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Día 275 de 365 · 2 de octubre

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Isaías 51

1«Escúchenme, ustedes que siguen la justicia,
Los que buscan al Señor.
Miren la roca de donde fueron tallados,
Y la cantera de donde fueron extraídos.
2-»Miren a Abraham, su padre,
Y a Sara, que los dio a luz.
Cuando él era uno solo lo llamé,
Y lo bendije y lo multipliqué».
3Ciertamente el Señor consolará a Sión,
Consolará todos sus lugares desolados.
Convertirá su desierto en Edén,
Y sus lugares desolados en huerto del Señor.
Gozo y alegría se encontrarán en ella,
Acciones de gracias y voces de alabanza.
4¶«Préstame atención, pueblo Mío,
Y óyeme, nación Mía.
Porque de Mí saldrá una ley,
Y estableceré Mi justicia para luz de los pueblos.
5-»Cerca está Mi justicia, ha salido Mi salvación,
Y Mis brazos juzgarán a los pueblos.
Por Mí esperan las costas,
Y en Mi brazo ponen su esperanza.
6-»Alcen los ojos a los cielos,
Y miren la tierra abajo.
Porque los cielos como humo se desvanecerán,
Y la tierra como un vestido se gastará.
Sus habitantes como mosquitos morirán,
Pero Mi salvación será para siempre,
Y Mi justicia no disminuirá.
7-»Escúchenme, ustedes que conocen la justicia,
Pueblo en cuyo corazón está Mi ley.
No teman el oprobio del hombre,
Ni se desalienten a causa de sus ultrajes.
8-»Porque como a vestido se los comerá la polilla,
Y como a lana se los comerá la larva.
Pero Mi justicia durará para siempre,
Y Mi salvación por todas las generaciones».
9¶Despierta, despierta, vístete de poder, oh brazo del Señor.
Despierta como en los días de antaño, en las generaciones pasadas.
¿No eres Tú el que despedazó a Rahab,
El que traspasó al dragón?
10¿No eres Tú el que secó el mar,
Las aguas del gran abismo;
El que transformó en camino las profundidades del mar
Para que pasaran los redimidos?
11Los rescatados del Señor volverán,
Entrarán en Sión con gritos de júbilo,
Con alegría eterna sobre sus cabezas.
Gozo y alegría alcanzarán,
Y huirán la tristeza y el gemido.
12¶«Yo, Yo soy su consolador.
¿Quién eres tú que temes al hombre mortal,
Y al hijo del hombre que como hierba es tratado?
13-»¿Has olvidado al Señor, tu Hacedor,
Que extendió los cielos
Y puso los cimientos de la tierra,
Para que estés temblando sin cesar todo el día ante la furia del opresor,
Mientras este se prepara para destruir?
Pero ¿dónde está la furia del opresor?
14»El desterrado pronto será libertado, y no morirá en la cárcel, ni le faltará su pan. 15Porque Yo soy el Señor tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas (el Señor de los ejércitos es Su nombre) 16Y he puesto Mis palabras en tu boca, y con la sombra de Mi mano te he cubierto al establecer los cielos, poner los cimientos de la tierra y decir a Sión: “Tú eres Mi pueblo” ».
17¶¡Despierta, despierta! Levántate, Jerusalén,
Tú, que has bebido de la mano del Señor la copa de Su furor,
Que has bebido el cáliz del vértigo hasta vaciarlo.
18No hay quien la guíe entre todos los hijos que dio a luz,
Ni hay quien la tome de la mano entre todos los hijos que crió.
19Estas dos cosas te han acontecido,
¿Quién te confortará?;
Desolación y destrucción, hambre y espada,
¿Quién te consolará?
20Tus hijos han desfallecido,
Yacen en las esquinas de todas las calles
Como antílope en la red,
Llenos del furor del Señor,
De la reprensión de tu Dios.
21¶Por tanto, oye ahora esto, afligida,
Que estás ebria, pero no de vino:
22Así dice tu Señor, el Señor tu Dios,
Que lucha por Su pueblo:
«He quitado de tu mano la copa del vértigo,
El cáliz de Mi furor,
Nunca más lo beberás.
23-»Lo pondré en las manos de los que te atormentan,
Que te han dicho: “Póstrate para que pasemos”.
Y tú pusiste tu espalda como suelo,
Como calle para los que pasaban».

