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Día 279 de 365 · 6 de octubre

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Isaías 59

1La mano del Señor no se ha acortado para salvar;
Ni Su oído se ha endurecido para oír.
2Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios,
Y los pecados le han hecho esconder Su rostro para no escucharlos.
3Porque las manos de ustedes están manchadas de sangre,
Y sus dedos de iniquidad.
Sus labios hablan mentira,
Su lengua murmura maldad.
4No hay quien clame con justicia ni quien abogue con honestidad.
Confían en la confusión, y hablan falsedades;
Conciben malicia, y dan a luz iniquidad.
5Incuban huevos de áspides y tejen telas de araña;
El que come de sus huevos muere,
Y del que es aplastado sale una víbora.
6Sus telas no servirán de vestidos,
Ni se cubrirán con lo que hacen.
Sus obras son obras de iniquidad,
Y actos de violencia hay en sus manos.
7Sus pies corren al mal,
Y se apresuran a derramar sangre inocente.
Sus pensamientos son pensamientos de iniquidad,
Desolación y destrucción hay en sus caminos.
8Camino de paz no conocen,
Y no hay justicia en sus senderos.
Han torcido a su favor las sendas,
Cualquiera que ande en ellas no conoce la paz.
9¶Por tanto, el derecho está lejos de nosotros,
Y no nos alcanza la justicia.
Esperamos luz, y solo hay tinieblas;
Claridad, pero andamos en oscuridad.
10Vamos tocando la pared como ciegos,
Y andamos a tientas como los que no tienen ojos;
Tropezamos al mediodía como al anochecer,
Entre los robustos somos como muertos.
11Todos nosotros gruñimos como osos,
Y gemimos tristemente como palomas.
Esperamos la justicia, pero no la hay,
La salvación, pero está lejos de nosotros.
12Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de Ti,
Y nuestros pecados testifican contra nosotros.
Porque nuestras transgresiones están con nosotros,
Y conocemos nuestras iniquidades:
13Transgredir y negar al Señor,
Apartarse de nuestro Dios,
Hablar de opresión y rebelión,
Concebir y proferir en el corazón palabras mentirosas.
14Se ha vuelto atrás el derecho,
Y la justicia permanece lejos;
Porque ha tropezado en la plaza la verdad,
Y la rectitud no puede entrar.
15Sí, falta la verdad,
Y el que se aparta del mal es hecho presa.
Y lo vio el Señor,
Y desagradó a Sus ojos que no hubiera derecho.
16Vio que no había nadie,
Y se asombró de que no hubiera quien intercediera.
Entonces Su brazo le trajo salvación,
Y Su justicia lo sostuvo.
17Se puso la justicia como coraza,
Y el casco de salvación en Su cabeza;
Como vestidura se puso ropas de venganza,
Y se envolvió de celo como de un manto.
18Conforme a los hechos, así Él pagará:
Furor para Sus adversarios, justo pago para Sus enemigos;
A las islas dará su pago.
19Y temerán desde el occidente el nombre del Señor
Y desde el nacimiento del sol Su gloria,
Porque Él vendrá como torrente impetuoso,
Que el viento del Señor impulsa.
20«Y vendrá un Redentor a Sión
Y a los que se aparten de la transgresión en Jacob», declara el Señor.
21«En cuanto a Mí», dice el Señor, «este es Mi pacto con ellos»: «Mi Espíritu que está sobre ti, y Mis palabras que he puesto en tu boca, no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia, ni de la boca de la descendencia de tu descendencia», dice el Señor, «desde ahora y para siempre».

