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Día 280 de 365 · 7 de octubre

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Isaías 61

1El Espíritu del Señor Dios está sobre mí,
Porque me ha ungido el Señor
Para traer buenas nuevas a los afligidos.
Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón,
Para proclamar libertad a los cautivos
Y liberación a los prisioneros;
2Para proclamar el año favorable del Señor,
Y el día de venganza de nuestro Dios;
Para consolar a todos los que lloran,
3Para conceder que a los que lloran en Sión
Se les dé diadema en vez de ceniza,
Aceite de alegría en vez de luto,
Manto de alabanza en vez de espíritu abatido;
Para que sean llamados robles de justicia,
Plantío del Señor, para que Él sea glorificado.
4¶Entonces reedificarán las ruinas antiguas,
Levantarán los lugares devastados de antaño,
Y restaurarán las ciudades arruinadas,
Los lugares devastados de muchas generaciones.
5Se presentarán extraños y apacentarán los rebaños de ustedes,
E hijos de extranjeros serán sus labradores y sus viñadores.
6Y ustedes serán llamados sacerdotes del Señor;
Ministros de nuestro Dios se les llamará.
Comerán las riquezas de las naciones,
Y en su gloria se jactarán.
7En vez de su vergüenza tendrán doble porción,
Y en vez de humillación ellos gritarán de júbilo por su herencia.
Por tanto, poseerán el doble en su tierra,
Y tendrán alegría eterna.
8Porque Yo, el Señor, amo el derecho,
Odio el robo en el holocausto.
Fielmente les daré su recompensa,
Y haré con ellos un pacto eterno.
9Entonces su descendencia será conocida entre las naciones,
Y sus vástagos en medio de los pueblos.
Todos los que los vean los reconocerán,
Porque son la simiente que el Señor ha bendecido.
10¶En gran manera me gozaré en el Señor,
Mi alma se regocijará en mi Dios.
Porque Él me ha vestido de ropas de salvación,
Me ha envuelto en manto de justicia
Como el novio se engalana con una corona,
Como la novia se adorna con sus joyas.
11Porque como la tierra produce sus renuevos,
Y como el huerto hace brotar lo sembrado en él,
Así el Señor Dios hará que la justicia y la alabanza
Broten en presencia de todas las naciones.

Isaías 62

1Por amor de Sión no callaré,
Y por amor de Jerusalén no me estaré quieto,
Hasta que salga su justicia como resplandor,
Y su salvación se encienda como antorcha.
2Entonces verán las naciones tu justicia,
Y todos los reyes tu gloria,
Y te llamarán con un nombre nuevo,
Que la boca del Señor determinará.
3Serás también corona de hermosura en la mano del Señor,
Y diadema real en la palma de tu Dios.
4Nunca más se dirá de ti: «Abandonada»,
Ni de tu tierra se dirá jamás: «Desolada»;
Sino que se te llamará: «Mi deleite está en ella»,
Y a tu tierra: «Prometida».
Porque en ti se deleita el Señor,
Y tu tierra tendrá esposo.
5Porque como el joven se desposa con una virgen,
Se desposarán contigo tus hijos;
Y como se regocija el esposo por la esposa,
Tu Dios se regocijará por ti.
6¶Sobre tus murallas, oh Jerusalén, he colocado centinelas;
En todo el día y en toda la noche jamás callarán.
Ustedes que hacen que el Señor recuerde, no se den descanso,
7Ni le concedan descanso hasta que la restablezca,
Hasta que haga de Jerusalén una alabanza en la tierra.
8El Señor ha jurado por Su diestra y por Su fuerte brazo:
«Nunca más daré tu grano por alimento a tus enemigos,
Ni hijos de extranjeros beberán tu vino nuevo por el que trabajaste».
9Pero los que lo cosechen, lo comerán y alabarán al Señor;
Y los que lo recolecten, lo beberán en los atrios de Mi santuario.
10¶Pasen, pasen por las puertas;
Abran camino al pueblo.
Construyan, construyan la calzada;
Quiten las piedras, alcen estandarte sobre los pueblos.
11El Señor ha proclamado hasta los confines de la tierra:
«Digan a la hija de Sión: “Tu salvación viene;
Su galardón está con Él, y delante de Él Su recompensa” ».
12Y los llamarán: «Pueblo Santo.
Redimidos del Señor».
Y a ti te llamarán: «Ciudad Deseada. Ciudad no abandonada».

Mateo 20

1 »Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña. 2Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3Salió después como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; 4y a estos les dijo: “Vayan también ustedes a la viña, y les daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. 5Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo. 6Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo*: “¿Por qué han estado aquí parados todo el día sin trabajar?”. 7Ellos le dijeron*: “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo*: “Vayan también ustedes a la viña”.
8 »Al atardecer, el señor de la viña dijo* a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos y terminando con los primeros”. 9Cuando llegaron los que habían sido contratados como a la hora undécima, cada uno recibió un denario. 10Cuando llegaron los que fueron contratados primero, pensaban que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno. 11Y al recibirlo, murmuraban contra el hacendado, 12diciendo: “Estos últimos han trabajado solo una hora, pero usted los ha hecho iguales a nosotros que hemos soportado el peso y el calor abrasador del día”.
13 »Pero respondiendo el hacendado, dijo a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14Toma lo que es tuyo, y vete; pero yo quiero darle a este último lo mismo que a ti. 15¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo que es mío? ¿O es tu ojo malo porque yo soy bueno?”. 16Así, los últimos serán primeros, y los primeros, últimos».
17Cuando Jesús iba subiendo a Jerusalén, tomó aparte a los doce discípulos, y por el camino les dijo: 18«Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y escribas, y lo condenarán a muerte; 19y lo entregarán a los gentiles para burlarse de Él, lo azotarán y crucificarán, pero al tercer día resucitará».
20Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y postrándose ante Él, le pidió algo. 21Jesús le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella le dijo*: «Ordena que en Tu reino estos dos hijos míos se sienten uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda». 22Pero Jesús dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo voy a beber?». Ellos respondieron*: «Podemos». 23Él les dijo*: «Mi copa ciertamente beberán, pero el sentarse a Mi derecha y a Mi izquierda no es Mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado por Mi Padre».
24Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. 25Pero Jesús, llamándolos junto a Él, dijo: «Ustedes saben que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. 26No ha de ser así entre ustedes, sino que el que entre ustedes quiera llegar a ser grande, será su servidor, 27y el que entre ustedes quiera ser el primero, será su siervo; 28así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar Su vida en rescate por muchos».
29Al salir de Jericó, una gran multitud siguió a Jesús. 30Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!». 31La gente los reprendía para que se callaran, pero ellos gritaban más aún: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!».
32Y deteniéndose Jesús, los llamó y les dijo: «¿Qué quieren que Yo haga por ustedes?». 33Ellos le respondieron*: «Señor, deseamos que nuestros ojos sean abiertos». 34Entonces Jesús, movido a compasión, tocó los ojos de ellos, y al instante recobraron la vista, y lo siguieron.

Salmo 130

Cántico de ascenso gradual.
1Desde lo más profundo, oh Señor, he clamado a Ti.
2¡Señor, oye mi voz!
Estén atentos Tus oídos
A la voz de mis súplicas.
3Señor, si Tú tuvieras en cuenta las iniquidades,
¿Quién, oh Señor, podría permanecer?
4Pero en Ti hay perdón,
Para que seas temido.
5¶Espero en el Señor; en Él espera mi alma,
Y en Su palabra tengo mi esperanza.
6Mi alma espera al Señor
Más que los centinelas a la mañana;
Sí, más que los centinelas a la mañana.
7Oh Israel, espera en el Señor,
Porque en el Señor hay misericordia,
Y en Él hay abundante redención;
8Él redimirá a Israel
De todas sus iniquidades.

Proverbios 1

1Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2Para aprender sabiduría e instrucción,
Para discernir dichos profundos,
3Para recibir instrucción en sabia conducta,
Justicia, juicio y equidad;
4Para dar a los simples prudencia,
Y a los jóvenes conocimiento y discreción.
5El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad,
6Para entender proverbio y metáfora,
Las palabras de los sabios y sus enigmas.
7¶El temor del Señor es el principio de la sabiduría;
Los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.
8¶Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
9Porque son guirnalda de gracia para tu cabeza,
Y collares para tu cuello.
10Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir,
No consientas.
11Si dicen: «Ven con nosotros,
Pongámonos al acecho para derramar sangre,
Sin causa asechemos al inocente,
12Devorémoslos vivos como el Seol,
Enteros, como los que descienden al abismo;
13Hallaremos toda clase de preciadas riquezas,
Llenaremos nuestras casas de botín;
14Echa tu suerte con nosotros,
Todos tendremos una bolsa»,
15Hijo mío, no andes en el camino con ellos.
Aparta tu pie de su senda,
16Porque sus pies corren hacia el mal,
Y se apresuran a derramar sangre.
17Porque es en vano tender la red
Ante los ojos de cualquier ave;
18Pero ellos a su propia sangre acechan,
Tienden lazo a sus propias vidas.
19Tales son los caminos de todo el que se beneficia por la violencia:
Que quita la vida de sus poseedores.
20¶La sabiduría clama en la calle,
En las plazas alza su voz;
21Clama en las esquinas de las calles concurridas;
A la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:
22«¿Hasta cuándo, oh simples, amarán la simpleza,
Y los burladores se deleitarán en hacer burla,
Y los necios aborrecerán el conocimiento?
23-»Vuélvanse a mi reprensión,
Y derramaré mi espíritu sobre ustedes;
Les haré conocer mis palabras.
24-»Porque he llamado y han rehusado oír,
He extendido mi mano y nadie ha hecho caso.
25-»Han desatendido todo consejo mío
Y no han deseado mi reprensión.
26-»También yo me reiré de la calamidad de ustedes,
Me burlaré cuando sobrevenga lo que temen,
27Cuando venga como tormenta lo que temen
Y su calamidad sobrevenga como torbellino,
Cuando vengan sobre ustedes tribulación y angustia.
28-»Entonces me invocarán, pero no responderé;
Me buscarán con diligencia, pero no me hallarán,
29Porque odiaron el conocimiento,
Y no escogieron el temor del Señor,
30Ni quisieron aceptar mi consejo,
Y despreciaron toda mi reprensión.
31-»Comerán del fruto de su conducta,
Y de sus propias artimañas se hartarán.
32-»Porque el desvío de los simples los matará,
Y la complacencia de los necios los destruirá.
33-»Pero el que me escucha vivirá seguro,
Y descansará, sin temor al mal».

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