DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 292 de 365 · 19 de octubre

Inicia sesión para registrar tu lectura y llevar tu racha.Ingresar →
TAMAÑO

Jeremías 19

1Así dijo el Señor: «Ve y compra una vasija de barro de un alfarero, y toma contigo a algunos de los ancianos del pueblo y de los ancianos de los sacerdotes. 2Entonces sal al valle de Ben Hinom, que está a la entrada de la puerta de los tiestos, y proclama allí las palabras que Yo te diré. 3Dirás: “Oigan la palabra del Señor, reyes de Judá y habitantes de Jerusalén. Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Voy a traer tal calamidad sobre este lugar, que a todo el que oiga de ella le zumbarán los oídos. 4Porque ellos me han abandonado, han hecho extraño este lugar y han ofrecido sacrificios en él a otros dioses, que ni ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá habían conocido, y porque han llenado este lugar de sangre de inocentes 5y han edificado los lugares altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego como holocaustos a Baal, cosa que nunca mandé, ni de la cual hablé, ni me pasó por la mente.
6’Por tanto, vienen días’, declara el Señor, ‘cuando este lugar no se llamará más Tofet ni valle de Ben Hinom, sino valle de la Matanza. 7Y haré nulo el consejo de Judá y de Jerusalén en este lugar, y los haré caer a espada delante de sus enemigos y a mano de los que buscan su vida, y entregaré sus cadáveres por alimento a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. 8También convertiré esta ciudad en desolación y burla; todo aquel que pase por ella se quedará atónito y silbará a causa de toda su destrucción. 9Les haré comer la carne de sus hijos y la carne de sus hijas, y cada uno comerá la carne de su prójimo durante el sitio y en la aflicción con que los afligirán sus enemigos y los que buscan su vida’ ”.
10»Entonces romperás la vasija a la vista de los hombres que te acompañen, 11y les dirás: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘De igual manera romperé Yo a este pueblo y a esta ciudad, como quien rompe una vasija de alfarero, que no se puede reparar más; y los enterrarán en Tofet por no haber otro lugar donde enterrarlos. 12Así haré con este lugar y con sus habitantes’, declara el Señor, ‘poniendo esta ciudad como Tofet. 13Y las casas de Jerusalén y las casas de los reyes de Judá serán como el lugar de Tofet, inmundas, a causa de todas las casas en cuyos terrados ofrecieron sacrificios a todo el ejército del cielo y derramaron libaciones a otros dioses’ ” ».
14Entonces Jeremías volvió de Tofet, adonde lo había enviado el Señor a profetizar, y poniéndose en pie en el atrio de la casa del Señor, dijo a todo el pueblo: 15«Así dice el Señorde los ejércitos, el Dios de Israel: “Voy a traer sobre esta ciudad y sobre todas sus aldeas la calamidad que he declarado contra ella, porque se han hecho tercos para no hacer caso a Mis palabras” ».

