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Día 274 de 365 · 1 de octubre

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Isaías 49

1Escúchenme, islas,
Y atiendan, pueblos lejanos.
El Señor me llamó desde el seno materno,
Desde las entrañas de Mi madre mencionó Mi nombre.
2Ha hecho Mi boca como espada afilada,
En la sombra de Su mano me ha escondido.
Me ha hecho también como flecha escogida,
En Su aljaba me ha escondido.
3Y me dijo: «Tú eres Mi siervo, Israel,
En quien Yo mostraré Mi gloria».
4Y Yo dije: «En vano he trabajado,
En vanidad y en nada he gastado Mis fuerzas;
Pero Mi derecho está en el Señor,
Y Mi recompensa con Mi Dios».
5¶Y ahora dice el Señor (el que me formó desde el seno materno para ser Su siervo,
Para hacer que Jacob vuelva a Él y que Israel se reúna con Él,
Porque honrado soy a los ojos del Señor
Y Mi Dios ha sido Mi fortaleza),
6Dice Él: «Poca cosa es que Tú seas Mi siervo,
Para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel.
También te haré luz de las naciones,
Para que Mi salvación alcance hasta los confines de la tierra».
7Así dice el Señor, el Redentor de Israel, el Santo suyo,
Al despreciado, al aborrecido de la nación,
Al siervo de gobernantes:
«Lo verán reyes y se levantarán,
Príncipes, y se postrarán,
A causa del Señor que es fiel,
Del Santo de Israel que te ha escogido».
8¶Así dice el Señor: «En tiempo propicio te he respondido,
En día de salvación te he ayudado.
Te guardaré y te daré por pacto del pueblo,
Para restaurar la tierra, para repartir las heredades asoladas,
9Para decir a los presos: “Salgan”;
A los que están en tinieblas: “Muéstrense”.
Por los caminos pastarán,
Y en todas las alturas desoladas tendrán sus pastos.
10-»No pasarán hambre ni sed,
No los herirá el calor abrasador ni el sol,
Porque el que tiene compasión de ellos los guiará,
Y los conducirá a manantiales de aguas.
11-»Convertiré todos Mis montes en camino,
Y Mis calzadas serán levantadas.
12-»Miren, estos vendrán de lejos;
Otros del norte y del occidente,
Y aquellos de la tierra de Sinim».
13Griten de júbilo, cielos, y regocíjate, tierra.
Prorrumpan, montes, en gritos de alegría,
Porque el Señor ha consolado a Su pueblo,
Y de Sus afligidos tendrá compasión.
14¶Pero Sión dijo: «El Señor me ha abandonado,
El Señor se ha olvidado de mí».
15¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho,
Sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Aunque ella se olvidara, Yo no te olvidaré.
16En las palmas de Mis manos, te he grabado;
Tus muros están constantemente delante de Mí.
17Tus edificadores se apresuran;
Tus destructores y tus devastadores
Se alejarán de ti.
18Levanta en derredor tus ojos y mira:
Todos ellos se reúnen, vienen a ti.
«Vivo Yo», declara el Señor,
«Que a todos ellos como joyas te los pondrás, y te adornarás con ellos como una novia.
19-»En cuanto a tus lugares desiertos y desolados y tu tierra arruinada,
Ahora serás ciertamente demasiado estrecha para los moradores,
Y tus devoradores estarán muy lejos.
20-»Todavía te dirán al oído los hijos de los que fuiste privada:
“El lugar es muy estrecho para mí;
Hazme sitio para que yo more aquí”.
21-»Y dirás en tu corazón:
“¿Quién me ha dado estos?
Pues yo había sido privada de mis hijos,
Y era estéril, desterrada y errante.
Y a estos, ¿quién los ha criado?
Yo había sido dejada sola;
Y estos, ¿dónde estaban?” ».
22¶Así dice el Señor Dios:
«Levantaré hacia las naciones Mi mano,
Y hacia los pueblos alzaré Mi estandarte.
Traerán a tus hijos en brazos,
Y tus hijas en hombros serán llevadas.
23-»Reyes serán tus tutores,
Y sus princesas, tus nodrizas.
Rostro en tierra te rendirán homenaje
Y el polvo de tus pies lamerán.
Y sabrás que Yo soy el Señor,
Y que no se avergonzarán los que esperan en Mí.
24¶»¿Se le podrá quitar la presa al poderoso,
O rescatar al cautivo del tirano?».
25Ciertamente así dice el Señor:
«Aun los cautivos del poderoso serán recobrados,
Y rescatada será la presa del tirano.
Con el que luche contigo Yo lucharé,
Y salvaré a tus hijos.
26-»Haré comer a tus opresores su propia carne,
Y como si fuera vino dulce, con su sangre se embriagarán.
Y toda carne sabrá que Yo, el Señor, soy tu Salvador
Y tu Redentor, el Poderoso de Jacob».

