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Día 28 de 365 · 28 de enero

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Éxodo 5

1Después Moisés y Aarón fueron y dijeron a Faraón: «Así dice el Señor, Dios de Israel: “Deja ir a Mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto” ». 2Pero Faraón dijo: «¿Quién es el Señor para que yo escuche Su voz y deje ir a Israel? No conozco al Señor, y además, no dejaré ir a Israel».
3«El Dios de los hebreos nos ha salido al encuentro», contestaron ellos. «Déjenos ir, le rogamos, camino de tres días al desierto para ofrecer sacrificios al Señor nuestro Dios, no sea que venga sobre nosotros con pestilencia o con espada».
4Pero el rey de Egipto les dijo: «Moisés y Aarón, ¿por qué apartan al pueblo de sus trabajos? Vuelvan a sus labores. 5Miren», añadió Faraón, «el pueblo de la tierra es mucho ahora, ¡y ustedes quieren que ellos cesen en sus labores!».
6Aquel mismo día, Faraón dio órdenes a los capataces que estaban sobre el pueblo, y a sus jefes y les dijo: 7«Ya no darán, como antes, paja al pueblo para hacer ladrillos. Que vayan ellos y recojan paja por sí mismos. 8Pero exigirán de ellos la misma cantidad de ladrillos que hacían antes. No la disminuyan en lo más mínimo. Porque son perezosos, por eso claman y dicen: “Déjanos ir a ofrecer sacrificios a nuestro Dios”. 9Recárguese el trabajo sobre estos hombres, para que estén ocupados en él y no presten atención a palabras falsas».
10Salieron, pues, los capataces del pueblo y sus jefes y hablaron al pueblo y dijeron: «Así dice Faraón: “No les daré paja. 11Vayan ustedes mismos y recojan paja donde la hallen. Pero su tarea no será disminuida en lo más mínimo” ».
12Entonces el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojos en lugar de paja. 13Los capataces los apremiaban, diciendo: «Acaben sus tareas, su tarea diaria, como cuando tenían paja». 14Y azotaban a los jefes de los israelitas que los capataces de Faraón habían puesto sobre ellos, diciéndoles: «¿Por qué no han terminado, ni ayer ni hoy, la cantidad de ladrillos requerida como antes?».
15Entonces los jefes de los israelitas fueron y clamaron a Faraón y dijeron: «¿Por qué trata usted así a sus siervos? 16No se da paja a sus siervos, sin embargo, siguen diciéndonos: “Hagan ladrillos”. Y además sus siervos son azotados. Pero la culpa es de su pueblo». 17Pero él contestó: «Son perezosos, muy perezosos. Por eso dicen: “Déjanos ir a ofrecer sacrificios al Señor”. 18Ahora pues, vayan y trabajen. Pero no se les dará paja, sin embargo, deben entregar la misma cantidad de ladrillos».
19Los jefes de los israelitas se dieron cuenta de que estaban en dificultades, cuando les dijeron: «No deben disminuir su cantidad diaria de ladrillos». 20Al salir de la presencia de Faraón, se encontraron con Moisés y Aarón, que los estaban esperando, 21y les dijeron: «Mire el Señor sobre ustedes y los juzgue, pues nos han hecho odiosos ante los ojos de Faraón y ante los ojos de sus siervos, poniéndoles una espada en la mano para que nos maten».
22Entonces Moisés se volvió al Señor, y dijo: «Oh Señor, ¿por qué has hecho mal a este pueblo? ¿Por qué me enviaste? 23Pues desde que vine a Faraón a hablar en Tu nombre, él ha hecho mal a este pueblo, y Tú no has hecho nada por librar a Tu pueblo».

Éxodo 6

1El Señor respondió a Moisés: «Ahora verás lo que haré a Faraón. Porque por la fuerza los dejará ir, y por la fuerza los echará de su tierra».
2Dios continuó hablando a Moisés, y le dijo: «Yo soy el Señor. 3Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero por Mi nombre, Señor, no me di a conocer a ellos. 4También establecí Mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra donde peregrinaron. 5Además, he oído el gemido de los israelitas, porque los egipcios los tienen esclavizados, y me he acordado de Mi pacto. 6Por tanto, dile a los israelitas: “Yo soy el Señor, y los sacaré de debajo de las cargas de los egipcios. Los libraré de su esclavitud, y los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios. 7Los tomaré a ustedes por pueblo Mío, y Yo seré su Dios. Sabrán que Yo soy el Señor su Dios, que los sacó de debajo de las cargas de los egipcios. 8Los traeré a la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y se la daré a ustedes por heredad. Yo soy el Señor” ».
9De esta manera Moisés habló a los israelitas, pero ellos no escucharon a Moisés a causa del desaliento y de la dura servidumbre.
10Entonces el Señor habló a Moisés y le dijo: 11«Ve, habla a Faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los israelitas de su tierra». 12Pero Moisés habló delante del Señor y le dijo: «Los israelitas no me han escuchado. ¿Cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de palabra?». 13Entonces el Señor habló a Moisés y a Aarón, y les dio órdenes para los israelitas y para Faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los israelitas de la tierra de Egipto.
14Estos son los jefes de las casas paternas: Los hijos de Rubén, primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi. Estas son las familias de Rubén. 15Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar y Saúl, hijo de una cananea. Estas son las familias de Simeón.
16Estos son los nombres de los hijos de Leví según sus generaciones: Gersón, Coat y Merari. Los años de la vida de Leví fueron 137 años. 17Los hijos de Gersón: Libni y Simei, según sus familias. 18Los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Los años de la vida de Coat fueron 133 años. 19Los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de los levitas según sus generaciones.
20Amram tomó por mujer a Jocabed, su tía, y ella dio a luz a Aarón y a Moisés. Los años de la vida de Amram fueron 137 años. 21Los hijos de Izhar: Coré, Nefeg y Zicri. 22Los hijos de Uziel: Misael, Elzafán y Sitri.
23Y Aarón tomó por mujer a Eliseba, hija de Aminadab, hermana de Naasón, y ella dio a luz a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 24Los hijos de Coré: Asir, Elcana y Abiasaf. Estas son las familias de los coreítas. 25Eleazar, hijo de Aarón, tomó por mujer a una de las hijas de Futiel, y ella dio a luz a Finees. Estos son los jefes de las casas paternas de los levitas, según sus familias.
26Aarón y Moisés son a los que el Señor dijo: «Saquen a los israelitas de la tierra de Egipto por sus ejércitos». 27Ellos son los que hablaron a Faraón, rey de Egipto, para sacar a los israelitas de Egipto. Estos fueron, Moisés y Aarón.
28El día que el Señor habló a Moisés en la tierra de Egipto, 29el Señor dijo a Moisés: «Yo soy el Señor. Dile a Faraón, rey de Egipto, todo lo que Yo te diga». 30Pero Moisés dijo delante del Señor: «Yo soy torpe de palabra. ¿Cómo, pues, me escuchará Faraón?».

Mateo 28

1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro. 2Y se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo, y acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; 4y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos.
5Hablando el ángel, dijo a las mujeres: «Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, porque ha resucitado, tal como Él dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto. 7Vayan pronto, y digan a Sus discípulos que Él ha resucitado de entre los muertos; y Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán. Miren, se lo he dicho a ustedes».
8Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a los discípulos. 9De repente Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Saludos!». Y ellas, acercándose, abrazaron Sus pies y lo adoraron. 10Entonces Jesús les dijo*: «No teman. Vayan, avisen a Mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
11Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad e informaron a los principales sacerdotes de todo lo que había sucedido. 12Después de reunirse con los ancianos y deliberar con ellos, dieron una gran cantidad de dinero a los soldados, 13diciendo: «Digan esto: “Sus discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras nosotros dormíamos”. 14Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros lo convenceremos y les evitaremos dificultades».
15Ellos tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Y este dicho se divulgó extensamente entre los judíos hasta hoy.
16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. 17Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaron.
18Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. 19Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».

Salmo 28

Salmo de David.
1A Ti clamo, oh Señor;
Roca mía, no seas sordo para conmigo,
No sea que si guardas silencio hacia mí,
Venga a ser semejante a los que descienden a la fosa.
2Escucha la voz de mis súplicas cuando a Ti pido auxilio;
Cuando levanto mis manos hacia el Lugar Santísimo de Tu santuario.
3No me arrastres con los impíos
Ni con los que obran iniquidad,
Que hablan de paz con su prójimo,
Mientras hay maldad en su corazón.
4Dales conforme a su obra y según la maldad de sus hechos;
Dales conforme a la obra de sus manos;
Págales su merecido.
5Porque no tienen en cuenta los hechos del Señor
Ni la obra de Sus manos,
Él los derribará y no los edificará.
6¶Bendito sea el Señor,
Porque ha oído la voz de mis súplicas.
7El Señor es mi fuerza y mi escudo;
En Él confía mi corazón, y soy socorrido;
Por tanto, mi corazón se regocija,
Y le daré gracias con mi cántico.
8El Señor es la fuerza de su pueblo,
Y Él es defensa salvadora de Su ungido.
9Salva a Tu pueblo y bendice a Tu heredad,
Pastoréalos y llévalos en Tus brazospara siempre.

Proverbios 28

1El impío huye sin que nadie lo persiga,
Pero los justos están confiados como un león.
2Por la transgresión de la tierra, muchos son sus príncipes;
Pero por el hombre entendido y de conocimiento permanece estable.
3El pobre que oprime a los humildes
Es como lluvia torrencial que no deja pan.
4Los que abandonan la ley alaban a los impíos,
Pero los que guardan la ley luchan contra ellos.
5Los hombres malvados no entienden de justicia,
Pero los que buscan al Señor lo entienden todo.
6Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el que es perverso, aunque sea rico.
7El que guarda la ley es hijo entendido,
Pero el que es compañero de glotones avergüenza a su padre.
8El que aumenta su riqueza por interés y usura,
La recoge para el que se apiada de los pobres.
9Al que aparta su oído para no oír la ley,
Su oración también es abominación.
10El que extravía a los rectos por el mal camino
En su propia fosa caerá,
Pero los íntegros heredarán el bien.
11El rico es sabio ante sus propios ojos,
Pero el pobre que es entendido, lo sondea.
12Cuando los justos triunfan, grande es la gloria,
Pero cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden.
13El que encubre sus pecados no prosperará,
Pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia.
14Cuán bienaventurado es el hombre que siempre teme,
Pero el que endurece su corazón caerá en el infortunio.
15 Cual león rugiente y oso agresivo
Es el gobernante perverso sobre el pueblo pobre.
16Al príncipe que es gran opresor le falta entendimiento,
Pero el que odia las ganancias injustas prolongará sus días.
17El hombre cargado con culpa de sangre humana,
Fugitivo será hasta la muerte; que nadie lo apoye.
18El que anda en integridad será salvo,
Pero el que es de camino torcido caerá de repente.
19El que labra su tierra se saciará de pan,
Pero el que sigue propósitos vanos se llenará de pobreza.
20El hombre fiel abundará en bendiciones,
Pero el que se apresura a enriquecerse no quedará sin castigo.
21Hacer acepción de personas no es bueno,
Pues por un bocado de pan el hombre pecará.
22El hombre avaro corre tras la riqueza
Y no sabe que la miseria vendrá sobre él.
23El que reprende al hombre hallará después más favor
Que el que lo lisonjea con la lengua.
24El que roba a su padre o a su madre
Y dice: «No es transgresión»,
Es compañero del hombre destructor.
25El hombre arrogante provoca rencillas,
Pero el que confía en el Señor prosperará.
26El que confía en su propio corazón es un necio,
Pero el que anda con sabiduría será librado.
27El que da al pobre no pasará necesidad,
Pero el que cierra sus ojos tendrá muchas maldiciones.
28Cuando los impíos se levantan, los hombres se esconden;
Pero cuando perecen, los justos se multiplican.

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