DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 26 de 365 · 26 de enero

Inicia sesión para registrar tu lectura y llevar tu racha.Ingresar →
TAMAÑO

Éxodo 1

1Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob. Cada uno fue con su familia: 2Rubén, Simeón, Leví y Judá; 3Isacar, Zabulón y Benjamín; 4Dan, Neftalí, Gad y Aser. 5Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta almas. Pero José estaba ya en Egipto.
6Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación. 7Pero los israelitas tuvieron muchos hijos y aumentaron mucho, y se multiplicaron y llegaron a ser poderosos en gran manera, y el país se llenó de ellos.
8Se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José, 9y dijo a su pueblo: «Miren, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más fuerte que nosotros. 10Procedamos, pues, astutamente con él, no sea que se multiplique y en caso de guerra, se una también con los que nos odian y pelee contra nosotros y se vaya del país».
11Así que pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con duros trabajos; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramsés. 12Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios llegaron a temer a los israelitas. 13Los egipcios, pues, obligaron a los israelitas a trabajar duramente, 14y les amargaron la vida con dura servidumbre en hacer barro y ladrillos y en toda clase de trabajo del campo. Todos sus trabajos se los imponían con rigor.
15Entonces el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y la otra Puá, 16y les dijo: «Cuando estén asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las vean sobre el lecho del parto, si es un hijo, le darán muerte, pero si es una hija, entonces vivirá». 17Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños.
18El rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: «¿Por qué han hecho esto, y han dejado con vida a los niños?». 19Las parteras respondieron a Faraón: «Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas». 20Dios favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso. 21Y por haber las parteras temido a Dios, Él prosperó sus familias. 22Entonces Faraón ordenó a todo su pueblo: «Todo hijo que nazcalo echarán al Nilo, pero a toda hija la dejarán con vida».

Éxodo 2

1Un hombre de la casa de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví. 2Y la mujer concibió y dio a luz un hijo. Viendo que era hermoso, lo escondió por tres meses. 3Pero no pudiendo ocultarlo por más tiempo, tomó una cestilla de juncos y la cubrió con asfalto y brea. Entonces puso al niño en ella, y la colocó entre los juncos a la orilla del Nilo.
4La hermana del niño se puso a lo lejos para ver qué le sucedería. 5Cuando la hija de Faraón bajó a bañarse al Nilo, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del río, vio la cestilla entre los juncos y mandó a una criada suya para que la trajera.
6Al abrirla, vio al niño, y oyó que el niño lloraba. Le tuvo compasión, y dijo: «Este es uno de los niños de los hebreos». 7Entonces la hermana del niño dijo a la hija de Faraón: «¿Quiere que vaya y llame a una nodriza de las hebreas para que críe al niño?». 8«Sí, ve», respondió la hija de Faraón. La muchacha fue y llamó a la madre del niño.
9Y la hija de Faraón le dijo: «Llévate a este niño y críamelo, y yo te daré tu salario». La mujer tomó al niño y lo crió. 10Cuando el niño creció, ella lo llevó a la hija de Faraón, y vino a ser hijo suyo; y le puso por nombre Moisés, diciendo: «Pues lo he sacado de las aguas».
11En aquellos días, crecido ya Moisés, salió a donde sus hermanos y vio sus duros trabajos. Vio a un egipcio golpeando a un hebreo, a uno de sus hermanos. 12Entonces miró alrededor y cuando vio que no había nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
13Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían, y dijo al culpable: «¿Por qué golpeas a tu compañero?». 14«¿Quién te ha puesto de príncipe o de juez sobre nosotros?», le respondió el culpable. «¿Estás pensando matarme como mataste al egipcio?». Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: «Ciertamente se ha divulgado lo sucedido». 15Al enterarse Faraón de lo que había pasado, trató de matar a Moisés. Pero Moisés huyó de la presencia de Faraón y se fue a vivir a la tierra de Madián, y allí se sentó junto a un pozo.
16Y el sacerdote de Madián tenía siete hijas, las cuales fueron a sacar agua y llenaron las pilas para dar de beber al rebaño de su padre. 17Entonces vinieron unos pastores y las echaron de allí, pero Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a su rebaño. 18Cuando ellas volvieron a Reuel, su padre, este les preguntó: «¿Por qué han vuelto tan pronto hoy?». 19«Un egipcio nos ha librado de mano de los pastores», respondieron ellas; «y además, nos sacó agua y dio de beber al rebaño».
20Y Reuel dijo a sus hijas: «¿Y dónde está? ¿Por qué han dejado al hombre? Invítenlo a que coma algo». 21Moisés accedió a morar con aquel hombre, y este le dio su hija Séfora por mujer a Moisés. 22Ella dio a luz un hijo, y Moisés le puso por nombre Gersón, porque dijo: «Peregrino soy en tierra extranjera».
23Pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto. Los israelitas gemían a causa de la servidumbre, y clamaron. Su clamor subió a Dios, a causa de su servidumbre. 24Dios oyó su gemido y se acordó de Su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Dios miró a los israelitas y los tuvo en cuenta.