Isaías 50

1Así dice el Señor:
«¿Dónde está esa carta de divorcio
Con la que repudié a su madre?
¿O a cuál de Mis acreedores los vendí?
Por causa de sus iniquidades ustedes fueron vendidos,
Y por sus transgresiones fue repudiada su madre.
2-»¿Por qué cuando vine no había nadie,
Y cuando llamé no había quien respondiera?
¿Acaso es tan corta Mi mano que no puede rescatar,
O no tengo poder para librar?
Con Mi reprensión seco el mar,
Convierto los ríos en desierto.
Sus peces huelen mal por falta de agua,
Mueren de sed.
3-»Yo revisto de negrura los cielos,
Y hago de cilicio su cobertura».
4¶El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo,
Para que Yo sepa sostener con una palabra al fatigado.
Mañana tras mañana me despierta,
Despierta Mi oído para escuchar como los discípulos.
5El Señor Dios me ha abierto el oído;
Y no fui desobediente,
Ni me volví atrás.
6Ofrecí Mi espalda a los que me herían,
Y Mis mejillas a los que me arrancaban la barba;
No escondí Mi rostro de injurias y salivazos.
7El Señor Dios me ayuda,
Por eso no soy humillado,
Por eso he puesto Mi rostro como pedernal,
Y sé que no seré avergonzado.
8Cercano está el que me justifica;
¿Quién discutirá conmigo?
Comparezcamos juntos;
¿Quién es el enemigo de Mi causa?
Que se acerque a Mí.
9Si el Señor Dios me ayuda;
¿Quién es el que me condena?
Todos ellos como un vestido se gastarán,
La polilla se los comerá.
10¿Quién hay entre ustedes que tema al Señor,
Que oiga la voz de Su siervo,
Que ande en tinieblas y no tenga luz?
Confíe en el nombre del Señor y apóyese en su Dios.
11Todos ustedes que encienden fuego,
Que se rodean de teas,
Anden a la lumbre de su fuego
Y entre las teas que han encendido.
Esto les vendrá de Mi mano:
En tormento yacerán.

Mateo 14

1Por aquel tiempo, Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús, 2y dijo a sus sirvientes: «Este es Juan el Bautista. Él ha resucitado de entre los muertos, y por eso es que poderes milagrosos actúan en él».
3Porque antes Herodes había prendido a Juan, y lo había atado y puesto en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe; 4porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». 5Y aunque Herodes quería matarlo, tenía miedo al pueblo, porque consideraban a Juan como un profeta.
6Pero cuando llegó el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó ante ellos y agradó a Herodes. 7Por lo cual le prometió con juramento darle lo que ella pidiera. 8Ella, instigada por su madre, dijo*: «Dame aquí, en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista».
9Y aunque el rey se entristeció, a causa de sus juramentos y de sus invitados, ordenó que se la dieran; 10y mandó decapitar a Juan en la cárcel. 11Trajeron su cabeza en una bandeja y se la dieron a la muchacha, y ella se la llevó a su madre. 12Los discípulos de Juan llegaron y recogieron el cuerpo y lo sepultaron; y fueron y se lo comunicaron a Jesús.
13Al oír esto, Jesús se fue de allí en una barca, solo, a un lugar desierto; y cuando las multitudes lo supieron, lo siguieron a pie desde las ciudades. 14Cuando Jesús desembarcó, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos y sanó a sus enfermos. 15Al atardecer se acercaron los discípulos, diciendo: «El lugar está desierto y la hora ya es avanzada; despide, pues, a las multitudes para que vayan a las aldeas y se compren alimentos».
16Pero Jesús les dijo: «No hay necesidad de que se vayan; denles ustedes de comer». 17Entonces ellos dijeron*: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces». 18«Traigan acá los panes y los peces», les dijo.
19Y ordenando a la muchedumbre que se sentara sobre la hierba, Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo los alimentos. Después partió los panes y se los dio a los discípulos y los discípulos a la multitud. 20Todos comieron y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos: doce cestas llenas. 21Y los que comieron fueron unos 5,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños.
22Enseguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y fueran delante de Él a la otra orilla, mientras Él despedía a la multitud. 23Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo. 24Pero la barca ya estaba muy lejos de tierra, y era azotada por las olas, porque el viento era contrario. 25A la cuarta vigilia de la noche (3 a 6 a.m.), Jesús vino a ellos andando sobre el mar.
26Y los discípulos, al ver a Jesús andar sobre el mar, se turbaron, y decían: «¡Es un fantasma!». Y de miedo, se pusieron a gritar. 27Pero enseguida Jesús les dijo: «Tengan ánimo, soy Yo; no teman».
28Y Pedro le respondió: «Señor, si eres Tú, mándame que vaya a Ti sobre las aguas». 29«Ven», le dijo Jesús. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús. 30Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó: «¡Señor, sálvame!». 31Al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo*: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
32Cuando ellos subieron a la barca, el viento se calmó. 33Entonces los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: «En verdad eres Hijo de Dios».
34Terminada la travesía, bajaron a tierra en Genesaret. 35Y cuando los hombres de aquel lugar reconocieron a Jesús, enviaron a decirlo por toda aquella región de alrededor y le trajeron todos los que tenían algún mal. 36Y le rogaban que les dejara tocar siquiera el borde de Su manto; y todos los que lotocaban quedaban curados.

