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Día 284 de 365 · 11 de octubre

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Jeremías 3

1Dios dice: «Si un hombre se divorcia de su mujer,
Y ella se va de su lado
Y llega a ser de otro hombre,
¿Volverá él a ella?
¿No quedará esa tierra totalmente profanada?
Pues tú eres una ramera con muchos amantes,
Y, sin embargo, vuelves a Mí», declara el Señor.
2«Alza tus ojos a las alturas desoladas y mira;
¿Dónde no te has prostituido?
Junto a los caminos te sentabas para ellos
Como el árabe en el desierto.
Has profanado la tierra
Con tu prostitución y tu maldad.
3-»Por eso fueron detenidas las lluvias,
Y no hubo lluvia de primavera;
Pero tú tenías frente de ramera,
No quisiste avergonzarte.
4-»¿No acabas de llamarme:
“Padre Mío, Tú eres el amigo de mi juventud”? pensando:
5“¿Guardará rencor para siempre?
¿Estará indignado hasta el fin?”.
Así has hablado,
Pero has hecho lo malo,
Y has hecho tu voluntad».
6El Señor me dijo en días del rey Josías: «¿Has visto lo que hizo la infiel Israel? Ella andaba sobre todo monte alto y bajo todo árbol frondoso, y allí se prostituía. 7Y me dije: “Después que ella haya hecho todas estas cosas, volverá a Mí”; pero no regresó, y lo vio su rebelde hermana Judá. 8Y vio que a causa de todos los adulterios de la infiel Israel, Yo la había despedido, dándole carta de divorcio. Con todo, su rebelde hermana Judá no tuvo temor, sino que ella también fue y se hizo ramera. 9A causa de la liviandad con que se prostituyó, profanó la tierra, y cometió adulterio con la piedra y con el leño. 10A pesar de todo esto, su rebelde hermana Judá tampoco se volvió a Mí de todo corazón, sino con engaño», declara el Señor.
11Y el Señor me dijo: «Más justa ha probado ser la infiel Israel que la rebelde Judá.
12Ve y proclama estas palabras al norte, y di:
“Regresa, infiel Israel”, declara el Señor,
“No te miraré con ira,
Porque soy misericordioso”, declara el Señor;
“No guardaré rencor para siempre.
13-”Solo reconoce tu iniquidad,
Pues contra el Señor tu Dios te has rebelado,
Has repartido tus favores a los extraños bajo todo árbol frondoso,
Y no has obedecido Mi voz”, declara el Señor.
14“Vuelvan, hijos infieles”, declara el Señor, “porque Yo soy su dueño, y los tomaré, uno de cada ciudad y dos de cada familia, y los llevaré a Sión”. 15Entonces les daré pastores según Mi corazón, que los apacienten con conocimiento y con inteligencia. 16En aquellos días, cuando ustedes se multipliquen y crezcan en la tierra», declara el Señor, «no se dirá más: “Arca del pacto del Señor”. No les vendrá a la mente ni la recordarán, no la echarán de menos ni será hecha de nuevo. 17En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: “Trono del Señor”; y todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, a causa del nombre del Señor; y no andarán más tras la terquedad de su malvado corazón. 18En aquellos días andará la casa de Judá con la casa de Israel, y vendrán juntas de la tierra del norte a la tierra que di en heredad a sus padres.
19¶»Yo había dicho:
“¡Cómo quisiera ponerte entre Mis hijos,
Y darte una tierra deseable,
La más hermosa heredad de las naciones!”.
Y decía: “Padre Mío me llamarán,
Y no se apartarán de seguirme”.
20-»Ciertamente, como una mujer se aparta en rebeldía de su amado,
Así ustedes han obrado en rebeldía conmigo,
Oh casa de Israel», declara el Señor.
21¶Se oye una voz sobre las alturas desoladas,
El llanto de las súplicas de los israelitas;
Porque han pervertido su camino,
Han olvidado al Señor su Dios.
22Vuelvan, hijos infieles,
Yo sanaré su infidelidad.
Aquí estamos, venimos a Ti,
Porque Tú, el Señor, eres nuestro Dios.
23Ciertamente un engaño son las colinas
Y el tumulto sobre los montes.
Ciertamente, en el Señor nuestro Dios
Está la salvación de Israel.
24«Pero lo vergonzoso consumió el trabajo de nuestros padres desde nuestra juventud: sus ovejas y sus vacas, sus hijos y sus hijas. 25Acostémonos en nuestra vergüenza, y que nos cubra nuestra humillación, porque hemos pecado contra el Señor nuestro Dios, nosotros y nuestros padres desde nuestra juventud hasta hoy, y no hemos obedecido la voz del Señornuestro Dios».

