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Día 294 de 365 · 21 de octubre

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Jeremías 23

1«¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de Mis prados!», declara el Señor. 2Por tanto, así dice el Señor, Dios de Israel, acerca de los pastores que apacientan a Mi pueblo: «Ustedes han dispersado Mis ovejas y las han ahuyentado, y no se han ocupado de ellas. Por eso Yo me encargaré de ustedes por la maldad de sus obras», declara el Señor. 3«Yo mismo reuniré el remanente de Mis ovejas de todas las tierras adonde las he echado, y las haré volver a sus pastos; y crecerán y se multiplicarán. 4Pondré sobre ellas pastores que las apacentarán, y nunca más tendrán temor, ni se aterrarán, ni faltará ninguna de ellas», declara el Señor.
5¶«Vienen días», declara el Señor,
«En que levantaré a David un Renuevo justo;
Y Él reinará como rey, actuará sabiamente,
Y practicará el derecho y la justicia en la tierra.
6-»En sus días Judá será salvada,
E Israel morará seguro;
Y este es Su nombre por el cual será llamado:
“El Señor, justicia nuestra”.
7Por tanto, vienen días», declara el Señor, «cuando no dirán más: “Vive el Señor, que hizo subir a los israelitas de la tierra de Egipto”, 8sino: “Vive el Señor que hizo subir y trajo a los descendientes de la casa de Israel de la tierra del norte y de todas las tierras adonde los había echado”. Entonces habitarán en su propio suelo».
9En cuanto a los profetas:
Quebrantado está mi corazón dentro de mí,
Tiemblan todos mis huesos;
Estoy como un ebrio,
Como un hombre a quien domina el vino,
Por causa del Señor
Y por causa de Sus santas palabras.
10Porque la tierra está llena de adúlteros;
Porque a causa de la maldición se ha enlutado la tierra,
Se han secado los pastos del desierto.
Pues es mala la carrera de ellos
Y su poderío no es recto.
11«Porque tanto el profeta como el sacerdote están corrompidos;
Aun en Mi casa he hallado su maldad», declara el Señor.
12«Por tanto, su camino será para ellos como sendas resbaladizas;
Serán empujados a las tinieblas y en ellas caerán;
Porque traeré sobre ellos calamidad
En el año de su castigo», declara el Señor.
13¶«Además, entre los profetas de Samaria he visto algo ofensivo:
Profetizaban en nombre de Baal y extraviaban a Mi pueblo Israel.
14-»También entre los profetas de Jerusalén he visto algo horrible:
Cometían adulterio y andaban en mentiras;
Fortalecían las manos de los malhechores,
Sin convertirse ninguno de su maldad.
Todos ellos son para Mí como Sodoma,
Y sus habitantes como Gomorra.
15Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos acerca de los profetas:
“Voy a darles de comer ajenjo
Y hacerles que beban agua envenenada,
Porque de los profetas de Jerusalén
Ha salido la corrupción a todo el país” ».
16Así dice el Señor de los ejércitos:
«No escuchen las palabras de los profetas que les profetizan.
Ellos los conducen hacia lo vano;
Les cuentan las visiones de su propia fantasía,
No de la boca del Señor.
17-»Dicen de continuo a los que me desprecian:
“El Señor ha dicho: ‘Tendrán paz’ ”;
Y a todo el que anda en la terquedad de su corazón
Dicen: “No vendrá calamidad sobre ustedes”.
18-»Pero ¿quién ha estado en el consejo del Señor,
Y vio y oyó Su palabra?
¿Quién ha prestado atención a Su palabra y la ha escuchado?
19-»La tempestad del Señor ha salido con furor,
Un torbellino impetuoso
Descargará sobre la cabeza de los impíos.
20-»No se apartará la ira del Señor
Hasta que haya realizado y llevado a cabo los propósitos de Su corazón.
En los postreros días lo entenderán claramente.
21-»Yo no envié a esos profetas,
Pero ellos corrieron;
No les hablé,
Mas ellos profetizaron.
22-»Pero si ellos hubieran estado en Mi consejo,
Habrían hecho oír Mis palabras a Mi pueblo,
Y lo habrían hecho volver de su mal camino
Y de la maldad de sus obras.
23¶»¿Acaso soy Yo un Dios solo de cerca», declara el Señor,
«Y no un Dios de lejos?».
24«¿Podrá alguien esconderse en escondites
De modo que Yo no lo vea?», declara el Señor.
«¿No lleno Yo los cielos y la tierra?», declara el Señor.
25«He oído lo que dicen los profetas que profetizan mentira en Mi nombre, diciendo: “¡He tenido un sueño, he tenido un sueño!”. 26¿Hasta cuándo? ¿Qué hay en los corazones de los profetas que profetizan la mentira, de los profetas que proclaman el engaño de su corazón, 27que tratan de que Mi pueblo se olvide de Mi nombre con los sueños que se cuentan unos a otros, tal como sus padres olvidaron Mi nombre a causa de Baal? 28El profeta que tenga un sueño, que cuente su sueño, pero el que tenga Mi palabra, que hable Mi palabra con fidelidad. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?», declara el Señor. 29«¿No es Mi palabra como fuego», declara el Señor, «y como martillo que despedaza la roca?».
30«Por tanto, estoy contra los profetas», declara el Señor, «que se roban Mis palabras el uno al otro. 31Estoy contra los profetas», declara el Señor, «que usan sus lenguas y dicen: “El Señor declara”. 32Estoy contra los que profetizan sueños falsos», declara el Señor, «y los cuentan y hacen errar a Mi pueblo con sus mentiras y sus presunciones, cuando Yo no los envié ni les di órdenes, ni son de provecho alguno para este pueblo», declara el Señor.
33«Así que cuando te pregunte este pueblo, o el profeta, o un sacerdote: “¿Cuál es el oráculo del Señor?”, les dirás: “¿Cuál oráculo?”. El Señor declara: “Yo los abandonaré”. 34Y al profeta, al sacerdote o al pueblo que diga: “Oráculo del Señor”, traeré castigo sobre tal hombre y sobre su casa. 35Así dirá cada uno a su prójimo y cada uno a su hermano: “¿Qué ha respondido el Señor? ¿Qué ha hablado el Señor?”. 36Y no se acordarán más del oráculo del Señor, porque la palabra de cada uno le será por oráculo, pues han pervertido las palabras del Dios viviente, del Señor de los ejércitos, nuestro Dios.
37»Jeremías, así dirás al profeta: “¿Qué te ha respondido el Señor? ¿Qué ha hablado el Señor?”. 38Pero si ustedes dicen: “¡Oráculo del Señor!”, entonces así dice el Señor: “Por cuanto han dicho esta palabra: ‘¡Oráculo del Señor!’, habiendo Yo enviado a decirles: ‘No digan: “¡Oráculo del Señor!” ’ ”. 39Por tanto, ciertamente me olvidaré de ustedes y los echaré de Mi presencia, junto con la ciudad que les di a ustedes y a sus padres; 40y pondré sobre ustedes oprobio eterno y humillación eterna que nunca será olvidada».

Jeremías 24

1Después que Nabucodonosor, rey de Babilonia, desterró a Jeconías, hijo de Joacim, rey de Judá, y a los oficiales de Judá junto con los artesanos y herreros de Jerusalén, y los llevó a Babilonia, el Señor me mostró dos cestas de higos colocadas delante del templo del Señor. 2Una cesta tenía higos muy buenos, como los primeros higos maduros; y la otra tenía higos muy malos, que de podridos no se podían comer. 3Entonces el Señor me dijo: «¿Qué ves, Jeremías?». Yo dije: «Higos; los higos buenos son muy buenos, pero los malos son muy malos, que de podridos no se pueden comer».
4Entonces vino a mí la palabra del Señor: 5«Así dice el Señor, Dios de Israel: “Como a estos higos buenos, así consideraré como buenos a los desterrados de Judá que Yo he echado de este lugar a la tierra de los caldeos. 6Porque pondré Mis ojos sobre ellos para bien, y los traeré de nuevo a esta tierra; los edificaré y no los derribaré, los plantaré y no los arrancaré. 7Les daré un corazón para que me conozcan, porque Yo soy el Señor; y ellos serán Mi pueblo y Yo seré su Dios, pues volverán a Mí de todo corazón.
8”Pero como a los higos malos que de podridos no se pueden comer”, así dice el Señor, “de la misma manera abandonaré a Sedequías, rey de Judá, a sus oficiales, al remanente de Jerusalén que queda en esta tierra y a los que habitan en la tierra de Egipto. 9Los haré motivo de espanto y de calamidad para todos los reinos de la tierra, de oprobio y refrán, de burla y maldición en todos los lugares adonde los dispersaré. 10Y enviaré sobre ellos espada, hambre y pestilencia hasta que sean exterminados de la tierra que les di a ellos y a sus padres” ».

