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Día 298 de 365 · 25 de octubre

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Jeremías 31

1«En aquel tiempo», declara el Señor, «Yo seré el Dios de todas las familias de Israel, y ellos serán Mi pueblo». 2Así dice el Señor:
«Ha hallado gracia en el desierto
El pueblo que escapó de la espada:
Israel, cuando iba en busca de su reposo».
3Desde lejos el Señor se le apareció, y le dijo:
«Con amor eterno te he amado,
Por eso te he sacado con misericordia.
4-»De nuevo te edificaré, y serás reedificada,
Virgen de Israel;
De nuevo tomarás tus panderos,
Y saldrás a las danzas con los que se divierten.
5-»De nuevo plantarás viñas
En los montes de Samaria;
Los plantadores las plantarán
Y las disfrutarán.
6-»Porque habrá un día en que clamarán los guardas
En la región montañosa de Efraín:
“Levántense y subamos a Sión,
Al Señor nuestro Dios” ».
7Porque así dice el Señor:
«Griten con alegría por Jacob,
Y den voces por la primera de las naciones.
Proclamen, den alabanza, y digan:
“Oh Señor, salva a Tu pueblo,
Al remanente de Israel”.
8-»Yo los traigo del país del norte,
Y los reuniré de los confines de la tierra,
Entre ellos los ciegos y los cojos,
La mujer encinta y también la que está dando a luz.
Una gran compañía volverá acá.
9-»Con llanto vendrán,
Y entre súplicas los guiaré.
Los haré andar junto a arroyos de aguas,
Por camino derecho en el cual no tropezarán;
Porque soy un padre para Israel,
Y Efraín es Mi primogénito».
10¶Oigan, naciones, la palabra del Señor,
Anuncien en las costas lejanas,
Y digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
Y lo guardará como un pastor a su rebaño».
11Porque el Señor ha rescatado a Jacob
Y lo ha redimido de manos más fuertes que él.
12«Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sión,
Y radiarán de gozo por la bondad del Señor:
Por el grano, por el vino y por el aceite,
Y por las crías de las ovejas y de las vacas.
Su alma será como huerto regado,
Y nunca más languidecerán.
13-»Entonces la virgen se alegrará en la danza,
Y los jóvenes y los ancianos a una;
Cambiaré su duelo en gozo,
Los consolaré y los alegraré de su tristeza.
14-»Y llenaré con abundancia el alma de los sacerdotes,
Y Mi pueblo se saciará de Mi bondad», declara el Señor.
15Así dice el Señor:
«Se oye una voz en Ramá,
Lamento y llanto amargo.
Raquel llora por sus hijos;
Rehúsa ser consolada, por sus hijos
Que ya no existen».
16Así dice el Señor:
«Reprime tu voz del llanto,
Y tus ojos de las lágrimas;
Hay pago para tu trabajo», declara el Señor,
«Pues volverán de la tierra del enemigo.
17-»Y hay esperanza para tu porvenir», declara el Señor,
«Los hijos volverán a su territorio.
18-»Ciertamente he oído a Efraín lamentarse:
“Me has castigado, y castigado fui
Como becerro indómito.
Hazme volver para que sea restaurado,
Pues Tú, Señor, eres mi Dios.
19-”Porque después que me aparté, me arrepentí,
Y después que comprendí, me di golpes en el muslo;
Me avergoncé y también me humillé,
Porque llevaba el oprobio de mi juventud”.
20-»¿No es Efraín Mi hijo amado?
¿No es un niño encantador?
Pues siempre que hablo contra él,
Lo recuerdo aún más.
Por eso Mis entrañas se conmueven por él,
Ciertamente tendré de él misericordia», declara el Señor.
21¶«Levanta para ti señales,
Coloca para ti majanos;
Presta atención a la calzada,
Al camino que anduviste.
Vuelve, virgen de Israel,
Vuelve a estas tus ciudades.
22-»¿Hasta cuándo andarás errante,
Hija infiel?
Porque el Señor ha creado algo nuevo en la tierra:
La mujer rodeará al hombre».
23Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «Otra vez hablarán esta palabra en la tierra de Judá y en sus ciudades, cuando Yo restaure su bienestar:
“El Señor te bendiga, morada de justicia,
Monte santo”.
24Y morarán juntos en ella Judá y todas sus ciudades, los labradores y los que van con los rebaños. 25Porque Yo he de satisfacer al alma cansada y he de saciar a toda alma atribulada». 26En esto me desperté y miré, y mi sueño me resultó agradable.
27«Vienen días», declara el Señor, «en que sembraré la casa de Israel y la casa de Judá de simiente de hombre y de simiente de animal. 28Y como velé sobre ellos para arrancar y para derribar, para derrocar, para destruir y para traer calamidad, así velaré sobre ellos para edificar y para plantar», declara el Señor. 29«En aquellos días no dirán más:
“Los padres comieron uvas agrias,
Y los dientes de los hijos tienen la dentera”,
30sino que cada cual por su propia iniquidad morirá. Todo hombre que coma uvas agrias, sus dientes tendrán la dentera. 31Vienen días», declara el Señor, «en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, 32no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, Mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos», declara el Señor. 33«Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días», declara el Señor. «Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo. 34No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande», declara el Señor, «pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado».
35Así dice el Señor,
El que da el sol para luz del día,
Y las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche,
El que agita el mar para que bramen sus olas;
El Señor de los ejércitos es Su nombre:
36«Si estas leyes se apartan
De Mi presencia», declara el Señor,
«También la descendencia de Israel dejará
De ser nación en Mi presencia para siempre».
37Así dice el Señor:
«Si los cielos arriba pueden medirse,
Y explorarse abajo los cimientos de la tierra,
También Yo desecharé toda la descendencia de Israel
Por todo lo que hayan hecho», declara el Señor.
38«Vienen días», declara el Señor, «en que la ciudad será reedificada para el Señor, desde la torre de Hananel hasta la puerta del Ángulo. 39Y el cordel de medir saldrá más allá, directamente hasta la colina de Gareb, y girará hasta Goa. 40Y todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y todos los campos hasta el arroyo Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos hacia el oriente, serán santos al Señor. La ciudadno será arrancada ni derribada nunca jamás».

