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Día 287 de 365 · 14 de octubre

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Jeremías 9

1 Quién me diera que mi cabeza se hiciera agua,
Y mis ojos fuente de lágrimas,
Para que yo llorara día y noche
Por los muertos de la hija de mi pueblo.
2 Quién me diera en el desierto
Un albergue de caminantes,
Para dejar a mi pueblo
Y alejarme de ellos.
Porque todos ellos son adúlteros,
Una asamblea de traidores.
3«Tensan su lengua como su arco;
La mentira y no la verdad prevalece en la tierra;
Porque de mal en mal proceden,
Y a Mí no me conocen», declara el Señor.
4«Guárdese cada uno de su prójimo,
Y no confíe en ningún hermano;
Porque todo hermano obra con engaño,
Y todo prójimo anda calumniando.
5-»Cada uno engaña a su prójimo,
Y no habla la verdad,
Han enseñado sus lenguas a hablar mentiras;
Se afanan por cometer iniquidad.
6-»Tu morada está en medio del engaño;
Por causa del engaño rehúsan conocerme», declara el Señor.
7Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos:
«Los refinaré y los probaré,
Porque ¿qué más puedo hacer con la hija de Mi pueblo?
8-»Saeta mortífera es su lengua,
Engaño habla;
Con su boca habla cada uno de paz a su prójimo,
Pero dentro de sí le tiende emboscada.
9-»Por estas cosas ¿no los castigaré?», declara el Señor.
«De una nación como esta
¿No se vengará Mi alma?
10¶»Alcen por los montes lloro y lamentación,
Y una elegía por los pastos del desierto,
Porque han sido desolados; nadie pasa por ellos,
Ni se oye el bramido del ganado;
Desde las aves del cielo hasta las bestias han huido, se han ido.
11-»Haré de Jerusalén un montón de ruinas,
Una guarida de chacales,
Y de las ciudades de Judá una desolación, sin habitante».
12¿Quién es el hombre sabio que entienda esto? ¿A quién ha hablado la boca del Señor que pueda declararlo? ¿Por qué está arruinado el país, desolado como un desierto sin que nadie pase por él? 13El Señor respondió: «Porque han abandonado Mi ley que puse delante de ellos, y no han obedecido Mi voz ni andado conforme a ella, 14sino que han andado tras la terquedad de sus corazones y tras los Baales, tal como sus padres les enseñaron». 15Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Yo daré de comer ajenjo a este pueblo y le daré a beber agua envenenada. 16Los esparciré entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron, y enviaré tras ellos la espada hasta aniquilarlos».
17Así dice el Señor de los ejércitos:
«Consideren, llamen a las plañideras, que vengan;
Envíen por las más hábiles, que vengan,
18Que se apresuren y eleven una lamentación por nosotros,
Para que derramen lágrimas nuestros ojos
Y fluya agua de nuestros párpados.
19-»Porque voz de lamentación se oye desde Sión:
“¡Cómo hemos sido arrasados!
En gran manera estamos avergonzados,
Pues tenemos que abandonar la tierra,
Porque han derribado nuestras moradas” ».
20Oigan, pues, mujeres, la palabra del Señor,
Y reciba el oído de ustedes la palabra de Su boca;
Enseñen la lamentación a sus hijas
Y la endecha cada una a su vecina.
21Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas,
Ha entrado en nuestros palacios,
Exterminando a los niños de las calles,
A los jóvenes de las plazas.
22Así declara el Señor:
«Los cadáveres de los hombres caerán
Como estiércol sobre la superficie del campo,
Y como gavillas tras el segador
Sin haber quien las recoja».
23Así dice el Señor:
«No se gloríe el sabio de su sabiduría,
Ni se gloríe el poderoso de su poder,
Ni el rico se gloríe de su riqueza;
24Pero si alguien se gloría, gloríese de esto:
De que me entiende y me conoce,
Pues Yo soy el Señor que hago misericordia,
Derecho y justicia en la tierra,
Porque en estas cosas me complazco», declara el Señor.
25«Ciertamente vienen días», declara el Señor, «en que castigaré a todo el que esté circuncidado solo en la carne: 26a Egipto, Judá, Amón, Moab y a todos los que se rapan las sienes, a los que habitan en el desierto. Porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón».

Jeremías 10

1Oigan la palabra que el Señor les habla, oh casa de Israel. 2Así dice el Señor:
«El camino de las naciones no aprendan,
Ni de las señales de los cielos se aterroricen,
Aunque las naciones les tengan terror.
3-»Porque las costumbres de los pueblos son vanidad;
Pues un leño del bosque es cortado,
Lo trabajan las manos de un artífice con el cincel;
4Con plata y oro lo adornan,
Con clavos y martillos lo aseguran
Para que no se mueva.
5-»Como los espantapájaros de un pepinar,
Sus ídolos no hablan;
Tienen que ser transportados,
Porque no andan.
No les tengan miedo,
Porque no pueden hacer ningún mal,
Ni tampoco hacer bien alguno».
6¶No hay nadie como Tú, oh Señor.
Grande eres Tú, y grande es Tu nombre en poderío.
7¿Quién no te temerá, oh Rey de las naciones?
Porque esto se te debe.
Porque entre todos los sabios de las naciones,
Y en todos sus reinos,
No hay nadie como Tú.
8Pero ellos a una son torpes y necios
En su enseñanza de vanidades, pues su ídolo es un leño.
9Plata laminada es traída de Tarsis
Y oro de Ufaz.
Ese ídolo es obra de un artífice y de las manos de un orfebre;
Su vestido es de violeta y púrpura;
Todo ello obra de peritos.
10Pero el Señor es el Dios verdadero;
Él es el Dios vivo y el Rey eterno.
Ante Su enojo tiembla la tierra,
Y las naciones son impotentes ante Su indignación.
11 Así les dirán: «Los dioses que no hicieron los cielos ni la tierra, perecerán de la tierra y de debajo de los cielos».
12Él es el que hizo la tierra con Su poder,
El que estableció el mundo con Su sabiduría,
Y con Su inteligencia extendió los cielos.
13Cuando Él emite Su voz, hay estruendo de aguas en los cielos;
Él hace subir las nubes desde los extremos de la tierra,
Hace los relámpagos para la lluvia
Y saca el viento de sus depósitos.
14Todo hombre es torpe, falto de conocimiento;
Todo orfebre se avergüenza de su ídolo;
Porque engañosas son sus imágenes fundidas,
Y no hay aliento en ellas.
15Vanidad son, obra ridícula,
En el tiempo de su castigo perecerán.
16No es como esta la porción de Jacob;
Porque Él es el Hacedor de todo,
E Israel es la tribu de Su heredad;
El Señor de los ejércitos es Su nombre.
17¶Recoge del suelo tus pertenencias,
Tú que moras sitiada.
18Porque así dice el Señor:
«En esta ocasión, lanzaré con honda a los habitantes de la tierra,
Y los afligiré
Para que me puedan hallar».
19¶¡Ay de mí, por mi quebranto!
Mi herida es incurable.
Pero yo me dije: «De cierto esta es una enfermedad,
Y debo soportarla».
20Mi tienda está destruida,
Y todas mis cuerdas rotas;
Mis hijos me han abandonado y no queda ninguno.
No hay quien plante de nuevo mi tienda
Ni coloque mis cortinas.
21Porque los pastores se han entorpecido
Y no han buscado al Señor;
Por tanto, no prosperaron,
Y todo su rebaño se ha dispersado.
22¡Se oye un rumor! Viene
Una gran conmoción desde la tierra del norte,
Para convertir las ciudades de Judá
En desolación, en guarida de chacales.
23¶Yo sé, oh Señor, que no depende del hombre su camino,
Ni de quien anda el dirigir sus pasos.
24Repréndeme, oh Señor, pero con justicia,
No con Tu ira, no sea que me reduzcas a nada.
25Derrama furor sobre las naciones que no te conocen,
Y sobre los linajes que no invocan Tu nombre.
Porque han devorado a Jacob,
Lo han devorado y lo han consumido,
Y han asolado su morada.

