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Día 293 de 365 · 20 de octubre

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Jeremías 21

1Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor cuando el rey Sedequías le envió a él a Pasur, hijo de Malquías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, para decirle: 2«Consulta ahora de nuestra parte al Señor, porque Nabucodonosor, rey de Babilonia, nos hace la guerra. Tal vez el Señor haga con nosotros conforme a todas Sus maravillas, para que el enemigo se retire de nosotros».
3Entonces Jeremías les dijo: «Así le dirán a Sedequías: 4“Así dice el Señor, Dios de Israel: ‘Yo haré volver atrás las armas de guerra que ustedes tienen en sus manos, con las cuales pelean contra el rey de Babilonia y contra los caldeos que los sitian fuera de los muros, y las reuniré en medio de esta ciudad. 5Yo mismo pelearé contra ustedes con mano extendida y brazo poderoso, aun con ira, furor y gran enojo. 6Heriré a los habitantes de esta ciudad, y hombres y animales morirán por una gran pestilencia. 7Y después’, declara el Señor, ‘a Sedequías, rey de Judá, a sus siervos, al pueblo y a los que sobrevivan en esta ciudad de la pestilencia, de la espada y del hambre, los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, en manos de sus enemigos y en manos de los que buscan sus vidas; y él los herirá a filo de espada. No los perdonará ni les tendrá piedad ni compasión’ ”.
8»También dirás a este pueblo: “Así dice el Señor: ‘Ahora pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte. 9El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre y de pestilencia; pero el que salga y se entregue a los caldeos que los sitian, vivirá, y tendrá su propia vida como botín. 10Porque he puesto Mi rostro contra esta ciudad para mal, y no para bien’, declara el Señor. ‘Será entregada en manos del rey de Babilonia, quien le prenderá fuego’ ”.
11»Entonces dile a la casa del rey de Judá:
“Oigan la palabra del Señor,
12Casa de David, así dice el Señor:
‘Hagan justicia cada mañana,
Y liberen al despojado de manos de su opresor,
No sea que Mi furor salga como fuego,
Y arda y no haya quien lo apague,
A causa de la maldad de las obras de ustedes.
13¶’Yo estoy contra ti, moradora del valle,
Roca de la llanura’, declara el Señor,
‘Los que dicen: “¿Quién descenderá contra nosotros?
¿Quién entrará en nuestras moradas?”.
14-’Yo los castigaré conforme al fruto de sus obras’, declara el Señor,
‘Y prenderé fuego en su bosque
Que consumirá todos sus alrededores’ ” ».

Jeremías 22

1Así dice el Señor: «Desciende a la casa del rey de Judá y habla allí esta palabra: 2“Escucha la palabra del Señor, oh rey de Judá, que te sientas sobre el trono de David, tú, tus siervos y tu pueblo que entran por estas puertas. 3Así dice el Señor: ‘Practiquen el derecho y la justicia, y liberen al despojado de manos de su opresor. Tampoco maltraten ni hagan violencia al extranjero, al huérfano o a la viuda, ni derramen sangre inocente en este lugar. 4Porque si en verdad observan este mandato, entonces entrarán reyes por las puertas de esta casa, y se sentarán en el lugar de David, en su trono. Entrarán montados en carros y caballos, el rey, sus siervos y su pueblo. 5Pero si no obedecen estas palabras, juro por Mí mismo’, declara el Señor, ‘que esta casa vendrá a ser una desolación’ ” ». 6Porque así dice el Señor acerca de la casa del rey de Judá:
«Eres como Galaad para Mí,
Como la cumbre del Líbano;
Pero ciertamente te convertiré en un desierto,
Como ciudades deshabitadas.
7-»Designaré contra ti destructores,
Cada uno con sus armas,
Y cortarán tus cedros más selectos
Y los echarán al fuego.
8Pasarán muchas naciones junto a esta ciudad, y cada cual dirá a su prójimo: “¿Por qué ha hecho así el Señor a esta gran ciudad?”. 9Entonces responderán: “Porque abandonaron el pacto del Señor su Dios, y se postraron ante otros dioses y les sirvieron” ».
10¶No lloren por el muerto ni hagan duelo por él,
Lloren amargamente por el que se va cautivo,
Porque jamás volverá
Ni verá su tierra natal.
11Porque así dice el Señor acerca de Salum, hijo de Josías, rey de Judá, que reinó en lugar de su padre Josías, y que salió de este lugar: «Nunca más volverá aquí; 12sino que en el lugar adonde lo llevaron cautivo, allí morirá, y no verá más esta tierra.
13¶»Ay del que edifica su casa sin justicia
Y sus aposentos altos sin derecho,
Que a su prójimo hace trabajar de balde
Y no le da su salario.
14-»El que dice: “Me edificaré una casa espaciosa
Con amplios aposentos altos”;
Y le abre ventanas,
La recubre de cedro y la pinta de rojo.
15-»¿Acaso te harás rey porque compites en cedro?
¿No comió y bebió tu padre
Y practicó el derecho y la justicia?
Por eso le fue bien.
16-»Defendió la causa del pobre y del necesitado;
Entonces le fue bien.
¿No es esto conocerme?»,
Declara el Señor.
17«Pero tus ojos y tu corazón
Solo están para tu propia ganancia,
Para derramar sangre inocente,
Y para practicar la opresión y la violencia».
18Por tanto, así dice el Señor acerca de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá:
«No llorarán por él:
“¡Ay, hermano mío!” o “¡Ay, hermana!”.
No llorarán por él:
“¡Ay, señor!” o “¡Ay, su gloria!”.
19-»Será enterrado con entierro de asno:
Será arrastrado y tirado fuera de las puertas de Jerusalén.
20-»Sube al Líbano y clama,
Y da voces en Basán;
Clama también desde Abarim,
Porque han sido destruidos todos tus amantes.
21-»Te hablé en tu prosperidad,
Pero dijiste: “No escucharé”.
Esta ha sido tu costumbre desde tu juventud,
Que nunca has escuchado mi voz.
22-»A todos tus pastores arrasará el viento,
Y tus amantes irán al cautiverio;
Entonces ciertamente serás avergonzada y humillada
A causa de toda tu maldad.
23-»Tú que moras en el Líbano,
Anidada en los cedros,
¡Cómo gemirás cuando te vengan los dolores,
Dolores como de mujer de parto!
24»Vivo Yo», declara el Señor, «aunque Conías, hijo de Joacim, rey de Judá, fuera un anillo en Mi mano derecha, aun de allí lo arrancaría. 25Te entregaré en manos de los que buscan tu vida, sí, en manos de los que temes: en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de los caldeos. 26Te arrojaré a ti y a la madre que te dio a luz a otro país donde no nacieron, y allí morirán. 27Pero a la tierra a la cual con toda el alma anhelan volver, a ella no volverán.
28-»¿Es acaso este hombre Conías una vasija despreciada y rota?
¿Es un objeto indeseable?
¿Por qué han sido arrojados él y sus descendientes
Y echados a una tierra que no conocían?
29-»¡Oh tierra, tierra, tierra!,
Oye la palabra del Señor.
30Así dice el Señor:
“Inscriban a este hombre como sin hijos,
Hombre que no prosperará en sus días;
Porque ninguno de sus descendientes logrará
Sentarse sobre el trono de David
Ni gobernar de nuevo en Judá” ».

