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Día 249 de 365 · 6 de septiembre

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Cantares 7

1 ¡Cuán hermosos son tus pies en sandalias,
Oh hija de príncipe!
Las curvas de tus caderas son como joyas,
Obra de manos de artífice.
2-»Tu ombligo, como una taza redonda
Que nunca le falta vino mezclado;
Tu vientre como montón de trigo
Cercado de lirios.
3-»Tus dos pechos, como dos crías,
Mellizas de una gacela.
4-»Tu cuello, como torre de marfil,
Tus ojos, como los estanques en Hesbón
Junto a la puerta de Bat Rabim;
Tu nariz, como la torre del Líbano
Que mira hacia Damasco.
5-»Tu cabeza se eleva como el monte Carmelo,
Y la cabellera suelta de tu cabeza es como hilos de púrpura;
El rey se ha cautivado de tus trenzas.
6-»¡Qué hermosa y qué encantadora eres,
Amor mío, con todos tus encantos!
7-»Tu estatura es semejante a la palmera,
Y tus pechos, a sus racimos.
8-»Yo dije: “Subiré a la palmera,
Tomaré sus frutos”.
¡Sean tus pechos como racimos de la vid,
El perfume de tu aliento como manzanas,
9Y tu paladar como el mejor vino!».
«Entra suavemente el vino en mi amado,
Como fluye por los labios de los que se duermen.
10¶»Yo soy de mi amado,
Y para mí es todo su deseo.
11-»Ven, amado mío, salgamos al campo,
Pasemos la noche en las aldeas.
12-»Levantémonos temprano y vayamos a las viñas;
Veamos si la vid ha brotado,
Si se han abierto sus flores,
Y si han florecido los granados.
Allí te entregaré mi amor.
13-»Las mandrágoras han exhalado su fragancia,
Y a nuestras puertas hay toda clase de frutas escogidas,
Tanto nuevas como añejas,
Que he guardado para ti, amado mío.

Cantares 8

1¡Ah, si tú fueras como mi hermano,
Amamantado a los pechos de mi madre!
Si te encontrara afuera, te besaría,
Y no me despreciarían.
2-»Te llevaría y te introduciría
En la casa de mi madre, que me enseñaba;
Te daría a beber vino sazonado del zumo de mis granadas.
3-»Que esté su izquierda bajo mi cabeza
Y su derecha me abrace».
4¶«Quiero que juren, oh hijas de Jerusalén;
Que no despertarán ni levantarán a mi amor,
Hasta que quiera».
5¶«¿Quién es esta que sube del desierto,
Recostada sobre su amado?».
«Debajo del manzano te desperté;
Allí tu madre tuvo dolores de parto por ti,
Allí tuvo dolores de parto, y te dio a luz».
6«Ponme como un sello sobre tu corazón,
Como un sello sobre tu brazo,
Porque fuerte como la muerte es el amor,
Inexorables como el Seol, los celos;
Sus destellos, son destellos de fuego,
La llama misma del Señor.
7-»Las muchas aguas no podrán extinguir el amor,
Ni los ríos lo apagarán.
Si el hombre diera todos los bienes de su casa por amor,
Solo lograría desprecio».
8¶«Tenemos una hermana pequeña,
Y todavía no tiene pechos;
¿Qué haremos por nuestra hermana
El día en que sea pedida?
9-»Si ella es una muralla,
Edificaremos sobre ella un baluarte de plata;
Pero si es una puerta,
La reforzaremos con tablas de cedro».
10¶«Yo soy una muralla, y mis pechos como torres,
Entonces fui a sus ojos como quien halla la paz.
11-»Salomón tenía una viña en Baal Hamón,
Confió la viña a los guardas;
Cada uno debía traer por su fruto mil siclos (11.4 kilos) de plata.
12-»Mi viña, que es mía, está a mi disposición;
Los mil siclos son para ti, Salomón,
Y doscientos, para los que guardan su fruto».
13¶«Oh tú, que moras en los huertos,
Mis compañeros están atentos a tu voz;
Déjame que la oiga».
14¶«Apresúrate, amado mío,
Y sé como una gacela o un cervatillo
Sobre los montes de los aromas».

Apocalipsis 11

1Me fue dada una caña de medir (unos 3 metros) semejante a una vara, y alguien dijo: «Levántate y mide el templo de Dios y el altar, y a los que en él adoran. 2Pero excluye el patio que está fuera del templo, no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, y estas pisotearán la ciudad santa por cuarenta y dos meses.
3»Otorgaré autoridad a mis dos testigos, y ellos profetizarán por 1,260 días, vestidos de cilicio». 4Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están delante del Señor de la tierra. 5Si alguien quiere hacerles daño, de su boca sale fuego y devora a sus enemigos. Así debe morir cualquiera que quisiera hacerles daño. 6Ellos tienen poder para cerrar el cielo a fin de que no llueva durante los días en que ellos profeticen; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda suerte de plagas todas las veces que quieran.
7Cuando hayan terminado de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, los vencerá y los matará. 8Sus cadáveres estarán en la calle de la gran ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado. 9Gente de todos los pueblos, tribus, lenguas, y naciones, contemplarán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sus cadáveres sean sepultados. 10Los que moran en la tierra se regocijarán por ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros, porque estos dos profetas habían atormentado a los que moran en la tierra.
11Pero después de los tres días y medio, el aliento de vida de parte de Dios vino a ellos y se pusieron en pie, y gran temor cayó sobre quienes los contemplaban. 12Entonces ellos oyeron una gran voz del cielo que les decía: «Suban acá». Y subieron al cielo en la nube, y sus enemigos los vieron.
13En aquella misma hora hubo un gran terremoto y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y siete mil personas murieron en el terremoto, y los demás, aterrorizados, dieron gloria al Dios del cielo.
14El segundo ¡ay! ha pasado; pero el tercer ¡ay! viene pronto.
15El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían:
«El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de Su Cristo. Él reinará por los siglos de los siglos». 16Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios, 17diciendo:
«Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado Tu gran poder y has comenzado a reinar. 18Las naciones se enfurecieron, y vino Tu ira y llegó el tiempo de juzgar a los muertos y de dar la recompensa a Tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen Tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra».
19El templo de Dios que está en el cielo fue abierto; y el arca de Su pacto se veía en Su templo, y hubo relámpagos, voces y truenos, y un terremoto y una fuerte granizada.

Salmo 99

1¡El Señor reina, estremézcanse los pueblos;
Él está sentado como Rey sobre los querubines, tiemble la tierra!
2El Señor es grande en Sión,
Y exaltado sobre todos los pueblos.
3Alaben Tu nombre grande y temible;
Él es santo.
4El poder del Rey ama la justicia;
Tú has establecido la equidad;
Has hecho juicio y justicia en Jacob.
5Exalten al Señor nuestro Dios,
Y póstrense ante el estrado de Sus pies;
Él es santo.
6¶Moisés y Aarón estaban entre Sus sacerdotes,
Y Samuel entre los que invocaron Su nombre;
Ellos clamaron al Señor, y Él les respondió.
7Les habló en la columna de nube;
Guardaron Sus testimonios,
Y el estatuto que Él les dio.
8Oh Señor, Dios nuestro, Tú les respondiste;
Fuiste para ellos un Dios perdonador,
Pero también vengador de sus malas obras.
9Exalten al Señor nuestro Dios,
Y póstrense ante Su santo monte,
Porque santo es el Señornuestro Dios.

Proverbios 1

1Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2Para aprender sabiduría e instrucción,
Para discernir dichos profundos,
3Para recibir instrucción en sabia conducta,
Justicia, juicio y equidad;
4Para dar a los simples prudencia,
Y a los jóvenes conocimiento y discreción.
5El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad,
6Para entender proverbio y metáfora,
Las palabras de los sabios y sus enigmas.
7¶El temor del Señor es el principio de la sabiduría;
Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.
8¶Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
9Porque son guirnalda de gracia para tu cabeza,
Y collares para tu cuello.
10Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir,
No consientas.
11Si dicen: «Ven con nosotros,
Pongámonos al acecho para derramar sangre,
Sin causa asechemos al inocente,
12Devorémoslos vivos como el Seol,
Enteros, como los que descienden al abismo;
13Hallaremos toda clase de preciadas riquezas,
Llenaremos nuestras casas de botín;
14Echa tu suerte con nosotros,
Todos tendremos una bolsa»,
15Hijo mío, no andes en el camino con ellos.
Aparta tu pie de su senda,
16Porque sus pies corren hacia el mal,
Y se apresuran a derramar sangre.
17Porque es en vano tender la red
Ante los ojos de cualquier ave;
18Pero ellos a su propia sangre acechan,
Tienden lazo a sus propias vidas.
19Tales son los caminos de todo el que se beneficia por la violencia:
Que quita la vida de sus poseedores.
20¶La sabiduría clama en la calle,
En las plazas alza su voz;
21Clama en las esquinas de las calles concurridas;
A la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:
22«¿Hasta cuándo, oh simples, amarán la simpleza,
Y los burladores se deleitarán en hacer burla,
Y los necios aborrecerán el conocimiento?
23-»Vuélvanse a mi reprensión,
Y derramaré mi espíritu sobre ustedes;
Les haré conocer mis palabras.
24-»Porque he llamado y han rehusado oír,
He extendido mi mano y nadie ha hecho caso.
25-»Han desatendido todo consejo mío
Y no han deseado mi reprensión.
26-»También yo me reiré de la calamidad de ustedes,
Me burlaré cuando sobrevenga lo que temen,
27Cuando venga como tormenta lo que temen
Y su calamidad sobrevenga como torbellino,
Cuando vengan sobre ustedes tribulación y angustia.
28-»Entonces me invocarán, pero no responderé;
Me buscarán con diligencia, pero no me hallarán,
29Porque odiaron el conocimiento,
Y no escogieron el temor del Señor,
30Ni quisieron aceptar mi consejo,
Y despreciaron toda mi reprensión.
31-»Comerán del fruto de su conducta,
Y de sus propias artimañas se hartarán.
32-»Porque el desvío de los simples los matará,
Y la complacencia de los necios los destruirá.
33-»Pero el que me escucha vivirá seguro,
Y descansará, sin temor al mal».

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