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Día 269 de 365 · 26 de septiembre

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Isaías 39

1En aquel tiempo Merodac Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un regalo a Ezequías porque oyó que había estado enfermo y se había recuperado. 2Se alegró por ello Ezequías y les mostró la casa de su tesoro: la plata y el oro, las especias y el aceite precioso, todo su arsenal y todo lo que se hallaba en sus tesoros. No hubo nada en su casa ni en todo su dominio que Ezequías no les mostrara.
3Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le preguntó: «¿Qué han dicho esos hombres y de dónde han venido a ti?». Y Ezequías respondió: «Han venido a mí de un país lejano, de Babilonia». 4«¿Qué han visto en tu casa?», preguntó el profeta. «Han visto todo lo que hay en mi casa», respondió Ezequías; «no hay nada entre mis tesoros que yo no les haya mostrado».
5Entonces Isaías dijo a Ezequías: «Oye la palabra del Señor de los ejércitos: 6“Ciertamente vienen días cuando todo lo que hay en tu casa y todo lo que tus padres han atesorado hasta el día de hoy, será llevado a Babilonia; nada quedará”, dice el Señor. 7“Y algunos de tus hijos que saldrán de ti, los que engendrarás, serán llevados y serán oficiales para servir en el palacio del rey de Babilonia” ». 8Entonces Ezequías dijo a Isaías: «La palabra del Señor que has hablado es buena». Pues pensaba: «Habrá paz y seguridaden mis días».

Isaías 40

1«Consuelen, consuelen a Mi pueblo», dice su Dios.
2«Hablen al corazón de Jerusalén
Y díganle a voces que su lucha ha terminado,
Que su iniquidad ha sido quitada,
Que ha recibido de la mano del Señor
El doble por todos sus pecados».
3¶Una voz clama:
«Preparen en el desierto camino al Señor;
Allanen en la soledad calzada para nuestro Dios.
4-»Todo valle sea elevado,
Y bajado todo monte y collado;
Vuélvase llano el terreno escabroso,
Y lo abrupto, ancho valle.
5-»Entonces será revelada la gloria del Señor,
Y toda carne a una la verá,
Pues la boca del Señor ha hablado».
6Una voz dijo: «Clama».
Entonces él respondió: «¿Qué he de clamar?».
Que toda carne es como la hierba, y todo su esplendor es como la flor del campo.
7Se seca la hierba, se marchita la flor
Cuando el aliento del Señor sopla sobre ella;
En verdad el pueblo es hierba.
8Se seca la hierba, se marchita la flor,
Pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
9¶Súbete a un alto monte,
Oh Sión, portadora de buenas nuevas.
Levanta con fuerza tu voz,
Oh Jerusalén, portadora de buenas nuevas;
Levántala, no temas.
Dile a las ciudades de Judá:
«Aquí está su Dios».
10Miren, el Señor Dios vendrá con poder,
Y Su brazo gobernará por Él.
Con Él está Su galardón,
Y Su recompensa delante de Él.
11Como pastor apacentará Su rebaño,
En Su brazo recogerá los corderos,
Y en Su seno los llevará;
Guiará con cuidado a las recién paridas.
12¶¿Quién midió las aguas en el hueco de Su mano,
Y con Su palmo tomó la medida de los cielos,
O con un tercio de medida calculó el polvo de la tierra?
¿Quién pesó los montes con la báscula,
Y las colinas con la balanza?
13¿Quién guió al Espíritu del Señor,
O como consejero suyo le enseñó?
14¿A quién pidió consejo y quién le dio entendimiento?
¿Quién lo instruyó en la senda de la justicia, le enseñó conocimiento,
Y le mostró el camino de la inteligencia?
15Las naciones le son como gota en un cubo,
Y son estimadas como grano de polvo en la balanza.
Él levanta las islas como al polvo fino.
16El Líbano no basta para el fuego,
Ni bastan sus bestias para el holocausto.
