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Día 268 de 365 · 25 de septiembre

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Isaías 37

1Cuando el rey Ezequías oyó esto rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. 2Entonces envió a Eliaquim, mayordomo de la casa real, con el escriba Sebna y los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías, hijo de Amoz. 3Y ellos le dijeron: «Así dice Ezequías: “Este día es día de angustia, de reprensión y de desprecio, pues hijos están para nacer, pero no hay fuerzas para dar a luz. 4Tal vez el Señor tu Dios oirá las palabras del Rabsaces, a quien su señor, el rey de Asiria, ha enviado para injuriar al Dios vivo, y lo reprenderá por las palabras que el Señor tu Dios ha oído. Eleva, pues, una oración por el remanente que aún queda” ».
5Cuando llegaron los siervos del rey Ezequías ante Isaías, 6este les dijo: «Así dirán a su señor: “Así dice el Señor: ‘No temas por las palabras que has oído, con las que los siervos del rey de Asiria me han blasfemado. 7Voy a poner en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada’ ” ».
8Entonces el Rabsaces volvió y halló al rey de Asiria peleando contra Libna, pues había oído que el rey había partido de Laquis. 9Y les oyó decir acerca de Tirhaca, rey de Cus: «Ha salido a pelear contra ti», y cuando lo oyó, Senaquerib envió mensajeros a Ezequías, diciendo: 10«Así dirán a Ezequías, rey de Judá: “No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: ‘Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria’. 11Tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y serás tú librado? 12¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? 13¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?” ».
14Entonces Ezequías tomó la carta de mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a la casa del Señor y la extendió delante del Señor. 15Y Ezequías oró al Señor, y dijo: 16«Oh Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que estás sobre los querubines, solo Tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. 17Inclina, oh Señor, Tu oído y escucha; abre, oh Señor, Tus ojos y mira; escucha todas las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo.
18»En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado todas las naciones y sus tierras, 19y han echado sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y piedra; por eso los han destruido. 20Y ahora, Señor, Dios nuestro, líbranos de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que solo Tú, oh Señor, eres Dios».
21Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Por cuanto me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, 22esta es la palabra que el Señor ha hablado contra él:
‘Te ha despreciado y se ha burlado de ti
La virgen hija de Sión;
Ha movido la cabeza a tus espaldas
La hija de Jerusalén.
23-’¿A quién has injuriado y blasfemado?
¿Y contra quién has alzado la voz
Y levantado con orgullo tus ojos?
¡Contra el Santo de Israel!
24-’Por mano de tus siervos has injuriado al Señor,
Y has dicho: “Con mis numerosos carros
Yo subí a las cumbres de los montes,
A las partes más lejanas del Líbano,
Y corté sus altos cedros y sus mejores cipreses.
Iré a su más alta cima, a su más frondoso bosque.
25-”Yo cavé pozos y bebí aguas,
Y sequé con la planta de mis pies
Todos los ríos de Egipto”.
26-’¿No has oído?
Hace mucho tiempo que lo hice,
Desde la antigüedad lo había planeado.
Ahora he hecho que suceda,
Para que conviertas las ciudades fortificadas
En montones de ruinas.
27-’Sus habitantes, faltos de fuerzas,
Fueron desalentados y humillados.
Vinieron a ser como la vegetación del campo
Y como la hierba verde,
Como la hierba en los techos que se quema
Antes de que haya crecido.
28-’Pero conozco tu sentarte,
Tu salir y tu entrar,
Y tu furor contra Mí.
29-’A causa de tu furor contra Mí,
Y porque tu arrogancia ha subido hasta Mis oídos,
Pondré, pues, Mi garfio en tu nariz
Y Mi freno en tu boca,
Y te haré volver por el camino por donde viniste.
30’Entonces esta será la señal para ti, Ezequías: Este año ustedes comerán lo que crezca espontáneamente; el segundo año lo que nazca de por sí, y en el tercer año siembren, sieguen, planten viñas y coman su fruto. 31El remanente de la casa de Judá que se salve, echará de nuevo raíces por debajo y dará fruto por arriba. 32Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sión sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto’ ” ».
33«Por tanto, así dice el Señor acerca del rey de Asiria: “Él no entrará en esta ciudad ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo ni levantará terraplén contra ella. 34Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad”, declara el Señor. 35“Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a Mí mismo y por amor a Mi siervo David” ».
36Y salió el ángel del Señor e hirió a 185,000 en el campamento de los asirios. Cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveres. 37Entonces Senaquerib, rey de Asiria, partió y regresó a su tierra, y habitó en Nínive. 38Y mientras él adoraba en la casa de su dios Nisroc, sus hijos Adramelec y Sarezaer lo mataron a espada y huyeron a la tierra de Ararat. Y su hijo Esar Hadón reinó en su lugar.

