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Día 29 de 365 · 29 de enero

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Éxodo 7

1Entonces el Señor dijo a Moisés: «Mira, Yo te hago como Dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. 2Tú hablarás todo lo que Yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje salir de su tierra a los israelitas. 3Pero Yo endureceré el corazón de Faraón para multiplicar Mis señales y Mis prodigios en la tierra de Egipto. 4Y Faraón no los escuchará. Entonces pondré Mi mano sobre Egipto y sacaré de la tierra de Egipto a Mis ejércitos, a Mi pueblo los israelitas, con grandes juicios. 5Los egipcios sabrán que Yo soy el Señor, cuando Yo extienda Mi mano sobre Egipto y saque de en medio de ellos a los israelitas».
6Así hizo Moisés y también Aarón. Tal como el Señor les mandó, así lo hicieron. 7Moisés tenía 80 años y Aarón 83 cuando hablaron a Faraón.
8El Señor habló a Moisés y a Aarón y les dijo: 9«Cuando Faraón, les diga: “Hagan un milagro”, entonces dirás a Aarón: “Toma tu vara y échala delante de Faraón para que se convierta en serpiente” ». 10Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón e hicieron tal como el Señor les había mandado. Aarón echó su vara delante de Faraón y de sus siervos, y esta se convirtió en serpiente.
11Entonces Faraón llamó también a los sabios y a los hechiceros, y también ellos, los magos de Egipto, hicieron lo mismo con sus encantamientos. 12Cada uno echó su vara, las cuales se convirtieron en serpientes. Pero la vara de Aarón devoró las varas de ellos. 13Sin embargo el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el Señor había dicho.
14Entonces el Señor dijo a Moisés: «El corazón de Faraón es terco. Se niega a dejar ir al pueblo. 15Preséntate a Faraón por la mañana cuando vaya al agua, y ponte a orillas del Nilo para encontrarte con él. Toma en tu mano la vara que se convirtió en serpiente. 16Y dile: “El Señor, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti, diciendo: ‘Deja ir a Mi pueblo para que me sirva en el desierto. Pero hasta ahora no has escuchado’. 17Así dice el Señor: ‘En esto conocerás que Yo soy el Señor: Yo golpearé con la vara que está en mi mano las aguas que están en el Nilo, y se convertirán en sangre. 18Los peces que hay en el Nilo morirán, y el río se corromperá y los egipcios tendrán asco de beber el agua del Nilo’ ” ».
19El Señor dijo también a Moisés: «Dile a Aarón: “Toma tu vara y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos, sobre sus estanques, y sobre todos sus depósitos de agua, para que se conviertan en sangre. Habrá sangre por toda la tierra de Egipto, tanto en las vasijas de madera como en las de piedra” ».
20Así lo hicieron Moisés y Aarón, tal como el Señor les había ordenado. Aarón alzó la vara y golpeó las aguas que había en el Nilo ante los ojos de Faraón y de sus siervos, y todas las aguas que había en el Nilo se convirtieron en sangre. 21Los peces que había en el Nilo murieron y el río se corrompió, de manera que los egipcios no podían beber agua del Nilo. Había sangre por toda la tierra de Egipto.
22Pero los magos de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos. El corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el Señor había dicho. 23Entonces se volvió Faraón y entró en su casa, sin hacer caso tampoco de esto. 24Todos los egipcios cavaron en los alrededores del Nilo en busca de agua para beber, porque no podían beber de las aguas del Nilo. 25Pasaron siete días después que el Señorhirió al Nilo.