17Todas las naciones ante Él son como nada,
Menos que nada e insignificantes son consideradas por Él.
18¶¿A quién, pues, asemejarán a Dios,
O con qué semejanza lo compararán?
19El artífice funde el ídolo,
El orfebre lo recubre de oro
Y el platero le hace cadenas de plata.
20El que es muy pobre para tal ofrenda
Escoge un árbol que no se pudra;
Se busca un hábil artífice
Para erigir un ídolo que no se tambalee.
21¶¿No saben? ¿No han oído?
¿No se lo han anunciado desde el principio?
¿No lo han entendido desde la fundación de la tierra?
22 Él es el que está sentado sobre la redondez de la tierra,
Cuyos habitantes son como langostas.
Él es el que extiende los cielos como una cortina
Y los despliega como una tienda para morar.
23 Él es el que reduce a la nada a los gobernantes,
Y hace insignificantes a los jueces de la tierra.
24Apenas han sido plantados,
Apenas han sido sembrados,
Apenas ha arraigado en la tierra su tallo,
Cuando Él sopla sobre ellos, se secan,
Y la tempestad como hojarasca se los lleva.
25«¿A quién, pues, ustedes me harán semejante
Para que Yo sea su igual?» dice el Santo.
26Alcen a lo alto sus ojos
Y vean quién ha creado estos astros:
El que hace salir en orden a su ejército,
Y a todos llama por su nombre.
Por la grandeza de Su fuerza y la fortaleza de Su poder
No falta ni uno.
27¶¿Por qué dices, Jacob, y afirmas, Israel:
«Escondido está mi camino del Señor,
Y mi derecho pasa inadvertido a mi Dios?».
28¿Acaso no lo sabes? ¿Es que no lo has oído?
El Dios eterno, el Señor, el creador de los confines de la tierra
No se fatiga ni se cansa.
Su entendimiento es inescrutable.
29Él da fuerzas al fatigado,
Y al que no tiene fuerzas, aumenta el vigor.
30Aun los mancebos se fatigan y se cansan,
Y los jóvenes tropiezan y vacilan,
31Pero los que esperan en el Señor
Renovarán sus fuerzas.
Se remontarán con alas como las águilas,
Correrán y no se cansarán,
Caminarán y no se fatigarán.

Mateo 9

1Subiendo Jesús en una barca, pasó al otro lado del mar y llegó a Su ciudad. 2Y le trajeron un paralítico echado en una camilla; y Jesús, viendo la fe de ellos, dijo al paralítico: «Anímate, hijo, tus pecados te son perdonados». 3Y algunos de los escribas decían para sí: «Este blasfema». 4Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? 5Porque, ¿qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, y anda”? 6Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», entonces dijo* al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
7Y levantándose, el paralítico se fue a su casa. 8Pero cuando las multitudes vieron esto, sintieron temor, y glorificaron a Dios, que había dado tal poder a los hombres.
9Cuando Jesús se fue de allí, vio a un hombre llamado Mateo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: «¡Ven tras Mí!». Y levantándose, lo siguió.
10Y estando Él sentado a la mesa en la casa, muchos recaudadores de impuestos y pecadores llegaron y se sentaron a la mesa con Jesús y Sus discípulos. 11Cuando los fariseos vieron esto, dijeron a Sus discípulos: «¿Por qué come su Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?».
12Al oír Jesús esto, dijo: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 13Pero vayan, y aprendan lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
14Entonces los discípulos de Juan se acercaron* a Jesús, diciendo: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero Tus discípulos no ayunan?». 15Y Jesús les respondió: «¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán. 16Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. 17Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan».
18Mientras Jesús les decía estas cosas, vino un oficial de la sinagoga y se postró delante de Él, diciendo: «Mi hija acaba de morir; pero ven y pon Tu mano sobre ella, y vivirá». 19Levantándose Jesús, lo siguió, y también Sus discípulos. 20Y una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de Su manto; 21pues decía para sí: «Si tan solo toco Su manto, sanaré». 22Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: «Hija, ten ánimo, tu fe te ha sanado». Y al instante la mujer quedó sana.
