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Día 288 de 365 · 15 de octubre

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Jeremías 11

1 Esta es la palabra que vino a Jeremías de parte del Señor: 2«Oigan las palabras de este pacto, y díganlas a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén. 3Les dirán: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Maldito el hombre que no obedezca las palabras de este pacto 4que mandé a sus padres el día que los saqué de la tierra de Egipto, del horno de hierro, y les dije: “Escuchen Mi voz, y hagan conforme a todo lo que Yo les mando; y ustedes serán Mi pueblo, y Yo seré su Dios”, 5para confirmar el juramento que juré a sus padres, de darles una tierra que mana leche y miel, como lo es hoy’ ” ». Entonces respondí: «Amén, Señor».
6Y el Señor me dijo: «Proclama todas estas palabras en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, diciendo: “Oigan las palabras de este pacto y cúmplanlas. 7Porque bien advertí a sus padres el día que los hice subir de la tierra de Egipto, y hasta hoy los he amonestado con insistencia, diciéndoles: ‘Escuchen Mi voz’. 8Pero no escucharon ni inclinaron su oído, sino que cada cual anduvo en la terquedad de su malvado corazón. Por tanto, hice caer sobre ellos todas las palabras de este pacto, que Yo les mandé cumplir y no lo cumplieron” ».
9Entonces el Señor me dijo: «Se ha descubierto una conspiración entre los hombres de Judá y entre los habitantes de Jerusalén. 10Se han vuelto a las iniquidades de sus antepasados, los cuales rehusaron escuchar Mis palabras, y se han ido tras otros dioses para servirlos. La casa de Israel y la casa de Judá han violado Mi pacto, el cual hice con sus padres». 11Por tanto, así dice el Señor: «Yo traigo sobre ellos una calamidad de la que no podrán escapar; aunque clamen a Mí, no los escucharé. 12Entonces irán las ciudades de Judá y los habitantes de Jerusalén, y clamarán a los dioses a quienes queman incienso, pero ellos ciertamente no podrán salvarlos en la hora de su aflicción. 13Porque según el número de tus ciudades son tus dioses, oh Judá, y según el número de las calles de Jerusalén, son los altares que has levantado a lo vergonzoso, altares para quemar incienso a Baal.
14»Pero tú no ruegues por este pueblo, ni eleves clamor ni oración por ellos; porque no escucharé cuando clamen a Mí a causa de su aflicción.
15-»¿Qué derecho tiene Mi amada en Mi casa
Cuando ha hecho tantas cosas malas?
¿Puede la carne consagrada quitar de ti tu calamidad
Para que puedas regocijarte?».
16«Olivo frondoso, hermoso en fruto y forma»,
Te puso por nombre el Señor.
Con ruido de un gran estrépito
Ha prendido fuego en él,
Y sus ramas son inservibles.
17El Señor de los ejércitos, que te plantó, ha decretado una calamidad contra ti a causa de la maldad que la casa de Israel y la casa de Judá han hecho, provocándome al ofrecer sacrificios a Baal.
18El Señor me lo hizo saber y lo comprendí. Entonces me hiciste ver sus obras. 19Pero yo era como un cordero manso llevado al matadero, y no sabía que tramaban intrigas contra mí, diciendo: «Destruyamos el árbol con su fruto, y cortémoslo de la tierra de los vivientes, para que su nombre no se recuerde más».
20Pero, oh Señor de los ejércitos, que juzgas rectamente,
Que examinas los sentimientos y el corazón,
Vea yo Tu venganza contra ellos,
Porque a Ti he expuesto mi causa.
21Por tanto, así dice el Señor en cuanto a los hombres de Anatot que buscan tu vida, y dicen: «No profetices en el nombre del Señor, para que no mueras a manos nuestras». 22Así, pues, dice el Señor de los ejércitos: «Voy a castigarlos. Los jóvenes morirán a espada, sus hijos e hijas morirán de hambre, 23y no quedará de ellos remanente, porque traeré una calamidad sobre los hombres de Anatot, el año de su castigo».

Jeremías 12

1Justo eres Tú, oh Señor, cuando a Ti presento mi causa;
En verdad, asuntos de justicia voy a discutir contigo.
¿Por qué prospera el camino de los impíos
Y viven en paz todos los que obran con perfidia?
2Tú los plantas, y echan raíces;
Crecen, dan fruto.
Cerca estás de sus labios,
Pero lejos de su corazón.
3Pero Tú me conoces, oh Señor,
Tú me ves,
Y compruebas la actitud de mi corazón para contigo.
Arrástralos como ovejas para el matadero
Y sepáralos para el día de la matanza.
4¿Hasta cuándo estará de luto la tierra
Y marchita la vegetación de todo el campo?
Por la maldad de los que moran en ella
Han sido destruidos los animales y las aves,
Porque han dicho: «Dios no verá nuestro fin».
5¶«Si corriste con los de a pie y te cansaron,
¿Cómo, pues, vas a competir con los caballos?
Si caes en tierra de paz,
¿Cómo te irá en la espesura del Jordán?
6-»Porque además tus hermanos y la casa de tu padre,
También ellos te han traicionado,
También ellos han dado gritos en pos de ti.
No les creas aunque te digan cosas agradables.
7¶»He dejado Mi casa,
He abandonado Mi heredad,
He entregado a la amada de Mi alma
En manos de sus enemigos.
8-»Mi heredad vino a ser para Mí
Como león en la selva;
Rugió contra Mí;
Por tanto, la aborrecí.
9-»¿Es acaso Mi heredad para Mí como ave de rapiña de varios colores?
¿Están las aves de rapiña por todos lados contra ella?
Vayan, reúnan a todas las bestias del campo,
Tráiganlas para que la devoren.
10-»Muchos pastores han arruinado Mi viña,
Han pisoteado Mi heredad;
Han hecho de Mi hermosa heredad
Un desierto desolado.
11-»Fue hecha una desolación,
Desolada, llora sobre Mí;
Todo el país ha sido desolado,
Porque no hubo nadie que le importara.
12-»Sobre todas las alturas desoladas del desierto
Han venido destructores,
Porque la espada del Señor devora
De un extremo de la tierra al otro;
No hay paz para nadie.
13-»Han sembrado trigo y han segado espinos,
Se han esforzado sin provecho alguno.
Avergüéncense, pues, de sus cosechas
A causa de la ardiente ira del Señor».
14Así dice el Señor en cuanto a todos Mis malvados vecinos que atacan la heredad que he dado en posesión a Mi pueblo Israel: «Los arrancaré de su tierra, y a la casa de Judá la arrancaré de en medio de ellos. 15Después que los haya arrancado, volveré y les tendré compasión, y los haré regresar cada uno a su heredad y cada cual a su tierra. 16Y si ellos de verdad aprenden los caminos de Mi pueblo, jurando en Mi nombre: “Vive el Señor”, así como ellos enseñaron a Mi pueblo a jurar por Baal, entonces serán restablecidos en medio de Mi pueblo. 17Pero si no escuchan, entonces arrancaré esa nación, sí la arrancaré y la destruiré», declara el Señor.