Marcos 6

1Jesús se marchó de allí y llegó* a Su pueblo, y Sus discípulos lo siguieron*. 2Cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos que escuchaban se asombraban, diciendo: «¿Dónde obtuvo Este tales cosas, y cuál es esta sabiduría que le ha sido dada, y estos milagros que hace con Sus manos? 3¿No es Este el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están Sus hermanas aquí con nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. 4Y Jesús les dijo: «No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes y en su casa».
5Y no pudo hacer allí ningún milagro; solo sanó a unos pocos enfermos sobre los cuales puso Sus manos. 6Estaba maravillado de la incredulidad de ellos.
Y recorría las aldeas de alrededor enseñando.
7Entonces Jesús llamó* a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos; 8y les ordenó que no llevaran nada para el camino, sino solo un bordón; ni pan, ni alforja, ni dinero en el cinto; 9sino calzados con sandalias. «No lleven dos túnicas», les dijo. 10Y añadió: «Dondequiera que entren en una casa, quédense en ella hasta que salgan de la población. 11En cualquier lugar que no los reciban ni los escuchen, al salir de allí, sacúdanse el polvo de la planta de los pies en testimonio contra ellos».
12Saliendo los doce, predicaban que todos se arrepintieran. 13También echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.
14El rey Herodes se enteró de esto, pues el nombre de Jesús se había hecho célebre, y la gente decía: «Juan el Bautista ha resucitado de entre los muertos, por eso es que estos poderes milagrosos actúan en él». 15Pero otros decían: «Es Elías». Y decían otros: «Es un profeta, como uno de los profetas antiguos». 16Al oír esto, Herodes decía: «Juan, a quien yo decapité, ha resucitado». 17Porque Herodes mismo había enviado a prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe, pues Herodes se había casado con ella. 18Y Juan le decía a Herodes: «No te es lícito tener la mujer de tu hermano».
19Herodías le tenía rencor y deseaba matarlo, pero no podía, 20porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo mantenía protegido. Cuando le oía se quedaba muy perplejo, pero le gustaba escucharlo.
21Llegó un día oportuno, cuando Herodes, siendo su cumpleaños, ofreció un banquete a sus nobles y comandantes y a los principales de Galilea; 22y cuando la hija de Herodías entró y danzó, agradó a Herodes y a los que se sentaban a la mesa con él; y el rey dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré».
23Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». 24Ella salió y dijo a su madre: «¿Qué pediré?». «La cabeza de Juan el Bautista», le respondió ella. 25Enseguida ella se presentó apresuradamente ante el rey con su petición, diciendo: «Quiero que me des ahora mismo la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja».
26Aunque el rey se puso muy triste, sin embargo a causa de sus juramentos y de los que se sentaban con él a la mesa, no quiso contradecirla. 27Al instante el rey envió a un verdugo y le ordenó que trajera la cabeza de Juan. Y él fue y lo decapitó en la cárcel, 28y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. 29Cuando los discípulos de Juan oyeron esto, fueron y se llevaron el cuerpo y le dieron sepultura.
30Los apóstoles se reunieron* con Jesús, y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñado. 31Y Él les dijo*: «Vengan, apártense de los demás a un lugar solitario y descansen un poco». Porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer. 32Y se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado. 33Pero la gente los vio salir, y muchos los reconocieron y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades, y llegaron antes que ellos.
34Al desembarcar, Jesús vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. 35Y cuando ya era muy tarde, Sus discípulos se acercaron a Él, diciendo: «El lugar está desierto y ya es muy tarde; 36despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y se compren algo de comer».
37 «Denles ustedes de comer», les contestó Jesús. Y ellos le dijeron*: «¿Quieres que vayamos y compremos 200 denarios de pan y les demos de comer?». 38Jesús les dijo*: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan y vean». Y cuando se cercioraron le dijeron*: «Cinco panes y dos peces».
39Y les mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde. 40Y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta. 41Entonces Él tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo; partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran; también repartió los dos peces entre todos.
42Todos comieron y se saciaron. 43Recogieron doce cestas llenas de los pedazos, y también de los peces. 44Los que comieron los panes eran 5,000 hombres.
45Enseguida Jesús hizo que Sus discípulos subieran a la barca y fueran delante de Él al otro lado, a Betsaida, mientras Él despedía a la multitud. 46Después de despedirse de ellos, se fue al monte a orar. 47Al anochecer, la barca estaba en medio del mar, y Él estaba solo en tierra. 48Y al verlos remar fatigados, porque el viento les era contrario, como a la cuarta vigilia de la noche, fue* hacia ellos andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.
49Pero cuando ellos lo vieron andando sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar; 50porque todos lo vieron y se turbaron. Pero enseguida Él habló con ellos y les dijo*: «¡Tengan ánimo; soy Yo, no teman!». 51Subió con ellos a la barca, y el viento se calmó; y ellos estaban asombrados en gran manera, 52porque no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
53Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret, y atracaron en la orilla. 54Cuando salieron de la barca, la gente enseguida reconoció a Jesús, 55y recorrieron apresuradamente toda aquella región, y comenzaron a traer a los enfermos en sus camillas adonde oían decir que Él estaba. 56Dondequiera que Él entraba en aldeas, ciudades o campos, ponían a los enfermos en las plazas, y le rogaban que les permitiera tocar siquiera el borde de Su manto; y todos los que lo tocaban quedaban curados.

