DEVOCIONAL

Lee la Biblia en un año.

Día 295 de 365 · 22 de octubre

Inicia sesión para registrar tu lectura y llevar tu racha.Ingresar →
TAMAÑO

Jeremías 25

1Palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá, en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá (este era el primer año de Nabucodonosor, rey de Babilonia), 2la cual el profeta Jeremías habló a todo el pueblo de Judá y a todos los habitantes de Jerusalén, diciéndoles: 3«Desde el año trece de Josías, hijo de Amón, rey de Judá, hasta hoy, en estos veintitrés años ha venido a mí la palabra del Señor, y les he hablado repetidas veces, pero no han escuchado. 4Y el Señor les envió repetidas veces a todos Sus siervos los profetas, pero ustedes no escucharon ni pusieron atención. 5Ellos les decían: “Vuélvase ahora cada uno de su camino y de la maldad de sus obras, y habitarán en la tierra que el Señor les dio a ustedes y a sus padres para siempre. 6No vayan tras otros dioses para servirles y postrarse ante ellos, no me provoquen a ira con la obra de sus manos, y no les haré ningún mal”. 7Pero no me han escuchado», declara el Señor, «de modo que me provocaron a ira con la obra de sus manos para su propio mal.
8»Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos: “Por cuanto no han obedecido Mis palabras, 9mandaré a buscar a todas las familias del norte”, declara el Señor, “y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, Mi siervo. Los traeré contra esta tierra, contra sus habitantes y contra todas estas naciones de alrededor; los destruiré por completo y los haré objeto de horror, de burla y de eterna desolación. 10Además, haré cesar de ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el sonido de las piedras de molino y la luz de la lámpara. 11Toda esta tierra será desolación y horror, y estas naciones servirán setenta años al rey de Babilonia.
12”Después que se hayan cumplido los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a esa nación por su iniquidad”, declara el Señor, “y a la tierra de los caldeos la haré una desolación eterna. 13Y traeré sobre esa tierra todas las palabras que he hablado contra ella, todo lo que está escrito en este libro que Jeremías ha profetizado contra todas las naciones. 14(Pues también a ellos los harán esclavos muchas naciones y grandes reyes, y les pagaré conforme a sus hechos y conforme a la obra de sus manos)” ».
15Porque así me ha dicho el Señor, Dios de Israel: «Toma de Mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales Yo te envío. 16Ellas beberán y se tambalearán y enloquecerán a causa de la espada que enviaré en medio de ellas».
17Entonces tomé la copa de la mano del Señor, e hice beber de ella a todas las naciones a las cuales me envió el Señor: 18a Jerusalén y a las ciudades de Judá, a sus reyes y a sus príncipes, para ponerlos por desolación, horror, burla y maldición, como hasta hoy; 19a Faraón, rey de Egipto, a sus siervos, a sus príncipes y a todo su pueblo; 20a todos los extranjeros, a todos los reyes de la tierra de Uz, a todos los reyes de la tierra de los filisteos (es decir, Ascalón, Gaza, Ecrón y al remanente de Asdod); 21a Edom, a Moab y a los hijos de Amón; 22a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón y a los reyes de las costas que están más allá del mar; 23a Dedán, a Tema, a Buz y a todos los que se rapan las sienes; 24a todos los reyes de Arabia y a todos los reyes de los extranjeros que habitan en el desierto; 25a todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam y a todos los reyes de Media; 26a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros, y a todos los reinos del mundo que están sobre la superficie de la tierra. El rey de Sesac beberá después de ellos.
27«Tú les dirás: “Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Beban, embriáguense, vomiten, cáiganse y no se levanten a causa de la espada que Yo enviaré en medio de ustedes’ ”. 28Y sucederá que si rehúsan tomar la copa de tu mano para beber, les dirás: “Así dice el Señor de los ejércitos: ‘Ciertamente van a beber. 29Porque Yo comienzo a causar mal en esta ciudad que se llama por Mi nombre, ¿y quedarán ustedes sin castigo alguno? No quedarán sin castigo, porque llamo a la espada contra todos los habitantes de la tierra’, declara el Señor de los ejércitos”.
30»Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras, y les dirás:
“El Señor rugirá desde lo alto,
Y dará Su voz desde Su santa morada;
Rugirá fuertemente contra Su rebaño.
Dará gritos como los que pisan las uvas
Contra todos los habitantes de la tierra.
31-”Ha llegado el estruendo hasta el fin de la tierra,
Porque el Señor tiene un pleito contra las naciones;
Entra en juicio contra toda carne;
A los impíos los entrega a la espada”, declara el Señor».
32¶Así dice el Señor de los ejércitos:
«El mal va
De nación en nación,
Y una gran tempestad se levanta
De los confines de la tierra.
33En aquel día los muertos por el Señor estarán desde un extremo de la tierra hasta el otro. No los llorarán, ni los recogerán, ni los sepultarán; serán como estiércol sobre la superficie de la tierra.
34-»Den gemidos, pastores, y clamen;
Revuélquense en ceniza, mayorales del rebaño;
Porque se han cumplido los días de su matanza y de su dispersión,
Y caerán como vaso escogido.
35-»No habrá huida para los pastores,
Ni escape para los mayorales del rebaño.
36Se oye el sonido del clamor de los pastores,
Y el gemido de los mayorales del rebaño,
Porque el Señor está destruyendo sus pastos,
37Y son silenciados los rebaños apacibles
A causa de la ardiente ira del Señor.
38-»Él ha abandonado como un león Su guarida,
Porque su tierra se ha convertido en horror
Por el furor de la espada opresora,
Y a causa de Su ardiente ira».