23Cuando Jesús entró en la casa del oficial, y vio a los flautistas y al gentío en ruidoso desorden, 24les dijo: «Retírense, porque la niña no ha muerto, sino que está dormida». Y se burlaban de Él. 25Pero cuando habían echado fuera a la gente, Él entró y la tomó de la mano; y la niña se levantó. 26Y esta noticia se difundió por toda aquella tierra.
27Al irse Jesús de allí, dos ciegos lo siguieron, gritando: «¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». 28Después de entrar en la casa, se acercaron a Él los ciegos, y Jesús les dijo*: «¿Creen que puedo hacer esto?». «Sí, Señor», le respondieron*. 29Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Hágase en ustedes según su fe». 30Y se les abrieron los ojos. Y Jesús les advirtió rigurosamente: «Miren que nadie lo sepa». 31Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron Su fama por toda aquella tierra.
32Al salir ellos de allí, le trajeron un mudo endemoniado. 33Después que el demonio había sido expulsado, el mudo habló; y las multitudes se maravillaban, y decían: «Jamás se ha visto cosa igual en Israel». 34Pero los fariseos decían: «Él echa fuera los demonios por el príncipe de los demonios».
35Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. 36Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor. 37Entonces dijo* a Sus discípulos: «La cosecha es mucha, pero los obreros pocos. 38Por tanto, pidan al Señor de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha».

Salmo 119

1¡Cuán bienaventurados son los de camino perfecto,
Los que andan en la ley del Señor!
2¡Cuán bienaventurados son los que guardan Sus testimonios,
Y con todo el corazón lo buscan!
3No cometen iniquidad,
Sino que andan en Sus caminos.
4Tú has ordenado Tus preceptos,
Para que los guardemos con diligencia.
5¡Ojalá mis caminos sean afirmados
Para guardar Tus estatutos!
6Entonces no seré avergonzado,
Al considerar todos Tus mandamientos.
7Con rectitud de corazón te daré gracias,
Al aprender Tus justos juicios.
8Tus estatutos guardaré;
No me dejes en completo desamparo.
9¶¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?
Guardando Tu palabra.
10Con todo mi corazón te he buscado;
No dejes que me desvíe de Tus mandamientos.
11En mi corazón he atesorado Tu palabra,
Para no pecar contra Ti.
12Bendito Tú, oh Señor;
Enséñame Tus estatutos.
13He contado con mis labios
De todas las ordenanzas de Tu boca.
14Me he gozado en el camino de Tus testimonios,
Más que en todas las riquezas.
15Meditaré en Tus preceptos,
Y consideraré Tus caminos.
16Me deleitaré en Tus estatutos,
Y no olvidaré Tu palabra.
17¶Favorece a Tu siervo,
Para que viva y guarde Tu palabra.
18Abre mis ojos, para que vea
Las maravillas de Tu ley.
19Peregrino soy en la tierra,
No escondas de mí Tus mandamientos.
20Quebrantada está mi alma anhelando
Tus ordenanzas en todo tiempo.
21Tú reprendes a los soberbios, los malditos,
Que se desvían de Tus mandamientos.
22Quita de mí el oprobio y el desprecio,
Porque yo guardo Tus testimonios.
23Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí,
Tu siervo medita en Tus estatutos.
24También Tus testimonios son mi deleite;
Ellos son mis consejeros.
25¶Postrada está mi alma en el polvo;
Vivifícame conforme a Tu palabra.
26De mis caminos te conté, y Tú me has respondido;
Enséñame Tus estatutos.
27Hazme entender el camino de Tus preceptos,
Y meditaré en Tus maravillas.
28De tristeza llora mi alma;
Fortaléceme conforme a Tu palabra.
29Quita de mí el camino de la mentira,
Y en Tu bondad concédeme Tu ley.
30He escogido el camino de la verdad;
He puesto Tus ordenanzas delante de mí.
