Imponente como escuadrones abanderados?”.
11-»Descendí al huerto de los nogales
Para ver el verdor del valle,
Para ver si la vid había retoñado,
Si los granados habían florecido.
12-»Sin que me diera cuenta, mi alma me colocó
Sobre los carros de mi noble pueblo».
13¶«¡Regresa, regresa, oh Sulamita;
Regresa, regresa, para que te contemplemos!».
«¿Por qué han de contemplar a la Sulamita,
Como en la danza de los dos coros?

Apocalipsis 10

1Vi a otro ángel poderoso que descendía del cielo, envuelto en una nube. El arco iris estaba sobre su cabeza, su rostro era como el sol y sus pies como columnas de fuego. 2Tenía en su mano un librito abierto. Puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra, 3y gritó a gran voz, como ruge un león. Y cuando gritó, los siete truenos emitieron sus voces. 4Después que los siete truenos hablaron, iba yo a escribir, cuando oí una voz del cielo que decía: «Sella las cosas que los siete truenos han dicho y no las escribas».
5Entonces el ángel que yo había visto de pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano derecha al cielo, 6y juró por Aquel que vive por los siglos de los siglos, quien creó el cielo y las cosas que en él hay, y la tierra y las cosas que en ella hay, y el mar y las cosas que en él hay, que ya no habrá más demora. 7Porque en los días de la voz del séptimo ángel, cuando esté para tocar la trompeta, entonces el misterio de Dios será consumado, como Él lo anunció a Sus siervos los profetas.
8La voz que yo había oído del cielo, la de nuevo hablando conmigo: «Ve, toma el libro que está abierto en la mano del ángel que está de pie sobre el mar y sobre la tierra». 9Entonces fui al ángel y le dije que me diera el librito. Y él me dijo*: «Tómalo y devóralo. Te amargará las entrañas, pero en tu boca será dulce como la miel». 10Tomé el librito de la mano del ángel y lo devoré, y en mi boca fue dulce como la miel; pero cuando lo comí, me amargó las entrañas.
11Y me dijeron*: «Debes profetizar otra vez acerca de muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes».

Salmo 98

Salmo.
1Canten al Señor un cántico nuevo,
Porque ha hecho maravillas,
Su diestra y Su santo brazo le han dado la victoria.
2El Señor ha dado a conocer Su victoria;
A la vista de las naciones ha revelado Su justicia.
3Se ha acordado de Su misericordia y de Su fidelidad para con la casa de Israel;
Todos los términos de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.
4¶Aclamen con júbilo al Señor, toda la tierra;
Prorrumpan y canten con gozo, canten alabanzas.
5Canten alabanzas al Señor con la lira,
Con la lira y al son de la melodía.
6Con trompetas y sonido de cuerno,
Den voces ante el Rey, el Señor.
7¶Ruja el mar y cuanto contiene,
El mundo y los que en él habitan.
8Batan palmas los ríos,
A una canten jubilosos los montes
9Delante del Señor, pues viene a juzgar la tierra;
Él juzgará al mundo con justicia,
Y a los pueblos con equidad.

Proverbios 31

1Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre.
2¶¿Qué, hijo mío?
¿Y qué, hijo de mis entrañas?
¿Y qué, hijo de mis votos?
3No des tu vigor a las mujeres,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
4No es para los reyes, oh Lemuel,
No es para los reyes beber vino,
Ni para los gobernantes desear bebida fuerte;
5No sea que beban y olviden lo que se ha decretado,
Y perviertan los derechos de todos los afligidos.
6Denle bebida fuerte al que está pereciendo,
Y vino a los amargados de alma.
7Que beba y se olvide de su pobreza,
Y no recuerde más su aflicción.
8Abre tu boca por los mudos,
Por los derechos de todos los desdichados.
9Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende los derechos del afligido y del necesitado.
10¶Mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Su valor supera en mucho al de las joyas.
11En ella confía el corazón de su marido,
Y no carecerá de ganancias.
12Ella le trae bien y no mal
Todos los días de su vida.
13Busca lana y lino,
Y con agrado trabaja con sus manos.
14Es como las naves de mercader,
Trae su alimento de lejos.
15También se levanta cuando aún es de noche,
Y da alimento a los de su casa
Y tarea a sus doncellas.
16Evalúa un campo y lo compra;
Con sus ganancias planta una viña.
17Ella se ciñe de fuerza
Y fortalece sus brazos.
18Nota que su ganancia es buena,
No se apaga de noche su lámpara.
19Extiende sus manos a la rueca,
Y sus manos toman el huso.
20Extiende su mano al pobre,
Y alarga sus manos al necesitado.
21No tiene temor de la nieve por los de su casa,
Porque todos los de su casa llevan ropa escarlata.
22Se hace mantos para sí;
Su ropa es de lino fino y de púrpura.
23Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,
Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24Hace telas de lino y las vende,
Y provee cinturones a los mercaderes.
25Fuerza y dignidad son su vestidura,
Y sonríe al futuro.
26Abre su boca con sabiduría,
Y hay enseñanza de bondad en su lengua.
27Ella vigila la marcha de su casa,
Y no come el pan de la ociosidad.
28Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,
También su marido, y la alaba diciendo:
29«Muchas mujeres han obrado con nobleza,
Pero tú las superas a todas».
30Engañosa es la gracia y vana la belleza,
Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada.
31Denle el fruto de sus manos,
Y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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