Jeremías 26

1Al comienzo del reinado de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra del Señor: 2«Así dice el Señor: “Ponte en el atrio de la casa del Señor, y habla a todas las ciudades de Judá que vienen a adorar en la casa del Señor, todas las palabras que te he mandado decirles. No omitas ni una palabra. 3Tal vez escuchen y cada uno se vuelva de su mal camino, y Yo me arrepienta del mal que pienso hacerles a causa de la maldad de sus obras”. 4Tú les dirás: “Así dice el Señor: ‘Si no me escuchan, para andar en Mi ley que he puesto delante de ustedes, 5para que escuchen las palabras de Mis siervos los profetas que les he enviado repetidas veces, pero no los han escuchado, 6entonces pondré esta casa como Silo, y esta ciudad la pondré por maldición para todas las naciones de la tierra’ ” ».
7Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías decir estas palabras en la casa del Señor. 8Cuando Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había mandado que hablara a todo el pueblo, lo apresaron los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, diciendo: «De cierto, morirás. 9¿Por qué has profetizado en nombre del Señor, diciendo: “Esta casa será como Silo y esta ciudad quedará desolada sin habitante alguno?” ». Y todo el pueblo se congregó contra Jeremías en la casa del Señor.
10Cuando los jefes de Judá oyeron estas cosas, subieron de la casa del rey a la casa del Señor, y se sentaron a la entrada de la puerta Nueva de la casa del Señor. 11Entonces los sacerdotes y los profetas hablaron a los jefes y a todo el pueblo, y les dijeron: «¡Sentencia de muerte para este hombre!, porque ha profetizado contra esta ciudad, como han oído con sus propios oídos». 12Entonces Jeremías habló a todos los jefes y a todo el pueblo, y les dijo: «El Señor me ha enviado a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad todas las palabras que han oído. 13Ahora bien, enmienden sus caminos y sus obras, y obedezcan al Señor su Dios, y el Señor se arrepentirá del mal que ha pronunciado contra ustedes. 14En cuanto a mí, estoy en sus manos; hagan de mí como mejor y más recto sea a sus ojos. 15Pero sepan bien que si me matan, sangre inocente echarán sobre ustedes y sobre esta ciudad y sobre sus habitantes; porque en verdad el Señor me ha enviado a ustedes para hablar en sus oídos todas estas palabras».
16Entonces los jefes y todo el pueblo dijeron a los sacerdotes y a los profetas: «Que no haya sentencia de muerte para este hombre, porque en nombre del Señor nuestro Dios nos ha hablado». 17Y se levantaron algunos de los ancianos del país y hablaron a toda la asamblea del pueblo, y dijeron: 18«Miqueas de Moréset profetizó en días de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá: “Así ha dicho el Señor de los ejércitos:
‘Sión será arada como un campo,
Jerusalén se convertirá en un montón de ruinas,
Y el monte del santuario será como los lugares altos de un bosque’ ”.
19¿Acaso Ezequías, rey de Judá, y todo Judá le dieron muerte a Miqueas? ¿No temió él al Señor y suplicó el favor del Señor, y el Señor se arrepintió del mal que había pronunciado contra ellos? Nosotros, pues, estamos cometiendo un gran mal contra nosotros mismos».
20Hubo también un hombre que profetizó en el nombre del Señor, Urías, hijo de Semaías de Quiriat Jearim. Él profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra palabras semejantes a todas las de Jeremías. 21Cuando el rey Joacim y todos sus valientes y todos los jefes oyeron sus palabras, el rey procuró matarlo; pero Urías se enteró, tuvo miedo, huyó y se fue a Egipto. 22Entonces el rey Joacim envió hombres a Egipto: a Elnatán, hijo de Acbor, y a otros hombres con él, a Egipto. 23Y trajeron a Urías de Egipto y lo llevaron al rey Joacim, quien lo mató a espada y echó su cadáver a la fosa común.
24Pero la mano de Ahicam, hijo de Safán, estaba con Jeremías, de manera que no fue entregado en manos del pueblo para que le dieran muerte.

