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Día 297 de 365 · 24 de octubre

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Jeremías 29

1Estas son las palabras de la carta que el profeta Jeremías envió desde Jerusalén al resto de los ancianos del destierro, a los sacerdotes, a los profetas y a todo el pueblo que Nabucodonosor había llevado al destierro de Jerusalén a Babilonia. 2(Esto sucedió después de salir de Jerusalén el rey Jeconías, junto con la reina madre, los oficiales de la corte, los príncipes de Judá y de Jerusalén, los artífices y los herreros). 3La carta que fue enviada por mano de Elasa, hijo de Safán, y de Gemarías, hijo de Hilcías, a quienes Sedequías, rey de Judá, envió a Babilonia, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, decía: 4«Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel, a todos los desterrados que envié al destierro de Jerusalén a Babilonia: 5“Edifiquen casas y habítenlas, planten huertos y coman de su fruto. 6Tomen mujeres y tengan hijos e hijas, tomen mujeres para sus hijos y den sus hijas a maridos para que den a luz hijos e hijas, y multiplíquense allí y no disminuyan. 7Y busquen el bienestar de la ciudad adonde los he desterrado, y rueguen al Señor por ella; porque en su bienestar tendrán bienestar”. 8Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Que no los engañen sus profetas, que están en medio de ustedes, ni sus adivinos, ni escuchen los sueños que tienen. 9Porque les profetizan falsamente en Mi nombre. Yo no los he enviado”, declara el Señor.
10»Pues así dice el Señor: “Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años, Yo los visitaré y cumpliré Mi buena palabra de hacerlos volver a este lugar. 11Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes”, declara el Señor, “planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza. 12Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y Yo los escucharé. 13Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón. 14Me dejaré hallar de ustedes”, declara el Señor, “y restauraré su bienestar y los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde los expulsé”, declara el Señor, “y los traeré de nuevo al lugar desde donde los envié al destierro”.
15»Por cuanto ustedes han dicho: “El Señor nos ha levantado profetas en Babilonia” 16(pues así dice el Señor acerca del rey que se sienta sobre el trono de David, y acerca de todo el pueblo que habita en esta ciudad, sus hermanos que no fueron con ustedes al destierro), 17así dice el Señor de los ejércitos: “Yo envío contra ellos la espada, el hambre y la pestilencia, y los pondré como higos reventados que de podridos no se pueden comer. 18Los perseguiré con la espada, con el hambre y con la pestilencia, y los haré motivo de espanto para todos los reinos de la tierra, para que sean maldición, horror, burla y oprobio entre todas las naciones adonde los he arrojado. 19Porque ellos no han escuchado Mis palabras”, declara el Señor, “las que les envié repetidas veces por medio de Mis siervos los profetas; pero no escucharon”, declara el Señor. 20Oigan, pues, la palabra del Señor, todos ustedes los desterrados, a quienes he enviado de Jerusalén a Babilonia».
21«Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel, acerca de Acab, hijo de Colaías, y acerca de Sedequías, hijo de Maasías, que les profetizan mentira en Mi nombre: “Yo los entregaré en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él los matará delante de los ojos de ustedes. 22Por causa de ellos será tomada esta maldición por todos los desterrados de Judá que están en Babilonia: ‘Que el Señor te haga como a Sedequías y como a Acab, a quienes el rey de Babilonia asó en el fuego. 23Porque obraron neciamente en Israel, cometieron adulterio con las mujeres de sus prójimos y hablaron en Mi nombre palabras falsas que no les mandé. Yo soy el que sabe y soy testigo’, declara el Señor” ».
24Y a Semaías el nehelamita le dirás: 25«Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Por cuanto has enviado cartas en tu nombre a todo el pueblo que está en Jerusalén, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, y a todos los sacerdotes, diciéndole a Sofonías: 26‘El Señor te ha puesto por sacerdote en lugar del sacerdote Joiada, para estar encargado en la casa del Señor de todo loco que profetice, a fin de que lo pongas en el cepo y la argolla.
27’Entonces ¿por qué no has reprendido a Jeremías de Anatot que les profetiza a ustedes? 28Porque él nos ha enviado un mensaje a Babilonia, diciéndonos: “El destierro será largo; edifiquen casas y habítenlas, planten huertos y coman de su fruto” ’ ” ».
29Y el sacerdote Sofonías leyó esta carta a oídos del profeta Jeremías. 30Entonces vino a Jeremías la palabra del Señor: 31«Envía un mensaje a todos los desterrados, diciéndoles: “Así dice el Señor acerca de Semaías el nehelamita: ‘Por cuanto Semaías les ha profetizado sin que Yo lo haya enviado, y les ha hecho confiar en una mentira’, 32por tanto, así dice el Señor: ‘Voy a castigar a Semaías el nehelamita y a su descendencia. No tendrá a nadie que habite en medio de este pueblo, ni verá el bien que voy a hacer a Mi pueblo’, declara el Señor, ‘porque predicó la rebelión contra el Señor’ ” ».