Isaías 60

1Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz
Y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti.
2Porque tinieblas cubrirán la tierra
Y densa oscuridad los pueblos.
Pero sobre ti amanecerá el Señor,
Y sobre ti aparecerá Su gloria.
3Y acudirán las naciones a tu luz,
Y los reyes al resplandor de tu amanecer.
4¶Levanta tus ojos en derredor y mira:
Todos se reúnen, vienen a ti.
Tus hijos vendrán de lejos,
Y tus hijas serán llevadas en brazos.
5Entonces lo verás y resplandecerás,
Y se estremecerá y se regocijará tu corazón,
Porque vendrá sobre ti la abundancia del mar,
Las riquezas de las naciones vendrán a ti.
6Una multitud de camellos te cubrirá,
Camellos jóvenes de Madián y de Efa.
Todos los de Sabá vendrán,
Traerán oro e incienso,
Y traerán buenas nuevas de las alabanzas del Señor.
7Todos los rebaños de Cedar serán reunidos para ti,
Los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio.
Subirán como ofrenda agradable sobre Mi altar,
Y Yo glorificaré la casa de Mi gloria.
8¿Quiénes son estos que vuelan como nubes,
Y como palomas a sus palomares?
9Ciertamente las costas me esperarán,
Y las naves de Tarsis vendrán primero,
Para traer a tus hijos de lejos,
Y su plata y su oro con ellos,
Por el nombre del Señor tu Dios,
Y por el Santo de Israel porque Él te ha glorificado.
10¶Extranjeros edificarán tus murallas,
Y sus reyes te servirán.
Porque en Mi furor te herí,
Pero en Mi benevolencia he tenido compasión de ti.
11Tus puertas estarán abiertas de continuo.
Ni de día ni de noche se cerrarán,
Para que te traigan las riquezas de las naciones,
Con sus reyes llevados en procesión.
12Porque la nación y el reino que no te sirvan, perecerán,
Y esas naciones serán completamente destruidas.
13La gloria del Líbano vendrá a ti,
El ciprés, el olmo y el boj a una,
Para hermosear el lugar de Mi santuario.
Y Yo haré glorioso el lugar de Mis pies.
14Vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron,
Se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaban,
Y te llamarán Ciudad del Señor,
Sión del Santo de Israel.
15¶Por cuanto tú estabas abandonada y aborrecida,
Sin que nadie pasara por ti,
Haré de ti gloria eterna,
Gozo de generación en generación.
16Y mamarás la leche de las naciones,
Mamarás al pecho de los reyes.
Entonces sabrás que Yo, el Señor, soy tu Salvador
Y tu Redentor, el Poderoso de Jacob.
17En vez de bronce, traeré oro,
En vez de hierro, traeré plata,
En vez de madera, bronce,
Y en vez de piedras, hierro.
Pondré como tus administradores la paz,
Y como tus gobernantes la justicia.
18No se oirá hablar más de violencia en tu tierra,
Ni de desolación, ni de destrucción dentro de tus límites;
Sino que llamarás a tus murallas salvación y a tus puertas alabanza.
19Ya el sol no será para ti luz del día,
Ni el resplandor de la luna te alumbrará;
Sino que tendrás al Señor por luz eterna,
Y a tu Dios por tu gloria.
20Nunca más se pondrá tu sol,
Ni menguará tu luna,
Porque tendrás al Señor por luz eterna,
Y se habrán acabado los días de tu luto.
21Entonces todos los de tu pueblo serán justos.
Para siempre poseerán la tierra,
Vástago de Mi plantío,
Obra de Mis manos,
Para que Yo me glorifique.
22El más pequeño llegará a ser un millar,
Y el más insignificante una nación poderosa.
Yo, el Señor, a su tiempo lo apresuraré.

Mateo 19

1Cuando Jesús terminó estas palabras, partió de Galilea y se fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán; 2y grandes multitudes siguieron a Jesús, y los sanó allí.
3Y se acercaron a Él algunos fariseos para ponerlo a prueba, diciendo: «¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?». 4Jesús les respondió: «¿No han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, 5y dijo: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”? 6Así que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe».
7Ellos le dijeron*: «Entonces, ¿por qué mandó Moisés darle carta de divorcio y repudiarla?». 8Él les contestó*: «Por la dureza de su corazón Moisés les permitió a ustedes divorciarse de sus mujeres; pero no ha sido así desde el principio. 9Pero Yo les digo que cualquiera que se divorcie de su mujer, salvo por infidelidad, y se case con otra, comete adulterio». 10Los discípulos le dijeron*: «Si así es la relación del hombre con su mujer, no conviene casarse». 11Jesús les dijo: «No todos pueden aceptar este precepto, sino solo aquellos a quienes les ha sido dado. 12Porque hay eunucos que nacieron así desde el seno de su madre, y hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y también hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte».
13Entonces trajeron algunos niños a Jesús para que pusiera las manos sobre ellos y orara; y los discípulos los reprendieron. 14Pero Jesús dijo: «Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a Mí, porque de los que son como estos es el reino de los cielos». 15Y después de poner Él las manos sobre ellos, se fue de allí.
16Y un hombre se acercó a Jesús y le dijo: «Maestro, ¿qué cosa buena haré para obtener la vida eterna?». 17Jesús le respondió: «¿Por qué me preguntas acerca de lo que es bueno? Solo Uno es bueno; pero si deseas entrar en la vida, guarda los mandamientos». 18«¿Cuáles?», preguntó* el hombre. Y Jesús respondió: «No matarás; no cometerás adulterio; no hurtarás; no darás falso testimonio; 19honra a tu padre y a tu madre; y amarás a tu prójimo como a ti mismo».
20El joven dijo*: «Todo esto lo he guardado; ¿qué me falta todavía?». 21Jesús le respondió: «Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que posees y da a los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sé Mi discípulo». 22Pero al oír el joven estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.
23Jesús dijo entonces a Sus discípulos: «En verdad les digo que es difícil que un rico entre en el reino de los cielos. 24Otra vez les digo que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios». 25Al oír esto, los discípulos estaban llenos de asombro, y decían: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». 26Jesús, mirándolos, les dijo: «Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible».
27Entonces Pedro le respondió: «Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué, pues, recibiremos?». 28Jesús les dijo: «En verdad les digo que ustedes que me han seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de Su gloria, ustedes se sentarán también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. 29Y todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por Mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros.