Jeremías 4

1«Si has de volver, oh Israel», declara el Señor,
«Vuélvete a Mí.
Si quitas de Mi presencia tus abominaciones,
Y no vacilas,
2Y juras: “Vive el Señor”,
En verdad, en juicio y en justicia,
Entonces en Él serán bendecidas las naciones,
Y en Él se gloriarán».
3Porque así dice el Señor a los hombres de Judá y de Jerusalén:
«Rompan la tierra no labrada,
Y no siembren entre espinos.
4-»Circuncídense para el Señor,
Y quiten los prepucios de sus corazones,
Hombres de Judá y habitantes de Jerusalén,
No sea que Mi furor salga como fuego
Y arda y no haya quien lo apague,
A causa de la maldad de sus obras».
5¶Declaren en Judá y proclamen en Jerusalén, y digan:
«Toquen la trompeta en la tierra;
Clamen en alta voz, y digan:
“Reúnanse y entremos
En las ciudades fortificadas”.
6-»Levanten bandera hacia Sión;
Busquen refugio, no se detengan;
Porque traigo del norte la calamidad,
Una gran destrucción.
7-»Ha salido el león de la espesura,
Y el destructor de naciones se ha puesto en marcha;
Ha salido de su lugar
Para convertir tu tierra en desolación.
Tus ciudades quedarán en ruinas, sin habitantes.
8-»Por eso, vístanse de cilicio,
Laméntense y giman;
Porque no se ha apartado de nosotros
La ardiente ira del Señor».
9«Y sucederá en aquel día», declara el Señor
«Que fallará el corazón del rey
Y el corazón de los príncipes;
Se quedarán atónitos los sacerdotes
Y los profetas se pasmarán».
10Entonces dije: «¡Ah, Señor Dios! Ciertamente has engañado en gran manera a este pueblo y a Jerusalén, diciendo: “Paz tendrán”, cuando tienen la espada al cuello».
11En aquel tiempo se dirá a este pueblo y a Jerusalén: «Un viento abrasador de las alturas desoladas del desierto, en dirección a la hija de Mi pueblo, no para aventar, ni para limpiar, 12un viento demasiado fuerte para esto, vendrá a Mi mandato. Ahora Yo pronunciaré juicios contra ellos.
13Miren, él sube como las nubes,
Y sus carros como un torbellino;
Sus caballos son más ligeros que las águilas.
¡Ay de nosotros, porque estamos perdidos!».
14¶Lava de maldad tu corazón, Jerusalén,
Para que seas salvada.
¿Hasta cuándo morarán dentro de ti
Pensamientos perversos?
15Porque una voz lo anuncia desde Dan,
Y proclama el mal desde los montes de Efraín.
16«Avísenlo a las naciones: ¡Aquí están!
Proclamen sobre Jerusalén:
“Sitiadores vienen de tierra lejana
Y alzan sus voces contra las ciudades de Judá.
17-”Como guardas de campo están apostados contra ella por todos lados,
Porque se ha rebelado contra Mí”, declara el Señor.
18-»Tu comportamiento y tus acciones
Te han traído estas cosas.
Esta es tu maldad. ¡Qué amarga!
¡Cómo ha penetrado hasta tu corazón!».
19¶¡Alma mía, alma mía!
Estoy angustiado, ¡oh corazón mío!
Mi corazón se agita dentro de mí;
No callaré,
Porque has oído, alma mía,
El sonido de la trompeta,
El pregón de guerra.
20Desastre sobre desastre se anuncia,
Porque es arrasada toda la tierra.
De repente son arrasadas mis tiendas,
En un instante mis cortinas.
21¿Hasta cuándo he de ver la bandera
Y he de oír el sonido de la trompeta?
22«Porque Mi pueblo es necio,
No me conoce;
Hijos torpes son,
No son inteligentes.
Astutos son para hacer el mal,
Pero no saben hacer el bien».
23¶Miré a la tierra, y estaba sin orden y vacía;
Y a los cielos, y no tenían luz.
24Miré a los montes, y temblaban,
Y todas las colinas se estremecían.
25Miré, y no había hombre alguno,
Y todas las aves del cielo habían huido.
26Miré, y la tierra fértil era un desierto,
Y todas sus ciudades estaban arrasadas
Delante del Señor, delante del ardor de Su ira.
27Porque así dice el Señor:
«Una desolación será toda la tierra,
Pero no causaré una destrucción total.
28-»Por eso se enlutará la tierra,
Y se oscurecerán los cielos arriba,
Porque he hablado, lo he decidido,
Y no me arrepentiré, ni me retractaré de ello».
29Al ruido de jinetes y arqueros huye toda la ciudad;
Entran en las espesuras y trepan por los peñascos.
Toda ciudad está abandonada,
Y no queda en ellas morador alguno.
30Y tú, desolada, ¿qué harás?
Aunque te vistas de escarlata,
Aunque te pongas adornos de oro,
Aunque te agrandes los ojos con pintura,
En vano te embelleces;
Te desprecian tus amantes,
Solo buscan tu vida.
31Porque oí un grito como de mujer de parto,
Angustia como de primeriza;
Era el grito de la hija de Sión que se ahogaba,
Y extendía sus manos, diciendo:
«¡Ay ahora de mí, porque desfallezcoante los asesinos!».