Jeremías 30

1Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor: 2«Así dice el Señor, Dios de Israel: “Escribe en un libro todas las palabras que te he hablado. 3Porque, vienen días”, declara el Señor, “cuando restauraré el bienestar de Mi pueblo, Israel y Judá”. El Señor dice: “También los haré volver a la tierra que di a sus padres y la poseerán” ».
4Estas son las palabras que el Señor habló acerca de Israel y de Judá: 5«Porque así dice el Señor:
“He oído voces de terror,
De pánico, y no de paz.
6-”Pregunten ahora, y vean
Si el varón da a luz.
¿Por qué veo a todos los hombres
Con las manos sobre sus caderas, como mujer de parto?
¿Y por qué se han puesto pálidos todos los rostros?
7-”¡Ay! Porque grande es aquel día,
No hay otro semejante a él.
Es tiempo de angustia para Jacob,
Mas de ella será librado.
8”En aquel día”, declara el Señor de los ejércitos, “quebraré el yugo de su cuello y romperé sus coyundas, y extranjeros no lo esclavizarán más, 9sino que servirán al Señor su Dios, y a David su rey, a quien Yo levantaré para ellos.
10-”Así que tú no temas, Jacob, siervo Mío”, declara el Señor,
“Ni te atemorices, Israel;
Porque te salvaré de lugar remoto,
Y a tu descendencia de la tierra de su cautiverio.
Y volverá Jacob, y estará tranquilo
Y seguro, y nadie lo atemorizará.
11-”Porque Yo estoy contigo”, declara el Señor, “para salvarte;
Pues acabaré con todas las naciones entre las que te he esparcido,
Pero no acabaré contigo,
Sino que te castigaré con justicia.
De ninguna manera te dejaré sin castigo”.
12¶»Porque así dice el Señor:
“Incurable es tu quebranto,
Y grave tu herida.
13-”No hay quien defienda tu causa;
No hay cura para tu llaga,
No hay mejoría para ti.
14-”Todos tus amantes te han olvidado,
Ya no te buscan;
Porque con herida de enemigo te han herido,
Con castigo de hombre cruel,
Por lo grande de tu iniquidad
Y lo numeroso de tus pecados.
15-”¿Por qué gritas a causa de tu quebranto?
Tu dolor es incurable.
Por lo grande de tu iniquidad
Y lo numeroso de tus pecados,
Te he hecho esto.
16-”Por tanto, todos los que te devoran serán devorados,
Y todos tus adversarios, todos ellos, irán al cautiverio.
Todos los que te saquean serán saqueados,
Y a todos los que te despojan los daré al despojo.
17-”Porque Yo te devolveré la salud,
Y te sanaré de tus heridas”, declara el Señor,
“Porque te han llamado la Desechada, diciendo:
‘Esta es Sión, nadie se preocupa por ella’ ”.
18¶»Así dice el Señor:
“Restauraré el bienestar de las tiendas de Jacob,
Y tendré misericordia de sus moradas.
La ciudad será reedificada sobre sus ruinas,
Y el palacio se asentará como estaba.
19-”Saldrá de ellos el canto de acción de gracias
Y la voz de los que se divierten.
Los multiplicaré y no disminuirán,
Los honraré y no serán despreciados.
20-”Y serán sus hijos como antes,
Su congregación delante de Mí será confirmada,
Y castigaré a todos sus opresores.
21-”Uno de ellos será su guía,
De en medio de ellos saldrá su gobernante.
Lo haré acercarse y él se llegará a Mí;
Porque ¿quién se atrevería a arriesgar su vida para llegarse a Mí?” declara el Señor.
22“Ustedes serán Mi pueblo,
Y Yo seré su Dios” ».
23¶La tempestad del Señor
Ha salido con furor;
Una tempestad devastadora
Descargará sobre la cabeza de los malvados.
24La ardiente ira del Señor no se aplacará
Hasta que haya hecho y cumplido
Los propósitos de Su corazón.
En los postreros días ustedes entenderán esto.