Éxodo 8

1 Entonces el Señor dijo a Moisés: «Ve a Faraón y dile: “Así dice el Señor: ‘Deja ir a Mi pueblo para que me sirva. 2Pero si te niegas a dejarlos ir, entonces heriré todo tu territorio con ranas. 3El Nilo se llenará de ranas, que subirán y entrarán en tu casa, en tu alcoba y sobre tu cama, en las casas de tus siervos y en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas. 4Subirán las ranas sobre ti, sobre tu pueblo y sobre todos tus siervos’ ” ». 5Dijo además el Señor a Moisés: «Dile a Aarón: “Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, sobre los arroyos y sobre los estanques, y haz que suban ranas sobre la tierra de Egipto” ».
6Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y las ranas subieron y cubrieron la tierra de Egipto. 7Los magos hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron subir ranas sobre la tierra de Egipto.
8Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y dijo: «Rueguen al Señor para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y yo dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios al Señor». 9Moisés dijo a Faraón: «Dígnate decirme cuándo he de rogar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas y queden solamente en el río».
10«Mañana», respondió Faraón. Entonces Moisés dijo: «Sea conforme a tu palabra para que sepas que no hay nadie como el Señor nuestro Dios. 11Las ranas se alejarán de ti, de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo; solo quedarán en el Nilo».
12Entonces Moisés y Aarón salieron de la presencia de Faraón, y Moisés clamó al Señor acerca de las ranas que Él había puesto sobre Faraón. 13Y el Señor hizo conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas en las casas, en los patios y en los campos. 14Las juntaron en montones, y la tierra se corrompió. 15Pero al ver Faraón que había alivio, endureció su corazón y no los escuchó, tal como el Señor había dicho.
16Entonces el Señor dijo a Moisés: «Dile a Aarón: “Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra para que se convierta en piojos por toda la tierra de Egipto” ». 17Y así lo hicieron. Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, y hubo piojos en hombres y animales. Todo el polvo de la tierra se convirtió en piojos por todo el país de Egipto.
18Los magos trataron de producir piojos con sus encantamientos, pero no pudieron. Hubo, pues, piojos en hombres y animales. 19Entonces los magos dijeron a Faraón: «Este es el dedo de Dios». Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó, tal como el Señor había dicho.
20El Señor dijo a Moisés: «Levántate muy de mañana y ponte delante de Faraón cuando salga del agua, dile: “Así dice el Señor: ‘Deja ir a Mi pueblo para que me sirva. 21Porque si no dejas ir a Mi pueblo, entonces enviaré enjambres de insectos sobre ti y sobre tus siervos, sobre tu pueblo y dentro de tus casas. Las casas de los egipcios se llenarán de enjambres de insectos, y también el suelo sobre el cual están. 22Pero en aquel día Yo pondré aparte la tierra de Gosén en la que mora Mi pueblo, para que no haya allí enjambres de insectos, a fin de que sepas que Yo, el Señor, estoy en medio de la tierra. 23Yo haré distinción entre Mi pueblo y tu pueblo. Mañana tendrá lugar esta señal’ ” ».
24Así lo hizo el Señor. Y entraron grandes enjambres de insectos en la casa de Faraón y en las casas de sus siervos, y en todo el país de Egipto la tierra fue devastada a causa de los enjambres de insectos.
25Entonces llamó Faraón a Moisés y a Aarón, y dijo: «Vayan, ofrezcan sacrificio a su Dios dentro del país». 26«No conviene que lo hagamos así», respondió Moisés, «porque es abominación para los egipcios lo que sacrificaremos al Señor nuestro Dios. Si sacrificamos lo que es abominación para los egipcios delante de sus ojos, ¿no nos apedrearán? 27Andaremos una distancia de tres días de camino en el desierto, y ofreceremos sacrificios al Señor nuestro Dios, tal como Él nos manda».
28Faraón dijo: «Los dejaré ir para que ofrezcan sacrificio al Señor su Dios en el desierto, solo que no vayan muy lejos. Oren por mí». 29«Voy a salir de tu presencia», le contestó Moisés «y rogaré al Señor que los enjambres de insectos se alejen mañana de Faraón, de sus siervos y de su pueblo. Pero que Faraón no vuelva a obrar con engaño, no dejando ir al pueblo a ofrecer sacrificios al Señor».
30Salió Moisés de la presencia de Faraón y oró al Señor. 31Y el Señor hizo como Moisés le pidió, y quitó los enjambres de insectos de Faraón, de sus siervos y de su pueblo. No quedó ni uno solo. 32Pero Faraón endureciósu corazón también esta vez y no dejó salir al pueblo.

Marcos 1

1Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2Como está escrito en el profeta Isaías:
«Mira, Yo envío Mi mensajero delante de Ti,
El cual preparará Tu camino.
3-»Voz del que clama en el desierto:
“Preparen el camino del Señor,
Hagan derechas Sus sendas” ».
4Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. 5Acudía a él toda la región de Judea, y toda la gente de Jerusalén, y confesando sus pecados, eran bautizados por él en el río Jordán. 6Juan estaba vestido de pelo de camello, tenía un cinto de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre. 7Y predicaba, diciendo: «Tras mí viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de inclinarme y desatar la correa de Sus sandalias. 8Yo los bauticé a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo».
9Sucedió que en aquellos días Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10Inmediatamente, al salir del agua, vio que los cielos se abrían, y que el Espíritu descendía sobre Él como una paloma; 11y vino una voz de los cielos, que decía: «Tú eres Mi Hijo amado, en Ti me he complacido».
12Enseguida el Espíritu lo impulsó* a ir al desierto. 13Y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; y estaba entre las fieras, y los ángeles le servían.
14Después que Juan había sido encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios. 15«El tiempo se ha cumplido», decía, «y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntanse y crean en el evangelio».
16Mientras caminaba junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, hermano de Simón, echando una red en el mar, porque eran pescadores. 17Y Jesús les dijo: «Vengan conmigo, y Yo haré que ustedes sean pescadores de hombres». 18Dejando al instante las redes, ellos lo siguieron.
19Yendo un poco más adelante, Jesús vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca, remendando las redes. 20Al instante los llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron con Jesús.
21Entraron* en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo, Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. 22Y se admiraban de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
23En ese momento estaba en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar: 24«¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quien Tú eres: el Santo de Dios». 25Jesús lo reprendió, diciendo: «¡Cállate, y sal de él!».
26Entonces el espíritu inmundo, causándole convulsiones al hombre, gritó a gran voz y salió de él. 27Y todos se asombraron de tal manera que discutían entre sí, diciendo: «¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad! Él manda aun a los espíritus inmundos y le obedecen».
28Enseguida Su fama se extendió por todas partes, por toda la región alrededor de Galilea.
29Inmediatamente después de haber salido de la sinagoga, fueron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan. 30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y enseguida hablaron* a Jesús de ella. 31Él se le acercó, y tomándola de la mano la levantó, y la fiebre la dejó; y ella les servía.
32A la caída de la tarde, después de la puesta del sol, trajeron a Jesús todos los que estaban enfermos y los endemoniados. 33Toda la ciudad se había amontonado a la puerta. 34Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y expulsó muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque ellos sabían quién era Él.
35Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba. 36Simón y sus compañeros salieron a buscar a Jesús. 37Lo encontraron y le dijeron*: «Todos te buscan».
38Jesús les respondió*: «Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que Yo predique también allí, porque para eso he venido». 39Y fue por toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando demonios.
40Un leproso vino* rogando a Jesús, y arrodillándose, le dijo: «Si quieres, puedes limpiarme». 41Movido a compasión, extendiendo Jesús la mano, lo tocó y le dijo*: «Quiero; sé limpio».
42Al instante la lepra lo dejó y quedó limpio. 43Entonces Jesús lo despidió enseguida amonestándole severamente: 44«Mira», le dijo*, «no digas nada a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moisés ordenó, para testimonio a ellos».
45Pero él, en cuanto salió comenzó a proclamarlo abiertamentey a divulgar el hecho, a tal punto que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera en lugares despoblados; y venían a Él de todas partes.

Salmo 29

Salmo de David.
1Tributen al Señor, oh hijos de los poderosos,
Tributen al Señor gloria y poder.
2Tributen al Señor la gloria debida a Su nombre;
Adoren al Señor en la majestad de la santidad.
3¶Voz del Señor sobre las aguas.
El Dios de gloria truena,
El Señor está sobre las muchas aguas.
4La voz del Señor es poderosa,
La voz del Señor es majestuosa.
5La voz del Señor rompe los cedros;
Sí, el Señor hace pedazos los cedros del Líbano;
6Y como becerro hace saltar al monte Líbano;
Y al monte Sirión como cría de búfalo.
7La voz del Señor levanta llamas de fuego.
8La voz del Señor hace temblar el desierto;
El Señor hace temblar el desierto de Cades.
9La voz del Señor hace parir a las ciervas
Y deja los bosques desnudos,
Y en Su templo todo dice: «¡Gloria!».
10¶El Señor se sentó como Rey durante el diluvio;
Sí, como Rey se sienta el Señor para siempre.
11El Señor dará fuerza a Su pueblo;
El Señorbendecirá a Su pueblo con paz.

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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