Marcos 5

1Llegaron al otro lado del mar, a la tierra de los gadarenos. 2Cuando Jesús salió de la barca, enseguida se acercó a Él, de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, 3que tenía su morada entre los sepulcros; y nadie podía ya atarlo ni aun con cadenas; 4porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie era tan fuerte como para dominarlo. 5Siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y en los montes dando gritos e hiriéndose con piedras.
6Cuando vio a Jesús de lejos, corrió y se postró delante de Él; 7y gritando a gran voz, dijo*: «¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro por Dios que no me atormentes». 8Porque Jesús le decía: «Sal del hombre, espíritu inmundo». 9«¿Cómo te llamas?», le preguntó Jesús. «Me llamo Legión», respondió*, «porque somos muchos». 10Le rogaba entonces con insistencia que no los enviara fuera de la tierra.
11Había allí una gran manada de cerdos paciendo junto al monte. 12Y los demonios le rogaron, diciendo: «Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos». 13Jesús les dio permiso. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y la manada, unos 2,000, se precipitó por un despeñadero al mar, y en el mar se ahogaron.
14Los que cuidaban los cerdos huyeron y lo contaron en la ciudad y por los campos. Y la gente vino a ver qué era lo que había sucedido. 15Vinieron* a Jesús, y vieron* al que había estado endemoniado, sentado, vestido y en su cabal juicio, el mismo que había tenido la legión; y tuvieron miedo. 16Los que lo habían visto les describieron cómo le había sucedido esto al endemoniado, y lo de los cerdos. 17Y comenzaron a rogar a Jesús que se fuera de su región.
18Al entrar Él en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara ir con Él. 19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo*: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti».
20Y él se fue, y empezó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él; y todos se quedaban maravillados.
21Cuando Jesús pasó otra vez en la barca al otro lado, se reunió una gran multitud alrededor de Él; así que Él se quedó junto al mar.
22Y vino uno de los oficiales de la sinagoga, llamado Jairo, y al ver a Jesús, se postró* a Sus pies, 23y le rogaba* con insistencia: «Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva». 24Jesús fue con él; y una gran multitud lo seguía y oprimía.
25Había una mujer que padecía de flujo de sangre por doce años. 26Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía sin provecho alguno, sino que al contrario, había empeorado.
27Cuando ella oyó hablar de Jesús, se llegó a Él por detrás entre la multitud y tocó Su manto. 28Porque decía: «Si tan solo toco Sus ropas, sanaré». 29Al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba curada de su aflicción. 30Enseguida Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de Él, volviéndose entre la gente, dijo: «¿Quién ha tocado Mi ropa?». 31Y Sus discípulos le dijeron: «Ves que la multitud te oprime, y preguntas: “¿Quién me ha tocado?” ». 32Pero Él miraba a su alrededor para ver a la mujer que lo había tocado.
33Entonces la mujer, temerosa y temblando, dándose cuenta de lo que le había sucedido, vino y se postró delante de Él y le dijo toda la verdad. 34«Hija, tu fe te ha sanado», le dijo Jesús; «vete en paz y queda sana de tu aflicción».
35Mientras Él estaba todavía hablando, vinieron* unos enviados de la casa del oficial de la sinagoga, diciendo: «Tu hija ha muerto, ¿para qué molestas aún al Maestro?». 36Pero Jesús, oyendo lo que se hablaba, dijo* al oficial de la sinagoga: «No temas, cree solamente».
37Y no permitió que nadie fuera con Él sino solo Pedro, Jacobo y Juan, hermano de Jacobo. 38Fueron* a la casa del oficial de la sinagoga, y Jesús vio* el alboroto, y a los que lloraban y se lamentaban mucho. 39Cuando entró les dijo*: «¿Por qué hacen alboroto y lloran? La niña no ha muerto, sino que está dormida».
40Y se burlaban de Él. Pero echando fuera a todos, Jesús tomó* consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con Él, y entró* donde estaba la niña. 41Tomando a la niña por la mano, le dijo*: «Talita cum», que traducido significa: «Niña, a ti te digo, ¡levántate!».
42Al instante la niña se levantó y comenzó a caminar, pues tenía doce años. Y al momento todos se quedaron completamente atónitos. 43Entonces les dio órdenes estrictas de que nadie se enterara de esto; y dijo que le dieran de comer a la niña.

