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Día 25 de 365 · 25 de enero

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Génesis 49

1Entonces Jacob llamó a sus hijos, y dijo: «Reúnanse para que les haga saber lo que les ha de acontecer en los días venideros.
2-»Júntense y oigan, hijos de Jacob,
Y escuchen a Israel su padre.
3¶»Rubén, tú eres mi primogénito,
Mi poderío y el principio de mi vigor,
Prominente en dignidad y prominente en poder.
4-»Incontrolable como el agua, no tendrás preeminencia,
Porque subiste a la cama de tu padre,
Y la profanaste: él subió a mi lecho.
5¶»Simeón y Leví son hermanos;
Sus armas instrumentos de violencia.
6-»En su consejo no entre mi alma,
A su asamblea no se una mi gloria,
Porque en su ira mataron hombres,
Y en su terquedad mutilaron bueyes.
7-»Maldita su ira porque es feroz;
Y su furor porque es cruel.
Los dividiré en Jacob,
Y los dispersaré en Israel.
8¶»A ti Judá, te alabarán tus hermanos;
Tu mano estará en el cuello de tus enemigos;
Se inclinarán a ti los hijos de tu padre.
9-»Cachorro de león es Judá;
De la presa, hijo mío, has subido.
Se agazapa, se echa como león,
O como leona, ¿quién lo despertará?
10-»El cetro no se apartará de Judá,
Ni la vara de gobernante de entre sus pies,
Hasta que venga Siloh,
Y a él sea dada la obediencia de los pueblos.
11-ȃl ata a la vid su pollino,
Y a la mejor cepa el hijo de su asna;
Él lava en vino sus vestiduras,
Y en la sangre de las uvas su manto.
12-»Sus ojos están apagados por el vino,
Y sus dientes blancos por la leche.
13¶»Zabulón habitará a la orilla del mar;
Y él será puerto para naves,
Y su límite será hasta Sidón.
14¶»Isacar es un asno fuerte,
Echado entre los establos.
15-»Al ver que el lugar de reposo era bueno
Y que la tierra era agradable,
Inclinó su hombro para cargar,
Y llegó a ser esclavo en trabajos forzados.
16¶»Dan juzgará a su pueblo,
Como una de las tribus de Israel.
17-»Sea Dan serpiente junto al camino,
Víbora junto al sendero,
Que muerde los talones del caballo,
Y cae su jinete hacia atrás.
18-»¡Tu salvación espero, oh Señor!
19¶»A Gad salteadores lo asaltarán,
Mas él asaltará su retaguardia.
20¶»En cuanto a Aser, su alimento será sustancioso,
Y él dará manjares de rey.
21¶»Neftalí es una cierva en libertad,
Que pronuncia palabras hermosas.
22¶»Rama fecunda es José,
Rama fecunda junto a un manantial;
Sus vástagos se extienden sobre el muro.
23-»Los arqueros lo atacaron con furor,
Lo asaetearon y lo hostigaron;
24Pero su arco permaneció firme
Y sus brazos fueron ágiles
Por las manos del Poderoso de Jacob
(De allí es el Pastor, la Roca de Israel),
25Por el Dios de tu padre que te ayuda,
Y por el Todopoderoso que te bendice
Con bendiciones de los cielos de arriba,
Bendiciones del abismo que está abajo,
Bendiciones de los pechos y del seno materno.
26-»Las bendiciones de tu padre
Han sobrepasado las bendiciones de mis antepasados
Hasta el límite de los collados eternos;
Sean ellas sobre la cabeza de José,
Y sobre la cabeza del consagrado de entre sus hermanos.
27¶»Benjamín es lobo rapaz;
De mañana devora la presa,
Y a la tarde reparte los despojos».
28Todas estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que les dijo su padre cuando los bendijo. A cada uno lo bendijo con la bendición que le correspondía. 29Después les ordenó y les dijo: «Voy a ser reunido a mi pueblo. Sepúltenme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita, 30en la cueva que está en el campo de Macpela, que está frente a Mamre, en la tierra de Canaán, la cual Abraham compró junto con el campo de Efrón el hitita, para posesión de una sepultura. 31Allí sepultaron a Abraham y a su mujer Sara. Allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lea. 32El campo y la cueva que hay en él, fueron comprados de los hijos de Het».
33Cuando Jacob terminó de encargar estas cosas a sus hijos, recogió sus pies en la cama y expiró, y fue reunido a su pueblo.

