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Día 262 de 365 · 19 de septiembre

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Isaías 25

1Oh Señor, Tú eres mi Dios;
Te ensalzaré, daré alabanzas a Tu nombre,
Porque has hecho maravillas,
Designios concebidos desde tiempos antiguos con toda fidelidad.
2Porque has convertido la ciudad en un montón de escombros,
La ciudad fortificada, en una ruina.
El palacio de extranjeros ya no es ciudad,
Nunca será reedificado.
3Por eso te glorificará un pueblo fuerte,
Ciudades de crueles naciones te reverenciarán.
4Porque Tú has sido baluarte para el desvalido,
Baluarte para el necesitado en su angustia,
Refugio contra la tormenta, sombra contra el calor.
Pues el aliento de los crueles
Es como turbión contra el muro.
5Como calor durante la sequía, Tú aquietas el estruendo de los extranjeros.
Como el calor a la sombra de una nube, es acallado el cántico de los tiranos.
6¶El Señor de los ejércitos preparará en este monte para todos los pueblos un banquete de manjares suculentos,
Un banquete de vino añejo, pedazos escogidos con tuétano,
Y vino añejo refinado.
7Y destruirá en este monte la cobertura que cubre todos los pueblos,
El velo que está extendido sobre todas las naciones.
8Él destruirá la muerte para siempre.
El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros,
Y quitará el oprobio de Su pueblo de sobre toda la tierra,
Porque el Señor ha hablado.
9Y en aquel día se dirá:
«Este es nuestro Dios a quien hemos esperado para que nos salvara.
Este es el Señor a quien hemos esperado;
Regocijémonos y alegrémonos en su salvación».
10Porque la mano del Señor reposará en este monte,
Y Moab será pisoteado en su sitio
Como es pisoteada la paja en el agua del muladar.
11Y en medio de él, Moab extenderá sus manos
Como el nadador extiende sus manos para nadar,
Pero el Señor abatirá su arrogancia y la destreza de sus manos.
12Y derribará las fortalezas inconmovibles de tus murallas,
Las humillará y lasechará por tierra, hasta el polvo.

Isaías 26

1En aquel día se cantará este cántico en la tierra de Judá:
«Ciudad fuerte tenemos;
Para protección Él pone murallas y baluartes.
2-»Abran las puertas para que pueda entrar la nación justa,
La que permanece fiel.
3-»Al de firme propósito guardarás en perfecta paz,
Porque en Ti confía.
4-»Confíen en el Señor para siempre,
Porque en Dios el Señor, tenemos una Roca eterna.
5-»Porque Él ha abatido a los que moran en lo alto, a la ciudad inconmovible;
La humilla, la humilla hasta la tierra, la derriba hasta el polvo,
6 Y la pisotearán los pies,
Los pies de los afligidos, las pisadas de los desvalidos».
7¶La senda del justo es rectitud.
Tú, que eres recto, allana el sendero del justo.
8Ciertamente, siguiendo la senda de Tus juicios,
Oh Señor, te hemos esperado.
Tu nombre y Tu memoria son el anhelo del alma.
9En la noche te desea mi alma,
En verdad mi espíritu dentro de mí te busca con diligencia.
Porque cuando la tierra tiene conocimiento de Tus juicios,
Aprenden justicia los habitantes del mundo.
10 Aunque se le muestre piedad al impío,
No aprende justicia.
Obra injustamente en tierra de rectitud,
Y no ve la majestad del Señor.
11¶Oh Señor, levantada está Tu mano, mas ellos no la ven.
Que vean Tu celo por el pueblo y se avergüencen.
Ciertamente el fuego devorará a Tus enemigos.
12Señor, Tú establecerás paz para nosotros,
Ya que también todas nuestras obras Tú las hiciste por nosotros.
13Oh Señor, Dios nuestro, otros señores fuera de Ti nos han gobernado,
Pero solo en Ti confesamos Tu nombre.
14Los muertos no vivirán, los espíritus no se levantarán,
Pues los castigaste y destruiste,
Y has borrado todo recuerdo de ellos.
15Has aumentado la nación, oh Señor,
Has aumentado la nación, te has glorificado,
Has ensanchado todos los límites de la tierra.
16Oh Señor, en la angustia te buscaron.
Apenas susurraban una oración,
Cuando Tu castigo estaba sobre ellos.
17Como la mujer encinta, al acercarse el momento de dar a luz,
Se retuerce y grita en sus dolores de parto,
Así éramos nosotros delante de Ti, oh Señor.
18Estábamos encinta, nos retorcíamos en los dolores,
Dimos a luz, al parecer, solo viento.
No logramos liberación para la tierra,
Ni nacieron habitantes del mundo.
19Tus muertos vivirán,
Sus cadáveres se levantarán.
¡Moradores del polvo, despierten y den gritos de júbilo!,
Porque tu rocío es como el rocío del alba,
Y la tierra dará a luz a los espíritus.
20¶Ven, pueblo mío, entra en tus aposentos
Y cierra tras ti tus puertas;
Escóndete por corto tiempo
Hasta que pase la indignación.
21Porque el Señor va a salir de Su lugar
Para castigar la iniquidad de los habitantes de la tierra,
Y la tierra pondrá de manifiesto su sangre derramada
Y no ocultará más a sus asesinados.

Mateo 2

1Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos sabios del oriente llegaron a Jerusalén, preguntando: 2«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos Su estrella en el oriente y lo hemos venido a adorar». 3Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. 4Entonces, el rey reunió a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, y averiguó de ellos dónde había de nacer el Cristo. 5Y ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:
6“Y , Belén, tierra de Judá,
De ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;
Porque de ti saldrá un Gobernante
Que pastoreará a Mi pueblo Israel” ».
7Entonces Herodes llamó a los sabios en secreto y de ellos determinó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella. 8Y enviándolos a Belén, dijo: «Vayan y busquen con diligencia al Niño; y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore».
9Después de oír al rey, los sabios se fueron; y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde estaba el Niño. 10Cuando vieron la estrella, se regocijaron mucho con gran alegría. 11Entrando en la casa, vieron al Niño con Su madre María, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. 12Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, se fueron para su tierra por otro camino.
13Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se apareció* a José en sueños, diciendo: «Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes quiere buscar y matar al Niño».
14Y levantándose José, tomó de noche al Niño y a Su madre, y se trasladó a Egipto; 15estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: «De Egipto llamé a Mi Hijo».
16Herodes, al verse burlado por los sabios, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los sabios. 17Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo:
18«Se oyó una voz en Ramá,
Llanto y gran lamentación;
Raquel que llora a sus hijos,
Y que no quiso ser consolada
Porque ya no existen».
19Pero cuando murió Herodes, un ángel del Señor se apareció* en sueños a José en Egipto, diciéndole: 20«Levántate, toma al Niño y a Su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del Niño han muerto».
21Y levantándose, José tomó al Niño y a Su madre, y vino a la tierra de Israel. 22Pero cuando oyó que Arquelao reinaba sobre Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por Dios en sueños, se fue para la región de Galilea. 23Cuando llegó, vivió en una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo que fue dicho por medio de los profetas: «Él será llamado Nazareno».

Salmo 112

1¡Aleluya!
Cuán bienaventurado es el hombre que teme al Señor,
Que mucho se deleita en Sus mandamientos.
2Poderosa en la tierra será su descendencia;
La generación de los rectos será bendita.
3Bienes y riquezas hay en su casa,
Y su justicia permanece para siempre.
4Luz resplandece en las tinieblas para el que es recto;
Él es clemente, compasivo y justo.
5Bien le va al hombre que se apiada y presta;
Arreglará sus asuntos con juicio.
6Porque nunca será sacudido;
Para siempre será recordado el justo.
7¶No temerá recibir malas noticias;
Su corazón está firme, confiado en el Señor.
8Su corazón está seguro, no temerá,
Hasta que vea vencidos a sus adversarios.
9Con liberalidad ha dado a los pobres;
Su justicia permanece para siempre;
Su poder será exaltado con honor.
10¶Lo verá el impío y se irritará;
Rechinará los dientes y se consumirá;
El deseo de los impíos perecerá.

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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