Mateo 24

1Cuando Jesús salió del templo, y se iba, se acercaron Sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 2Pero Él les dijo: «¿Ven todo esto? En verdad les digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada».
3Estando Jesús sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a Él los discípulos en privado, y le preguntaron: «Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de Tu venida y de la consumación de este siglo?». 4Jesús les respondió: «Tengan cuidado de que nadie los engañe. 5Porque muchos vendrán en Mi nombre, diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos. 6Ustedes van a oír de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No se alarmen, porque es necesario que todo esto suceda; pero todavía no es el fin. 7Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos. 8Pero todo esto es solo el comienzo de dolores.
9 »Entonces los entregarán a tribulación, y los matarán, y serán odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. 10Muchos se apartarán de la fe entonces, y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. 11Se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán. 12Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriará. 13Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo. 14Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.
15 »Por tanto, cuando ustedes vean la abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo, y el que lea que entienda, 16entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17El que esté en la azotea, no baje a sacar las cosas de su casa; 18y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. 19Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días!
20 »Oren para que la huida de ustedes no suceda en invierno, ni en día de reposo. 21Porque habrá entonces una gran tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás. 22Y si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.
23 »Entonces si alguien les dice: “Miren, aquí está el Cristo”, o “Allí está”, no lo crean. 24Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos. 25Vean que se lo he dicho de antemano. 26Por tanto, si les dicen: “Miren, Él está en el desierto”, no vayan; o “Miren, Él está en las habitaciones interiores”, no les crean. 27Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre. 28Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.
29 »Pero inmediatamente después de la tribulación de esos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias de los cielos serán sacudidas. 30Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. 31Y Él enviará a Sus ángeles con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
32 »De la higuera aprendan la parábola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, saben que el verano está cerca. 33Así también ustedes, cuando vean todas estas cosas, sepan que Él está cerca, a las puertas. 34En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 35El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán.
36 »Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre. 37Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. 38Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre.
40 »Entonces estarán dos en el campo; uno será llevado y el otro será dejado. 41Dos mujeres estarán moliendo en el molino; una será llevada y la otra será dejada. 42Por tanto, velen, porque no saben en qué día viene su Señor. 43Pero entiendan esto: si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, hubiera estado alerta y no hubiera permitido que entrara en su casa. 44Por eso, también ustedes estén preparados, porque a la hora que no piensan vendrá el Hijo del Hombre.
45 »¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente a quien su señor puso sobre los de su casa para que les diera la comida a su tiempo? 46Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. 47De cierto les digo que lo pondrá sobre todos sus bienes. 48Pero si aquel siervo es malo, y dice en su corazón: “Mi señor tardará”; 49y empieza a golpear a sus consiervos, y come y bebe con los que se emborrachan, 50vendrá el señor de aquel siervo el día que no lo espera, y a una hora que no sabe, 51y lo azotará severamente y le asignará un lugar con los hipócritas; allí será el llanto y el crujir de dientes.

Salmo 134

Cántico de ascenso gradual.
1Bendigan al Señor todos los siervos del Señor,
Los que sirven por la noche en la casa del Señor.
2Alcen sus manos al santuario
Y bendigan al Señor.
3Desde Sión te bendiga el Señor,
Que hizo los cielos y la tierra.

Proverbios 5

1Hijo mío, presta atención a mi sabiduría,
Inclina tu oído a mi prudencia,
2Para que guardes la discreción
Y tus labios conserven el conocimiento.
3Porque los labios de la extraña destilan miel,
Y su lengua es más suave que el aceite;
4Pero al final es amarga como el ajenjo,
Aguda como espada de dos filos.
5Sus pies descienden a la muerte,
Sus pasos solo logran el Seol.
6No considera la senda de la vida;
Sus senderos son inestables, y no lo sabe.
7¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y no se aparten de las palabras de mi boca.
8Aleja de la extraña tu camino,
Y no te acerques a la puerta de su casa;
9No sea que des tu vigor a otros
Y tus años al cruel;
10No sea que se sacien los extraños de tus bienes
Y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero;
11Y al final te lamentes,
Cuando tu carne y tu cuerpo se hayan consumido,
12Y digas: «¡Cómo he aborrecido la instrucción,
Y mi corazón ha despreciado la corrección!
13-»No he escuchado la voz de mis maestros,
Ni he inclinado mi oído a mis instructores.
14-»He estado a punto de completa ruina
En medio de la asamblea y la congregación».
15¶Bebe agua de tu cisterna
Y agua fresca de tu pozo.
16¿Se derramarán por fuera tus manantiales,
Tus arroyos de aguas por las calles?
17Sean para ti solo,
Y no para los extraños contigo.
18Sea bendita tu fuente,
Y regocíjate con la mujer de tu juventud,
19Amante cierva y graciosa gacela;
Que sus senos te satisfagan en todo tiempo,
Su amor te embriague para siempre.
20¿Por qué has de embriagarte, hijo mío, con una extraña,
Y abrazar el seno de una desconocida?
21Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del Señor,
Y Él observa todos sus senderos.
22De sus propias iniquidades será presa el impío,
Y en los lazos de su pecado quedará atrapado.
23Morirá por falta de instrucción,
Y por su mucha necedad perecerá.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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