Jeremías 20

1Cuando el sacerdote Pasur, hijo de Imer, que era el oficial principal en la casa del Señor, oyó a Jeremías profetizar estas cosas, 2hizo azotar al profeta Jeremías y lo puso en el cepo que estaba en la parte superior de la puerta de Benjamín, la cual conducía a la casa del Señor. 3Al día siguiente, cuando Pasur soltó a Jeremías del cepo, Jeremías le dijo: «No es Pasur el nombre con que el Señor te llama ahora, sino Magor Misabib. 4Porque así dice el Señor: “Te voy a convertir en terror para ti mismo y para todos tus amigos; ellos caerán por la espada de tus enemigos, y tus ojos lo verán. Entregaré a todo Judá en manos del rey de Babilonia, y él los llevará como desterrados a Babilonia y los matará a espada. 5También entregaré toda la riqueza de esta ciudad, todos sus productos y todas las cosas de gran valor, aun todos los tesoros de los reyes de Judá, los entregaré en manos de sus enemigos, que los saquearán, los tomarán y se los llevarán a Babilonia. 6Y tú, Pasur, con todos los moradores de tu casa, irás al cautiverio y entrarás en Babilonia; allí morirás y allí serás enterrado, tú y todos tus amigos a quienes has profetizado falsamente” ».
7¶Me persuadiste, oh Señor, y quedé persuadido;
Fuiste más fuerte que yo y prevaleciste.
He sido el hazmerreír cada día;
Todos se burlan de mí.
8Porque cada vez que hablo, grito;
Proclamo: ¡Violencia, destrucción!
Pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí
Oprobio y escarnio cada día.
9Pero si digo: «No lo recordaré
Ni hablaré más en Su nombre»,
Esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente
Encerrado en mis huesos.
Hago esfuerzos por contenerlo,
Y no puedo.
10Porque he oído las murmuraciones de muchos:
«¡Terror por todas partes!
¡Denúncienlo, vamos a denunciarlo!».
Todos mis amigos de confianza,
Esperando mi caída, dicen:
«Tal vez será persuadido, prevaleceremos contra él
Y tomaremos nuestra venganza contra él».
11Pero el Señor está conmigo como campeón temible;
Por tanto, mis perseguidores tropezarán y no prevalecerán.
Quedarán muy avergonzados, pues no triunfaron,
Tendrán afrenta perpetua que nunca será olvidada.
12Oh Señor de los ejércitos, que pruebas al justo,
Que ves las entrañas y el corazón,
Vea yo Tu venganza sobre ellos,
Pues a Ti he encomendado mi causa.
13Canten al Señor, alaben al Señor,
Porque ha librado el alma del pobre
De manos de los malvados.
14¶Maldito el día en que nací;
El día en que mi madre me dio a luz no sea bendito.
15Maldito el hombre que dio la noticia
A mi padre, diciéndole:
«¡Te ha nacido un hijo varón!»,
Haciéndolo muy feliz.
16Sea ese hombre como las ciudades
Que el Señor destruyó sin piedad;
Oiga gritos de mañana
Y alaridos al mediodía,
17Porque no me mató en el vientre
Así mi madre hubiera sido mi sepultura,
Y su vientre embarazado para siempre.
18¿Por qué salí del vientre
Para ver pena y aflicción,
Y que acaben en vergüenza mis días?

Marcos 4

1Comenzó Jesús a enseñar de nuevo junto al mar; y se llegó a Él una multitud tan grande que tuvo que subirse a una barca que estaba en el mar, y se sentó; y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar. 2Les enseñaba muchas cosas en parábolas, y les decía en Su enseñanza:
3 «Escuchen: El sembrador salió a sembrar; 4y al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. 5Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra. 6Pero cuando salió el sol, se quemó, y por no tener raíz, se secó. 7Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. 8Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno». 9Y añadió: «El que tiene oídos para oír, que oiga».
10Cuando Jesús se quedó solo, Sus seguidores junto con los doce le preguntaban sobre las parábolas. 11«A ustedes les ha sido dado el misterio del reino de Dios», les decía, «pero los que están afuera reciben todo en parábolas; 12para que viendo, vean pero no perciban, y oyendo, oigan pero no entiendan, no sea que se conviertan y sean perdonados».
13También les dijo*: «¿No entienden esta parábola? ¿Cómo, pues, comprenderán todas las otras parábolas? 14El sembrador siembra la palabra. 15Estos que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos. 16Y de igual manera, estos en que se sembró la semilla en pedregales son los que al oír la palabra enseguida la reciben con gozo; 17pero no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que solo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida se apartan de ella. 18Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos; estos son los que han oído la palabra, 19pero las preocupaciones del mundo, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estéril. 20Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno».
21También Jesús les decía: «¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de una vasija o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? 22Porque nada hay oculto, si no es para que sea manifestado; ni nada ha estado en secreto, sino para que salga a la luz. 23Si alguno tiene oídos para oír, que oiga».
24Además les decía: «Cuídense de lo que oigan. Con la medida con que ustedes midan, se les medirá, y aun más se les dará. 25Porque al que tiene, se le dará más, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará».
26Jesús decía también: «El reino de Dios es como un hombre que echa semilla en la tierra, 27y se acuesta de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece; cómo, él no lo sabe. 28La tierra produce fruto por sí misma; primero la hoja, luego la espiga, y después el grano maduro en la espiga. 29Y cuando el fruto lo permite, él enseguida mete la hoz, porque ha llegado el tiempo de la siega».
30También Jesús decía: «¿A qué compararemos el reino de Dios, o con qué parábola lo describiremos? 31Es como un grano de mostaza, el cual, cuando se siembra en la tierra, aunque es más pequeño que todas las semillas que hay en la tierra, 32sin embargo, después de sembrado, crece y llega a ser más grande que todas las hortalizas y echa grandes ramas, tanto que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra».
33Con muchas parábolas como estas Jesús les hablaba la palabra, según podían oírla; 34y sin parábolas no les hablaba, pero lo explicaba todo en privado a Sus propios discípulos.
35Ese mismo día, caída ya la tarde, Jesús les dijo*: «Pasemos al otro lado». 36Despidiendo a la multitud, lo llevaron* con ellos en la barca, como estaba; y había otras barcas con Él. 37Pero se levantó* una violenta tempestad, y las olas se lanzaban sobre la barca de tal manera que ya la barca se llenaba de agua. 38Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre una almohadilla; entonces lo despertaron* y le dijeron*: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».
39Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: «¡Cálmate, sosiégate!». Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma. 40Entonces les dijo: «¿Por qué están atemorizados? ¿Cómo no tienen fe?».
41Y se llenaron de gran temor, y se decían unos a otros: «¿Quién, pues, es Este que aun el viento y el mar le obedecen?».