Isaías 52

1Despierta, despierta,
Vístete de tu poder, oh Sión.
Vístete de tus ropajes hermosos,
Oh Jerusalén, ciudad santa.
Porque el incircunciso y el inmundo
No volverán a entrar en ti.
2Sal del polvo, levántate,
Cautiva Jerusalén.
Líbrate de las cadenas de tu cuello,
Cautiva hija de Sión.
3Porque así dice el Señor: «De balde fueron ustedes vendidos y sin dinero serán redimidos». 4Porque así dice el Señor Dios: «Mi pueblo descendió a Egipto al principio para residir allí; después los asirios los oprimieron sin motivo. 5Y ahora, ¿qué hago Yo aquí», declara el Señor, «viendo que se llevan a Mi pueblo sin causa?». También declara el Señor: «Sus dominadores dan gritos, y sin cesar Mi nombre es blasfemado todo el día. 6Por tanto, Mi pueblo conocerá Mi nombre. Así que en aquel día comprenderán que Yo soy el que dice: “Aquí estoy” ».
7¶¡Qué hermosos son sobre los montes
Los pies del que trae buenas nuevas,
Del que anuncia la paz,
Del que trae las buenas nuevas de gozo,
Del que anuncia la salvación,
Y dice a Sión: «Tu Dios reina»!
8¡Una voz! Tus centinelas alzan la voz,
A una gritan de júbilo
Porque verán con sus propios ojos
Cuando el Señor restaure a Sión.
9Prorrumpan a una en gritos de júbilo,
Lugares desolados de Jerusalén,
Porque el Señor ha consolado a Su pueblo,
Ha redimido a Jerusalén.
10El Señor ha desnudado Su santo brazo
A la vista de todas las naciones,
Y todos los confines de la tierra verán
La salvación de nuestro Dios.
11¶Apártense, apártense, salgan de allí,
Nada inmundo toquen.
Salgan de en medio de ella, purifíquense,
Ustedes que llevan las vasijas del Señor.
12Pues no saldrán precipitadamente,
Ni irán como fugitivos.
Porque delante de ustedes irá el Señor,
Y su retaguardia será el Dios de Israel.
13¶Oigan esto: Mi Siervo prosperará,
Será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado.
14De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo Mío,
Así fue desfigurada Su apariencia más que la de cualquier hombre,
Y Su aspecto más que el de los hijos de los hombres.
15Ciertamente Él asombrará a muchas naciones,
Los reyes cerrarán la boca ante Él.
Porque lo que no les habían contado verán,
Y lo que no habían oído entenderán.

Mateo 15

1Entonces se acercaron* a Jesús algunos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2«¿Por qué Tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan».
3Jesús les preguntó: «¿Por qué también quebrantan ustedes el mandamiento de Dios a causa de su tradición? 4Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”, y: “Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera”. 5Pero ustedes dicen: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado’, 6no necesitará más honrar a su padre o a su madre”. Y así ustedes invalidaron la palabra de Dios por causa de su tradición. 7¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de ustedes cuando dijo:
8 “Este pueblo con los labios me honra,
Pero su corazón está muy lejos de Mí.
9 -”Pues en vano me rinden culto,
Enseñando como doctrinas preceptos de hombres” ».
10Llamando junto a Él a la multitud, Jesús les dijo: «Oigan y entiendan: 11no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre». 12Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron*: «¿Sabes que los fariseos se escandalizaron cuando oyeron Tus palabras?». 13Pero Él contestó: «Toda planta que Mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigada. 14Déjenlos; son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo».
15Entonces Pedro dijo a Jesús: «Explícanos la parábola». 16Jesús les dijo: «¿También están ustedes aún faltos de entendimiento? 17¿No entienden que todo lo que entra en la boca va al estómago y luego se elimina? 18Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. 19Porque del corazón provienen malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios y calumnias. 20Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero comer sin lavarse las manos no contamina al hombre».
21Saliendo Jesús de allí, se retiró a la región de Tiro y de Sidón. 22Entonces una mujer cananea que había salido de aquella región, comenzó a gritar: «Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada». 23Pero Él no le contestó nada. Y acercándose Sus discípulos, le rogaban: «Atiéndela, pues viene gritando tras nosotros». 24Y Jesús respondió: «No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». 25Pero acercándose ella, se postró ante Él, diciendo: «¡Señor, ayúdame!». 26Y Él le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos». 27Ella respondió: «Sí, Señor; pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». 28Entonces Jesús le dijo: «Oh mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas». Y su hija quedó sana desde aquel momento.
29Pasando Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea, y subiendo al monte, se sentó allí. 30Y vinieron a Él grandes multitudes trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos y los pusieron a Sus pies y Él los sanó; 31de modo que la muchedumbre se maravilló al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban restaurados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.
32Entonces Jesús, llamando junto a Él a Sus discípulos, les dijo: «Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están aquí y no tienen qué comer; y no quiero despedirlos sin comer, no sea que desfallezcan en el camino». 33Y los discípulos le dijeron*: «¿Dónde podríamos conseguir en el desierto tantos panes para saciar a una multitud tan grande?». 34«¿Cuántos panes tienen?», les preguntó* Jesús. Ellos respondieron: «Siete, y unos pocos pececillos».
35Y Él mandó a la multitud que se sentara en el suelo; 36tomó los siete panes y los peces, y después de dar gracias, los partió y empezó a darlos a los discípulos, y los discípulos a las multitudes. 37Comieron todos y se saciaron; y recogieron de lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas. 38Los que comieron fueron 4,000 hombres, sin contar las mujeres y los niños. 39Después de despedir a la muchedumbre, subió a la barca y se fue a la región de Magadán.

