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Día 289 de 365 · 16 de octubre

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Jeremías 13

1Así me dijo el Señor: «Ve y cómprate un cinturón de lino y póntelo en la cintura, pero no lo metas en agua». 2Compré, pues, el cinturón conforme a la palabra del Señor, y me lo puse en la cintura. 3Entonces vino a mí la palabra del Señor por segunda vez: 4«Toma el cinturón que has comprado, que llevas a la cintura, y levántate, vete al Éufrates y escóndelo allá en una hendidura de la peña». 5Fui, pues, y lo escondí junto al Éufrates como el Señor me había mandado.
6Después de muchos días el Señor me dijo: «Levántate, vete al Éufrates y toma de allí el cinturón que te mandé que escondieras allá». 7Fui, pues, al Éufrates y cavé, tomé el cinturón del lugar donde lo había escondido, y resultó que el cinturón estaba podrido; no servía para nada.
8Entonces vino a mí la palabra del Señor: 9«Así dice el Señor: “De la misma manera haré que se pudra la soberbia de Judá y la gran soberbia de Jerusalén. 10Este pueblo malvado, que rehúsa escuchar Mis palabras, que anda en la terquedad de su corazón y se ha ido tras otros dioses a servirles y a postrarse ante ellos, ha de ser como este cinturón que no sirve para nada. 11Porque como el cinturón se adhiere a la cintura del hombre, así hice adherirse a Mí a toda la casa de Israel y a toda la casa de Judá”, declara el Señor, “a fin de que fueran para Mí por pueblo y por renombre, para alabanza y para gloria, pero no escucharon”.
12»También les dirás esta palabra: “Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Todo cántaro se llenará de vino’ ”. Y cuando ellos te digan: “¿Acaso no sabemos bien que todo cántaro ha de llenarse de vino?”. 13entonces les dirás: “Así dice el Señor: ‘Voy a llenar de embriaguez a todos los habitantes de esta tierra: a los reyes sucesores de David que se sientan sobre su trono, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los habitantes de Jerusalén. 14Los estrellaré unos contra otros, los padres y los hijos por igual’, declara el Señor. ‘No tendré piedad, ni lástima, ni compasión, para dejar de destruirlos’ ” ».
15¶Escuchen y presten atención, no sean altaneros,
Porque el Señor ha hablado.
16Den gloria al Señor su Dios,
Antes que Él haga venir las tinieblas
Y antes que los pies de ustedes tropiecen
Sobre los montes oscuros,
Y mientras ustedes estén esperando la luz,
Él la transforme en profundas tinieblas,
La cambie en densa oscuridad.
17Pero si no escuchan esto,
Mi alma sollozará en secreto por tal orgullo;
Mis ojos llorarán amargamente
Y se llenarán de lágrimas,
Porque ha sido hecho cautivo el rebaño del Señor.
18Di al rey y a la reina madre:
«Humíllense, siéntense en el suelo,
Porque ha caído de sus cabezas
Su hermosa corona».
19Las ciudades del Neguev han sido cerradas,
Y no hay quien las abra:
Todo Judá ha sido llevado al destierro,
Llevado al cautiverio en su totalidad.
20¶«Alcen sus ojos, y vean
A los que vienen del norte.
¿Dónde está el rebaño que te fue confiado,
Tus hermosas ovejas?
21-»¿Qué dirás cuando Él ponga sobre ti
(A los que tú mismo habías enseñado)
A antiguos compañeros para ser jefes tuyos?
¿No te vendrán dolores
Como de mujer de parto?
22-»Y si dices en tu corazón:
“¿Por qué me han sucedido estas cosas?”.
Por la magnitud de tu iniquidad
Te han quitado las faldas
Y descubierto tus talones.
23-»¿Puede el etíope mudar su piel,
O el leopardo sus manchas?
Así ustedes, ¿podrán hacer el bien
Estando acostumbrados a hacer el mal?
24-»Por tanto, los esparciré como paja arrastrada
Por el viento del desierto.
25-»Esta es tu suerte, la porción que ya he medido para ti»,
Declara el Señor,
«Porque me has olvidado,
Y has confiado en la mentira.
26-»Por lo cual Yo también te levantaré las faldas sobre tu rostro,
Para que se vea tu vergüenza.
27En tus adulterios y en tus relinchos,
En la bajeza de tu prostitución
Sobre las colinas del campo,
He visto tus abominaciones.
¡Ay de ti, Jerusalén!
¿Hasta cuándo seguirás sin purificarte?».