Salmo 142

Masquil de David, cuando estaba en la cueva. Plegaria.
1Clamo al Señor con mi voz;
Con mi voz suplico al Señor.
2Delante de Él expongo mi queja;
En Su presencia manifiesto mi angustia.
3Cuando mi espíritu desmayaba dentro de mí,
Tú conociste mi senda.
En la senda en que camino
Me han tendido una trampa.
4Mira a la derecha, y ve,
Porque no hay quien me tome en cuenta;
No hay refugio para mí;
No hay quien cuide de mi alma.
5¶A Ti he clamado, Señor;
Dije: «Tú eres mi refugio,
Mi porción en la tierra de los vivientes.
6-»Atiende a mi clamor,
Porque estoy muy abatido;
Líbrame de los que me persiguen,
Porque son más fuertes que yo.
7-»Saca mi alma de la prisión,
Para que yo dé gracias a Tu nombre;
Los justos me rodearán,
Porque Tú me colmarás de bendiciones».

Proverbios 13

1El hijo sabio acepta la disciplina de su padre,
Pero el insolente no escucha la reprensión.
2Del fruto de su boca el hombre comerá el bien,
Pero el deseo de los traidores es la violencia.
3El que guarda su boca, preserva su vida;
El que mucho abre sus labios, termina en ruina.
4El alma del perezoso desea mucho, pero nada consigue,
Sin embargo, el alma de los diligentes queda satisfecha.
5El justo aborrece la falsedad,
Pero el impío causa repugnancia y vergüenza.
6La justicia guarda al íntegro en su camino,
Pero la maldad destruye al pecador.
7Hay quien pretende ser rico, y nada tiene;
Hay quien pretende ser pobre, y tiene una gran fortuna.
8El rescate de la vida de un hombre está en sus riquezas,
Pero el pobre no oye amenazas.
9La luz de los justos brilla alegremente,
Pero la lámpara de los impíos se apaga.
10Por la soberbia solo viene la contienda,
Pero con los que reciben consejos está la sabiduría.
11La fortuna obtenida con fraude disminuye,
Pero el que la recoge con trabajo la aumenta.
12La esperanza que se demora enferma el corazón,
Pero el deseo cumplido es árbol de vida.
13El que desprecia la palabra pagará por ello,
Pero el que teme el mandamiento será recompensado.
14La enseñanza del sabio es fuente de vida,
Para apartarse de los lazos de la muerte.
15El buen entendimiento produce favor,
Pero el camino de los malvados es difícil.
16Todo hombre prudente obra con conocimiento,
Pero el necio ostenta necedad.
17El mensajero perverso cae en la adversidad,
Pero el enviado fiel trae sanidad.
18Pobreza y vergüenza vendrán al que desprecia la instrucción,
Pero el que acepta la reprensión será honrado.
19Deseo cumplido es dulzura para el alma,
Pero es abominación para los necios el apartarse del mal.
20El que anda con sabios será sabio,
Pero el compañero de los necios sufrirá daño.
21A los pecadores los persigue el mal,
Pero los justos serán recompensados con el bien.
22El hombre bueno deja herencia a los hijos de sus hijos,
Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo.
23El terreno de los pobres tiene mucho de comer,
Pero se pierde por la injusticia.
24El que evita la vara odia a su hijo,
Pero el que lo ama lo disciplina con diligencia.
25El justo come hasta saciar su alma,
Pero el vientre de los impíos sufre escasez.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable