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Día 254 de 365 · 11 de septiembre

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Isaías 9

1 Pero no habrá más melancolía para la que estaba en angustia. Como en tiempos pasados, Él trató con desprecio a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, pero después la hará gloriosa por el camino del mar al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.
2 El pueblo que andaba en tinieblas
Ha visto gran luz;
A los que habitaban en tierra de sombra de muerte,
La luz ha resplandecido sobre ellos.
3Multiplicaste la nación,
Aumentaste su alegría.
Se alegran en Tu presencia
Como con la alegría de la cosecha,
Como se regocijan los hombres cuando se reparten el botín.
4Porque Tú quebrarás el yugo de su carga, el báculo de sus hombros,
Y la vara de su opresor, como en la batalla de Madián.
5Porque toda bota que calza el guerrero en el fragor de la batalla,
Y el manto revolcado en sangre, serán para quemar, combustible para el fuego.
6Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado,
Y la soberanía reposará sobre Sus hombros.
Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,
Padre Eterno, Príncipe de Paz.
7El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin
Sobre el trono de David y sobre su reino,
Para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia
Desde entonces y para siempre.
El celo del Señor de los ejércitos hará esto.
8¶El Señor envía mensaje contra Jacob,
Y cae sobre Israel.
9Y todo el pueblo lo sabe,
Es decir, Efraín y los habitantes de Samaria,
Los que con arrogancia y orgullo de corazón afirman:
10«Los ladrillos han caído,
Pero con piedras labradas reedificaremos.
Los sicómoros han sido cortados,
Pero con cedros los reemplazaremos».
11Por tanto, el Señor levanta adversarios de Rezín contra ellos,
E incita a sus enemigos,
12Los arameos en el oriente y los filisteos en el occidente,
Que devoran a Israel a boca llena.
Con todo eso no se aparta Su ira,
Y aún está Su mano extendida.
13¶Pero el pueblo no ha vuelto a Aquel que los hirió,
No han buscado al Señor de los ejércitos.
14El Señor, pues, corta de Israel la cabeza y la cola,
La hoja de palmera y el junco en un mismo día.
15El anciano y venerable es la cabeza,
Y el profeta que enseña la mentira es la cola.
16Porque los que guían a este pueblo lo extravían.
Y los guiados por ellos son confundidos.
17Por eso no se complace el Señor en sus jóvenes,
Ni se compadece de sus huérfanos ni de sus viudas.
Porque todos ellos son impíos y malhechores,
Y toda boca habla necedades.
Con todo eso no se aparta Su ira,
Y aún está Su mano extendida.
18¶Porque arde como fuego la impiedad,
Zarzas y espinos consume,
Y enciende la espesura del bosque.
Como remolino suben en columna de humo.
19Por el furor del Señor de los ejércitos es quemada la tierra,
Y el pueblo es como combustible para el fuego.
El hombre no perdona a su hermano.
20Cortan de un tajo lo que está a la derecha, pero aún tienen hambre,
Y comen lo que está a la izquierda, pero no se sacian.
Cada cual come la carne de su propio brazo.
21Manasés devora a Efraín, y Efraín a Manasés,
Y ambos están contra Judá.
Con todo eso, no se ha apartado Su ira,
Y aún está Su mano extendida.

