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Día 290 de 365 · 17 de octubre

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Jeremías 15

1Entonces el Señor me dijo: «Aunque Moisés y Samuel se presentaran ante Mí, Mi corazón no estaría con este pueblo. Échalos de Mi presencia, y que se vayan. 2Y cuando te digan: “¿Adónde iremos?”, les responderás: “Así dice el Señor:
‘Los destinados para la muerte, a la muerte;
Los destinados para la espada, a la espada;
Los destinados para el hambre, al hambre,
Y los destinados para el cautiverio, al cautiverio’ ”.
3Y enviaré sobre ellos cuatro clases de males», declara el Señor: «la espada para matar, los perros para despedazar, y las aves del cielo y las bestias de la tierra para devorar y destruir. 4Y los haré motivo de espanto para todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés, hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.
5¶»Porque, ¿quién se compadecerá de ti, oh Jerusalén?
¿Quién llorará por ti,
O quién se apartará de su camino para preguntar por tu bienestar?
6-»Tú me has dejado», declara el Señor,
«Sigues retrocediendo.
Extenderé, pues, Mi mano contra ti y te destruiré;
Estoy cansado de compadecerme.
7-»Los aventaré con el bieldo
En las puertas del país;
Los privaré de hijos, destruiré a Mi pueblo,
Pues no se arrepintieron de sus caminos.
8-»Haré que sus viudas sean más numerosas
Que la arena de los mares.
Traeré contra la madre de sus jóvenes,
Al destructor en pleno mediodía;
De repente traeré sobre ella
Angustia y pavor.
9-»Languidece la que dio a luz siete hijos;
Exhala su alma.
Se puso su sol siendo aún de día,
Ha sido avergonzada y humillada.
A sus sobrevivientes los entregaré a la espada
Delante de sus enemigos», declara el Señor.
10¶¡Ay de mí, madre mía, porque me diste a luz
Como hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra!
No he prestado ni me han prestado,
Sin embargo, todos me maldicen.
11El Señor dijo:
«Ciertamente te libraré para bien;
Ciertamente haré que el enemigo te suplique
En tiempo de calamidad y en tiempo de angustia.
12¶»¿Puede alguien destrozar el hierro,
El hierro del norte, o el bronce?
13-»Tus riquezas y tus tesoros
Entregaré al saqueo, sin costo alguno,
Por todos tus pecados
En todas tus fronteras.
14-»Entonces haré que tus enemigos te lleven
A una tierra que no conoces;
Porque un fuego se ha encendido en Mi ira
Que sobre ustedes arderá».
15¶Tú que lo sabes, oh Señor,
Acuérdate de mí, atiéndeme,
Y véngame de mis perseguidores.
Conforme a Tu paciencia, no dejes que sea yo arrebatado;
Sabes que por Ti sufro oprobio.
16Cuando se presentaban Tus palabras, yo las comía;
Tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón,
Porque se me llamaba por Tu nombre,
Oh Señor, Dios de los ejércitos.
17No me senté en la asamblea de los que se divierten, ni me regocijé.
A causa de Tu mano, solitario me senté,
Porque de indignación me llenaste.
18¿Por qué es mi dolor perpetuo
Y mi herida incurable, que rehúsa sanar?
¿Serás en verdad para mí como corriente engañosa,
Como aguas en las que no se puede confiar?
19Entonces dijo así el Señor:
«Si vuelves, Yo te restauraré,
En Mi presencia estarás;
Si apartas lo precioso de lo vil,
Serás Mi portavoz.
Que se vuelvan ellos a ti,
Pero tú no te vuelvas a ellos.
20-»Y te pondré para este pueblo
Por muralla de bronce invencible;
Lucharán contra ti,
Pero no te vencerán,
Porque Yo estoy contigo para salvarte
Y librarte», declara el Señor.
21«Te libraré de la mano de los malos,
Y te redimiré de la garrade los violentos».