Jeremías 14

1Lo que vino como palabra del Señor a Jeremías respecto a la sequía:
2«De luto está Judá,
Y sus puertas desfallecen,
Están por tierra enlutadas,
Y sube el clamor de Jerusalén.
3-»Sus nobles enviaban a sus siervos por agua;
Iban a las cisternas y no hallaban agua;
Volvían con sus vasijas vacías.
Quedaron avergonzados y humillados,
Y se cubrieron la cabeza.
4-»El suelo está agrietado,
Pues no ha habido lluvia sobre la tierra;
Los labradores, avergonzados,
Se han cubierto la cabeza.
5-»Porque aun la cierva en el campo ha parido, pero abandona su cría
Porque no hay hierba.
6-»Los asnos monteses se paran en las alturas desoladas,
Jadeando por aire como chacales;
Desfallecen sus ojos
Porque no hay vegetación.
7-»Aunque nuestras iniquidades testifican contra nosotros,
Oh Señor, obra por amor de Tu nombre.
En verdad han sido muchas nuestras apostasías,
Contra Ti hemos pecado.
8Tú, esperanza de Israel,
Salvador suyo en tiempo de angustia,
¿Por qué has de ser como extranjero en la tierra,
O como caminante que ha plantado su tienda para pasar la noche?
9-»¿Por qué has de ser como hombre desalentado,
Como guerrero incapaz de salvar?
Sin embargo, Tú estás en medio nuestro, oh Señor,
Y por Tu nombre somos llamados;
¡No nos abandones!».
10Así dice el Señor de este pueblo: «¡Cómo les ha gustado vagar! No han refrenado sus pies. El Señor, pues, no los acepta; ahora se acordará Él de su iniquidad y castigará sus pecados». 11Y el Señor me dijo: «No ruegues por el bienestar de este pueblo. 12Cuando ayunen, no escucharé su clamor; cuando ofrezcan holocausto y ofrenda de cereal, no los aceptaré; sino que con espada, con hambre y con pestilencia los destruiré».
13Pero yo dije: «¡Ah, Señor Dios! Los profetas les dicen: “No verán espada ni tendrán hambre, sino que les daré paz verdadera en este lugar” ». 14Entonces el Señor me dijo: «Los profetas profetizan mentira en Mi nombre. Yo no los he enviado, ni les he dado órdenes, ni les he hablado. Ellos les están profetizando visiones falsas, adivinaciones, vanidades y engaños de sus propios corazones. 15Por tanto, así dice el Señor: “En cuanto a los profetas que profetizan en Mi nombre sin que Yo los haya enviado, y que dicen: ‘No habrá espada ni hambre en esta tierra’, a espada y de hambre esos profetas perecerán”. 16También el pueblo a quien profetizan estará tirado por las calles de Jerusalén a causa del hambre y de la espada. No habrá quien los entierre a ellos, ni a sus mujeres, ni a sus hijos, ni a sus hijas, pues derramaré sobre ellos su maldad. 17Tú les dirás esta palabra:
“Que viertan lágrimas mis ojos noche y día,
Sin cesar,
Porque con gran quebranto ha sido quebrantada la virgen hija de mi pueblo,
De una herida muy dolorosa.
18-”Si salgo al campo,
Veo muertos a espada;
Y si entro en la ciudad,
Hay enfermedades por el hambre.
Porque tanto el profeta como el sacerdote
Andan errantes en una tierra que no conocen” ».
19¶¿Has desechado por completo a Judá,
O ha aborrecido Tu alma a Sión?
¿Por qué nos has herido sin que haya curación para nosotros?
Esperábamos paz, pero no vino ningún bien;
Tiempo de curación, pero sobrevino terror.
20Reconocemos, oh Señor, nuestra impiedad,
La iniquidad de nuestros padres, pues hemos pecado contra ti.
21No nos desprecies, por amor a Tu nombre,
No deshonres el trono de Tu gloria;
Acuérdate, no anules Tu pacto con nosotros.
22¿Hay entre los ídolos de las naciones alguien que haga llover?
¿O pueden los cielos solos dar lluvia?
¿No eres Tú, oh Señor, nuestro Dios?
En Ti, pues, esperamos,
Porque Tú has hecho todas estas cosas.

