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Día 286 de 365 · 13 de octubre

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Jeremías 7

1Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor, diciendo: 2«Párate a la puerta de la casa del Señor y proclama allí esta palabra, y di: “Oigan la palabra del Señor, todos los de Judá, los que entran por estas puertas para adorar al Señor” ». 3Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Enmienden sus caminos y sus obras, y haré que ustedes moren en este lugar. 4No confíen en palabras engañosas que dicen: “Este es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor”. 5Porque si en verdad enmiendan sus caminos y sus obras, si en verdad hacen justicia entre el hombre y su prójimo, 6y no oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda, ni derraman sangre inocente en este lugar, ni andan en pos de otros dioses para su propia ruina, 7entonces haré que moren en este lugar, en la tierra que di a sus padres para siempre.
8»Ustedes confían en palabras engañosas que no aprovechan. 9¿Robarán, matarán, cometerán adulterio, jurarán falsamente, ofrecerán sacrificios a Baal y andarán en pos de otros dioses que no habían conocido? 10¿Y vendrán luego y se pondrán delante de Mí en esta casa, que es llamada por Mi nombre, y dirán: “Ya estamos salvos”; para después seguir haciendo todas estas abominaciones? 11¿Se ha convertido esta casa, que es llamada por Mi nombre, en cueva de ladrones delante de sus ojos? Yo mismo lo he visto», declara el Señor.
12«Ahora pues, vayan a Mi lugar en Silo, donde al principio hice morar Mi nombre, y vean lo que hice con él a causa de la maldad de Mi pueblo Israel. 13Y ahora, por cuanto han hecho todas estas obras», declara el Señor, «y a pesar de que les hablé desde temprano y hablando sin cesar, no oyeron; los llamé, pero no respondieron. 14Como hice con Silo, así haré con la casa que es llamada por Mi nombre, en la cual confían, y al lugar que di a ustedes y a sus padres. 15Y los echaré de Mi presencia, como eché a todos sus hermanos, a toda la descendencia de Efraín.
16»En cuanto a ti, no ruegues por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni intercedas ante Mí, porque no te oiré. 17¿No ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? 18Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, las mujeres preparan la masa para hacer tortas a la reina del cielo, y derraman libaciones a otros dioses para ofenderme». 19«¿Me ofenden a Mí?», declara el Señor. «¿No es a sí mismos que se ofenden para su propia vergüenza?». 20Por tanto, así dice el Señor Dios: «Mi ira y mi furor serán derramados sobre este lugar, sobre los hombres y sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre el fruto de la tierra; arderá y no se apagará».
21Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Añadan sus holocaustos a sus sacrificios y coman la carne. 22Porque Yo no hablé a sus padres, ni les ordené nada en cuanto a los holocaustos y sacrificios, el día que los saqué de la tierra de Egipto. 23Sino que esto es lo que les ordené: “Escuchen Mi voz y Yo seré su Dios y ustedes serán Mi pueblo, y andarán en todo camino por el que Yo los envíe para que les vaya bien”. 24Pero ellos no escucharon ni inclinaron su oído, sino que anduvieron en sus propias deliberaciones y en la terquedad de su malvado corazón, y fueron hacia atrás y no hacia adelante. 25Desde el día que los padres de ustedes salieron de la tierra de Egipto hasta hoy, les he enviado a todos Mis siervos los profetas, madrugando cada día y enviándolos. 26Pero no me escucharon ni inclinaron su oído, sino que fueron tercos e hicieron peor que sus padres.
27»Les dirás, pues, todas estas palabras, pero no te escucharán; los llamarás, y no te responderán. 28Entonces les dirás: “Esta es la nación que no escuchó la voz del Señor su Dios, ni aceptó corrección; ha perecido la verdad, ha sido eliminada de su boca.
29-”Córtate el cabello y tíralo,
Y entona una endecha en las alturas desoladas;
Porque el Señor ha desechado y abandonado
A la generación objeto de Su furor”.
30Porque los hijos de Judá han hecho lo que es malo ante Mis ojos», declara el Señor, «han puesto sus abominaciones en la casa que es llamada por Mi nombre, profanándola. 31Y han edificado los lugares altos de Tofet, que está en el valle de Ben Hinom, para quemar a sus hijos y a sus hijas en el fuego, lo cual Yo no mandé, ni me pasó por la mente». 32«Por tanto, vienen días», declara el Señor, «cuando no se dirá más Tofet, ni valle de Ben Hinom, sino el valle de la Matanza; porque enterrarán en Tofet por no haber otro lugar. 33Y los cadáveres de este pueblo servirán de comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra, sin que nadie las espante. 34Entonces haré cesar de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia; porque la tierra quedará desolada».