Jeremías 32

1Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor en el año décimo de Sedequías, rey de Judá, que fue el año dieciocho de Nabucodonosor. 2En aquel tiempo el ejército del rey de Babilonia tenía sitiada a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba encerrado en el patio de la guardia, que estaba en la casa del rey de Judá, 3porque Sedequías, rey de Judá, lo había encerrado, diciéndole: «¿Por qué profetizas: “Así dice el Señor: ‘Voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y él la tomará; 4y Sedequías, rey de Judá, no escapará de la mano de los caldeos, sino que ciertamente será entregado en manos del rey de Babilonia que hablará con él cara a cara, y sus ojos verán sus ojos; 5y Nabucodonosor llevará a Sedequías a Babilonia, y allí estará hasta que Yo lo visite’, declara el Señor, ‘y si ustedes pelean contra los caldeos, no tendrán éxito’ ”?».
6Entonces Jeremías dijo: «Vino a mí la palabra del Señor y me dijo: 7“Hanamel, hijo de tu tío Salum, viene a verte y te dirá: ‘Cómprate el campo que tengo en Anatot, porque tú tienes el derecho de rescate para comprarlo’ ”. 8Y Hanamel, hijo de mi tío, vino a verme al patio de la guardia conforme a la palabra del Señor, y me dijo: “Te ruego que compres el campo que tengo en Anatot, que está en la tierra de Benjamín, porque tú tienes el derecho de posesión y el rescate es tuyo; cómpralo para ti”. Entonces supe que esta era la palabra del Señor.
9»Así que compré a Hanamel, hijo de mi tío, el campo que estaba en Anatot, y le pesé la plata, 17 siclos (194 gramos) de plata. 10Firmé la escritura y la sellé, llamé a testigos y pesé la plata en la balanza. 11Luego tomé la escritura de compra, la copia sellada con los términos y condiciones, y también la copia abierta; 12y entregué la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías, en presencia de Hanamel, hijo de mi tío, en presencia de los testigos que firmaron la escritura de compra y en presencia de todos los judíos que se encontraban en el patio de la guardia. 13Y en presencia de ellos, ordené a Baruc: 14“Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Toma estas escrituras, esta escritura de compra sellada y esta escritura abierta, y ponlas en una vasija de barro para que duren mucho tiempo’. 15Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘De nuevo se comprarán casas, campos y viñas en esta tierra’ ”.
16»Después de haber entregado la escritura de compra a Baruc, hijo de Nerías, oré al Señor: 17“¡Ah, Señor Dios! Ciertamente, Tú hiciste los cielos y la tierra con Tu gran poder y con Tu brazo extendido. Nada es imposible para Ti, 18que muestras misericordia a millares, pero que castigas la iniquidad de los padres en sus hijos después de ellos. Oh grande y poderoso Dios, el Señor de los ejércitos es Su nombre. 19Él es grande en consejo y poderoso en obras, cuyos ojos están abiertos sobre todos los caminos de los hijos de los hombres, para dar a cada uno conforme a sus caminos y conforme al fruto de sus obras. 20Tú realizaste señales y portentos en la tierra de Egipto hasta este día, y en Israel y entre los hombres, y te has hecho un nombre, como se ve hoy. 21Sacaste a Tu pueblo Israel de la tierra de Egipto con señales y portentos, con mano fuerte y con brazo extendido y con gran terror, 22y les diste esta tierra, que habías jurado dar a sus padres, tierra que mana leche y miel. 23Ellos entraron y tomaron posesión de ella, pero no obedecieron Tu voz ni anduvieron en Tu ley. No hicieron nada de todo lo que les mandaste hacer; por tanto Tú has hecho venir sobre ellos toda esta calamidad. 24Los terraplenes de asalto han llegado a la ciudad para tomarla. La ciudad va a ser entregada en manos de los caldeos que pelean contra ella, por causa de la espada, el hambre y la pestilencia. Lo que habías hablado ha venido a ser, y Tú lo estás viendo. 25Tú me has dicho, oh Señor Dios: ‘Cómprate el campo con dinero, y llama a testigos’; aunque la ciudad sea entregada en manos de los caldeos” ».