Marcos 7

1Los fariseos, y algunos de los escribas que habían venido de Jerusalén, se reunieron alrededor de Él; 2y vieron que algunos de Sus discípulos comían el pan con manos inmundas, es decir, sin lavar. 3(Porque los fariseos y todos los judíos no comen a menos que se laven las manos cuidadosamente, observando así la tradición de los ancianos. 4Cuando vuelven de la plaza, no comen a menos que se laven; y hay muchas otras cosas que han recibido para observarlas, como el lavamiento de los vasos, de los cántaros y de las vasijas de cobre.)
5Así que los fariseos y los escribas le preguntaron*: «¿Por qué Tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen con manos inmundas?». 6Jesús les respondió: «Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito:
“Este pueblo con los labios me honra,
Pero su corazón está muy lejos de Mí.
7 -”Mas en vano me rinden culto,
Enseñando como doctrinas preceptos de hombres”.
8 Dejando el mandamiento de Dios, ustedes se aferran a la tradición de los hombres».
9También les decía: «Astutamente ustedes violan el mandamiento de Dios para guardar su tradición. 10Porque Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”; y: “El que hable mal de su padre o de su madre, que muera”. 11Pero ustedes dicen: “Si un hombre dice al padre o a la madre: ‘Cualquier cosa mía con que pudieras beneficiarte es corbán (es decir, ofrenda a Dios)’ ”, 12ya no le dejan hacer nada en favor de su padre o de su madre; 13invalidando así la palabra de Dios por la tradición de ustedes, la cual han transmitido, y hacen muchas cosas semejantes a estas».
14Llamando de nuevo a la multitud, Jesús les decía: «Escuchen todos lo que les digo y entiendan: 15no hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre. 16Si alguno tiene oídos para oír, que oiga».
17Cuando Jesús dejó a la multitud y entró en casa, Sus discípulos le preguntaron acerca de la parábola. 18«¿También ustedes son tan faltos de entendimiento?», les dijo*. «¿No comprenden que todo lo que de afuera entra al hombre no lo puede contaminar, 19porque no entra en su corazón, sino en el estómago, y se elimina?». Jesús declaró así limpios todos los alimentos.
20También decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. 21Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, 22avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnia, orgullo e insensatez. 23Todas estas maldades de adentro salen, y contaminan al hombre».
24Levantándose de allí, Jesús se fue a la región de Tiro, y entrando en una casa, no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido; 25sino que enseguida, al oír hablar de Él, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, fue y se postró a Sus pies. 26La mujer era gentil, sirofenicia de nacimiento; y le rogaba que echara al demonio fuera de su hija.
27Y Jesús le decía: «Deja que primero los hijos se sacien, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos». 28«Es cierto, Señor», le dijo* ella; «pero aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos». 29Jesús le dijo: «Por esta respuesta, vete; ya el demonio ha salido de tu hija». 30Cuando ella volvió a su casa, halló que la niña estaba acostada en la cama, y que el demonio había salido.
31Volviendo Jesús a salir de la región de Tiro, pasó por Sidón y llegó al mar de Galilea, atravesando la región de Decápolis. 32Y le trajeron* a uno que era sordo y tartamudo, y le rogaron* que pusiera la mano sobre él. 33Entonces Jesús, tomándolo aparte de la multitud, a solas, le metió los dedos en los oídos, y escupiendo, le tocó la lengua con la saliva; 34y levantando los ojos al cielo, suspiró profundamente y le dijo*: «¡Effatá!», esto es, «¡Abrete!».
35Al instante se abrieron sus oídos, y desapareció el impedimento de su lengua, y hablaba con claridad. 36Jesús les ordenó que a nadie se lo dijeran; pero mientras más se lo ordenaba, tanto más ellos lo proclamaban. 37Y estaban asombrados en gran manera, y decían: «Todo lo ha hecho bien; aun a los sordos hace oír y a los mudos hablar».