Jeremías 16

1Entonces la palabra del Señor vino a mí, y me dijo: 2«No tomes para ti mujer ni tengas hijos ni hijas en este lugar». 3Porque así dice el Señor acerca de los hijos e hijas nacidos en este lugar, y acerca de las madres que los dieron a luz, y de los padres que los engendraron en esta tierra: 4«De enfermedades crueles morirán; no serán llorados ni sepultados. Serán como estiércol sobre la superficie de la tierra. A espada y por hambre serán acabados, y sus cadáveres servirán de alimento para las aves del cielo y para las bestias de la tierra».
5Porque así dice el Señor: «No entres en casa de duelo, ni vayas a lamentar, ni los consueles; pues he retirado de este pueblo Mi paz, la misericordia y la compasión», declara el Señor. 6«Morirán grandes y pequeños en esta tierra; no serán enterrados, ni los llorarán, y nadie se sajará ni se rapará por ellos. 7No partirán el pan en el duelo para ellos, a fin de consolarlos por el muerto, ni les darán a beber la copa de consolación por su padre o por su madre. 8Tampoco entres en casa de banquete para sentarte con ellos a comer y beber». 9Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Voy a hacer que desaparezca de este lugar, ante los ojos de ustedes y en sus días, la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia.
10»Y sucederá que cuando anuncies a este pueblo todas estas palabras, ellos te dirán: “¿Por qué el Señor ha pronunciado toda esta gran calamidad contra nosotros? ¿Cuál es nuestra iniquidad y cuál es nuestro pecado que hemos cometido contra el Señor nuestro Dios?”. 11Entonces les dirás: “Esto es porque sus padres me abandonaron”, declara el Señor, “y siguieron a otros dioses y los sirvieron y se postraron ante ellos, pero a Mí me abandonaron y no guardaron Mi ley. 12Y ustedes han hecho peor que sus padres, porque cada uno de ustedes anda tras la terquedad de su malvado corazón, sin escucharme. 13Por tanto, Yo los arrojaré de esta tierra a una tierra que ni ustedes ni sus padres han conocido; y allí servirán a otros dioses día y noche, pues no les mostraré clemencia”.
14»Por tanto, vienen días», declara el Señor, «cuando ya no se dirá: “Vive el Señor, que sacó a los israelitas de la tierra de Egipto”, 15sino: “Vive el Señor, que hizo subir a los israelitas de la tierra del norte y de todos los países adonde los había desterrado”. Porque los haré volver a su tierra, la cual di a sus padres.
16»Enviaré a muchos pescadores», declara el Señor, «que los pescarán; y después enviaré a muchos cazadores, que los cazarán por todo monte y por toda colina y por las hendiduras de las peñas. 17Porque Mis ojos están puestos sobre todos sus caminos, que no se me ocultan, ni su iniquidad está encubierta a Mis ojos. 18Pero primero, pagaré al doble su iniquidad y su pecado, porque ellos han contaminado Mi tierra con los cadáveres de sus ídolos abominables y han llenado Mi heredad con sus abominaciones».
19¶¡Oh Señor, fuerza mía y fortaleza mía,
Refugio mío en el día de angustia!
A ti vendrán las naciones
Desde los confines de la tierra y dirán:
«Nuestros padres heredaron solo mentira,
Vanidad y cosas sin provecho».
20¿Puede hacer el hombre dioses para sí?
¡Pero no son dioses!
21«Por tanto, voy a darles a conocer,
Esta vez les haré conocer
Mi poder y Mi fortaleza;
Entonces sabrán que Mi nombre es el Señor».

Marcos 2

1Cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa. 2Y se reunieron muchos, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta; y Él les explicaba la palabra.
3Entonces vinieron* y le trajeron un paralítico llevado entre cuatro hombres. 4Como no pudieron acercarse a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde Él estaba; y cuando habían hecho una abertura, bajaron la camilla en que estaba acostado el paralítico. 5Viendo Jesús la fe de ellos, dijo* al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
6Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones: 7«¿Por qué habla Este así? Está blasfemando; ¿quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?».
8Al instante Jesús, conociendo en Su espíritu que pensaban de esa manera dentro de sí mismos, les dijo*: «¿Por qué piensan estas cosas en sus corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda”? 10Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», dijo* al paralítico: 11«A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
12Y él se levantó, y tomando al instante la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos estaban asombrados, y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás hemos visto cosa semejante».
13Jesús salió de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud venía a Él, y les enseñaba. 14Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: «Sígueme». Y levantándose, lo siguió.
15Y sucedió que estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jesús y Sus discípulos; porque había muchos de ellos que lo seguían. 16Cuando los escribas de los fariseos vieron que Él comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a Sus discípulos: «¿Por qué Él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?».
17Al oír esto, Jesús les dijo*: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
18Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron* y dijeron* a Jesús: «¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero Tus discípulos no ayunan?».
19Y Jesús les respondió: «¿Acaso pueden ayunar los acompañantes del novio mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. 20Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán en aquel día. 21Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque entonces el remiendo al encogerse tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce una rotura peor. 22Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierden el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos».
23Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y Sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas. 24Entonces los fariseos le decían: «Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo?».
25Jesús les contestó*: «¿Nunca han leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y también sus compañeros; 26cómo entró en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer, sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él?». 27Y Él continuó diciéndoles: «El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. 28Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo».

Salmo 140

Para el director del coro. Salmo de David.
1Líbrame, oh Señor, de los hombres malignos;
Guárdame de los hombres violentos,
2Que traman maldades en su corazón;
Que cada día provocan guerras.
3Aguzan su lengua como serpiente;
Veneno de víbora hay bajo sus labios. (Selah)
4¶Guárdame, Señor, de las manos del impío;
Protégeme de los hombres violentos,
Que se han propuesto hacerme tropezar.
5Los soberbios han ocultado trampa y cuerdas para mí;
Han tendido red al borde del sendero;
Me han puesto lazos. (Selah)
6¶Dije al Señor: «Tú eres mi Dios;
Escucha, oh Señor, la voz de mis súplicas.
7-»Oh Dios, Señor, poder de mi salvación,
Tú cubriste mi cabeza en el día de la batalla.
8-»No concedas, Señor, los deseos del impío;
No hagas prosperar sus malos designios, para que no se exalten. (Selah)
9¶»En cuanto a los que me rodean,
Que la malicia de sus labios los cubra.
10-»Caigan sobre ellos carbones encendidos;
Sean arrojados en el fuego,
En abismos profundos de donde no se puedan levantar.
11-»Que el hombre de mala lengua no permanezca en la tierra;
Que al hombre violento lo persiga el mal implacablemente».
12¶Yo sé que el Señor sostendrá la causa del afligido,
Y el derecho de los pobres.
13Ciertamente los justos darán gracias a Tu nombre,
Ylos rectos morarán en Tu presencia.

Proverbios 11

1La balanza falsa es abominación al Señor,
Pero el peso cabal es Su deleite.
2Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra;
Pero la sabiduría está con los humildes.
3La integridad de los rectos los guiará,
Pero la perversidad de los traidores los destruirá.
4De nada sirven las riquezas el día de la ira,
Pero la justicia libra de la muerte.
5La justicia del íntegro enderezará su camino,
Pero el impío caerá por su propia impiedad.
6La justicia de los rectos los librará,
Pero los traidores en su codicia serán atrapados.
7Cuando muere el hombre impío, su esperanza se acaba,
Y la expectación de los poderosos perece.
8El justo es librado de tribulación,
Y el impío toma su lugar.
9Con la boca el impío destruye a su prójimo,
Pero por el conocimiento los justos serán librados.
10Con el bien de los justos, se regocija la ciudad,
Y cuando perecen los impíos, hay gritos de alegría.
11Por la bendición de los rectos, se enaltece la ciudad,
Pero por la boca de los impíos, es derribada.
12El que desprecia a su prójimo carece de entendimiento,
Pero el hombre prudente guarda silencio.
13El que anda en chismes revela secretos,
Pero el de espíritu leal oculta las cosas.
14Donde no hay buen consejo, el pueblo cae,
Pero en la abundancia de consejeros está la victoria.
15Ciertamente sufrirá el que sale fiador por un extraño,
Pero el que odia salir fiador está seguro.
16La mujer agraciada alcanza honra,
Y los poderosos alcanzan riquezas.
17El hombre misericordioso se hace bien a sí mismo,
Pero el cruel a sí mismo se hace daño.
18El impío gana salario engañoso,
Pero el que siembra justicia recibe verdadera recompensa.
19El que persiste en la justicia alcanzará la vida,
Y el que va en pos del mal, su propia muerte.
20Los de corazón perverso son abominación al Señor,
Pero los de camino intachable son Su deleite.
21Ciertamente el malvado no quedará sin castigo,
Pero la descendencia de los justos será librada.
22Como anillo de oro en el hocico de un cerdo
Es la mujer hermosa que carece de discreción.
23El deseo de los justos es solo el bien,
Pero la esperanza de los malvados es la ira.
24Hay quien reparte, y le es añadido más,
Y hay quien retiene lo que es justo, solo para venir a menos.
25El alma generosa será prosperada,
Y el que riega será también regado.
26Al que retiene el grano, el pueblo lo maldecirá,
Pero habrá bendición sobre la cabeza del que lo vende.
27El que con diligencia busca el bien, se procura favor,
Pero el que busca el mal, este le vendrá.
28El que confía en sus riquezas, caerá,
Pero los justos prosperarán como la hoja verde.
29El que turba su casa, heredará viento,
Y el necio será siervo del sabio de corazón.
30El fruto del justo es árbol de vida,
Y el que gana almas es sabio.
31Si el justo es recompensado en la tierra,
¡Cuánto más el impío y el pecador!

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