Mateo 27

1Cuando llegó la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo para dar muerte a Jesús. 2Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
3Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata (30 siclos: 432 gramos de plata) a los principales sacerdotes y a los ancianos, 4«He pecado entregando sangre inocente», dijo Judas. «A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú!», dijeron ellos.
5Y arrojando las monedas de plata en el santuario, Judas se marchó; y fue y se ahorcó. 6Los principales sacerdotes tomaron las monedas de plata, y dijeron: «No es lícito ponerlas en el tesoro del templo, puesto que es precio de sangre». 7Y después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de los extranjeros. 8Por eso ese campo se ha llamado Campo de Sangre hasta hoy. 9Entonces se cumplió lo anunciado por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de aquel cuyo precio había sido fijado por los israelitas; 10y las dieron por el Campo del Alfarero, como el Señor me había ordenado».
11Jesús fue llevado delante del gobernador, y este lo interrogó: «¿Eres Tú el Rey de los judíos?». «Tú lo dices», le contestó Jesús. 12Al ser acusado por los principales sacerdotes y los ancianos, nada respondió. 13Entonces Pilato le dijo*: «¿No oyes cuántas cosas testifican contra Ti?». 14Jesús no le respondió ni a una sola pregunta, por lo que el gobernador estaba muy asombrado.
15Ahora bien, en cada fiesta, el gobernador acostumbraba soltar un preso al pueblo, el que ellos quisieran. 16Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. 17Por lo cual, cuando ellos se reunieron, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que les suelte: a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?». 18Porque él sabía que lo habían entregado por envidia. 19Y estando Pilato sentado en el tribunal, su mujer le mandó aviso, diciendo: «No tengas nada que ver con ese Justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por causa de Él».
20Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás y que dieran muerte a Jesús. 21El gobernador les preguntó de nuevo: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?». Ellos respondieron: «A Barrabás». 22Pilato les dijo*: «¿Qué haré entonces con Jesús, llamado el Cristo?». «¡Sea crucificado!», dijeron* todos. 23Pilato preguntó: «¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban aún más: «¡Sea crucificado!».
24Viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: «Soy inocente de la sangre de este Justo. ¡Allá ustedes!». 25Todo el pueblo contestó: «¡Caiga Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». 26Entonces les soltó a Barrabás, y después de hacer azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado.
27Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al Pretorio, y reunieron alrededor de Él a toda la tropa romana. 28Después de quitarle la ropa, le pusieron encima un manto escarlata. 29Y tejiendo una corona de espinas, la pusieron sobre Su cabeza, y una caña en Su mano derecha; y arrodillándose delante de Él, le hacían burla, diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!». 30Le escupían, y tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza. 31Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron Sus ropas y lo llevaron para ser crucificado.
32Y cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene llamado Simón, al cual obligaron a que llevara Su cruz.
33Cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa Lugar de la Calavera, 34Le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero después de probarlo, no lo quiso beber.
35Y habiendo crucificado a Jesús, se repartieron Sus vestidos echando suertes; 36y sentados, lo custodiaban allí. 37Pusieron sobre Su cabeza la acusación contra Él, que decía: «ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS».
38Entonces fueron crucificados* con Él dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza 40y diciendo: «Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a Ti mismo. Si Tú eres el Hijo de Dios, desciende de la cruz».
41De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían: 42«A otros salvó; a Él mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él. 43En Dios confía; que lo libre ahora si Él lo quiere; porque ha dicho: “Yo soy el Hijo de Dios” ». 44En la misma forma lo injuriaban también los ladrones que habían sido crucificados con Él.
45Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. 46Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: «E, E, ¿lema sabactani?». Esto es: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?».
47Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: «Este llama a Elías». 48Al instante, uno de ellos corrió, y tomando una esponja, la empapó en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. 49Pero los otros dijeron: «Deja, veamos si Elías lo viene a salvar».
50Entonces Jesús, clamando otra vez a gran voz, exhaló el espíritu.
51En ese momento el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló y las rocas se partieron; 52y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos santos que habían dormido resucitaron; 53y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, entraron en la santa ciudad y se aparecieron a muchos.
54El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: «En verdad este era Hijo de Dios». 55Y muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle, estaban allí, mirando de lejos. 56Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
57Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había convertido en discípulo de Jesús. 58Este se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que se lo entregaran. 59Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, 60y lo puso en su propio sepulcro nuevo que él había excavado en la roca. Después de rodar una piedra grande a la entrada del sepulcro, se fue. 61María Magdalena estaba allí, y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
62Al día siguiente, que es el día después de la preparación, se reunieron ante Pilato los principales sacerdotes y los fariseos, 63y le dijeron: «Señor, nos acordamos que cuando aquel engañador aún vivía, dijo: “Después de tres días resucitaré”. 64Por eso, ordene usted que el sepulcro quede asegurado hasta el tercer día, no sea que vengan Sus discípulos, se lo roben, y digan al pueblo: “Él ha resucitado de entre los muertos”; y el último engaño será peor que el primero».
65Pilato les dijo: «Una guardia tienen; vayan, asegúrenlo como ustedes saben». 66Y fueron y aseguraron el sepulcro; y además de poner la guardia, sellaron la piedra.