Salmo 144

Salmo de David.
1Bendito sea el Señor, mi Roca,
Que adiestra mis manos para la guerra,
Y mis dedos para la batalla.
2Misericordia mía y fortaleza mía,
Mi baluarte y mi libertador,
Escudo mío en quien me he refugiado,
El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.
3Oh Señor, ¿qué es el hombre para que Tú lo tengas en cuenta,
O el hijo del hombre para que pienses en él?
4El hombre es semejante a un soplo;
Sus días son como una sombra que pasa.
5¶Oh Señor, inclina Tus cielos y desciende;
Toca los montes para que humeen.
6Despide relámpagos y dispérsalos;
Lanza Tus flechas y confúndelos.
7Extiende Tu mano desde lo alto;
Rescátame y líbrame de las muchas aguas;
De la mano de extranjeros,
8Cuya boca habla falsedad
Y cuya diestra es diestra de mentira.
9¶Oh Dios, un cántico nuevo te cantaré;
Con arpa de diez cuerdas cantaré alabanzas a Ti,
10El que da la victoria a los reyes,
El que rescata a David Su siervo de la espada maligna.
11Rescátame y líbrame de la mano de extranjeros,
Cuya boca habla falsedad
Y cuya diestra es diestra de mentira.
12¶Sean nuestros hijos en su juventud como plantíos florecientes,
Y nuestras hijas como columnas de esquinas labradas como las de un palacio.
13Estén llenos nuestros graneros, suministrando toda clase de sustento,
Y nuestros rebaños produzcan miles y diez miles en nuestros campos.
14Esté cargado nuestro ganado,
Sin fracasos y sin pérdida,
Y no haya gritos de alarma en nuestras calles.
15Bienaventurado el pueblo a quien así le sucede;
Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Proverbios 15

1La suave respuesta aparta el furor,
Pero la palabra hiriente hace subir la ira.
2La lengua del sabio hace grato el conocimiento,
Pero la boca de los necios habla necedades.
3En todo lugar están los ojos del Señor,
Observando a los malos y a los buenos.
4La lengua apacible es árbol de vida,
Pero la perversidad en ella quebranta el espíritu.
5El necio rechaza la disciplina de su padre,
Pero es prudente el que acepta la reprensión.
6 En la casa del justo hay mucha riqueza,
Pero en las ganancias del impío hay turbación.
7Los labios de los sabios esparcen conocimiento,
Pero no así el corazón de los necios.
8El sacrificio de los impíos es abominación al Señor,
Pero la oración de los rectos es Su deleite.
9Abominación al Señor es el camino del impío,
Pero Él ama al que sigue la justicia.
10La disciplina severa es para el que abandona el camino;
El que aborrece la reprensión morirá.
11El Seol y el Abadón están delante del Señor,
¡Cuánto más los corazones de los hombres!
12El insolente no ama al que lo reprende,
Ni se allegará a los sabios.
13El corazón gozoso alegra el rostro,
Pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu.
14El corazón inteligente busca conocimiento,
Pero la boca de los necios se alimenta de necedades.
15Todos los días del afligido son malos,
Pero el de corazón alegre tiene un banquete continuo.
16Mejor es poco con temor del Señor,
Que gran tesoro con turbación.
17Mejor es un plato de legumbres donde hay amor,
Que buey engordado con odio.
18El hombre irascible provoca riñas,
Pero el lento para la ira apacigua pleitos.
19El camino del perezoso es como un seto de espinos,
Pero la senda de los rectos es una calzada.
20El hijo sabio alegra al padre,
Pero el hombre necio desprecia a su madre.
21La necedad es alegría para el insensato,
Pero el hombre inteligente anda rectamente.
22Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan.
23El hombre se alegra con la respuesta adecuada,
Y una palabra a tiempo, ¡cuán agradable es!
24La senda de la vida para el sabio es hacia arriba
Para que se aparte del Seol que está abajo.
25El Señor derribará la casa de los soberbios,
Pero afianzará los linderos de la viuda.
26Abominación al Señor son los planes perversos,
Pero son puras las palabras agradables.
27Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas,
Pero el que aborrece el soborno, vivirá.
28El corazón del justo medita cómo responder,
Pero la boca de los impíos habla lo malo.
29El Señor está lejos de los impíos,
Pero escucha la oración de los justos.
30La luz de los ojos alegra el corazón,
Y las buenas noticias fortalecen los huesos.
31Aquel cuyo oído escucha las reprensiones de la vida
Morará entre los sabios.
32El que tiene en poco la disciplina se desprecia a sí mismo,
Pero el que escucha las reprensiones adquiere entendimiento.
33El temor del Señor es instrucción de sabiduría,
Y antes de la gloria está la humildad.

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