31Me apego a Tus testimonios;
Señor, no me avergüences.
32Por el camino de Tus mandamientos correré,
Porque Tú ensancharás mi corazón.
33¶Enséñame, oh Señor, el camino de Tus estatutos,
Y lo guardaré hasta el fin.
34Dame entendimiento para que guarde Tu ley
Y la cumpla de todo corazón.
35Hazme andar por la senda de Tus mandamientos,
Porque en ella me deleito.
36Inclina mi corazón a Tus testimonios
Y no a la ganancia deshonesta.
37Aparta mis ojos de mirar la vanidad,
Y vivifícame en Tus caminos.
38Confirma a Tu siervo Tu palabra,
Que inspira reverencia por Ti.
39Quita de mí el oprobio que me causa temor,
Porque Tus juicios son buenos.
40Yo anhelo Tus preceptos;
Vivifícame por Tu justicia.
41¶Venga también a mí Tu misericordia, oh Señor,
Tu salvación, conforme a Tu palabra.
42Así tendré respuesta para el que me afrenta,
Pues confío en Tu palabra.
43No quites jamás de mi boca la palabra de verdad,
Porque yo espero en Tus ordenanzas.
44Así que guardaré continuamente Tu ley,
Para siempre y eternamente.
45Y andaré en libertad,
Porque busco Tus preceptos.
46Hablaré también de Tus testimonios delante de reyes,
Y no me avergonzaré.
47Me deleitaré en Tus mandamientos,
Los cuales amo.
48Levantaré mis manos a Tus mandamientos,
Los cuales amo,
Y meditaré en Tus estatutos.
49¶Acuérdate de la palabra dada a Tu siervo,
En la cual me has hecho esperar.
50Este es mi consuelo en la aflicción:
Que Tu palabra me ha vivificado.
51Los soberbios me insultaron en gran manera,
Sin embargo, no me he apartado de Tu ley.
52Me acuerdo de Tus ordenanzas antiguas, oh Señor,
Y me consuelo.
53Profunda indignación se ha apoderado de mí por causa de los impíos
Que abandonan Tu ley.
54Cánticos para mí son Tus estatutos
En la casa de mi peregrinación.
55Por la noche me acuerdo de Tu nombre, oh Señor,
Y guardo Tu ley.
56Esto se ha hecho parte de mí:
Guardar Tus preceptos.
57¶El Señor es mi porción;
He prometido guardar Tus palabras.
58Supliqué Tu favor con todo mi corazón;
Ten piedad de mí conforme a Tu promesa.
59Consideré mis caminos,
Y volví mis pasos a Tus testimonios.
60Me apresuré y no me tardé
En guardar Tus mandamientos.
61Los lazos de los impíos me han rodeado,
Pero no me he olvidado de Tu ley.
62A medianoche me levantaré para dar gracias a Ti
Por Tus justas ordenanzas.
63Compañero soy de todos los que te temen,
Y de los que guardan Tus preceptos.
64La tierra, oh Señor, está llena de Tu misericordia;
Enséñame Tus estatutos.
65¶Bien has obrado con Tu siervo,
Oh Señor, conforme a Tu palabra.
66Enséñame buen juicio y conocimiento,
Pues creo en Tus mandamientos.
67Antes que fuera afligido, yo me descarrié,
Pero ahora guardo Tu palabra.
68Bueno eres Tú, y bienhechor;
Enséñame Tus estatutos.
69Los soberbios han forjado mentira contra mí,
Pero de todo corazón guardaré Tus preceptos.
70Su corazón está cubierto de grasa,
Pero yo me deleito en Tu ley.
71Bueno es para mí ser afligido,
Para que aprenda Tus estatutos.
72Mejor es para mí la ley de Tu boca
Que millares de monedas de oro y de plata.
73¶Tus manos me hicieron y me formaron;
Dame entendimiento para que aprenda Tus mandamientos.
74Que los que te temen, me vean y se alegren,
Porque espero en Tu palabra.
