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Día 277 de 365 · 4 de octubre

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Isaías 55

1«Todos los sedientos, vengan a las aguas;
Y los que no tengan dinero, vengan, compren y coman.
Vengan, compren vino y leche
Sin dinero y sin costo alguno.
2-»¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan,
Y su salario en lo que no sacia?
Escúchenme atentamente, y coman lo que es bueno,
Y se deleitará su alma en la abundancia.
3-»Inclinen su oído y vengan a Mí,
Escuchen y vivirá su alma.
Y haré con ustedes un pacto eterno,
Conforme a las fieles misericordias mostradas a David.
4-»Lo he puesto por testigo a los pueblos,
Por guía y jefe de las naciones.
5-»Tú llamarás a una nación que no conocías,
Y una nación que no te conocía, correrá a ti
A causa del Señor tu Dios, el Santo de Israel;
Porque Él te ha glorificado».
6¶Busquen al Señor mientras puede ser hallado,
Llámenlo en tanto que está cerca.
7Abandone el impío su camino,
Y el hombre malvado sus pensamientos,
Y vuélvase al Señor,
Que tendrá de él compasión,
Al Dios nuestro,
Que será amplio en perdonar.
8«Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes,
Ni sus caminos son Mis caminos», declara el Señor.
9«Porque como los cielos son más altos que la tierra,
Así Mis caminos son más altos que sus caminos,
Y Mis pensamientos más que sus pensamientos.
10-»Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve,
Y no vuelven allá sino que riegan la tierra,
Haciéndola producir y germinar,
Dando semilla al sembrador y pan al que come,
11Así será Mi palabra que sale de Mi boca,
No volverá a Mí vacía
Sin haber realizado lo que deseo,
Y logrado el propósito para el cual la envié.
12-»Porque con alegría saldrán,
Y con paz serán conducidos.
Los montes y las colinas prorrumpirán en gritos de júbilo delante de ustedes,
Y todos los árboles del campo aplaudirán.
13-»En lugar del espino crecerá el ciprés,
Y en lugar de la ortiga crecerá el mirto.
Y esto será para gloria del Señor,
Para señal eterna que nunca será borrada».

Isaías 56

1Así dice el Señor:
«Preserven el derecho y hagan justicia,
Porque Mi salvación está para llegar
Y Mi justicia para ser revelada.
2-»Cuán bienaventurado es el hombre que hace esto,
Y el hijo del hombre que a ello se aferra;
Que guarda el día de reposo sin profanarlo,
Y guarda su mano de hacer mal alguno».
3Que el extranjero que se ha allegado al Señor, no diga:
«Ciertamente el Señor me separará de Su pueblo».
Ni diga el eunuco: «Soy un árbol seco».
4Porque así dice el Señor:
«A los eunucos que guardan Mis días de reposo,
Escogen lo que me agrada
Y se mantienen firmes en Mi pacto,
5Les daré en Mi casa y en Mis muros un lugar,
Y un nombre mejor que el de hijos e hijas.
Les daré nombre eterno que nunca será borrado.
6¶»Y a los extranjeros que se unan al Señor
Para servirle, y para amar el nombre del Señor,
Para ser Sus siervos, a todos los que guardan el día de reposo sin profanarlo,
Y se mantienen firmes en Mi pacto,
7Yo los traeré a Mi santo monte,
Y los alegraré en Mi casa de oración.
Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre Mi altar;
Porque Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos».
8Declara el Señor Dios que reúne a los dispersos de Israel:
«Todavía les juntaré otros a los ya reunidos».
9¶Todas las bestias del campo,
Todas las bestias del bosque,
Vengan a comer.
10Los centinelas de Israel son ciegos,
Ninguno sabe nada.
Todos son perros mudos que no pueden ladrar,
Soñadores acostados, amigos de dormir;
11Y los perros son voraces, no se sacian.
Ellos son pastores que no saben entender.
Todos se han apartado por su propio camino,
Cada cual, hasta el último, busca su propia ganancia.
12«Vengan», dicen, «busquemos vino y embriaguémonos de licor;
Y mañana será como hoy, solo que mucho mejor».

Mateo 17

1Seis días después, Jesús tomó* con Él a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó* aparte a un monte alto. 2Delante de ellos se transfiguró; y Su rostro resplandeció como el sol y Sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. 3En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él.
4Entonces Pedro dijo a Jesús: «Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, haré aquí tres enramadas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías». 5Mientras estaba aún hablando, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él».
6Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. 7Entonces Jesús se les acercó, y tocándolos, dijo: «Levántense y no teman». 8Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo.
9Mientras descendían del monte, Jesús les ordenó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos». 10Los discípulos entonces le preguntaron: «¿Por qué, pues, dicen los escribas que Elías debe venir primero?». 11Respondió Jesús: «Elías ciertamente viene, y restaurará todas las cosas; 12pero Yo les digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que le hicieron todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos». 13Entonces los discípulos entendieron que Él les había hablado de Juan el Bautista.
14Cuando llegaron a la multitud, se acercó a Jesús un hombre, que arrodillándose delante de Él, dijo: 15«Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. 16Lo traje a Tus discípulos y ellos no pudieron curarlo». 17Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo acá». 18Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento.
19Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». 20Y Él les dijo*: «Por la poca fe de ustedes; porque en verdad les digo que si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada les será imposible. 21Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno».
22Mientras andaban juntos por Galilea, Jesús les dijo: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. 23Lo matarán, y al tercer día resucitará». Y ellos se entristecieron mucho.
24Cuando llegaron a Capernaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban las dos dracmas del impuesto del templo y dijeron: «¿No paga su maestro el impuesto del templo?». 25«Sí», contestó* Pedro. Y cuando él llegó a casa, Jesús se le anticipó, diciendo: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes cobran tributos o impuestos los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?». 26«De los extraños», respondió Pedro. «Entonces los hijos están exentos», le dijo Jesús. 27«Sin embargo, para que no los escandalicemos, ve al mar, echa el anzuelo, y toma el primer pez que salga; y cuando le abras la boca hallarás un siclo; tómalo y dáselo por ti y por Mí».

Salmo 127

Cántico de ascenso gradual; de Salomón.
1Si el Señor no edifica la casa,
En vano trabajan los que la edifican;
Si el Señor no guarda la ciudad,
En vano vela la guardia.
2Es en vano que se levanten de madrugada,
Que se acuesten tarde,
Que coman el pan de afanosa labor,
Pues Él da a Su amado aun mientras duerme.
3¶Un don del Señor son los hijos,
Y recompensa es el fruto del vientre.
4Como flechas en la mano del guerrero,
Así son los hijos tenidos en la juventud.
5Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba;
No será avergonzado
Cuando hable con sus enemigos en la puerta.

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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