Marcos 9

1Y Jesús les decía: «En verdad les digo que hay algunos de los que están aquí que no probarán la muerte hasta que vean el reino de Dios después de que haya venido con poder».
2Seis días después, Jesús tomó* con Él a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó* a ellos solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos. 3Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede blanquear. 4Y se les apareció Elías junto con Moisés, y estaban hablando con Jesús. 5Entonces Pedro dijo* a Jesús: «Rabí, bueno es que estemos aquí; hagamos tres enramadas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías».
6Porque él no sabía qué decir, pues estaban aterrados. 7Entonces se formó una nube que los cubrió, y una voz salió de la nube: «Este es Mi Hijo amado; oigan a Él». 8Y enseguida miraron en derredor, pero ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.
9Cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. 10Y se guardaron para sí lo que fue dicho, discutiendo entre sí qué significaría eso de resucitar de entre los muertos. 11Le preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?».
12 «Es cierto que Elías, al venir primero, restaurará todas las cosas», les dijo. «Y, sin embargo, ¿cómo está escrito del Hijo del Hombre que ha de padecer mucho y ser despreciado? 13Pero Yo les digo que Elías ya ha venido, y le hicieron cuanto quisieron, tal como está escrito de él».
14Cuando regresaron adonde estaban los otros discípulos, vieron una gran multitud que los rodeaba, y a unos escribas que discutían con ellos. 15Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jesús, quedó sorprendida, y corriendo hacia Él, lo saludaban. 16«¿Qué discuten con ellos?», les preguntó.
17Y uno de la multitud le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo, 18y siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Dije a Tus discípulos que expulsaran al espíritu, pero no pudieron».
19Jesús les dijo*: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo los tendré que soportar? ¡Traigan al muchacho!». 20Y lo llevaron ante Él. Cuando el espíritu vio a Jesús, al instante sacudió con violencia al muchacho, y este, cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos. 21Jesús preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?». «Desde su niñez», respondió. 22«Muchas veces ese espíritu lo ha echado en el fuego y también en el agua para destruirlo. Pero si Tú puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros y ayúdanos».
23 «¿Cómo “si Tú puedes?” », le dijo Jesús. «Todas las cosas son posibles para el que cree». 24Al instante el padre del muchacho gritó y dijo: «Creo; ayúdame en mi incredulidad». 25Cuando Jesús vio que la gente corría a reunirse, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, Yo te ordeno: sal de él y no vuelvas a entrar en él».
26Después de gritar y de sacudirlo con terribles convulsiones, el espíritu salió: y el muchacho quedó como muerto, tanto, que la mayoría de ellos decían: «¡Está muerto!». 27Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y él se puso en pie. 28Cuando Jesús entro en casa, Sus discípulos le preguntaban en privado: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?». 29Jesús les dijo: «Esta clase con nada puede salir, sino con oración».
30Saliendo de allí, iban pasando por Galilea, y Él no quería que nadie lo supiera. 31Porque enseñaba a Sus discípulos, y les decía: «El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». 32Pero ellos no entendían lo que les decía, y tenían miedo de preguntar a Jesús.
33Llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, Jesús les preguntaba: «¿Qué discutían por el camino?». 34Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. 35Jesús se sentó, llamó a los doce discípulos y les dijo*: «Si alguien desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos». 36Tomando a un niño, lo puso en medio de ellos; y tomándolo en los brazos les dijo: 37«El que reciba a un niño como este en Mi nombre, me recibe a Mí; y el que me recibe a Mí, no me recibe a Mí, sino a Aquel que me envió».
38«Maestro», dijo Juan, «vimos a uno echando fuera demonios en Tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no nos seguía». 39Pero Jesús dijo: «No se lo impidan, porque no hay nadie que haga un milagro en Mi nombre, y que pueda enseguida hablar mal de Mí. 40Pues el que no está contra nosotros, por nosotros está. 41Porque cualquiera que les dé a ustedes a beber un vaso de agua, por razón de su nombre como seguidores de Cristo, en verdad les digo que no perderá su recompensa. 42Cualquiera que haga pecar a uno de estos pequeñitos que creen en Mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y lo hubieran echado al mar.
43 »Si tu mano te es ocasión de pecar , córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno , al fuego que no se apaga, 44donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49Porque todos serán salados con fuego. 50La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonarán? Tengan sal en ustedes y estén en paz los unos con los otros».