Isaías 38

1En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías, hijo de Amoz, y le dijo: «Así dice el Señor: “Pon tu casa en orden, porque vas a morir y no vivirás” ». 2Entonces Ezequías volvió su rostro hacia la pared y oró al Señor: 3«Te ruego, oh Señor, que te acuerdes ahora de cómo yo he andado delante de Ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante Tus ojos». Y Ezequías lloró amargamente.
4Entonces la palabra del Señor vino a Isaías: 5«Ve y dile a Ezequías: “Así dice el Señor, Dios de tu padre David: ‘He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; voy a añadir quince años a tus días. 6Y te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y defenderé esta ciudad’ ” ». 7Esta será para ti la señal del Señor, de que el Señor hará lo que ha dicho: 8«Haré que la sombra que ha descendido con el sol en las gradas de Acaz, vuelva atrás diez grados». Y la sombra del sol retrocedió diez grados en las gradas por las que había descendido.
9 Este es el escrito de Ezequías, rey de Judá, cuando enfermó y sanó de su enfermedad:
10Yo dije: «A la mitad de mis días
He de entrar por las puertas del Seol;
Se me priva del resto de mis años».
11Dije: «No veré más al Señor,
Al Señor en la tierra de los vivientes.
No veré más hombre alguno entre los habitantes del mundo.
12-»Como tienda de pastor, mi morada es arrancada y alejada de mí;
Como un tejedor enrollé mi vida.
Del telar, Él me cortó;
Del día a la noche acabas conmigo.
13-»Sosegué mi alma hasta la mañana.
Como león, Él rompe todos mis huesos;
Del día a la noche, acabas conmigo.
14-»Como una golondrina, como una grulla, así me quejo,
Gimo como una paloma.
Mis ojos miran ansiosamente a las alturas.
Oh Señor, estoy oprimido, sé Tú mi ayudador.
15¶»¿Qué diré?
Pues Él me ha hablado y Él mismo lo ha hecho.
Andaré errante todos mis años a causa de la amargura de mi alma.
16-»Oh Señor, por estas cosas viven los hombres,
Y en todas ellas está la vida de mi espíritu.
Restabléceme la salud y haz que viva.
17-»Por causa de mi bienestar tuve gran amargura.
Eres Tú quien ha guardado mi alma del abismo de la nada,
Porque echaste tras Tus espaldas todos mis pecados.
18-»Pues el Seol no te expresa gratitud,
Ni la muerte te alaba.
Los que descienden a la fosa no pueden esperar Tu fidelidad.
19-»El que vive, el que vive es el que te da gracias, como yo lo hago hoy.
El padre cuenta a sus hijos Tu fidelidad.
20-»El Señor me salvará;
Y tocaremos mis canciones en instrumentos de cuerda
Todos los días de nuestra vida en la casa del Señor».
21Isaías había dicho: «Que tomen una masa de higos y la pongan en la llaga para que se recupere». 22Entonces Ezequías había preguntado: «¿Cuál será la señal de que subiré a la casa del Señor?».