Marcos 1

1Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Como está escrito en el profeta Isaías:
«Mira, Yo envío Mi mensajero delante de Ti,
El cual preparará Tu camino.
3-»Voz del que clama en el desierto:
“Preparen el camino del Señor,
Hagan derechas Sus sendas” ».
4Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. 5Acudía a él toda la región de Judea, y toda la gente de Jerusalén, y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. 6Juan estaba vestido de pelo de camello, tenía un cinto de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre. 7Y predicaba, diciendo: «Tras mí viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de Sus sandalias. 8Yo los bauticé a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo».
9Sucedió que en aquellos días Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10Inmediatamente, al salir del agua, vio que los cielos se abrían, y que el Espíritu descendía sobre Él como una paloma; 11y vino una voz de los cielos, que decía: «Tú eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacido».
12Enseguida el Espíritu lo impulsó* a ir al desierto. 13Y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; y estaba entre las fieras, y los ángeles le servían.
14Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios. 15«El tiempo se ha cumplido», decía, «y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio».
16Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, echando una red en el mar, porque eran pescadores. 17Y Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y Yo haré que ustedes sean pescadores de hombres». 18Dejando al instante las redes, ellos lo siguieron.
19Yendo un poco más adelante, Jesús vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca, remendando las redes. 20Al instante los llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con Jesús.
21Entraron* en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo, Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. 22Y se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
23En ese momento estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar: 24«¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quien Tú eres: el Santo de Dios». 25Jesús lo reprendió, diciendo: «¡Cállate, y sal de él!».
26Entonces el espíritu inmundo, causándole convulsiones al hombre, gritó a gran voz y salió de él. 27Y todos se asombraron de tal manera que discutían entre sí, diciendo: «¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad! Él manda aun a los espíritus inmundos y le obedecen».
28Enseguida Su fama se extendió por todas partes, por toda la región alrededor de Galilea.
29Inmediatamente después de haber salido de la sinagoga, fueron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y enseguida hablaron* a Jesús de ella. 31Él se le acercó, y tomándola de la mano la levantó, y la fiebre la dejó; y ella les servía.
32A la caída de la tarde, después de la puesta del sol, trajeron a Jesús todos los que estaban enfermos y los endemoniados. 33Toda la ciudad se había amontonado a la puerta. 34Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y expulsó muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque ellos sabían quién era Él.
35Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba. 36Simón y sus compañeros salieron a buscar a Jesús. 37Lo encontraron y le dijeron*: «Todos te buscan».
38Jesús les respondió*: «Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que Yo predique también allí, porque para eso he venido». 39Y fue por toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando demonios.
40Un leproso vino* rogando a Jesús, y arrodillándose, le dijo: «Si quieres, puedes limpiarme». 41Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, lo tocó y le dijo*: «Quiero; sé limpio».
42Al instante la lepra lo dejó y quedó limpio. 43Entonces Jesús lo despidió enseguida amonestándole severamente: 44«Mira», le dijo*, «no digas nada a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moisés ordenó, para testimonio a ellos».
45Pero él, en cuanto salió comenzó a proclamarlo abiertamentey a divulgar el hecho, a tal punto que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera en lugares despoblados; y venían a Él de todas partes.