Génesis 50

1José se echó sobre el rostro de su padre, lloró sobre él y lo besó. 2José ordenó a sus siervos médicos que embalsamaran a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3Se requerían cuarenta días para ello, porque este es el tiempo requerido para el embalsamamiento. Y los egipcios lo lloraron setenta días.
4Cuando pasaron los días de luto por él, José habló a la casa de Faraón: «Si he hallado ahora gracia ante los ojos de ustedes, les ruego que hablen a Faraón, diciendo: 5“Mi padre me hizo jurar, diciendo: ‘Yo voy a morir. En el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás’. Ahora pues, le ruego que me permita ir a sepultar a mi padre, y luego volveré” ». 6Y Faraón dijo: «Sube y sepulta a tu padre como él te hizo jurar».
7Entonces José subió a sepultar a su padre, y con él subieron todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa y todos los ancianos de la tierra de Egipto, 8y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre. Solo dejaron a sus pequeños, sus ovejas y sus vacas en la tierra de Gosén. 9Subieron también con él carros y jinetes; y era un cortejo muy grande.
10Cuando llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, allí hicieron duelo con una grande y dolorosa lamentación. Y José guardó siete días de duelo por su padre. 11Cuando los habitantes de la tierra, los cananeos, vieron el duelo de la era de Atad, dijeron: «Este es un duelo doloroso de los egipcios». Por eso llamaron al lugar Abel Mizrayim, el cual está al otro lado del Jordán.
12Sus hijos, pues, hicieron con él tal como les había mandado. 13Pues sus hijos lo llevaron a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, frente a Mamre, la cual Abraham había comprado de Efrón el hitita, junto con el campo como heredad de una sepultura. 14Después de sepultar a su padre, José regresó a Egipto, él y sus hermanos, y todos los que habían subido con él para sepultar a su padre.
15Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: «Quizá José guarde rencor contra nosotros, y de cierto nos devuelva todo el mal que le hicimos». 16Entonces enviaron un mensaje a José, diciendo: «Tu padre mandó a decir antes de morir: 17“Así dirán a José: ‘Te ruego que perdones la maldad de tus hermanos y su pecado, porque ellos te trataron mal’ ”. Y ahora, te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre». Y José lloró cuando le hablaron.
18Entonces sus hermanos vinieron también y se postraron delante de él, y dijeron: «Ahora somos tus siervos». 19Pero José les dijo: «No teman, ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? 20Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente. 21Ahora pues, no teman. Yo proveeré para ustedes y para sus hijos». Y los consoló y les habló cariñosamente.
22José se quedó en Egipto, él y la casa de su padre; y José vivió 110 años. 23José vio la tercera generación de los hijos de Efraín; también los hijos de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José.
24Y José dijo a sus hermanos: «Yo voy a morir, pero Dios ciertamente cuidará de ustedes y los hará subir de esta tierra a la tierra que Él prometió en juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob». 25Luego José hizo jurar a los hijos de Israel, diciendo: «Dios ciertamente los cuidará, y ustedes se llevarán mis huesos de aquí».
26Y murió José a la edad de 110 años. Lo embalsamaron y lo pusieron en un ataúd en Egipto.