Salmo 125

Cántico de ascenso gradual.
1Los que confían en el Señor
Son como el monte Sión, que es inconmovible, que permanece para siempre.
2Como los montes rodean a Jerusalén,
Así el Señor rodea a Su pueblo
Desde ahora y para siempre.
3Pues el cetro de la impiedad no descansará sobre la tierra de los justos,
Para que los justos no extiendan sus manos para hacer el mal.
4¶Haz bien, Señor, a los buenos
Y a los rectos de corazón.
5Pero a los que se desvían por sus caminos torcidos,
El Señor los llevará con los que hacen iniquidad.
¡Paz sea sobre Israel!

Proverbios 27

1No te gloríes del día de mañana,
Porque no sabes qué traerá el día.
2Que te alabe el extraño, y no tu boca;
El extranjero, y no tus labios.
3Pesada es la piedra y pesada la arena,
Pero la provocación del necio es más pesada que ambas.
4Cruel es el furor e inundación la ira;
Pero ¿quién se mantendrá ante los celos?
5Mejor es la reprensión franca
Que el amor encubierto.
6Fieles son las heridas del amigo,
Pero engañosos los besos del enemigo.
7El hombre saciado aborrece la miel,
Pero para el hombre hambriento todo lo amargo le es dulce.
8Como pájaro que vaga lejos de su nido,
Así es el hombre que vaga lejos de su hogar.
9El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y dulce para su amigo es el consejo del hombre.
10No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre,
Ni vayas a la casa de tu hermano el día de tu infortunio.
Mejor es un vecino cerca que un hermano lejos.
11Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón,
Para que yo responda al que me afrenta.
12El hombre prudente ve el mal y se esconde,
Los simples siguen adelante y pagan las consecuencias.
13Tómale la ropa al que sale fiador del extraño;
Y tómale prenda por la mujer desconocida.
14Al que muy de mañana bendice a su amigo en alta voz,
Le será contado como una maldición.
15Gotera constante en día de lluvia
Y mujer rencillosa, son semejantes;
16El que trata de contenerla, es como refrenar al viento
Y recoger aceite con su mano derecha.
17El hierro con hierro se afila,
Y un hombre aguza a otro.
18El que cuida la higuera comerá su fruto,
Y el que atiende a su señor será honrado.
19Como el agua refleja el rostro,
Así el corazón del hombre refleja al hombre.
20El Seol y el Abadón nunca se sacian;
Tampoco se sacian los ojos del hombre.
21El crisol es para la plata y el horno para el oro,
Y al hombre se le prueba por la alabanza que recibe.
22Aunque machaques con el mazo al necio en un mortero entre el grano molido,
No se apartará de él su necedad.
23¶Conoce bien la condición de tus rebaños,
Y presta atención a tu ganado;
24Porque las riquezas no son eternas,
Ni perdurará la corona por todas las generaciones.
25 Cuando la hierba desaparece se ve el retoño,
Y se recogen las hierbas de los montes;
26Los corderos darán para tu vestido,
Y las cabras para el precio de un campo,
27Y habrá suficiente leche de cabra para tu alimento,
Para el alimento de tu casa,
Y sustento para tus doncellas.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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