75Yo sé, Señor, que Tus juicios son justos,
Y que en Tu fidelidad me has afligido.
76Sea ahora Tu misericordia para consuelo mío,
Conforme a Tu promesa dada a Tu siervo.
77Venga a mí Tu compasión, para que viva,
Porque Tu ley es mi deleite.
78Sean avergonzados los soberbios, porque me agravian con mentira;
Pero yo en Tus preceptos meditaré.
79Vuélvanse a mí los que te temen
Y conocen Tus testimonios.
80Sea íntegro mi corazón en Tus estatutos,
Para que yo no sea avergonzado.
81¶Mi alma desfallece por Tu salvación;
En Tu palabra espero.
82Mis ojos desfallecen esperando Tu palabra,
Mientras digo: «¿Cuándo me consolarás?».
83Aunque he llegado a ser como odre al humo,
No me olvido de Tus estatutos.
84¿Cuántos son los días de Tu siervo?
¿Cuándo harás juicio contra mis perseguidores?
85Fosas me han cavado los soberbios,
Los que no están de acuerdo con Tu ley.
86Todos Tus mandamientos son fieles;
Con mentira me han perseguido; ¡ayúdame!
87Casi me destruyen en la tierra,
Pero yo no abandoné Tus preceptos.
88Vivifícame conforme a Tu misericordia,
Para que guarde el testimonio de Tu boca.
89¶Para siempre, oh Señor,
Tu palabra está firme en los cielos.
90Tu fidelidad permanece por todas las generaciones;
Tú estableciste la tierra, y ella permanece.
91Por Tus ordenanzas permanecen hasta hoy,
Pues todas las cosas te sirven.
92Si Tu ley no hubiera sido mi deleite,
Entonces habría perecido en mi aflicción.
93Jamás me olvidaré de Tus preceptos,
Porque por ellos me has vivificado.
94Tuyo soy, Señor, sálvame,
Pues Tus preceptos he buscado.
95Los impíos me esperan para destruirme;
Tus testimonios consideraré.
96He visto un límite a toda perfección;
Tu mandamiento es sumamente amplio.
97¶¡Cuánto amo Tu ley!
Todo el día es ella mi meditación.
98Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos,
Porque son míos para siempre.
99Tengo más discernimiento que todos mis maestros,
Porque Tus testimonios son mi meditación.
100Entiendo más que los ancianos,
Porque Tus preceptos he guardado.
101De todo mal camino he refrenado mis pies,
Para guardar Tu palabra.
102No me he desviado de Tus ordenanzas,
Porque Tú me has enseñado.
103¡Cuán dulces son a mi paladar Tus palabras!,
Sí, más que la miel a mi boca.
104De Tus preceptos recibo entendimiento,
Por tanto aborrezco todo camino de mentira.
105¶Lámpara es a mis pies Tu palabra,
Y luz para mi camino.
106He jurado, y lo confirmaré,
Que guardaré Tus justas ordenanzas.
107Estoy profundamente afligido;
Señor, vivifícame conforme a Tu palabra.
108Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh Señor,
Y enséñame Tus ordenanzas.
109En peligro continuo está mi vida,
Con todo, no me olvido de Tu ley.
110Los impíos me han tendido lazo,
Pero no me he desviado de Tus preceptos.
111Tus testimonios he tomado como herencia para siempre,
Porque son el gozo de mi corazón.
112He inclinado mi corazón para cumplir Tus estatutos
Por siempre, y hasta el fin.
113¶Aborrezco a los hipócritas,
Pero amo Tu ley.
114Tú eres mi escondedero y mi escudo;
En Tu palabra espero.
115Apártense de mí, malhechores,
Para que guarde yo los mandamientos de mi Dios.
116Sostenme conforme a Tu promesa, para que viva,
Y no dejes que me avergüence de mi esperanza.
117Sostenme, para estar seguro,
Y que continuamente preste atención a Tus estatutos.