Salmo 143

Salmo de David.
1Oh Señor, escucha mi oración,
Presta oído a mis súplicas,
Respóndeme por Tu fidelidad, por Tu justicia;
2Y no entres en juicio con Tu siervo,
Porque no es justo delante de Ti ningún ser humano.
3Pues el enemigo ha perseguido mi alma,
Ha aplastado mi vida contra la tierra;
Me ha hecho morar en lugares tenebrosos, como los que hace tiempo están muertos.
4Por tanto, en mí está agobiado mi espíritu;
Mi corazón está turbado dentro de mí.
5¶Me acuerdo de los días antiguos;
En todas Tus obras medito,
Reflexiono en la obra de Tus manos.
6A Ti extiendo mis manos;
Mi alma te anhela como la tierra sedienta. (Selah)
7¶Respóndeme pronto, oh Señor, porque mi espíritu desfallece;
No escondas de mí Tu rostro,
Para que no llegue yo a ser como los que descienden a la sepultura.
8Por la mañana hazme oír Tu misericordia,
Porque en Ti confío;
Enséñame el camino por el que debo andar,
Pues a Ti elevo mi alma.
9Líbrame de mis enemigos, oh Señor;
En Ti me refugio.
10¶Enséñame a hacer Tu voluntad,
Porque Tú eres mi Dios;
Tu buen Espíritu me guíe a tierra firme.
11Por amor a Tu nombre, Señor, vivifícame;
Por Tu justicia, saca mi alma de la angustia.
12Y por Tu misericordia, acaba con mis enemigos,
Y destruye a todos los que afligen mi alma;
Pues yo soy Tu siervo.

Proverbios 14

1La mujer sabia edifica su casa,
Pero la necia la derriba con sus manos.
2El que anda en rectitud teme al Señor,
Pero el de perversos caminos lo desprecia.
3En la boca del necio hay una vara para su espalda,
Pero los labios de los sabios los protegerán.
4Donde no hay bueyes, el pesebre está limpio,
Pero mucho rendimiento se obtiene por la fuerza del buey.
5El testigo veraz no mentirá,
Pero el testigo falso habla mentiras.
6El insolente busca sabiduría y no la halla,
Pero para el hombre entendido el conocimiento es fácil.
7Apártate de la presencia del necio,
Porque en él no discernirás palabras de conocimiento.
8La sabiduría del prudente está en entender su camino,
Pero la necedad de los necios es engaño.
9Los necios se ríen del pecado,
Pero entre los rectos hay buena voluntad.
10El corazón conoce su propia amargura,
Y un extraño no comparte su alegría.
11La casa de los impíos será destruida,
Pero la tienda de los rectos florecerá.
12Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final, es camino de muerte.
13Aun en la risa, el corazón puede tener dolor,
Y el final de la alegría puede ser tristeza.
14El de corazón descarriado se saciará de sus caminos,
Pero el hombre bueno estará satisfecho con el suyo.
15El simple todo lo cree,
Pero el prudente mira bien sus pasos.
16El sabio teme y se aparta del mal,
Pero el necio es arrogante y descuidado.
17El hombre pronto a la ira obra neciamente,
Y el hombre de malos designios es aborrecido.
18Los simples heredan necedad,
Pero los prudentes son coronados de conocimiento.
19Los malos se inclinarán ante los buenos,
Y los impíos, a las puertas del justo.
20Aun por su vecino es odiado el pobre,
Pero muchos son los que aman al rico.
21El que desprecia a su prójimo peca,
Pero es feliz el que se apiada de los pobres.
22¿No se perderán los que traman el mal?
Pero misericordia y verdad recibirán los que planean el bien.
23En todo trabajo hay ganancia,
Pero el vano hablar conduce solo a la pobreza.
24La corona de los sabios es su riqueza,
Pero la necedad de los necios es insensatez.
25El testigo veraz salva vidas,
Pero el que habla mentiras es traidor.
26En el temor del Señor hay confianza segura,
Y a los hijos dará refugio.
27El temor del Señor es fuente de vida,
Para evadir los lazos de la muerte.
28En la multitud del pueblo está la gloria del rey,
Pero en la falta de pueblo está la ruina del príncipe.
29El lento para la ira tiene gran prudencia,
Pero el que es irascible ensalza la necedad.
30Un corazón apacible es vida para el cuerpo,
Pero las pasiones son podredumbre de los huesos.
31El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor,
Pero el que se apiada del necesitado lo honra.
32El impío es derribado por su maldad,
Pero el justo tiene un refugio cuando muere.
33En el corazón del prudente reposa la sabiduría,
Pero en medio de los necios no se da a conocer.
34La justicia engrandece a la nación,
Pero el pecado es afrenta para los pueblos.
35El favor del rey es para el siervo que obra sabiamente,
Pero su enojo es contra el que obra vergonzosamente.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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