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Día 266 de 365 · 23 de septiembre

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Isaías 33

1¡Ay de ti que destruyes,
Y no has sido destruido;
Y de aquel que es traidor, cuando otros no actuaron con perfidia contra él!
Cuando termines de destruir, serás destruido;
Cuando acabes de actuar con perfidia, con perfidia actuarán contra ti.
2Oh Señor, ten piedad de nosotros; en Ti hemos esperado.
Sé nuestra fortaleza cada mañana,
También nuestra salvación en tiempo de angustia.
3Al estruendo del tumulto los pueblos huyen;
Al levantarte Tú, las naciones se dispersan.
4Se recoge el botín como recoge la oruga,
Se lanzan sobre él como se lanzan las langostas.
5Exaltado es el Señor, pues mora en lo alto;
Ha llenado a Sión de derecho y de justicia.
6Él será la seguridad de tus tiempos,
Abundancia de salvación, sabiduría y conocimiento;
El temor del Señor es tu tesoro.
7Miren cómo sus valientes claman en las calles,
Los mensajeros de paz lloran amargamente.
8Las calzadas están desiertas, el viajero ya no pasa.
Ha quebrantado el pacto, ha despreciado las ciudades,
No tiene en estima al hombre.
9La tierra está de duelo y desfallece,
El Líbano está avergonzado y se marchita.
Sarón es como una llanura desierta,
Y pierden su follaje Basán y el Carmelo.
10«Ahora me levantaré», dice el Señor,
«Ahora seré exaltado, ahora seré ensalzado.
11-»Ustedes concibieron hierba seca, darán a luz rastrojo;
Mi aliento como fuego los consumirá.
12-»Y los pueblos serán calcinados,
Como espinos cortados que son quemados en el fuego.
13¶»Oigan, los que están lejos, lo que he hecho;
Y los que están cerca, reconozcan Mi poder».
14Aterrados están los pecadores en Sión,
El temblor se ha apoderado de los impíos.
¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor?
¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?
15El que anda en justicia y habla con sinceridad,
El que rehúsa la ganancia injusta,
Y se sacude las manos para que no retengan soborno;
El que se tapa los oídos para no oír del derramamiento de sangre,
Y cierra los ojos para no ver el mal.
16Ese morará en las alturas,
En la peña inconmovible estará su refugio;
Se le dará su pan,
Tendrá segura su agua.
17¶Tus ojos contemplarán al Rey en Su hermosura,
Verán una tierra muy lejana.
18Tu corazón meditará en el terror, y dirá:
«¿Dónde está el que cuenta?
¿Dónde está el que pesa?
¿Dónde está el que cuenta las torres?».
19No verás más al pueblo feroz,
Pueblo de habla incomprensible, que nadie entiende,
De lengua tartamuda, que nadie comprende.
20Contempla a Sión, ciudad de nuestras fiestas señaladas.
Tus ojos verán a Jerusalén, morada de quietud,
Tienda que no será plegada,
Cuyas estacas no serán arrancadas nunca más,
Ni rotas ninguna de sus cuerdas.
21Porque allí, el Majestuoso, el Señor, será para nosotros
Lugar de ríos y de anchos canales,
Por donde no andará embarcación de remos,
Ni nave potente por él pasará.
22Porque el Señor es nuestro juez,
El Señor es nuestro legislador,
El Señor es nuestro rey;
Él nos salvará.
23Se han aflojado tus cuerdas;
No pueden sostener firme el mástil
Ni entesar la vela.
Entonces será repartida la presa de un abundante botín.
Los cojos se llevarán los despojos.
24Ningún habitante dirá: «Estoy enfermo».
Al pueblo que allí habita, le será perdonada suiniquidad.

Isaías 34

1Acérquense, naciones, para oír, y escuchen, pueblos.
Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que de él brota.
2Porque el enojo del Señor es contra todas las naciones,
Y Su furor contra todos sus ejércitos.
Las ha destruido por completo,
Las ha entregado a la matanza.
3Sus muertos serán arrojados,
De sus cadáveres subirá el hedor,
Y las montañas serán empapadas con su sangre.
4Todo el ejército de los cielos se consumirá,
Y los cielos se enrollarán como un pergamino.
También todos sus ejércitos se marchitarán
Como se marchita la hoja de la vid,
O como se marchita la de la higuera.
5Porque Mi espada está embriagada en el cielo,
Descenderá para hacer juicio sobre Edom
Y sobre el pueblo que Yo he dedicado a la destrucción.
6La espada del Señor está llena de sangre,
Está llena de sebo, de la sangre de corderos y de machos cabríos,
De sebo de los riñones de carneros.
Porque el Señor tiene un sacrificio en Bosra,
Y una gran matanza en la tierra de Edom.
7Con ellos caerán búfalos
Y novillos junto con toros.
Así su tierra se embriagará de sangre,
Y su polvo será engrasado de sebo.
8Porque es día de venganza del Señor,
Año de retribución para la causa de Sión.
9Los torrentes de Edom se convertirán en brea,
Su polvo en azufre,
Y su tierra será brea ardiente.
10No se apagará ni de noche ni de día,
Su humo subirá para siempre.
De generación en generación permanecerá desolada,
Nunca jamás pasará nadie por ella.
11Pero el pelícano y el erizo la poseerán,
El búho y el cuervo habitarán en ella.
Dios extenderá sobre ella el cordel de desolación
Y la plomada del vacío.
12Sus nobles (y allí no hay ninguno
A quien puedan proclamar rey)
Y todos sus príncipes serán nada.
13Espinos crecerán en sus palacios,
Ortigas y cardos en sus ciudades fortificadas.
Será también guarida de chacales
Y morada de crías de avestruz.
14Las fieras del desierto se encontrarán con las hienas,
El macho cabrío llamará a los de su especie.
Sí, el monstruo nocturno se establecerá allí,
Y encontrará para sí lugar de reposo.
15Allí la serpiente anidará y pondrá sus huevos,
Los incubará y juntará su cría bajo su sombra.
También allí se juntarán los halcones,
Cada uno con su compañera.
16¶Busquen en el libro del Señor, y lean:
Ninguno de ellos faltará,
Ninguno carecerá de su compañera.
Porque Su boca lo ha mandado,
Y Su Espíritu los ha reunido.
17Él les ha echado suertes,
Y Su mano les ha repartido la tierra con el cordel.
La poseerán para siempre;
De generación en generación morarán en ella.

Mateo 6

1 »Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos.
2 »Por eso, cuando des limosna , no toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. 3Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, 4para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
5 »Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres . En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. 6Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
7 »Y al orar, no usen ustedes repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería. 8Por tanto, no se hagan semejantes a ellos; porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes que ustedes lo pidan.
9 »Ustedes, pues, oren de esta manera:
“Padre nuestro que estás en los cielos,
Santificado sea Tu nombre.
10 -”Venga Tu reino.
Hágase Tu voluntad,
Así en la tierra como en el cielo.
11 -”Danos hoy el pan nuestro de cada día .
12 -”Y perdónanos nuestras deudas , como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
13 -”Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal. Porque Tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre. Amén ”.
14 Porque si ustedes perdonan a los hombres sus transgresiones, también su Padre celestial les perdonará a ustedes. 15Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones.
16 »Y cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. 17Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
19 »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; 20sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; 21porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
22 »La lámpara del cuerpo es el ojo; por eso, si tu ojo está sano , todo tu cuerpo estará lleno de luz. 23Pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Así que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!
24 »Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas .
25 »Por eso les digo, no se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa? 26Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas? 27¿Quién de ustedes, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida? 28Y por la ropa, ¿por qué se preocupan? Observen cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. 29Pero les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. 30Y si Dios así viste la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará Él mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
31 »Por tanto, no se preocupen, diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿qué beberemos?” o “¿con qué nos vestiremos?”. 32Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; el Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. 33Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 34Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas.

Salmo 116

1Amo al Señor, porque oye
Mi voz y mis súplicas.
2Porque a mí ha inclinado Su oído;
Por tanto le invocaré mientras yo viva.
3Los lazos de la muerte me rodearon,
Y los terrores del Seol vinieron sobre mí;
Angustia y tristeza encontré.
4Invoqué entonces el nombre del Señor, diciendo:
«Te ruego, oh Señor: salva mi vida».
5¶Clemente y justo es el Señor;
Sí, compasivo es nuestro Dios.
6El Señor guarda a los sencillos;
Estaba yo postrado y me salvó.
7Vuelve, alma mía, a tu reposo,
Porque el Señor te ha colmado de bienes.
8Pues Tú has rescatado mi alma de la muerte,
Mis ojos de lágrimas,
Mis pies de tropezar.
9Andaré delante del Señor
En la tierra de los vivientes.
10Yo creía, aun cuando decía:
«Estoy muy afligido».
11Dije alarmado:
«Todo hombre es mentiroso».
12¶¿Qué daré al Señor
Por todos Sus beneficios para conmigo?
13Alzaré la copa de la salvación,
E invocaré el nombre del Señor.
14Cumpliré mis votos al Señor,
Sí, en presencia de todo Su pueblo.
15Estimada a los ojos del Señor
Es la muerte de Sus santos.
16¡Ah, Señor! Ciertamente yo soy Tu siervo,
Siervo Tuyo soy, hijo de Tu sierva;
Tú desataste mis ataduras.
17Te ofreceré sacrificio de acción de gracias,
E invocaré el nombre del Señor.
18Al Señor cumpliré mis votos,
Sí, en presencia de todo Su pueblo,
19En los atrios de la casa del Señor,
En medio de ti, oh Jerusalén.
¡Aleluya!

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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