Jeremías 8

1«En aquel tiempo», declara el Señor, «sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén; 2los esparcirán al sol, a la luna y a todo el ejército del cielo, a quienes amaron y sirvieron, y a quienes siguieron, a quienes buscaron y adoraron. No serán recogidos ni enterrados; serán como estiércol sobre la superficie de la tierra. 3La muerte será escogida en lugar de la vida por todo el remanente que quede de este linaje malvado, los que queden en todos los lugares adonde los he arrojado», declara el Señor de los ejércitos. 4«Y les dirás: “Así dice el Señor:
‘Los que caen ¿no se levantan?
El que se desvía ¿no se arrepiente?
5-’¿Por qué entonces este pueblo, Jerusalén,
Se ha desviado en continua apostasía?
Se aferran al engaño,
Rehúsan volver.
6-’He escuchado y oído,
Han hablado lo que no es recto;
Ninguno se arrepiente de su maldad,
Diciendo: “¿Qué he hecho?”.
Cada cual vuelve a su carrera,
Como caballo que se lanza en la batalla.
7-’Aun la cigüeña en el cielo
Conoce sus estaciones,
Y la tórtola, la golondrina y la grulla
Guardan la época de sus migraciones;
Pero Mi pueblo no conoce
La ordenanza del Señor.
8¶’¿Cómo pueden decir: “Somos sabios,
Y la ley del Señor está con nosotros”,
Cuando la ha cambiado en mentira
La pluma mentirosa de los escribas?
9-’Los sabios son avergonzados,
Están abatidos y atrapados;
Ellos han desechado la palabra del Señor,
¿Y qué clase de sabiduría tienen?
10-’Por tanto, daré sus mujeres a otros,
Y sus campos a nuevos dueños;
Porque desde el menor hasta el mayor
Todos ellos codician ganancias;
Desde el profeta hasta el sacerdote
Todos practican el engaño.
11-’Curan a la ligera el quebranto de la hija de Mi pueblo,
Diciendo: “Paz, paz”,
Pero no hay paz.
12-’¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido?
Ciertamente no se han avergonzado,
Tampoco han sabido ruborizarse.
Por tanto caerán entre los que caigan,
En la hora de su castigo serán derribados’, dice el Señor.
13¶‘Ciertamente los destruiré’, declara el Señor;
‘No habrá uvas en la vid,
Ni higos en la higuera,
Y la hoja se marchitará;
Lo que les he dado, les será quitado’ ” ».
14¿Por qué estamos aún sentados?
Congréguense, y entremos en las ciudades fortificadas,
Y perezcamos allí,
Pues el Señor nuestro Dios nos hace perecer
Y nos ha dado a beber agua envenenada,
Porque hemos pecado contra el Señor.
15Esperábamos paz, pero no vino ningún bien;
Tiempo de curación, pero sobrevino terror.
16Desde Dan se oye el resoplido de sus caballos;
Al sonido de los relinchos de sus corceles,
Tiembla toda la tierra;
Vienen y devoran la tierra y cuanto hay en ella,
La ciudad y los que en ella habitan.
17«Porque Yo envío contra ustedes serpientes,
Áspides contra los cuales no hay encantamiento,
Y los morderán», declara el Señor.
18¶Mi tristeza no tiene remedio,
Mi corazón desfallece en mí.
19La voz del clamor de la hija de mi pueblo desde una tierra lejana es esta:
«¿No está el Señor en Sión? ¿No está su rey en ella?».
«¿Por qué me han provocado con sus imágenes talladas, con ídolos extranjeros?».
20«Pasó la siega, terminó el verano,
Y nosotros no hemos sido salvados».
21Por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo estoy quebrantado;
Ando enlutado, el espanto se ha apoderado de mí.
22¿No hay bálsamo en Galaad?
¿No hay médico allí?
¿Por qué, pues, no se ha restablecido la saludde la hija de mi pueblo?