Salmo 124

Cántico de ascenso gradual; de David.
1«Si el Señor no hubiera estado a nuestro favor»,
Que lo diga ahora Israel.
2«Si el Señor no hubiera estado a nuestro favor
Cuando los hombres se levantaron contra nosotros,
3Vivos nos hubieran tragado entonces
Cuando su ira se encendió contra nosotros.
4-»Entonces las aguas nos hubieran cubierto,
Un torrente hubiera pasado sobre nuestra alma,
5Hubieran pasado entonces sobre nuestra alma las aguas impetuosas».
6¶Bendito sea el Señor,
Que no nos ha entregado como presa de los dientes de ellos.
7Nuestra alma ha escapado cual ave del lazo de los cazadores;
El lazo se rompió y nosotros escapamos.
8Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,
Que hizo los cielos y la tierra.

Proverbios 26

1Como nieve en el verano y como lluvia en la siega,
Así la honra no es apropiada para el necio.
2Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo,
Así la maldición no viene sin causa.
3El látigo es para el caballo, la brida para el asno,
Y la vara para la espalda de los necios.
4No respondas al necio de acuerdo con su necedad,
Para que no seas tú también como él.
5Responde al necio según su necedad se merece,
Para que no sea sabio ante sus propios ojos.
6Se corta los pies y bebe violencia
El que envía recado por mano de un necio.
7 Como las piernas que penden del lisiado,
Así es el proverbio en boca de los necios.
8Como el que ata la piedra a la honda,
Así es el que da honor al necio.
9 Como espina que se clava en la mano de un borracho,
Así es el proverbio en boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere,
Así es el que toma a sueldo al necio o a los que pasan.
11Como perro que vuelve a su vómito
Es el necio que repite su necedad.
12¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio?
Más esperanza hay para el necio que para él.
13El perezoso dice: «Hay un león en el camino;
Hay un león en medio de la plaza».
14 Como la puerta gira sobre sus goznes,
Así da vueltas el perezoso en su cama.
15El perezoso mete la mano en el plato,
Pero se fatiga de llevársela a la boca.
16El perezoso es más sabio ante sus propios ojos
Que siete que den una respuesta discreta.
17 Como el que toma un perro por las orejas,
Así es el que pasa y se entremete en pleito que no es suyo.
18Como el enloquecido que lanza
Teas encendidas, flechas y muerte,
19Así es el hombre que engaña a su prójimo,
Y dice: «¿Acaso no estaba yo bromeando?».
20Por falta de leña se apaga el fuego,
Y donde no hay chismoso, se calma la discusión.
21 Como carbón para las brasas y leña para el fuego,
Así es el hombre rencilloso para encender pleitos.
22Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
23 Como vasija de barro revestida de escoria de plata,
Así son los labios ardientes y el corazón perverso.
24El que odia, disimula con sus labios,
Pero en su corazón acumula engaño.
25Cuando su voz sea agradable, no lo creas,
Pues hay siete abominaciones en su corazón.
26 Aunque su odio se cubra con engaño,
Su perversidad será descubierta en la asamblea.
27El que cava un hoyo caerá en él,
Y el que hace rodar una piedra, sobre él volverá.
28La lengua mentirosa odia a los que oprime,
Y la boca lisonjera causa ruina.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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