Mateo 8

1Cuando Jesús bajó del monte, grandes multitudes lo seguían. 2Y se acercó un leproso y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». 3Extendiendo Jesús la mano, lo tocó, diciendo: «Quiero; sé limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. 4Entonces Jesús le dijo*: «Mira, no se lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio a ellos».
5Al entrar Jesús en Capernaúm, se acercó un centurión y le suplicó: 6«Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, sufriendo mucho».
7Y Jesús le dijo*: «Yo iré y lo sanaré». 8Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado quedará sano. 9Porque yo también soy hombre bajo autoridad, con soldados a mis órdenes; y digo a este: “Ve”, y va; y al otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace».
10Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad les digo que en Israel no he hallado en nadie una fe tan grande. 11Y les digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos. 12Pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes».
13Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete; así como has creído, te sea hecho». Y el criado fue sanado en esa misma hora.
14Cuando Jesús llegó a casa de Pedro, vio a la suegra de este que estaba en cama con fiebre. 15Le tocó la mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó y le servía.
16Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; y expulsó a los espíritus con Su palabra, y sanó a todos los que estaban enfermos, 17para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo: «Él tomó nuestras flaquezas y llevó nuestras enfermedades».
18Viendo Jesús una multitud a Su alrededor, dio orden de pasar al otro lado del mar. 19Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». 20Jesús le respondió*: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». 21Otro de los discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre». 22Pero Jesús le contestó*: «Ven tras Mí, y deja que los muertos entierren a sus muertos».
23Cuando entró Jesús en la barca, Sus discípulos lo siguieron. 24Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar de Galilea, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. 25Llegándose a Él, lo despertaron, diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
26Y Él les contestó*: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Entonces Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. 27Los hombres se maravillaron, y decían: «¿Quién es Este, que aun los vientos y el mar lo obedecen?».
28Al llegar Jesús al otro lado, a la tierra de los gadarenos, fueron a Su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, violentos en extremo, de manera que nadie podía pasar por aquel camino. 29Y gritaron: «¿Qué hay entre Tú y nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes del tiempo?».
30A cierta distancia de ellos estaba paciendo una manada de muchos cerdos; 31y los demonios le rogaban: «Si vas a echarnos fuera, mándanos a la manada de cerdos». 32«¡Vayan!», les dijo Jesús. Y ellos salieron y entraron en los cerdos; y la manada entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas.
33Los que cuidaban la manada huyeron; y fueron a la ciudad y lo contaron todo, incluso lo de los endemoniados. 34Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando lo vieron, lerogaron que se fuera de su región.

Salmo 118

1Den gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordia.
2Diga ahora Israel:
«Para siempre es Su misericordia».
3Diga ahora la casa de Aarón:
«Para siempre es Su misericordia».
4Digan ahora los que temen al Señor:
«Para siempre es Su misericordia».
5¶En medio de mi angustia invoqué al Señor;
El Señor me respondió y me puso en un lugar espacioso.
6El Señor está a mi favor; no temeré.
¿Qué puede hacerme el hombre?
7El Señor está por mí entre los que me ayudan;
Por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecen.
8Es mejor refugiarse en el Señor
Que confiar en el hombre.
9Es mejor refugiarse en el Señor
Que confiar en príncipes.
10¶Todas las naciones me rodearon;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
11Me rodearon, sí, me rodearon;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
12Me rodearon como abejas;
Fueron extinguidas como fuego de espinos;
En el nombre del Señor ciertamente las destruí.
13Me empujaste con violencia para que cayera,
Pero el Señor me ayudó.
14El Señor es mi fortaleza y mi canción,
Y ha sido salvación para mí.
15¶Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos;
La diestra del Señor hace proezas.
16La diestra del Señor es exaltada;
La diestra del Señor hace proezas.
17No moriré, sino que viviré,
Y contaré las obras del Señor.
18El Señor me ha reprendido severamente,
Pero no me ha entregado a la muerte.
19¶Ábranme las puertas de la justicia;
Entraré por ellas y daré gracias al Señor.
20Esta es la puerta del Señor;
Los justos entrarán por ella.
21Te daré gracias porque me has respondido,
Y has sido mi salvación.
22¶La piedra que desecharon los edificadores
Ha venido a ser la piedra principal del ángulo.
23Obra del Señor es esto;
Admirable a nuestros ojos.
24Este es el día que el Señor ha hecho;
Regocijémonos y alegrémonos en él.
25Te rogamos, oh Señor, sálvanos ahora;
Te rogamos, oh Señor, prospéranos ahora.
26Bendito el que viene en el nombre del Señor;
Desde la casa del Señor los bendecimos.
27El Señor es Dios y nos ilumina;
Aten el sacrificio de la fiesta con cuerdas a los cuernos del altar.
28Tú eres mi Dios, y te doy gracias;
Tú eres mi Dios, y yo te exalto.
29Den gracias al Señor, porque Él es bueno;
Porque para siempre es Su misericordia.