Isaías 10

1¡Ay de los que decretan estatutos inicuos,
Y de los que constantemente escriben decisiones injustas,
2Para privar de justicia a los necesitados,
Para robar de sus derechos a los pobres de Mi pueblo,
Para hacer de las viudas su botín,
Y despojar a los huérfanos!
3¿Y qué harán ustedes en el día del castigo,
En la devastación que vendrá de lejos?
¿A quién huirán por auxilio?
¿Y dónde dejarán su riqueza?
4Solo queda encorvarse entre los cautivos
O caer entre los muertos.
Con todo eso, no se aparta Su ira,
Y aún está Su mano extendida.
5¶¡Ay de Asiria, vara de Mi ira
Y báculo en cuyas manos está Mi indignación!
6Contra una nación impía la envío
Y contra el pueblo de Mi furor la mandaré,
Para que capture botín y tome despojos
Y los pisotee como el lodo de las calles.
7Pero ella no tiene tal intento,
Ni piensa así en su corazón,
Sino que su intención es destruir
Y exterminar no pocas naciones.
8Porque dice: «¿No son mis príncipes todos reyes?
9-»¿No es Calno como Carquemis?
¿No es Hamat como Arfad?
¿No es Samaria como Damasco?
10-»Como mi mano alcanzó los reinos de los ídolos,
Cuyas imágenes talladas excedían a las de Jerusalén y Samaria,
11Como hice a Samaria y a sus ídolos,
¿No haré así también a Jerusalén y a sus imágenes?».
12Y sucederá que cuando el Señor haya terminado toda Su obra en el monte Sión y en Jerusalén, dirá: «Castigaré el fruto del corazón orgulloso del rey de Asiria y la ostentación de su arrogancia». 13Porque ha dicho:
«Con el poder de mi mano lo hice,
Y con mi sabiduría, pues tengo entendimiento.
Quité las fronteras de los pueblos,
Saqueé sus tesoros,
Y como hombre fuerte abatí a sus habitantes.
14-»Mi mano alcanzó las riquezas de los pueblos como a un nido;
Como se recogen los huevos abandonados, yo junté toda la tierra,
Y no hubo quien aleteara ni abriera el pico ni gorgojeara».
15¶¿Ha de enaltecerse el hacha sobre el que corta con ella?
¿Ha de engrandecerse la sierra sobre el que la maneja?
¡Como si un báculo manejara a los que lo levantan,
Como si una vara levantara al que no es madera!
16Por eso el Señor, Dios de los ejércitos, enviará una enfermedad extenuante entre sus robustos guerreros;
Y debajo de su gloria encenderá una hoguera como fuego abrasador.
17La Luz de Israel se convertirá en fuego y su Santo en llama,
Y quemará y consumirá sus espinos y sus zarzas en un solo día.
18Él destruirá la gloria de su bosque y de su fértil huerto, tanto el alma como el cuerpo,
Y será como cuando un enfermo languidece.
19Y los árboles que queden de su bosque serán tan pocos
Que un niño podrá contarlos.
20Sucederá en aquel día que el remanente de Israel y los de la casa de Jacob que hayan escapado, no volverán a apoyarse más en el que los hirió, sino que en verdad se apoyarán en el Señor, el Santo de Israel.
21Un remanente volverá; un remanente de Jacob volverá al Dios poderoso.
22Pues aunque tu pueblo, oh Israel, sea como la arena del mar,
Solo un remanente de él volverá.
La destrucción decidida rebosa justicia.
23Pues una destrucción completa, ya decretada, ejecutará el Señor, Dios de los ejércitos, en medio de toda la tierra.
24Por tanto, así dice el Señor, Dios de los ejércitos: «Pueblo Mío que moras en Sión, no temas al asirio que te hiere con vara y levanta su báculo contra ti a la manera de Egipto. 25Porque dentro de muy poco Mi indignación contra ti terminará, y Mi ira la dirigiré contra ellos para su destrucción». 26Y el Señor de los ejércitos levantará un látigo contra él como en la matanza de Madián en la peña de Oreb; Su vara estará sobre el mar y lo levantará de la manera que lo hizo en Egipto. 27En aquel día la carga de Asiria será quitada de tus hombros y su yugo de tu cuello, y el yugo se romperá a causa de la gordura.
28¶Él ha venido contra Ajat,
Ha pasado por Migrón.
En Micmas dejó su equipaje.
29Han pasado por el desfiladero, diciendo:
«Geba será nuestro alojamiento».
Ramá está aterrada, y Guibeá de Saúl ha huido.
30¡Clama a gran voz, oh hija de Galim!
¡Pon atención, Lais; desdichada de ti, Anatot!
31Ha huido Madmena.
Los habitantes de Gebim han buscado refugio.
32 Hoy mismo él se detendrá en Nob.
Agitará su mano contra el monte de la hija de Sión, la colina de Jerusalén.
33¶El Señor, Dios de los ejércitos,
Desgajará el ramaje con terrible crujido.
Los árboles de gran altura serán cortados,
Los más elevados serán abatidos.
34Él cortará la espesura del bosque con hacha de hierro,
Y el Líbano caerá ante el Poderoso.

Apocalipsis 16

1Oí entonces una gran voz que desde el templo decía a los siete ángeles: «Vayan y derramen en la tierra las siete copas del furor de Dios».
2El primer ángel fue y derramó su copa en la tierra, y se produjo una llaga repugnante y maligna en los hombres que tenían la marca de la bestia y que adoraban su imagen.
3El segundo ángel derramó su copa en el mar, y se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser viviente que había en el mar.
4El tercer ángel derramó su copa en los ríos y en las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. 5Oí al ángel de las aguas, que decía: «Justo eres Tú, el que eres, y el que eras, oh Santo, porque has juzgado estas cosas; 6pues ellos derramaron sangre de santos y profetas y Tú les has dado a beber sangre. Se lo merecen». 7También oí al altar, que decía: «Sí, oh Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son Tus juicios».
8El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol. Y al sol se le permitió quemar a los hombres con fuego. 9Y los hombres fueron quemados con el intenso calor. Blasfemaron el nombre de Dios que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria a Él.
10El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se quedó en tinieblas; y todos se mordían la lengua de dolor. 11Blasfemaron contra el Dios del cielo por causa de sus dolores y de sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras.
12El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y sus aguas se secaron para que fuera preparado el camino para los reyes del oriente. 13Y vi salir de la boca del dragón, de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, a tres espíritus inmundos semejantes a ranas. 14Pues son espíritus de demonios que hacen señales, los cuales van a los reyes de todo el mundo, a reunirlos para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso.
15«¡Estén alerta! Vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza». 16Entonces los reunieron en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
17El séptimo ángel derramó su copa en el aire. Una gran voz salió del templo, del trono, que decía: «Hecho está». 18Y hubo relámpagos, voces, y truenos. Hubo un gran terremoto tal como no lo había habido desde que el hombre está sobre la tierra; fue tan grande y poderoso el terremoto. 19La gran ciudad quedó dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron. Y la gran Babilonia fue recordada delante de Dios para darle la copa del vino del furor de Su ira. 20Entonces toda isla huyó y los montes no fueron hallados. 21Enormes granizos, como de 45 kilos cada uno, cayeron*sobre los hombres. Y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo, porque esa plaga fue* sumamente grande.

Salmo 104

1Bendice, alma mía, al Señor.
Señor, Dios mío, cuán grande eres;
Te has vestido de esplendor y de majestad,
2Cubriéndote de luz como con un manto,
Extendiendo los cielos como una cortina.
3 Él es el que pone las vigas de Sus altos aposentos en las aguas;
El que hace de las nubes Su carroza;
El que anda sobre las alas del viento;
4Que hace de los vientos Sus mensajeros,
Y de las llamas de fuego Sus ministros.
5¶Él estableció la tierra sobre sus cimientos,
Para que jamás sea sacudida.
6La cubriste con el abismo como con un vestido;
Las aguas estaban sobre los montes.
7A Tu reprensión huyeron,
Al sonido de Tu trueno se precipitaron.
8Se levantaron los montes, se hundieron los valles,
Al lugar que Tú estableciste para ellos.
9Pusiste un límite que no pueden cruzar,
Para que no vuelvan a cubrir la tierra.
10¶Él hace brotar manantiales en los valles,
Corren entre los montes;
11Dan de beber a todas las bestias del campo,
Los asnos monteses mitigan su sed.
12Junto a ellos habitan las aves de los cielos,
Elevan sus trinos entre las ramas.
13Él riega los montes desde Sus aposentos,
Del fruto de Sus obras se sacia la tierra.
14¶Él hace brotar la hierba para el ganado,
Y las plantas para el servicio del hombre,
Para que él saque alimento de la tierra,
15Y vino que alegra el corazón del hombre,
Para que haga brillar con aceite su rostro,
Y alimento que fortalece el corazón del hombre.
16Los árboles del Señor se sacian,
Los cedros del Líbano que Él plantó,
17Donde hacen sus nidos las aves,
Y la cigüeña, cuya morada está en los cipreses.
18¶Los montes altos son para las cabras monteses;
Las peñas son refugio para los tejones.
19Él hizo la luna para señalar las estaciones;
El sol conoce el lugar de su ocaso.
20Tú ordenas la oscuridad y se hace de noche,
En ella andan todas las bestias del bosque.
21Rugen los leoncillos tras su presa,
Y buscan de Dios su comida.
22 Al salir el sol se esconden,
Y se echan en sus guaridas.
23Sale el hombre a su trabajo,
Y a su labor hasta el atardecer.
24¶¡Cuán numerosas son Tus obras, oh Señor!
Con sabiduría las has hecho todas;
Llena está la tierra de Tus posesiones.
25He allí el mar, grande y anchuroso,
En el cual se mueve un sinnúmero
De animales tanto pequeños como grandes.
26Allí surcan las naves,
Y el Leviatán que hiciste para que jugara en él.
27¶Todos ellos esperan en Ti
Para que les des su comida a su tiempo.
28Tú les das, ellos recogen;
Abres Tu mano, se sacian de bienes.
29Escondes Tu rostro, se turban;
Les quitas el aliento, expiran,
Y vuelven al polvo.
30Envías Tu Espíritu, son creados,
Y renuevas la superficie de la tierra.
31¶¡Sea para siempre la gloria del Señor!
¡Alégrese el Señor en sus obras!
32Él mira a la tierra, y ella tiembla;
Toca los montes, y humean.
33Al Señor cantaré mientras yo viva;
Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista.
34Séale agradable mi meditación;
Yo me alegraré en el Señor.
35Sean consumidos de la tierra los pecadores,
Y los impíos dejen de ser.
Bendice, alma mía, al Señor.
¡Aleluya!