118Has rechazado a todos los que se desvían de Tus estatutos,
Porque su engaño es en vano.
119 Como basura has quitado de la tierra a todos los impíos,
Por tanto amo Tus testimonios.
120Mi carne se estremece por temor a Ti,
Y de Tus juicios tengo miedo.
121¶He practicado el juicio y la justicia;
No me abandones a mis opresores.
122Sé fiador de Tu siervo para bien;
Que no me opriman los soberbios.
123Desfallecen mis ojos por Tu salvación
Y por la promesa de Tu justicia.
124Haz con Tu siervo según Tu misericordia
Y enséñame Tus estatutos.
125Yo soy Tu siervo, dame entendimiento
Para que conozca Tus testimonios.
126Es tiempo de que actúe el Señor,
Porque han quebrantado Tu ley.
127Por tanto, amo Tus mandamientos
Más que el oro, sí, más que el oro fino.
128Por tanto, estimo rectos todos Tus preceptos acerca de todas las cosas,
Y aborrezco todo camino de mentira.
129¶Maravillosos son Tus testimonios,
Por lo que los guarda mi alma.
130La exposición de Tus palabras imparte luz;
Da entendimiento a los sencillos.
131Abrí mi boca y suspiré,
Porque anhelaba Tus mandamientos.
132Vuélvete a mí y tenme piedad,
Como acostumbras con los que aman Tu nombre.
133Afirma mis pasos en Tu palabra,
Y que ninguna iniquidad me domine.
134Rescátame de la opresión del hombre,
Para que yo guarde Tus preceptos.
135Haz resplandecer Tu rostro sobre Tu siervo,
Y enséñame Tus estatutos.
136Ríos de lágrimas vierten mis ojos,
Porque ellos no guardan Tu ley.
137¶Justo eres Tú, Señor,
Y rectos Tus juicios.
138Has ordenado Tus testimonios con justicia,
Y con suma fidelidad.
139Mi celo me ha consumido,
Porque mis adversarios han olvidado Tus palabras.
140Es muy pura Tu palabra,
Y Tu siervo la ama.
141Pequeño soy, y despreciado,
Pero no me olvido de Tus preceptos.
142Tu justicia es justicia eterna,
Y Tu ley verdad.
143Angustia y aflicción han venido sobre mí,
Pero Tus mandamientos son mi deleite.
144Tus testimonios son justos para siempre;
Dame entendimiento para que yo viva.
145¶He clamado con todo mi corazón; ¡respóndeme, Señor!
Guardaré Tus estatutos.
146A Ti clamé; sálvame,
Y guardaré Tus testimonios.
147Me anticipo al alba y clamo;
En Tus palabras espero.
148Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche,
Para meditar en Tu palabra.
149Oye mi voz conforme a Tu misericordia;
Vivifícame, oh Señor, conforme a Tus ordenanzas.
150Se me acercan los que siguen la maldad;
Lejos están de Tu ley.
151Tú estás cerca, Señor,
Y todos Tus mandamientos son verdad.
152Desde hace tiempo he sabido de Tus testimonios,
Que para siempre los has fundado.
153¶Mira mi aflicción y líbrame,
Porque no me olvido de Tu ley.
154Defiende mi causa y redímeme;
Vivifícame conforme a Tu palabra.
155Lejos está de los impíos la salvación,
Porque no buscan Tus estatutos.
156Muchas son, oh Señor, Tus misericordias;
Vivifícame conforme a Tus ordenanzas.
157Muchos son mis perseguidores y mis adversarios,
Pero yo no me aparto de Tus testimonios.
158Veo a los malvados y me repugnan,
Porque no guardan Tu palabra.
159Mira cuánto amo Tus preceptos;
Vivifícame, Señor, conforme a Tu misericordia.
160La suma de Tu palabra es verdad,
Y eterna cada una de Tus justas ordenanzas.
161¶Príncipes me persiguen sin causa,
Pero mi corazón teme Tus palabras.