Mateo 25

1 »Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. 2Y cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes. 3Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, 4pero las prudentes tomaron aceite en frascos juntamente con sus lámparas. 5Al tardarse el novio, a todas les dio sueño y se durmieron. 6Pero a medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí está el novio! Salgan a recibirlo.
7 »Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. 8Y las insensatas dijeron a las prudentes: “Dennos de su aceite, porque nuestras lámparas se apagan”. 9Pero las prudentes respondieron: “No, no sea que no haya suficiente para nosotras y para ustedes; vayan más bien a los que venden y compren para ustedes”. 10Mientras ellas iban a comprar, vino el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. 11Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. 12Pero él respondió: “En verdad les digo que no las conozco”. 13Velen, pues no saben ni el día ni la hora.
14 »Porque el reino de los cielos es como un hombre que al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encomendó sus bienes. 15Y a uno le dio cinco talentos (108 kilos de plata), a otro dos y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y se fue de viaje. 16El que había recibido los cinco talentos, enseguida fue y negoció con ellos y ganó otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido los dos talentos (43.2 kilos) ganó otros dos. 18Pero el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor.
19 »Después de mucho tiempo vino* el señor de aquellos siervos, y arregló* cuentas con ellos. 20Y llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: “Señor, usted me entregó cinco talentos; mire, he ganado otros cinco talentos”. 21Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. 22Llegando también el de los dos talentos, dijo: “Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos”. 23Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”.
24 »Pero llegando también el que había recibido un talento (21.6 kilos), dijo: “Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que siega donde no sembró y recoge donde no ha esparcido, 25y tuve miedo, y fui y escondí su talento en la tierra; mire, aquí tiene lo que es suyo”. 26Pero su señor le dijo: “Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses. 28Por tanto, quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos (216 kilos de plata)”.
29 »Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 30Y al siervo inútil, échenlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes.
31 »Pero cuando el Hijo del Hombre venga en Su gloria, y todos los ángeles con Él, entonces Él se sentará en el trono de Su gloria; 32y serán reunidas delante de Él todas las naciones; y separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. 33Y pondrá las ovejas a Su derecha y los cabritos a la izquierda.
34 »Entonces el Rey dirá a los de Su derecha: “Vengan, benditos de Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. 35Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui extranjero, y me recibieron; 36estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí”. 37Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? 38¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? 39¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a Ti?”. 40El Rey les responderá: “En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos Míos, aun a los más pequeños, a Mí lo hicieron”.
41 »Entonces dirá también a los de Su izquierda: “Apártense de Mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles. 42Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; 43fui extranjero, y no me recibieron; estaba desnudo, y no me vistieron; enfermo, y en la cárcel, y no me visitaron”. 44Entonces ellos también responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como extranjero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?”. 45Él entonces les responderá: “En verdad les digo que en cuanto ustedes no lo hicieron a uno de los más pequeños de estos, tampoco a Mí lo hicieron”. 46Estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna».

Salmo 25

Salmo de David.
1A Ti, oh Señor, elevo mi alma.
2Dios mío, en Ti confío;
No sea yo avergonzado,
Que no se regocijen sobre mí mis enemigos.
3Ciertamente ninguno de los que esperan en Ti será avergonzado;
Sean avergonzados los que sin causa se rebelan.
4¶Señor, muéstrame Tus caminos,
Enséñame Tus sendas.
5Guíame en Tu verdad y enséñame,
Porque Tú eres el Dios de mi salvación;
En Ti espero todo el día.
6Acuérdate, oh Señor, de Tu compasión y de Tus misericordias,
Que son eternas.
7No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones;
Acuérdate de mí conforme a Tu misericordia,
Por Tu bondad, oh Señor.
8¶Bueno y recto es el Señor;
Por tanto, Él muestra a los pecadores el camino.
9Dirige a los humildes en la justicia,
Y enseña a los humildes su camino.
10Todas las sendas del Señor son misericordia y verdad
Para aquellos que guardan Su pacto y Sus testimonios.
11Oh Señor, por amor de Tu nombre,
Perdona mi iniquidad, porque es grande.
12¶¿Quién es el hombre que teme al Señor?
Él le instruirá en el camino que debe escoger.
13En prosperidad habitará su alma,
Y su descendencia poseerá la tierra.
14Los secretos del Señor son para los que le temen,
Y Él les dará a conocer Su pacto.
15De continuo están mis ojos hacia el Señor,
Porque Él sacará mis pies de la red.
16¶Vuélvete a mí y tenme piedad,
Porque estoy solitario y afligido.
17Las angustias de mi corazón han aumentado;
Sácame de mis congojas.
18Mira mi aflicción y mis trabajos,
Y perdona todos mis pecados.
19Mira mis enemigos, que son muchos,
Y con odio violento me detestan.
20Guarda mi alma y líbrame;
No sea yo avergonzado, porque en Ti me refugio.
21La integridad y la rectitud me preserven,
Porque en Ti espero.
22Oh Dios, redime a Israel
De todas sus angustias.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

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