Mateo 28

1Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María vinieron a ver el sepulcro. 2Y se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendiendo del cielo, y acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve; 4y de miedo a él los guardias temblaron y se quedaron como muertos.
5Hablando el ángel, dijo a las mujeres: «Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. 6No está aquí, porque ha resucitado, tal como Él dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto. 7Vayan pronto, y digan a Sus discípulos que Él ha resucitado de entre los muertos; y Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán. Miren, se lo he dicho a ustedes».
8Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a los discípulos. 9De repente Jesús les salió al encuentro, diciendo: «¡Saludos!». Y ellas, acercándose, abrazaron Sus pies y lo adoraron. 10Entonces Jesús les dijo*: «No teman. Vayan, avisen a Mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».
11Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad e informaron a los principales sacerdotes de todo lo que había sucedido. 12Después de reunirse con los ancianos y deliberar con ellos, dieron una gran cantidad de dinero a los soldados, 13diciendo: «Digan esto: “Sus discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo mientras nosotros dormíamos”. 14Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros lo convenceremos y les evitaremos dificultades».
15Ellos tomaron el dinero e hicieron como se les había instruido. Y este dicho se divulgó extensamente entre los judíos hasta hoy.
16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había señalado. 17Cuando lo vieron, lo adoraron; pero algunos dudaron.
18Acercándose Jesús, les dijo: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. 19Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 20enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».

Salmo 138

Salmo de David.
1Con todo mi corazón te daré gracias;
En presencia de los dioses te cantaré alabanzas.
2Me postraré hacia Tu santo templo,
Y daré gracias a Tu nombre por Tu misericordia y Tu fidelidad;
Porque has engrandecido Tu palabra conforme a todo Tu nombre.
3En el día que invoqué, me respondiste;
Me hiciste valiente con fortaleza en mi alma.
4¶Todos los reyes de la tierra te alabarán, Señor,
Cuando hayan oído los dichos de Tu boca.
5Y cantarán de los caminos del Señor,
Porque grande es la gloria del Señor.
6Porque el Señor es excelso,
Y atiende al humilde,
Pero al altivo conoce de lejos.
7¶Aunque yo ande en medio de la angustia, Tú me vivificarás;
Extenderás Tu mano contra la ira de mis enemigos,
Y Tu diestra me salvará.
8El Señor cumplirá Su propósito en mí;
Eterna, oh Señor, es Tu misericordia;
No abandones las obras de Tus manos.

Proverbios 9

1La sabiduría ha edificado su casa,
Ha labrado sus siete columnas;
2Ha preparado su alimento, ha mezclado su vino,
Ha puesto también su mesa;
3Ha enviado a sus doncellas, y clama
Desde los lugares más altos de la ciudad:
4«El que sea simple que entre aquí».
Al falto de entendimiento le dice:
5«Ven, come de mi pan,
Y bebe del vino que he mezclado.
6-»Abandona la necedad y vivirás;
Anda por el camino del entendimiento».
7¶El que instruye al insolente, atrae sobre sí deshonra,
Y el que reprende al impío recibe insultos.
8No reprendas al insolente, para que no te aborrezca;
Reprende al sabio, y te amará.
9Da instrucción al sabio, y será aún más sabio,
Enseña al justo, y aumentará su saber.
10El principio de la sabiduría es el temor del Señor,
Y el conocimiento del Santo es inteligencia.
11Pues por mí se multiplicarán tus días,
Y años de vida te serán añadidos.
12Si eres sabio, eres sabio para provecho tuyo,
Y si escarneces, tú solo lo sufrirás.
13¶La mujer insensata es alborotadora,
Es simple y no sabe nada.
14Se sienta a la puerta de su casa,
En un asiento, en los lugares altos de la ciudad,
15Llamando a los que pasan,
A los que van derechos por sus sendas:
16«El que sea simple, que entre aquí».
Y al falto de entendimiento, le dice:
17«Dulces son las aguas hurtadas,
Y el pan comido en secreto es sabroso».
18Pero él no sabe que allí están los muertos,
Quesus invitados están en las profundidades del Seol.

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