Salmo 129

Cántico de ascenso gradual.
1«Muchas veces me han perseguido desde mi juventud»,
Que lo diga ahora Israel.
2«Muchas veces me han perseguido desde mi juventud,
Pero no han prevalecido contra mí.
3-»Sobre mis espaldas araron los aradores;
Alargaron sus surcos».
4El Señor es justo;
Ha cortado las ataduras de los impíos.
5¶Sean avergonzados y vueltos atrás
Todos los que odian a Sión.
6Que sean como la hierba en los techos,
Que se seca antes de crecer;
7Con la cual el segador no llena su mano,
Ni el recogedor de gavillas sus brazos.
8Que no digan los que pasan:
«La bendición del Señor sea sobre ustedes;
Los bendecimos en el nombre del Señor».

Proverbios 31

1Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre.
2¶¿Qué, hijo mío?
¿Y qué, hijo de mis entrañas?
¿Y qué, hijo de mis votos?
3No des tu vigor a las mujeres,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
4No es para los reyes, oh Lemuel,
No es para los reyes beber vino,
Ni para los gobernantes desear bebida fuerte;
5No sea que beban y olviden lo que se ha decretado,
Y perviertan los derechos de todos los afligidos.
6Denle bebida fuerte al que está pereciendo,
Y vino a los amargados de alma.
7Que beba y se olvide de su pobreza,
Y no recuerde más su aflicción.
8Abre tu boca por los mudos,
Por los derechos de todos los desdichados.
9Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende los derechos del afligido y del necesitado.
10¶Mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Su valor supera en mucho al de las joyas.
11En ella confía el corazón de su marido,
Y no carecerá de ganancias.
12Ella le trae bien y no mal
Todos los días de su vida.
13Busca lana y lino,
Y con agrado trabaja con sus manos.
14Es como las naves de mercader,
Trae su alimento de lejos.
15También se levanta cuando aún es de noche,
Y da alimento a los de su casa
Y tarea a sus doncellas.
16Evalúa un campo y lo compra;
Con sus ganancias planta una viña.
17Ella se ciñe de fuerza
Y fortalece sus brazos.
18Nota que su ganancia es buena,
No se apaga de noche su lámpara.
19Extiende sus manos a la rueca,
Y sus manos toman el huso.
20Extiende su mano al pobre,
Y alarga sus manos al necesitado.
21No tiene temor de la nieve por los de su casa,
Porque todos los de su casa llevan ropa escarlata.
22Se hace mantos para sí;
Su ropa es de lino fino y de púrpura.
23Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,
Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24Hace telas de lino y las vende,
Y provee cinturones a los mercaderes.
25Fuerza y dignidad son su vestidura,
Y sonríe al futuro.
26Abre su boca con sabiduría,
Y hay enseñanza de bondad en su lengua.
27Ella vigila la marcha de su casa,
Y no come el pan de la ociosidad.
28Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,
También su marido, y la alaba diciendo:
29«Muchas mujeres han obrado con nobleza,
Pero tú las superas a todas».
30Engañosa es la gracia y vana la belleza,
Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada.
31Denle el fruto de sus manos,
Y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad.

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