Salmo 139

Para el director del coro. Salmo de David.
1Oh Señor, Tú me has escudriñado y conocido.
2Tú conoces mi sentarme y mi levantarme;
Desde lejos comprendes mis pensamientos.
3Tú escudriñas mi senda y mi descanso,
Y conoces bien todos mis caminos.
4Aun antes de que haya palabra en mi boca,
Oh Señor, Tú ya la sabes toda.
5Por detrás y por delante me has cercado,
Y Tu mano pusiste sobre mí.
6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Es muy elevado, no lo puedo alcanzar.
7¶¿Adónde me iré de Tu Espíritu,
O adónde huiré de Tu presencia?
8Si subo a los cielos, allí estás Tú;
Si en el Seol preparo mi lecho, allí Tú estás.
9 Si tomo las alas del alba,
Y si habito en lo más remoto del mar,
10Aun allí me guiará Tu mano,
Y me tomará Tu diestra.
11Si digo: «Ciertamente las tinieblas me envolverán,
Y la luz a mi alrededor será noche»;
12Ni aun las tinieblas son oscuras para Ti,
Y la noche brilla como el día.
Las tinieblas y la luz son iguales para Ti.
13¶Porque Tú formaste mis entrañas;
Me hiciste en el seno de mi madre.
14Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho;
Maravillosas son Tus obras,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15No estaba oculto de Ti mi cuerpo,
Cuando en secreto fui formado,
Y entretejido en las profundidades de la tierra.
16Tus ojos vieron mi embrión,
Y en Tu libro se escribieron todos
Los días que me fueron dados,
Cuando no existía ni uno solo de ellos.
17¶¡Cuán preciosos también son para mí, oh Dios, Tus pensamientos!
¡Cuán inmensa es la suma de ellos!
18Si los contara, serían más que la arena;
Al despertar aún estoy contigo.
19¡Oh Dios, si Tú hicieras morir al impío!
Por tanto, apártense de mí, hombres sanguinarios.
20Porque hablan contra Ti perversamente,
Y Tus enemigos toman Tu nombre en vano.
21¿No odio a los que te aborrecen, Señor?
¿Y no me repugnan los que se levantan contra Ti?
22Los aborrezco con el más profundo odio;
Se han convertido en mis enemigos.
23¶Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis inquietudes.
24Y ve si hay en mí camino malo,
Y guíame en el camino eterno.

Proverbios 10

1Los proverbios de Salomón.
El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hijo necio es tristeza para su madre.
2Tesoros mal adquiridos no aprovechan,
Pero la justicia libra de la muerte.
3El Señor no permitirá que el justo padezca hambre,
Pero rechazará la avidez de los impíos.
4Pobre es el que trabaja con mano negligente,
Pero la mano de los diligentes enriquece.
5El que recoge en el verano es hijo sabio,
El que se duerme durante la siega es hijo que avergüenza.
6Hay bendiciones sobre la cabeza del justo,
Pero la boca de los impíos oculta violencia.
7La memoria del justo es bendita,
Pero el nombre del impío se pudrirá.
8El sabio de corazón aceptará mandatos,
Pero el necio charlatán será derribado.
9El que anda en integridad anda seguro,
Pero el que pervierte sus caminos será descubierto.
10El que guiña el ojo causa disgustos,
Y el necio charlatán será derribado.
11Fuente de vida es la boca del justo,
Pero la boca de los impíos encubre violencia.
12El odio crea rencillas,
Pero el amor cubre todas las transgresiones.
13En los labios del entendido se halla sabiduría,
Pero la vara es para las espaldas del falto de entendimiento.
14Los sabios atesoran conocimiento,
Pero la boca del necio es ruina cercana.
15La fortuna del rico es su fortaleza,
La ruina de los pobres es su pobreza.
16El salario del justo es vida,
La ganancia del impío, castigo.
17 Por senda de vida va el que guarda la instrucción,
Pero el que abandona la reprensión se extravía.
18El que oculta el odio tiene labios mentirosos,
Y el que esparce calumnia es un necio.
19En las muchas palabras, la transgresión es inevitable,
Pero el que refrena sus labios es prudente.
20La lengua del justo es plata escogida,
Pero el corazón de los impíos es poca cosa.
21Los labios del justo apacientan a muchos,
Pero los necios mueren por falta de entendimiento.
22La bendición del Señor es la que enriquece,
Y Él no añade tristeza con ella.
23Como diversión es para el necio el hacer maldad,
Y la sabiduría lo es para el hombre de entendimiento.
24Lo que el impío teme vendrá sobre él,
Y el deseo de los justos será concedido.
25Cuando pasa el torbellino, ya no existe el impío,
Pero el justo tiene cimiento eterno.
26Como el vinagre a los dientes y el humo a los ojos,
Así es el perezoso para quienes lo envían.
27El temor del Señor multiplica los días,
Pero los años de los impíos serán acortados.
28La esperanza de los justos es alegría,
Pero la expectación de los impíos perecerá.
29Fortaleza para el íntegro es el camino del Señor,
Pero ruina para los que obran iniquidad.
30El justo nunca será conmovido,
Pero los impíos no habitarán en la tierra.
31De la boca del justo brota sabiduría,
Pero la lengua perversa será cortada.
32Los labios del justo dan a conocer lo agradable,
Pero la boca de los impíos, lo perverso.

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