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Día 273 de 365 · 30 de septiembre

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Isaías 47

1»Desciende y siéntate en el polvo,
Virgen hija de Babilonia.
Siéntate en la tierra, sin trono,
Hija de los caldeos,
Porque nunca más serás llamada tierna y delicada.
2-»Toma las piedras de molino y muele la harina.
Quítate el velo, despójate de la falda,
Descubre tus piernas, pasa los ríos.
3-»Será descubierta tu desnudez,
También será expuesta tu vergüenza.
Tomaré venganza y no perdonaré a hombre alguno».
4Nuestro Redentor, el Señor de los ejércitos es Su nombre,
El Santo de Israel.
5«Siéntate en silencio y entra en las tinieblas,
Hija de los caldeos,
Porque nunca más te llamarán
Soberana de reinos.
6-»Estaba enojado contra Mi pueblo,
Profané Mi heredad
Y en tu mano los entregué.
No les mostraste compasión,
Sobre el anciano hiciste muy pesado tu yugo,
7Y dijiste: “Seré soberana para siempre”.
No consideraste esto en tu corazón,
Ni te acordaste de su resultado.
8¶»Ahora pues, oye esto, voluptuosa,
Tú que moras confiadamente,
Que dices en tu corazón:
“Yo, y nadie más.
No me quedaré viuda,
Ni sabré de pérdida de hijos”.
9-»Pero estas dos cosas vendrán de repente sobre ti en un mismo día:
Pérdida de hijos y viudez.
Vendrán sobre ti en toda su plenitud
A pesar de tus muchas hechicerías,
A pesar del gran poder de tus encantamientos.
10-»Te sentiste segura en tu maldad y dijiste:
“Nadie me ve”.
Tu sabiduría y tu conocimiento te han engañado,
Y dijiste en tu corazón:
“Yo, y nadie más”.
11-»Pero un mal vendrá sobre ti
Que no sabrás impedir;
Caerá sobre ti un desastre
Que no podrás remediar.
Vendrá de repente sobre ti
Una destrucción que no conoces.
12¶»Permanece ahora en tus encantamientos
Y en tus muchas hechicerías
En las cuales te has ocupado desde tu juventud.
Tal vez podrás sacar provecho,
Tal vez causarás temor.
13-»Estás fatigada por los muchos consejos.
Que se levanten ahora los que contemplan los cielos,
Los que profetizan por medio de las estrellas,
Los que pronostican cada luna nueva,
Y te salven de lo que vendrá sobre ti.
14-»Ellos se han vuelto como rastrojo,
El fuego los quema;
No librarán sus vidas del poder de la llama.
No habrá brasas para calentarse,
Ni lumbre ante la cual sentarse.
15-»Así han venido a ser para ti aquellos con quienes has trabajado,
Que han negociado contigo desde tu juventud.
Cada cual vaga por su camino,
No hay nadie que te salve.

Isaías 48

1»Oigan esto, casa de Jacob, los que llevan el nombre de Israel
Y salieron de las entrañas de Judá,
Los que juran por el nombre del Señor
Y hacen mención del Dios de Israel,
Pero no en verdad ni en justicia,
2Aunque llevan el nombre de la ciudad santa,
Y se apoyan en el Dios de Israel,
Cuyo nombre es Señor de los ejércitos.
3-»Las cosas pasadas desde hace tiempo las declaré,
De Mi boca salieron y las proclamé.
De repente actué y se cumplieron.
4-»Por cuanto sé que eres obstinado,
Que tu cuello es tendón de hierro
Y tu frente de bronce,
5Yo, pues, te las declaré desde hace tiempo.
Antes de que sucedieran te las proclamé,
No sea que dijeras: “Mi ídolo las ha hecho,
Y mi imagen tallada o fundida las ha ordenado”.
6Lo has oído; míralo todo.
Y ustedes, ¿no lo declararán?
Desde este momento te hago oír cosas nuevas
Y ocultas que no conocías.
7-»Ahora han sido creadas, y no hace tiempo,
Y antes de hoy no las habías oído,
Para que no digas: “Yo las conocía”.
8-»Sí, tú no las oíste, ni nunca las conociste.
Ciertamente, no habían sido abiertos de antemano tus oídos,
Porque Yo sabía que obrarías con mucha perfidia,
Y rebelde te han llamado desde el seno materno.
9-»Por amor a Mi nombre contengo Mi ira,
Y para Mi alabanza la reprimo contra ti
A fin de no destruirte.
10-»Pues te he purificado, pero no como a plata;
Te he probado en el crisol de la aflicción.
11-»Por amor Mío, por amor Mío, lo haré,
Porque ¿cómo podría ser profanado Mi nombre?
Mi gloria, pues, no la daré a otro.
12¶»Óyeme, Jacob, Israel a quien llamé:
-»Yo soy, Yo soy el primero y también soy el último.
13-»Ciertamente Mi mano fundó la tierra,
Y Mi diestra extendió los cielos;
Cuando los llamo, comparecen juntos.
14-»Congréguense, todos ustedes, y escuchen.
¿Quién de entre ellos ha declarado estas cosas?
El Señor lo ama. Él ejecutará Su voluntad en Babilonia,
Y Su brazo será contra los caldeos.
15-»Yo, Yo he hablado, en verdad lo he llamado,
Lo he traído; y su camino prosperará.
16-»Acérquense a Mí, escuchen esto:
Desde el principio no he hablado en secreto,
Desde el momento en que sucedió, allí estaba Yo.
Y ahora me ha enviado el Señor Dios, y Su Espíritu».
17¶Así dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel:
«Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña para tu beneficio,
Que te conduce por el camino en que debes andar.
18-»¡Si tan solo hubieras atendido a Mis mandamientos!
Entonces habría sido tu paz como un río,
Y tu justicia como las olas del mar.
19-»Sería como la arena tu descendencia,
Y tus hijos como sus granos.
Nunca habría sido cortado ni borrado su nombre de Mi presencia».
20¶Salgan de Babilonia, huyan de los caldeos;
Con voz de júbilo anuncien, proclamen esto,
Publíquenlo hasta los confines de la tierra;
Digan: «El Señor ha redimido a Su siervo Jacob».
21No padecieron sed cuando Él los condujo por los desiertos.
Hizo que brotara agua de la roca para ellos,
Partió la peña, y las aguas corrieron.
22«No hay paz para los malvados», dice el Señor.