Salmo 137

1Junto a los ríos de Babilonia,
Nos sentábamos y llorábamos
Al acordarnos de Sión.
2Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas.
3Pues allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían canciones,
Y los que nos atormentaban nos pedían alegría, diciendo:
«Cántennos alguno de los cánticos de Sión».
4¶¿Cómo cantaremos la canción del Señor
En tierra extraña?
5Si me olvido de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi diestra su destreza.
6Péguese mi lengua al paladar
Si no me acuerdo de ti,
Si no enaltezco a Jerusalén
Sobre mi supremo gozo.
7¶Recuerda, oh Señor, contra los hijos de Edom
El día de Jerusalén,
Quienes dijeron: «Arrásenla, arrásenla
Hasta sus cimientos».
8Oh hija de Babilonia, la devastada,
Bienaventurado el que te devuelva
El pago con que nos pagaste.
9Bienaventurado será el que tome y estrelle tus pequeños
Contra la peña.

Proverbios 8

1¿No clama la sabiduría,
Y levanta su voz la prudencia?
2En la cima de las alturas, junto al camino,
Donde cruzan las sendas, se coloca;
3Junto a las puertas, a la salida de la ciudad,
En el umbral de las puertas, da voces:
4«Oh hombres, a ustedes clamo,
Para los hijos de los hombres es mi voz.
5-»Oh simples, aprendan prudencia;
Y ustedes, necios, aprendan sabiduría.
6-»Escuchen, porque hablaré cosas excelentes,
Y con el abrir de mis labios rectitud.
7-»Porque mi boca proferirá la verdad,
Abominación a mis labios es la impiedad.
8-»Conforme a la justicia son todas las palabras de mi boca,
No hay en ellas nada torcido ni perverso.
9-»Todas son sinceras para el que entiende,
Y rectas para los que han hallado conocimiento.
10-»Reciban mi instrucción y no la plata,
Y conocimiento antes que el oro escogido,
11Porque mejor es la sabiduría que las joyas,
Y todas las cosas deseables no pueden compararse con ella.
12¶»Yo, la sabiduría, habito con la prudencia,
Y he hallado conocimiento y discreción.
13-»El temor del Señor es aborrecer el mal.
El orgullo, la arrogancia, el mal camino
Y la boca perversa, yo aborrezco.
14-»Mío es el consejo y la prudencia,
Yo soy la inteligencia, el poder es mío.
15-»Por mí reinan los reyes,
Y los gobernantes decretan justicia.
16-»Por mí gobiernan los príncipes y los nobles,
Todos los que juzgan con justicia.
17-»Amo a los que me aman,
Y los que me buscan con diligencia me hallarán.
18-»Conmigo están las riquezas y el honor,
La fortuna duradera y la justicia.
19-»Mi fruto es mejor que el oro, que el oro puro,
Y mi ganancia es mejor que la plata escogida.
20-»Yo ando por el camino de la justicia,
Por en medio de las sendas del derecho,
21Para otorgar heredad a los que me aman
Y así llenar sus tesoros.
22¶»El Señor me poseyó al principio de Su camino,
Antes de Sus obras de tiempos pasados.
23-»Desde la eternidad fui establecida,
Desde el principio, desde los orígenes de la tierra.
24-»Cuando no había abismos fui engendrada,
Cuando no había manantiales abundantes en aguas.
25-»Antes que los montes fueran asentados,
Antes que las colinas, fui engendrada,
26Cuando Él no había hecho aún la tierra y los campos,
Ni el polvo primero del mundo.
27-»Cuando estableció los cielos, allí estaba yo;
Cuando trazó un círculo sobre la superficie del abismo,
28Cuando arriba afirmó los cielos,
Cuando las fuentes del abismo se afianzaron,
29Cuando al mar puso sus límites
Para que las aguas no transgredieran Su mandato,
Cuando señaló los cimientos de la tierra,
30Yo estaba entonces junto a Él, como arquitecto;
Yo era Su delicia de día en día,
Regocijándome en todo tiempo en Su presencia,
31Regocijándome en el mundo, en Su tierra,
Y teniendo mis delicias con los hijos de los hombres.
32¶»Ahora pues, hijos, escúchenme,
Porque bienaventurados son los que guardan mis caminos.
33-»Escuchen la instrucción y sean sabios,
Y no la desprecien.
34-»Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas día a día,
Aguardando en los postes de mi entrada.
35-»Porque el que me halla, halla la vida
Y alcanza el favor del Señor.
36-»Pero el que peca contra mí, a sí mismo se daña;
Todos los que me odian, aman la muerte».

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