Salmo 147

1¡Aleluya!
Porque bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios,
Porque agradable y apropiada es la alabanza.
2El Señor edifica a Jerusalén;
Congrega a los dispersos de Israel;
3Sana a los quebrantados de corazón
Y venda sus heridas.
4Cuenta el número de las estrellas,
Y a todas ellas les pone nombre.
5Grande es nuestro Señor, y muy poderoso;
Su entendimiento es infinito.
6El Señor sostiene al afligido
Pero humilla a los impíos hasta la tierra.
7¶Canten al Señor con acción de gracias;
Canten alabanzas con la lira a nuestro Dios,
8El que cubre de nubes los cielos,
El que provee lluvia para la tierra,
El que hace brotar la hierba en los montes.
9Él da su alimento al ganado
Y a la cría de los cuervos cuando chillan.
10No se deleita en la fuerza del caballo,
Ni se complace en las piernas ágiles del hombre.
11El Señor favorece a los que le temen,
A los que esperan en Su misericordia.
12¶¡Alaba al Señor, oh Jerusalén!
¡Alaba a tu Dios, oh Sión!
13Porque Él ha reforzado los cerrojos de tus puertas;
Ha bendecido a tus hijos dentro de ti.
14Él hace la paz en tus fronteras;
Te sacia con lo mejor del trigo.
15Envía Sus órdenes a la tierra;
Su palabra corre velozmente.
16Manda la nieve como lana;
Esparce la escarcha cual ceniza.
17Arroja Su hielo como migas de pan;
¿Quién puede resistir ante Su frío?
18Envía Su palabra y los derrite;
Hace soplar Su viento y el agua corre.
19Declara Su palabra a Jacob,
Y Sus estatutos y Sus ordenanzas a Israel.
20No ha hecho así con ninguna otra nación;
Y en cuanto a Sus ordenanzas, no las han conocido.
¡Aleluya!

Proverbios 18

1El que vive aislado busca su propio deseo,
Contra todo consejo se encoleriza.
2El necio no se deleita en la prudencia,
Sino solo en revelar su corazón.
3Cuando llega el impío, llega también el desprecio,
Y con la deshonra viene la afrenta.
4Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre;
Arroyo que fluye, la fuente de la sabiduría.
5No es bueno mostrar preferencia por el impío,
Para ignorar al justo en el juicio.
6Los labios del necio provocan riña,
Y su boca llama a los golpes.
7La boca del necio es su ruina,
Y sus labios una trampa para su alma.
8Las palabras del chismoso son como bocados deliciosos,
Y penetran hasta el fondo de las entrañas.
9También el que es negligente en su trabajo
Es hermano del que destruye.
10El nombre del Señor es torre fuerte,
A ella corre el justo y está a salvo.
11La fortuna del rico es su ciudad fortificada,
Y como muralla alta en su imaginación.
12Antes de la destrucción el corazón del hombre es altivo,
Pero a la gloria precede la humildad.
13El que responde antes de escuchar,
Cosecha necedad y vergüenza.
14El espíritu del hombre puede soportar su enfermedad,
Pero el espíritu quebrantado, ¿quién lo puede sobrellevar?
15El corazón del prudente adquiere conocimiento,
Y el oído del sabio busca el conocimiento.
16La dádiva del hombre le abre camino
Y lo lleva ante la presencia de los grandes.
17Justo parece el primero que defiende su causa
Hasta que otro viene y lo examina.
18La suerte pone fin a los pleitos
Y decide entre los poderosos.
19El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada,
Y los pleitos son como cerrojos de fortaleza.
20Con el fruto de su boca el hombre sacia su vientre,
Con el producto de sus labios se saciará.
21Muerte y vida están en poder de la lengua,
Y los que la aman comerán su fruto.
22El que halla esposa halla algo bueno
Y alcanza el favor del Señor.
23El pobre habla suplicando,
Pero el rico responde con dureza.
24El hombre de muchos amigos se arruina,
Pero hay amigomás unido que un hermano.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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