Mateo 13

1Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del mar. 2Y se congregaron junto a Él grandes multitudes, por lo que subió a una barca y se sentó; y toda la multitud estaba de pie en la playa.
3Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: «El sembrador salió a sembrar; 4y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. 5Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; 6pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. 8Y otra parte cayó en tierra buena y dio* fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta. 9El que tiene oídos, que oiga».
10Y acercándose los discípulos, dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». 11Jesús les respondió: «Porque a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido. 12Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 13Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14 »Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice:
“Al oír, ustedes oirán, pero no entenderán;
Y viendo verán, pero no percibirán;
15 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible,
Y con dificultad oyen con sus oídos;
Y han cerrado sus ojos;
De otro modo, verían con los ojos,
Oirían con los oídos,
Y entenderían con el corazón,
Y se convertirían,
Y Yo los sanaría”.
16 »Pero dichosos los ojos de ustedes, porque ven, y sus oídos, porque oyen. 17Porque en verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
18 »Ustedes, pues, escuchen la parábola del sembrador. 19A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino. 20Y aquel en quien se sembró la semilla en pedregales, este es el que oye la palabra y enseguida la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz profunda en sí mismo, sino que solo es temporal, y cuando por causa de la palabra viene la aflicción o la persecución, enseguida se aparta de ella. 22Y aquel en quien se sembró la semilla entre espinos, este es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se queda sin fruto. 23Pero aquel en quien se sembró la semilla en tierra buena, este es el que oye la palabra y la entiende; este sí da fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta y otro a treinta por uno».
24Jesús les contó otra parábola: «El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo. 25Pero mientras los hombres dormían, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26Cuando el trigo brotó y produjo grano, entonces apareció también la cizaña. 27Y los siervos del dueño fueron y le dijeron: “Señor, ¿no sembró usted buena semilla en su campo? ¿Cómo, pues, tiene cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo ha hecho esto”. Y los siervos le dijeron*: “¿Quiere, usted, que vayamos y la recojamos?”. 29Pero él dijo*: “No, no sea que al recoger la cizaña, arranquen el trigo junto con ella. 30Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha; y al tiempo de la cosecha diré a los segadores: ‘Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, pero el trigo recójanlo en mi granero’ ” ».
31Otra parábola les contó Jesús: «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo, 32y que de todas las semillas es la más pequeña; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de modo que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».
33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas (39 litros) de harina hasta que todo quedó fermentado».
34Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes, y nada les hablaba sin parábola, 35para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta, cuando dijo:
«Abriré Mi boca en parábolas;
Hablaré de cosas ocultas desde la fundación del mundo».
36Entonces Jesús dejó a la multitud y entró en la casa. Y se acercaron Sus discípulos, diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». 37Jesús les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre, 38y el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno; 39el enemigo que la sembró es el diablo, la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. 40Por tanto, así como la cizaña se recoge y se quema en el fuego, de la misma manera será en el fin del mundo.
41 »El Hijo del Hombre enviará a Sus ángeles, y recogerán de Su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; 42y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. 43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.
44 »El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.
45 »El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, 46y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.
47 »El reino de los cielos también es semejante a una red barredera que se echó en el mar, y recogió peces de toda clase. 48Cuando se llenó, la sacaron a la playa; y se sentaron y recogieron los peces buenos en canastas, pero echaron fuera los malos. 49Así será en el fin del mundo; los ángeles saldrán, y sacarán a los malos de entre los justos, 50y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes.
51 »¿Han entendido ustedes todas estas cosas?». «Sí», le dijeron* ellos. 52Entonces Jesús les dijo: «Por eso todo escriba que se ha convertido en un discípulo del reino de los cielos es semejante al dueño de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas».
53Sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allí. 54Y llegando a Su pueblo, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban y decían: «¿Dónde obtuvo Este tal sabiduría y estos poderes milagrosos? 55¿No es Este el Hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? 56¿No están todas Sus hermanas con nosotros? ¿Dónde, pues, obtuvo Este todas estas cosas?».
57Y se escandalizaban a causa de Él. Pero Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa». 58Y no hizo muchos milagrosallí a causa de la incredulidad de ellos.

Salmo 123

Cántico de ascenso gradual.
1A Ti levanto mis ojos,
¡Oh Tú que reinas en los cielos!
2Como los ojos de los siervos miran a la mano de su señor,
Como los ojos de la sierva a la mano de su señora,
Así nuestros ojos miran al Señor nuestro Dios
Hasta que se apiade de nosotros.
3¶Ten piedad de nosotros, oh Señor, ten piedad de nosotros,
Porque ya no soportamos el desprecio.
4Nuestra alma está cansada
Del escarnio de los que están en holgura
Ydel desprecio de los soberbios.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

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