Salmo 145

Salmo de Alabanza; de David.
1Te exaltaré mi Dios, oh Rey,
Y bendeciré Tu nombre eternamente y para siempre.
2Todos los días te bendeciré,
Y alabaré Tu nombre eternamente y para siempre.
3Grande es el Señor, y digno de ser alabado en gran manera,
Y Su grandeza es inescrutable.
4Una generación alabará Tus obras a otra generación,
Y anunciará Tus hechos poderosos.
5En el glorioso esplendor de Tu majestad,
Y en Tus obras maravillosas meditaré.
6 Los hombres hablarán del poder de Tus hechos portentosos,
Y yo contaré Tu grandeza.
7Ellos proclamarán con entusiasmo la memoria de Tu mucha bondad,
Y cantarán con gozo de Tu justicia.
8¶Clemente y compasivo es el Señor,
Lento para la ira y grande en misericordia.
9El Señor es bueno para con todos,
Y su compasión, sobre todas Sus obras.
10Señor, Tus obras todas te darán gracias,
Y Tus santos te bendecirán.
11La gloria de Tu reino dirán,
Y hablarán de Tu poder,
12Para dar a conocer a los hijos de los hombres Tus hechos poderosos
Y la gloria de la majestad de Tu reino.
13Tu reino es reino por todos los siglos,
Y Tu dominio permanece por todas las generaciones.
14¶El Señor sostiene a todos los que caen,
Y levanta a todos los oprimidos.
15A Ti miran los ojos de todos,
Y a su tiempo Tú les das su alimento.
16Abres Tu mano,
Y sacias el deseo de todo ser viviente.
17¶Justo es el Señor en todos Sus caminos,
Y bondadoso en todos Sus hechos.
18El Señor está cerca de todos los que lo invocan,
De todos los que lo invocan en verdad.
19Cumplirá el deseo de los que le temen,
También escuchará su clamor y los salvará.
20El Señor guarda a todos los que lo aman,
Pero a todos los impíos destruirá.
21Mi boca proclamará la alabanza del Señor;
Y toda carnebendecirá Su santo nombre eternamente y para siempre.

Proverbios 16

1Los propósitos del corazón son del hombre,
Pero la respuesta de la lengua es del Señor.
2Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos,
Pero el Señor sondea los espíritus.
3Encomienda tus obras al Señor,
Y tus propósitos se afianzarán.
4Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin,
Hasta el impío, para el día del mal.
5Abominación al Señor es todo el que es altivo de corazón;
Ciertamente no quedará sin castigo.
6Con misericordia y verdad se expía la culpa,
Y con el temor del Señor el hombre se aparta del mal.
7Cuando los caminos del hombre son agradables al Señor,
Aun a sus enemigos hace que estén en paz con él.
8Mejor es poco con justicia,
Que gran ganancia con injusticia.
9La mente del hombre planea su camino,
Pero el Señor dirige sus pasos.
10Decisión divina hay en los labios del rey;
En el juicio no debe errar su boca.
11El peso y las balanzas justas son del Señor;
Todas las pesas de la bolsa son obra Suya.
12Es abominación para los reyes cometer iniquidad,
Porque el trono se afianza en la justicia.
13El agrado de los reyes son los labios justos,
Y amado será el que hable lo recto.
14El furor del rey es como mensajero de muerte,
Pero el hombre sabio lo aplacará.
15En el resplandor del rostro del rey hay vida,
Y su favor es como nube de lluvia tardía.
16Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro,
Y adquirir inteligencia es preferible a la plata.
17La senda de los rectos es apartarse del mal;
El que guarda su camino preserva su alma.
18Delante de la destrucción va el orgullo,
Y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.
19Mejor es ser de espíritu humilde con los pobres
Que dividir el botín con los soberbios.
20El que pone atención a la palabra hallará el bien,
Y el que confía en el Señor es bienaventurado.
21El sabio de corazón será llamado prudente,
Y la dulzura de palabras aumenta la persuasión.
22El entendimiento es fuente de vida para el que lo posee,
Pero la instrucción de los necios es necedad.
23El corazón del sabio enseña a su boca
Y añade persuasión a sus labios.
24Panal de miel son las palabras agradables,
Dulces al alma y salud para los huesos.
25Hay camino que al hombre le parece derecho,
Pero al final es camino de muerte.
26El apetito del trabajador para él trabaja,
Porque su boca lo impulsa.
27El hombre indigno planea el mal,
Y sus palabras son como fuego abrasador.
28El hombre perverso provoca pleitos,
Y el chismoso separa a los mejores amigos.
29El hombre violento provoca a su prójimo
Y lo guía por camino que no es bueno.
30El que guiña los ojos lo hace para tramar perversidades;
El que aprieta los labios ya hizo el mal.
31La cabeza canosa es corona de gloria,
Y se encuentra en el camino de la justicia.
32Mejor es el lento para la ira que el poderoso,
Y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad.
33La suerte se echa en el regazo,
Pero del Señor viene todadecisión.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

EN PAUSAEl Admirable