162Me regocijo en Tu palabra,
Como quien halla un gran botín.
163Aborrezco y desprecio la mentira,
Pero amo Tu ley.
164Siete veces al día te alabo,
A causa de Tus justas ordenanzas.
165Mucha paz tienen los que aman Tu ley,
Y nada los hace tropezar.
166Espero Tu salvación, Señor,
Y cumplo Tus mandamientos.
167Mi alma guarda Tus testimonios,
Y en gran manera los amo.
168Guardo Tus preceptos y Tus testimonios,
Porque todos mis caminos están delante de Ti.
169¶Que llegue mi clamor ante Ti, Señor;
Conforme a Tu palabra dame entendimiento.
170Llegue mi súplica delante de Ti;
Líbrame conforme a Tu palabra.
171Que profieran mis labios alabanzas,
Pues Tú me enseñas Tus estatutos.
172Que cante mi lengua de Tu palabra,
Porque todos Tus mandamientos son justicia.
173Que esté pronta Tu mano a socorrerme,
Porque Tus preceptos he escogido.
174Anhelo Tu salvación, Señor,
Y Tu ley es mi deleite.
175Que viva mi alma para alabarte,
Y que Tus ordenanzas me ayuden.
176Me he descarriado como oveja perdida; busca a Tu siervo,
Porque no me olvido de Tus mandamientos.

Proverbios 21

1 Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor;
Él lo dirige donde le place.
2Todo camino del hombre es recto ante sus ojos,
Pero el Señor sondea los corazones.
3El hacer justicia y derecho
Es más deseado por el Señor que el sacrificio.
4Los ojos altivos y el corazón arrogante,
Y la lámpara de los impíos son pecado.
5Los proyectos del diligente ciertamente son ventaja,
Pero todo el que se apresura, ciertamente llega a la pobreza.
6Conseguir tesoros con lengua mentirosa
Es un vapor fugaz, es buscar la muerte.
7La violencia de los impíos los arrastrará,
Porque se niegan a obrar con justicia.
8Torcido es el camino del pecador
Mas el proceder del limpio es recto.
9Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
10El alma del impío desea el mal;
Su prójimo no halla favor a sus ojos.
11Cuando el insolente es castigado, el simple se hace sabio;
Pero cuando se instruye al sabio, adquiere conocimiento.
12El justo observa la casa del impío,
Llevando al impío a la ruina.
13El que cierra su oído al clamor del pobre,
También él clamará y no recibirá respuesta.
14Una dádiva en secreto aplaca la ira,
Y el soborno bajo el manto, el furor violento.
15El cumplimiento de la justicia es gozo para el justo,
Pero terror para los que obran iniquidad.
16El hombre que se aparta del camino del saber
Reposará en la asamblea de los muertos.
17El que ama el placer será pobre;
El que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá.
18El impío es rescate para el justo,
Y el malvado está en lugar de los rectos.
19Mejor es habitar en tierra desierta
Que con mujer rencillosa y molesta.
20Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio,
Pero el necio todo lo disipa.
21El que sigue la justicia y la lealtad
Halla vida, justicia y honor.
22El sabio escala la ciudad de los poderosos
Y derriba la fortaleza en que confiaban.
23El que guarda su boca y su lengua,
Guarda su alma de angustias.
24«Altivo», «arrogante» y «escarnecedor», son los nombres
Del que obra con orgullo insolente.
25El deseo del perezoso lo mata,
Porque sus manos rehúsan trabajar;
26Todo el día codicia,
Mientras el justo da y nada retiene.
27El sacrificio de los impíos es abominación,
Cuánto más trayéndolo con mala intención.
28El testigo falso perecerá,
Pero el hombre que escucha la verdad, hablará siempre.
29El hombre impío muestra audacia en su rostro,
Pero el recto asegura su camino.
30No vale sabiduría, ni entendimiento,
Ni consejo, ante el Señor.
31Se prepara al caballo para el día de la batalla,
Pero la victoria es del Señor.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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