Mateo 26

1Cuando Jesús terminó todas estas palabras, dijo a Sus discípulos: 2«Ustedes saben que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado».
3Entonces los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, 4y con engaño, tramaron entre ellos prender y matar a Jesús. 5Pero decían: «No durante la fiesta, para que no haya un tumulto en el pueblo».
6Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, 7se acercó a Él una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy costoso, y lo derramó sobre Su cabeza cuando estaba sentado a la mesa. 8Pero al ver esto, los discípulos se indignaron, y decían: «¿Para qué este desperdicio? 9Porque este perfume podía haberse vendido a gran precio, y el dinero habérselo dado a los pobres».
10Pero Jesús, dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestan a la mujer? Pues buena es la obra que me ha hecho. 11Porque a los pobres siempre los tendrán con ustedes, pero a Mí no siempre me tendrán. 12Pues al derramar ella este perfume sobre Mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13En verdad les digo, que dondequiera que este evangelio se predique, en el mundo entero, se hablará también de lo que esta ha hecho, en memoria de ella».
14Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, 15y les dijo: «¿Qué están dispuestos a darme para que yo les entregue a Jesús?». Y ellos le pesaron treinta monedas de plata (30 siclos: 432 gramos). 16Y desde entonces Judas buscaba una oportunidad para entregar a Jesús.
17El primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: «¿Dónde quieres que hagamos los preparativos para que comas la Pascua?». 18Y Él respondió: «Vayan a la ciudad, a cierto hombre, y díganle: “El Maestro dice: ‘Mi tiempo está cerca; quiero celebrar la Pascua en tu casa con Mis discípulos’ ” ». 19Entonces los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20Al atardecer, estaba Jesús sentado a la mesa con los doce discípulos. 21Y mientras comían, dijo: «En verdad les digo que uno de ustedes me entregará». 22Ellos, profundamente entristecidos, comenzaron a decir uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?». 23Él respondió: «El que metió la mano al mismo tiempo que Yo en el plato, ese me entregará. 24El Hijo del Hombre se va, según está escrito de Él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido». 25Judas, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Acaso soy yo, Rabí?». «Tú lo has dicho», le contestó Jesús.
26Mientras comían, Jesús tomó pan, y habiéndolo bendecido, lo partió, y dándoselo a los discípulos, dijo: «Tomen, coman; esto es Mi cuerpo». 27Y tomando una copa, y habiendo dado gracias, se la dio, diciendo: «Beban todos de ella; 28porque esto es Mi sangre del nuevo pacto, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. 29Les digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo con ustedes en el reino de Mi Padre».
30Y después de cantar un himno, salieron hacia el monte de los Olivos.
31Entonces Jesús les dijo*: «Esta noche todos ustedes se apartarán por causa de Mí, pues escrito está: “Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño se dispersarán”. 32Pero después de que Yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galilea». 33Pedro le respondió: «Aunque todos se aparten por causa de Ti, yo nunca me apartaré». 34Jesús le dijo: «En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces». 35Pedro le dijo*: «Aunque tenga que morir junto a Ti, jamás te negaré». Todos los discípulos dijeron también lo mismo.
36Entonces Jesús llegó* con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo* a Sus discípulos: «Siéntense aquí mientras Yo voy allá y oro». 37Y tomando con Él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. 38Entonces les dijo*: «Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen junto a Mí».
39Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras». 40Entonces vino* Jesús a los discípulos y los halló* durmiendo, y dijo* a Pedro: «¿Conque no pudieron velar una hora junto a Mí? 41Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».
42Apartándose de nuevo, oró por segunda vez, diciendo: «Padre Mío, si esta copa no puede pasar sin que Yo la beba, hágase Tu voluntad». 43Vino otra vez Jesús y los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. 44Dejándolos de nuevo, se fue y oró por tercera vez, y dijo otra vez las mismas palabras. 45Entonces vino* a los discípulos y les dijo*: «¿Todavía están durmiendo y descansando? Vean, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46¡Levántense! ¡Vamos! Miren, está cerca el que me entrega».
47Mientras Jesús estaba todavía hablando, Judas, uno de los doce, llegó acompañado de una gran multitud con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48El que lo entregaba les había dado una señal, diciendo: «Al que yo bese, Él es; lo pueden prender». 49Enseguida se acercó a Jesús y dijo: «¡Salve, Rabí!». Y lo besó. 50«Amigo, haz lo que viniste a hacer», le dijo Jesús. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron.
51Y uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja. 52Entonces Jesús le dijo*: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. 53¿O piensas que no puedo rogar a Mi Padre, y Él pondría a Mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles? 54Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que así debe suceder?».
55En aquel momento Jesús dijo a la muchedumbre: «¿Cómo contra un ladrón han salido con espadas y palos para asegurarse que me arrestaban? Cada día me sentaba en el templo para enseñar, y no me prendieron. 56Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas». Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
57Los que prendieron a Jesús lo llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58Pedro fue siguiendo de lejos a Jesús hasta el patio del sumo sacerdote, y entrando, se sentó con los guardias para ver el fin de todo aquello.
59Y los principales sacerdotes y todo el Concilio procuraban obtener falso testimonio contra Él, con el fin de dar muerte a Jesús, 60y no lo hallaron a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Pero más tarde se presentaron dos, 61que dijeron: «Este declaró: “Yo puedo destruir el templo de Dios y en tres días reedificarlo” ».
62Entonces el sumo sacerdote, levantándose, le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra Ti?». 63Pero Jesús se quedó callado. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te ordeno por el Dios viviente que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». 64Jesús le contestó*: «Tú mismo lo has dicho; sin embargo, a ustedes les digo que desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo».
65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ahora mismo ustedes han oído la blasfemia. 66¿Qué les parece?». «¡Él es digno de muerte!», le contestaron. 67Entonces le escupieron en el rostro y le dieron puñetazos; y otros lo abofeteaban, 68y le decían: «Adivina, Cristo, ¿quién es el que te ha golpeado?».
69Pedro estaba sentado afuera en el patio, y una sirvienta se le acercó y dijo: «Tú también estabas con Jesús el galileo». 70Pero él lo negó delante de todos ellos, diciendo: «No sé de qué hablas».
71Cuando salió al portal, lo vio otra sirvienta y dijo* a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazareno». 72Y otra vez él lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!».
73Un poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro que tú también eres uno de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre». 74Entonces él comenzó a maldecir y a jurar: «¡Yo no conozco al hombre!». Y al instante un gallo cantó. 75Pedro se acordó de lo que Jesús había dicho: «Antes que el gallo cante, me negarás tres veces».Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Salmo 136