Proverbios 20

1El vino es provocador, la bebida fuerte alborotadora,
Y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio.
2Como rugido de león es el furor del rey,
El que lo provoca a ira pone en peligro su propia vida.
3Es honra para el hombre evitar las discusiones,
Pero cualquier necio se enredará en ellas.
4Desde el otoño, el perezoso no ara,
Así que pide durante la cosecha, pero no hay nada.
5 Como aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre,
Y el hombre de entendimiento lo sacará.
6Muchos hombres proclaman su propia lealtad,
Pero un hombre digno de confianza, ¿quién lo hallará?
7El justo anda en su integridad;
¡Cuán dichosos son sus hijos después de él!
8El rey que se sienta sobre el trono del juicio,
Disipa con sus ojos todo mal.
9¿Quién puede decir: «Yo he limpiado mi corazón,
Limpio estoy de mi pecado»?
10Pesas desiguales y medidas desiguales,
Ambas cosas son abominables al Señor.
11Aun por sus hechos un muchacho se da a conocer
Si su conducta es pura y recta.
12El oído que oye y el ojo que ve,
Ambos los ha hecho el Señor.
13No ames el sueño, no sea que te empobrezcas;
Abre tus ojos y te saciarás de pan.
14«Malo, malo», dice el comprador,
Pero cuando se marcha, entonces se jacta.
15Hay oro y abundancia de joyas,
Pero cosa más preciosa son los labios con conocimiento.
16Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por los extranjeros.
17El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre,
Pero después su boca se llenará de grava.
18Los proyectos con consejo se preparan,
Y con dirección sabia se hace la guerra.
19El que anda murmurando revela secretos,
Por tanto, no te asocies con el chismoso.
20Al que maldice a su padre o a su madre,
Se le apagará su lámpara en medio de las tinieblas.
21La herencia adquirida de prisa al principio,
No será bendecida al final.
22No digas: «Yo pagaré mal por mal»;
Espera en el Señor, y Él te salvará.
23Pesas desiguales son abominación al Señor,
Y no está bien usar una balanza falsa.
24Por el Señor son ordenados los pasos del hombre,
¿Cómo puede, pues, el hombre entender su camino?
25Lazo es para el hombre decir a la ligera: «Es santo»,
Y después de los votos investigar.
26El rey sabio avienta a los impíos,
Y hace pasar la rueda de trillar sobre ellos.
27Lámpara del Señor es el espíritu del hombre
Que escudriña lo más profundo de su ser.
28Lealtad y verdad guardan al rey,
Y por la justicia sostiene su trono.
29La gloria de los jóvenes es su fuerza,
Y la honra de los ancianos, sus canas.
30Los azotes que hieren limpian del mal,
Y los golpes llegan a lo más profundodel cuerpo.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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