Mateo 26

1Cuando Jesús terminó todas estas palabras, dijo a Sus discípulos: 2«Ustedes saben que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado».
3Entonces los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, 4y con engaño, tramaron entre ellos prender y matar a Jesús. 5Pero decían: «No durante la fiesta, para que no haya un tumulto en el pueblo».
6Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, 7se acercó a Él una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre Su cabeza cuando estaba sentado a la mesa. 8Pero al ver esto, los discípulos se indignaron, y decían: «¿Para qué este desperdicio? 9Porque este perfume podía haberse vendido a gran precio, y el dinero habérselo dado a los pobres».
10Pero Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestan a la mujer? Pues buena es la obra que me ha hecho. 11Porque a los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a Mí no siempre me tendrán. 12Pues al derramar ella este perfume sobre Mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13En verdad les digo, que dondequiera que este evangelio se predique, en el mundo entero, se hablará también de lo que esta ha hecho, en memoria de ella».
14Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15y les dijo: «¿Qué están dispuestos a darme para que yo les entregue a Jesús?». Y ellos le pesaron treinta monedas de plata (30 siclos: 432 gramos). 16Y desde entonces Judas buscaba una oportunidad para entregar a Jesús.
17El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: «¿Dónde quieres que hagamos los preparativos para que comas la Pascua?». 18Y Él respondió: «Vayan a la ciudad, a cierto hombre, y díganle: “El Maestro dice: ‘Mi tiempo está cerca; quiero celebrar la Pascua en tu casa con Mis discípulos’ ” ». 19Entonces los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20Al atardecer, estaba Jesús sentado a la mesa con los doce discípulos. 21Y mientras comían, dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes me entregará». 22Ellos, profundamente entristecidos, comenzaron a decir uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?». 23Él respondió: «El que metió la mano al mismo tiempo que Yo en el plato, ese me entregará. 24El Hijo del Hombre se va, según está escrito de Él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido». 25Judas, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Acaso soy yo, Rabí?». «Tú lo has dicho», le contestó Jesús.
26Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: «Tomen, coman; esto es Mi cuerpo». 27Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: «Beban todos de ella; 28porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. 29Les digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con ustedes en el reino de Mi Padre».
30Y después de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos.
31Entonces Jesús les dijo*: «Esta noche todos ustedes se apartarán por causa de Mí, pues escrito está: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán”. 32Pero después de que Yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galilea». 33Pedro le respondió: «Aunque todos se aparten por causa de Ti, yo nunca me apartaré». 34Jesús le dijo: «En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces». 35Pedro le dijo*: «Aunque tenga que morir junto a Ti, jamás te negaré». Todos los discípulos dijeron también lo mismo.
36Entonces Jesús llegó* con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo* a Sus discípulos: «Siéntense aquí mientras Yo voy allá y oro». 37Y tomando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. 38Entonces les dijo*: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen junto a Mí».
39Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras». 40Entonces vino* Jesús a los discípulos y los halló* durmiendo, y dijo* a Pedro: «¿Conque no pudieron velar una hora junto a Mí? 41Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».
42Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: «Padre Mío, si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad». 43Vino otra vez Jesús y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. 44Dejándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, y dijo otra vez las mismas palabras. 45Entonces vino* a los discípulos y les dijo*: «¿Todavía están durmiendo y descansando? Vean, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46¡Levántense! ¡Vamos! Miren, está cerca el que me entrega».