1Den gracias al Señor porque Él es bueno,
Porque para siempre es Su misericordia.
2Den gracias al Dios de dioses,
Porque para siempre es Su misericordia.
3Den gracias al Señor de señores,
Porque para siempre es Su misericordia.
4Al único que hace grandes maravillas,
Porque para siempre es Su misericordia.
5Al que con sabiduría hizo los cielos,
Porque para siempre es Su misericordia.
6Al que extendió la tierra sobre las aguas,
Porque para siempre es Su misericordia.
7Al que hizo las grandes lumbreras,
Porque para siempre es Su misericordia;
8El sol para que reine de día,
Porque para siempre es Su misericordia;
9La luna y las estrellas para que reinen de noche,
Porque para siempre es Su misericordia.
10¶Al que hirió a Egipto en sus primogénitos,
Porque para siempre es Su misericordia;
11Y sacó a Israel de en medio de ellos,
Porque para siempre es Su misericordia,
12Con mano fuerte y brazo extendido,
Porque para siempre es Su misericordia.
13Al que dividió en dos el mar Rojo,
Porque para siempre es Su misericordia,
14E hizo pasar a Israel por en medio de él,
Porque para siempre es Su misericordia;
15Pero a Faraón y a su ejército destruyó en el mar Rojo,
Porque para siempre es Su misericordia.
16Al que condujo a Su pueblo por el desierto,
Porque para siempre es Su misericordia;
17Al que hirió a grandes reyes,
Porque para siempre es Su misericordia;
18Y mató a reyes poderosos,
Porque para siempre es Su misericordia;
19A Sehón, rey de los amorreos,
Porque para siempre es Su misericordia,
20Y a Og, rey de Basán,
Porque para siempre es Su misericordia;
21Y dio la tierra de ellos en heredad,
Porque para siempre es Su misericordia,
22En heredad a Israel Su siervo,
Porque para siempre es Su misericordia.
23¶El que se acordó de nosotros en nuestra humillación,
Porque para siempre es Su misericordia,
24Y nos rescató de nuestros adversarios,
Porque para siempre es Su misericordia.
25El que da sustento a toda carne,
Porque para siempre es Su misericordia.
26Den gracias al Dios del cielo,
Porque para siempre es Su misericordia.