Proverbios 6

1Hijo mío, si has salido fiador por tu prójimo,
Si has dado promesa a un extraño,
2 Si te has enredado con las palabras de tu boca,
Si con las palabras de tu boca has sido atrapado,
3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
Ya que has caído en la mano de tu prójimo:
Ve, humíllate e importuna a tu prójimo.
4No des sueño a tus ojos
Ni adormecimiento a tus párpados;
5Líbrate como la gacela de la mano del cazador
Y como ave de la mano del que caza.
6¶Ve, mira la hormiga, perezoso,
Observa sus caminos, y sé sabio.
7La cual sin tener jefe,
Ni oficial ni señor,
8Prepara en el verano su alimento
Y recoge en la cosecha su sustento.
9¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10«Un poco de dormir, un poco de dormitar,
Un poco de cruzar las manos para descansar»,
11Y vendrá tu pobreza como vagabundo,
Y tu necesidad como un hombre armado.
12¶La persona indigna, el hombre malvado,
Es el que anda con boca perversa,
13El que guiña los ojos, el que hace señas con los pies,
El que señala con los dedos,
14El que con perversidad en su corazón, continuamente trama el mal,
El que siembra discordia.
15Por tanto, su desgracia vendrá de repente;
Al instante será quebrantado, y no habrá remedio.
16¶Seis cosas hay que el Señor odia,
Y siete son abominación para Él:
17Ojos soberbios, lengua mentirosa,
Manos que derraman sangre inocente,
18Un corazón que trama planes perversos,
Pies que corren rápidamente hacia el mal,
19Un testigo falso que dice mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
20¶Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
21Átalos de continuo en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
22Cuando andes, te guiarán;
Cuando duermas, velarán por ti;
Al despertarte, hablarán contigo.
23Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza luz,
Y camino de vida las reprensiones de la instrucción,
24Para librarte de la mujer mala,
De la lengua suave de la desconocida.
25No codicies su hermosura en tu corazón,
Ni dejes que te cautive con sus párpados.
26Porque por causa de una ramera uno es reducido a un pedazo de pan,
Pero la adúltera anda a la caza de la vida preciosa.
27¿Puede un hombre poner fuego en su seno
Sin que arda su ropa?
28¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos
Sin que se quemen sus pies?
29Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;
Cualquiera que la toque no quedará sin castigo.
30No se desprecia al ladrón si roba
Para saciarse cuando tiene hambre;
31Pero cuando es sorprendido, debe pagar siete veces;
Tiene que dar todos los bienes de su casa.
32El que comete adulterio no tiene entendimiento;
El que lo hace destruye su alma.
33Heridas y vergüenza hallará,
Y su afrenta no se borrará.
34Porque los celos enfurecen al hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
35No aceptará ningún rescate,
Ni se dará por satisfecho aunque le des muchos presentes.

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