26Entonces vino palabra del Señor a Jeremías: 27«Yo soy el Señor, el Dios de toda carne, ¿habrá algo imposible para Mí?». 28Por tanto, así dice el Señor: «Voy a entregar esta ciudad en mano de los caldeos y en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él la tomará. 29Los caldeos que atacan esta ciudad entrarán y prenderán fuego a la ciudad y la quemarán, junto con las casas en las que han ofrecido incienso a Baal sobre sus terrazas y han derramado libaciones a otros dioses para provocarme a ira. 30Porque los israelitas y los hijos de Judá solo han hecho lo malo ante Mis ojos desde su juventud. Ciertamente los israelitas no han hecho más que provocarme a ira con la obra de sus manos», declara el Señor. 31«Porque motivo de Mi ira y de Mi furor ha sido esta ciudad para Mí, desde el día en que la edificaron hasta hoy, de modo que será quitada de Mi presencia 32por todo el mal que los israelitas y los hijos de Judá hicieron para provocarme a ira, ellos, sus reyes, sus jefes, sus sacerdotes, sus profetas, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén. 33Ellos me dieron la espalda, y no el rostro. Aunque les enseñaba, enseñándoles una y otra vez, no escucharon ni aceptaron corrección, 34sino que pusieron sus abominaciones en la casa que es llamada por Mi nombre, profanándola. 35También edificaron los lugares altos de Baal que están en el valle de Ben Hinom, para hacer pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas en honor de Moloc. Esto nunca les había mandado, ni me pasó por la mente que ellos cometieran tal abominación, para hacer que Judá pecara.
36»Ahora pues, así dice el Señor, Dios de Israel, en cuanto a esta ciudad de la cual ustedes dicen: “Va a ser entregada en mano del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la pestilencia”. 37Yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los he echado en Mi ira, en Mi furor y con gran enojo, y los haré volver a este lugar y los haré morar seguros. 38Ellos serán Mi pueblo, y Yo seré su Dios; 39y les daré un solo corazón y un solo camino, para que me teman siempre, para bien de ellos y de sus hijos después de ellos. 40Haré con ellos un pacto eterno, de que Yo no me apartaré de ellos para hacerles bien, e infundiré Mi temor en sus corazones para que no se aparten de Mí. 41Me regocijaré en ellos haciéndoles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra, con todo Mi corazón y con toda Mi alma. 42Porque así dice el Señor: “Como he traído a este pueblo toda esta gran calamidad así he de traer sobre ellos todo el bien que les prometo. 43Y se comprarán campos en esta tierra de la cual ustedes dicen: ‘Es una desolación, sin hombres ni animales; entregada está en mano de los caldeos’. 44La gente comprará campos por dinero, firmarán y sellarán escrituras y llamarán a testigos, en la tierra de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén, en las ciudades de Judá, en las ciudades de la región montañosa, en las ciudades de la llanura y en las ciudades del Neguev, porque restauraré su bienestar” », declara el Señor.