47Mientras Jesús estaba todavía hablando, Judas, uno de los doce, llegó acompañado de una gran multitud con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48El que lo entregaba les había dado una señal, diciendo: «Al que yo bese, Él es; lo pueden prender». 49Enseguida se acercó a Jesús y dijo: «¡Salve, Rabí!». Y lo besó. 50«Amigo, haz lo que viniste a hacer», le dijo Jesús. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron.
51Y uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja. 52Entonces Jesús le dijo*: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. 53¿O piensas que no puedo rogar a Mi Padre, y Él pondría a Mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles? 54Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder?».
55En aquel momento Jesús dijo a la muchedumbre: «¿Cómo contra un ladrón han salido con espadas y palos para asegurarse que me arrestaban? Cada día me sentaba en el templo para enseñar, y no me prendieron. 56Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas». Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
57Los que prendieron a Jesús lo llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58Pedro fue siguiendo de lejos a Jesús hasta el patio del sumo sacerdote, y entrando, se sentó con los guardias para ver el fin de todo aquello.
59Y los principales sacerdotes y todo el Concilio procuraban obtener falso testimonio contra Él, con el fin de dar muerte a Jesús, 60y no lo hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero más tarde se presentaron dos, 61que dijeron: «Este declaró: “Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días reedificarlo” ».
62Entonces el sumo sacerdote, levantándose, le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra Ti?». 63Pero Jesús se quedó callado. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te ordeno por el Dios viviente que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». 64Jesús le contestó*: «Tú mismo lo has dicho; sin embargo, a ustedes les digo que desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo».
65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ahora mismo ustedes han oído la blasfemia. 66¿Qué les parece?». «¡Él es digno de muerte!», le contestaron. 67Entonces le escupieron en el rostro y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban, 68y le decían: «Adivina, Cristo, ¿quién es el que te ha golpeado?».
69Pedro estaba sentado afuera en el patio, y una sirvienta se le acercó y dijo: «Tú también estabas con Jesús el galileo». 70Pero él lo negó delante de todos ellos, diciendo: «No sé de qué hablas».
71Cuando salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo* a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazareno». 72Y otra vez él lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!».
73Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro que tú también eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre». 74Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: «¡Yo no conozco al hombre!». Y al instante un gallo cantó. 75Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: «Antes que el gallo cante, me negarás tres veces».Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Salmo 26

Salmo de David.
1Hazme justicia, oh Señor, porque yo en mi integridad he andado,
Y en el Señor he confiado sin titubear.
2Examíname, oh Señor, y pruébame;
Escudriña mi mente y mi corazón.
3Porque delante de mis ojos está Tu misericordia,
Y en Tu verdad he andado.
4Con los falsos no me he sentado,
Ni con los hipócritas iré.
5Aborrezco la reunión de los malhechores,
Y no me sentaré con los impíos.
6Lavaré en inocencia mis manos,
Y andaré alrededor de Tu altar, oh Señor,
7Proclamando con voz de acción de gracias
Y contando todas Tus maravillas.
8¶Oh Señor, yo amo la habitación de Tu casa,
Y el lugar donde habita Tu gloria.
9No juntes mi alma con pecadores,
Ni mi vida con hombres sanguinarios,
10En cuyas manos hay intrigas,
Y cuya diestra está llena de sobornos.
11Pero yo en mi integridad andaré;
Redímeme, y ten piedad de mí.
12Sobre tierra firme está mi pie;
En las congregaciones bendeciré al Señor.

Proverbios 26

1Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
2Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
3El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
4No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
6Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
7 Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
8Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
9 Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable