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Día 281 de 365 · 8 de octubre

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Isaías 63

1¿Quién es este que viene de Edom,
De Bosra con vestiduras de colores brillantes;
Este, majestuoso en Su ropaje,
Que marcha en la plenitud de Su fuerza?
Soy Yo que hablo en justicia, poderoso para salvar.
2¿Por qué es rojo Tu ropaje,
Y Tus vestiduras como las del que pisa en el lagar?
3«El lagar lo he pisado Yo solo;
De los pueblos, ningún hombre estaba conmigo.
Los pisé en Mi ira
Y los aplasté en Mi furor.
Su sangre salpicó Mis vestiduras
Y manché todo Mi ropaje.
4-»Porque el día de la venganza estaba en Mi corazón,
Y el año de Mi redención había llegado.
5-»Miré, y no había quien ayudara,
Me asombré de que no hubiera quien apoyara.
Entonces Mi propio brazo obtuvo salvación por Mí,
Y fue Mi propio furor el que me sostuvo.
6-»Pisoteé los pueblos en Mi ira,
Los embriagué en Mi furor
Y derramé su sangre por tierra».
7¶Las misericordias del Señor recordaré, las alabanzas del Señor,
Conforme a todo lo que nos ha otorgado el Señor,
Por Su gran bondad hacia la casa de Israel,
Que les ha otorgado conforme a Su compasión
Y conforme a la multitud de Sus misericordias.
8Porque Él dijo: «Ciertamente, ellos son Mi pueblo,
Hijos que no engañarán».
Y Él fue su Salvador.
9En todas sus angustias Él estuvo afligido,
Y el ángel de Su presencia los salvó.
En Su amor y en Su compasión los redimió,
Los levantó y los sostuvo todos los días de antaño.
10Pero ellos se rebelaron
Y afligieron Su Santo Espíritu;
Por lo cual Él se convirtió en su enemigo
Y peleó contra ellos.
11Entonces Su pueblo se acordó de los días antiguos, de Moisés.
¿Dónde está el que los sacó del mar con los pastores de Su rebaño?
¿Dónde está el que puso Su Santo Espíritu en medio de ellos,
12El que hizo que Su glorioso brazo fuera a la derecha de Moisés,
El que dividió las aguas delante de ellos para hacerse un nombre eterno,
13El que los condujo por los abismos?
Como un caballo en el desierto, no tropezaron;
14Como a ganado que desciende al valle,
El Espíritu del Señor les dio descanso.
Así guiaste a Tu pueblo,
Para hacerte un nombre glorioso.
15¶Mira desde el cielo, y ve desde Tu santa y gloriosa morada;
¿Dónde está Tu celo y Tu poder?
La conmoción de Tus entrañas y Tu compasión para conmigo se han restringido.
16Porque Tú eres nuestro Padre, aunque Abraham no nos conoce,
Ni nos reconoce Israel.
Tú, oh Señor, eres nuestro Padre,
Desde la antigüedad Tu nombre es Nuestro Redentor.
17¿Por qué, oh Señor, nos haces desviar de Tus caminos
Y endureces nuestro corazón a Tu temor?
Vuélvete por amor de Tus siervos, las tribus de Tu heredad.
18Tu pueblo santo poseyó Tu santuario por breve tiempo;
Pero nuestros adversarios lo han pisoteado.
19Hemos venido a ser como aquellos sobre los que nunca gobernaste,
Comoaquellos que nunca fueron llamados por Tu nombre.

Isaías 64

1 ¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!
Si los montes se estremecieran ante Tu presencia
2 (Como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua),
Para dar a conocer Tu nombre a Tus adversarios,
Para que ante Tu presencia tiemblen las naciones!
3Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos,
Y descendiste, los montes se estremecieron ante Tu presencia.
4Desde la antigüedad no habían escuchado ni puesto atención,
Ni el ojo había visto a un Dios fuera de Ti
Que obrara a favor del que esperaba en Él.
5Sales al encuentro del que se regocija en practicar la justicia,
De los que se acuerdan de Ti en Tus caminos.
Pero te enojaste porque pecamos;
Continuamos en los pecados por mucho tiempo,
¿Y seremos salvos?
6Todos nosotros somos como el inmundo,
Y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas.
Todos nos marchitamos como una hoja,
Y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.
7Y no hay quien invoque Tu nombre,
Quien se despierte para agarrarse de Ti.
Porque has escondido Tu rostro de nosotros
Y nos has entregado al poder de nuestras iniquidades.
8¶Pero ahora, oh Señor, Tú eres nuestro Padre,
Nosotros el barro, y Tú nuestro alfarero;
Obra de Tus manos somos todos nosotros.
9No te enojes en exceso, oh Señor,
Ni para siempre te acuerdes de la iniquidad.
Mira, te rogamos, todos nosotros somos Tu pueblo.
10Tus ciudades santas se han vuelto un desierto;
Sión se ha convertido en un desierto,
Jerusalén en una desolación.
11Nuestra casa santa y hermosa
Donde te alababan nuestros padres,
Ha sido quemada por el fuego
Y todas nuestras cosas preciosas se han convertido en ruinas.
12¿Te detendrás ante estas cosas, oh Señor?
¿Guardarás silencio y nos afligirás sin medida?

Mateo 21

1Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús entonces envió a dos discípulos, 2diciéndoles: «Vayan a la aldea que está enfrente de ustedes, y enseguida encontrarán un asna atada y un pollino con ella; desátenla y tráiganlos a Mí. 3Y si alguien les dice algo, digan: “El Señor los necesita”; y enseguida los enviará».
4Esto sucedió para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta, cuando dijo:
5«Digan a la hija de Sión:
“Mira, tu Rey viene a ti,
Humilde y montado en un asna,
Y en un pollino, hijo de bestia de carga” ».
6Entonces fueron los discípulos e hicieron tal como Jesús les había mandado, 7y trajeron el asna y el pollino. Pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. 8La mayoría de la multitud tendió sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino. 9Y las multitudes que iban delante de Él y las que iban detrás, gritaban:
«¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito Aquel que viene en el nombre del Señor!
¡Hosanna en las alturas!».
10Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó, y decían: «¿Quién es Este?». 11Y las multitudes contestaban: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».
12Jesús entró en el templo y echó fuera a todos los que compraban y vendían en el templo. También volcó las mesas de los que cambiaban el dinero y los asientos de los que vendían las palomas. 13Y les dijo*: «Escrito está, “Mi casa será llamada casa de oración”, pero ustedes la están haciendo cueva de ladrones».
14En el templo se acercaron a Él los ciegos y los cojos, y los sanó. 15Pero cuando los principales sacerdotes y los escribas vieron las maravillas que había hecho, y a los muchachos que gritaban en el templo y decían: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron. 16Y le dijeron: «¿Oyes lo que estos dicen?». Y Jesús les respondió*: «Sí, ¿nunca han leído: “De la boca de los pequeños y de los niños de pecho te has preparado alabanza?” ». 17Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y se hospedó allí.
18Por la mañana, cuando regresaba a la ciudad, Jesús tuvo hambre. 19Y al ver una higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no halló nada en ella sino solo hojas, y le dijo*: «Nunca jamás brote fruto de ti». Y al instante se secó la higuera. 20Los discípulos se maravillaron al ver esto, y decían: «¿Cómo es que la higuera se secó al instante?».
21Jesús les respondió: «En verdad les digo que si tienen fe y no dudan, no solo harán lo de la higuera, sino que aun si dicen a este monte: “Quítate y échate al mar”, así sucederá. 22Y todo lo que pidan en oración, creyendo, lo recibirán».
23Cuando Jesús llegó al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a Él mientras enseñaba, diciendo: «¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio esta autoridad?».
24Y Jesús les respondió: «Yo también les haré una pregunta, que si me la contestan, Yo también les diré con qué autoridad hago estas cosas. 25¿De dónde era el bautismo de Juan, del cielo o de los hombres?». Y ellos discutían entre sí, diciendo: «Si decimos: “Del cielo”, Él nos dirá: “Entonces, ¿por qué no le creyeron?”. 26Y si decimos: “De los hombres”, tememos a la multitud; porque todos tienen a Juan por profeta».
27Y respondieron a Jesús: «No lo sabemos». Él a su vez les dijo: «Tampoco Yo les diré con qué autoridad hago estas cosas.
28 »Pero, ¿qué les parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegándose al primero, le dijo: “Hijo, ve, trabaja hoy en la viña”. 29Y él respondió: “No quiero”; pero después, arrepentido, fue. 30Llegándose al otro, le dijo lo mismo; y este respondió: “Yo iré, señor”; pero no fue. 31¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», respondieron* ellos. Jesús les dijo*: «En verdad les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que ustedes. 32Porque Juan vino a ustedes en camino de justicia y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las rameras le creyeron; y ustedes, viendo esto, ni siquiera se arrepintieron después para creerle.
33 »Escuchen otra parábola. Había una vez un hacendado que plantó una viña y la cercó con un muro, y cavó en ella un lagar y edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue de viaje. 34Cuando se acercó el tiempo de la cosecha, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. 35Pero los labradores, tomando a los siervos, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo apedrearon. 36Volvió a mandar otro grupo de siervos, mayor que el primero; y les hicieron lo mismo.
37 »Finalmente les envió a su hijo, diciendo: “Respetarán a mi hijo”. 38Pero cuando los labradores vieron al hijo, dijeron entre sí: “Este es el heredero; vengan, matémoslo y apoderémonos de su heredad”. 39Y echándole mano, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. 40Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará a esos labradores?».
41Ellos respondieron*: «Llevará a esos miserables a un fin lamentable, y arrendará la viña a otros labradores que le paguen los frutos a su tiempo». 42Jesús les dijo*: «¿Nunca leyeron en las Escrituras:
“La piedra que desecharon los constructores,
Esa, en piedra angular se ha convertido;
Esto fue hecho de parte del Señor,
Y es maravilloso a nuestros ojos”?
43 Por eso les digo que el reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca los frutos del reino. 44Y el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos; pero sobre quien ella caiga, lo esparcirá como polvo».
45Al oír las parábolas de Jesús los principales sacerdotes y los fariseos, comprendieron que Él hablaba de ellos. 46Y cuando procuraron prender a Jesús, tuvieron miedo de la multitud, porque ellos lo tenían por profeta.

Salmo 131

Cántico de ascenso gradual; de David.
1Señor, mi corazón no es soberbio, ni mis ojos altivos;
No ando tras las grandezas,
Ni en cosas demasiado difíciles para mí;
2Sino que he calmado y acallado mi alma;
Como un niño destetado en el regazo de su madre,
Como un niño destetado está mi alma dentro de mí.
3Espera, oh Israel, en el Señor,
Desde ahora y para siempre.

Proverbios 2

1Hijo mío, si recibes mis palabras
Y atesoras mis mandamientos dentro de ti,
2Da oído a la sabiduría,
Inclina tu corazón al entendimiento.
3Porque si clamas a la inteligencia,
Alza tu voz por entendimiento;
4Si la buscas como a la plata,
Y la procuras como a tesoros escondidos,
5Entonces entenderás el temor del Señor
Y descubrirás el conocimiento de Dios.
6Porque el Señor da sabiduría,
De Su boca vienen el conocimiento y la inteligencia.
7Él reserva la prosperidad para los rectos
Y es escudo para los que andan en integridad,
8Guarda las sendas del juicio,
Y preserva el camino de Sus santos.
9Entonces discernirás justicia y juicio,
Equidad y todo buen sendero.
10Porque la sabiduría entrará en tu corazón,
Y el conocimiento será grato a tu alma;
11 La discreción velará sobre ti,
El entendimiento te protegerá,
12Para librarte de la senda del mal,
Del hombre que habla cosas perversas;
13De los que dejan las sendas de rectitud,
Para andar por los caminos tenebrosos;
14De los que se deleitan en hacer el mal
Y se regocijan en las perversidades del mal;
15Cuyas sendas son torcidas,
Y se extravían en sus senderos.
16 La discreción te librará de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras,
17La cual deja al compañero de su juventud,
Y olvida el pacto de su Dios;
18Porque su casa se inclina hacia la muerte,
Y sus senderos hacia los muertos.
19Todos los que van a ella, no vuelven,
Ni alcanzan las sendas de la vida.
20Por tanto, andarás en el camino de los buenos
Y guardarás las sendas de los justos.
21Porque los rectos morarán en la tierra,
Y los íntegros permanecerán en ella;
22Pero los impíos serán cortados de la tierra,
Y los malvados serán desarraigados de ella.

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