Marcos 10

1Levantándose de allí, Jesús se fue* a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y se reunieron* de nuevo las multitudes junto a Él, y una vez más, como acostumbraba, les enseñaba.
2Se acercaron algunos fariseos, y para poner a prueba a Jesús, le preguntaban si era lícito a un hombre divorciarse de su mujer. 3«¿Qué les mandó Moisés?», les dijo Jesús. 4Ellos respondieron: «Moisés permitió al hombre escribir carta de divorcio y repudiarla».
5Entonces Jesús les dijo: «Por la dureza del corazón de ustedes, Moisés les escribió este mandamiento. 6Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y hembra. 7Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre, 8y los dos serán una sola carne; así que ya no son dos, sino una sola carne. 9Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe».
10 Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. 11Y Él les dijo*: «Cualquiera que se divorcie de su mujer y se case con otra, comete adulterio contra ella; 12y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio».
13Traían niños a Jesús para que Él los tocara, pero los discípulos los reprendieron. 14Cuando Jesús vio esto, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a Mí; no se lo impidan, porque de los que son como estos es el reino de Dios. 15En verdad les digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». 16Y tomándolos en los brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos.
17Cuando Jesús salía para irse, vino un hombre corriendo, y arrodillándose delante de Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?». 18Jesús le respondió: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo uno, Dios. 19Tú sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre” ».
20«Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud», dijo el hombre. 21Jesús, mirándolo, lo amó y le dijo: «Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; entonces vienes y me sigues». 22Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes.
23Jesús, mirando en derredor, dijo* a Sus discípulos: «¡Qué difícil será para los que tienen riquezas entrar en el reino de Dios!». 24Los discípulos se asombraron de Sus palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo*: «Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! 25Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios».
26Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí: «¿Y quién podrá salvarse?». 27Mirándolos Jesús, dijo*: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque todas las cosas son posibles para Dios». 28Entonces Pedro comenzó a decir a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
29Jesús respondió: «En verdad les digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de Mí y por causa del evangelio, 30que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna. 31Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros».
32Iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos. Los discípulos estaban perplejos, y los que lo seguían tenían miedo. Y tomando aparte de nuevo a los doce, comenzó a decirles lo que le iba a suceder: 33«Ahora subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles. 34Se burlarán de Él y le escupirán, lo azotarán y lo matarán, y tres días después resucitará».
35Jacobo y Juan, los dos hijos de Zebedeo, se acercaron* a Jesús, diciendo: «Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos». 36«¿Qué quieren que haga por ustedes?», les preguntó. 37Ellos le dijeron: «Concédenos que en Tu gloria nos sentemos uno a Tu derecha y el otro a Tu izquierda». 38Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que Yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que soy bautizado?». 39Le respondieron: «Podemos». Y Jesús les dijo: «La copa que Yo bebo, beberán; y serán bautizados con el bautismo con que Yo soy bautizado; 40pero el sentarse a Mi derecha o a Mi izquierda, no es Mío el concederlo, sino que es para quienes ha sido preparado».
41Al oír esto, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan. 42Llamándolos junto a Él, Jesús les dijo*: «Ustedes saben que los que son reconocidos como gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. 43Pero entre ustedes no es así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, 44y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. 45Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos».
46Entonces llegaron* a Jericó. Y cuando Él salía de Jericó con Sus discípulos y una gran multitud, un mendigo ciego llamado Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. 47Cuando oyó que era Jesús el Nazareno, comenzó a gritar y a decir: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!».
48Y muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten misericordia de mí!». 49Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo». Y llamaron* al ciego, diciéndole: «¡Anímate! Levántate, que te llama». 50Arrojando su manto, se levantó de un salto y fue a Jesús.
51Y dirigiéndose a él, Jesús le preguntó: «¿Qué deseas que haga por ti?». Y el ciego le respondió: «Raboní, que recobre la vista». 52«Vete, tu fe te ha sanado»,le dijo Jesús. Al instante el ciego recobró la vista, y lo seguía por el camino.