Proverbios 7

1Hijo mío, guarda mis palabras
Y atesora mis mandamientos contigo.
2Guarda mis mandamientos y vivirás,
Y mi enseñanza como la niña de tus ojos.
3Átalos a tus dedos,
Escríbelos en la tabla de tu corazón.
4Di a la sabiduría: «Tú eres mi hermana»,
Y llama a la inteligencia tu mejor amiga,
5Para que te guarden de la mujer extraña,
De la desconocida que lisonjea con sus palabras.
6¶Porque desde la ventana de mi casa
Miraba por la celosía,
7Y vi entre los simples,
Distinguí entre los muchachos
A un joven falto de juicio,
8Pasando por la calle, cerca de su esquina;
Iba camino de su casa,
9Al atardecer, al anochecer,
En medio de la noche y la oscuridad.
10Entonces una mujer le sale al encuentro,
Vestida como ramera y astuta de corazón.
11Es alborotadora y rebelde,
Sus pies no permanecen en casa;
12 Está ya en las calles, ya en las plazas,
Y acecha por todas las esquinas.
13Así que ella lo agarra y lo besa,
Y descarada le dice:
14«Tenía que ofrecer ofrendas de paz,
Y hoy he cumplido mis votos;
15Por eso he salido a encontrarte,
Buscando tu rostro con ansiedad, y te he hallado.
16-»He tendido mi lecho con colchas,
Con linos de Egipto en colores.
17-»He rociado mi cama
Con mirra, áloes y canela.
18-»Ven, embriaguémonos de amor hasta la mañana,
Deleitémonos con caricias.
19-»Porque mi marido no está en casa,
Se ha ido a un largo viaje;
20Se ha llevado en la mano la bolsa del dinero,
Volverá a casa para la luna llena».
21Con sus palabras persuasivas lo atrae,
Lo seduce con sus labios lisonjeros.
22Al instante la sigue
Como va el buey al matadero,
O como uno en grillos al castigo de un necio,
23Hasta que una flecha le traspasa el hígado;
Como el ave que se precipita en la trampa,
Y no sabe que esto le costará la vida.
24¶Ahora pues, hijos míos, escúchenme,
Y presten atención a las palabras de mi boca.
25No se desvíe tu corazón hacia sus caminos,
No te extravíes en sus sendas.
26Porque muchas son las víctimas derribadas por ella,
Y numerosos los que ha matado.
27Su casa es el camino al Seol,
Que desciende a las cámaras de la muerte.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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