Salmo 148

1¡Aleluya!
Alaben al Señor desde los cielos;
Alábenlo en las alturas.
2Alábenlo, todos Sus ángeles;
Alábenlo, todos Sus ejércitos.
3Alábenlo, sol y luna;
Alábenlo, todas las estrellas luminosas.
4Alábenlo, cielos de los cielos,
Y las aguas que están sobre los cielos.
5Alaben ellos el nombre del Señor,
Pues Él ordenó y fueron creados;
6Los estableció eternamente y para siempre,
Les dio ley que no pasará.
7¶Alaben al Señor desde la tierra,
Monstruos marinos y todos los abismos;
8Fuego y granizo, nieve y bruma;
Viento tempestuoso que cumple Su palabra;
9Los montes y todas las colinas;
Árboles frutales y todos los cedros;
10Las fieras y todo el ganado;
Reptiles y aves que vuelan;
11Reyes de la tierra y todos los pueblos;
Príncipes y todos los jueces de la tierra;
12Jóvenes y también vírgenes;
Los ancianos junto con los niños.
13¶Alaben ellos el nombre del Señor,
Porque solo Su nombre es exaltado;
Su gloria es sobre tierra y cielos.
14Él ha exaltado el poder de Su pueblo,
Alabanza para todos Sus santos,
Para los israelitas, pueblo a Él cercano.
¡Aleluya!

Proverbios 19

1Mejor es el pobre que anda en su integridad
Que el de labios perversos y necio.
2Tampoco es bueno para una persona carecer de conocimiento,
Y el que se apresura con los pies peca.
3La insensatez del hombre pervierte su camino,
Y su corazón se irrita contra el Señor.
4La riqueza añade muchos amigos,
Pero el pobre es separado de su amigo.
5El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras no escapará.
6Muchos buscan el favor del generoso,
Y todo hombre es amigo del que da.
7Todos los hermanos del pobre lo aborrecen,
¡Cuánto más sus amigos se alejarán de él!
Los persigue con palabras, pero ellos se han ido.
8El que adquiere cordura ama su alma;
El que guarda la prudencia hallará el bien.
9El testigo falso no quedará sin castigo,
Y el que cuenta mentiras perecerá.
10Al necio no conviene la vida de lujo;
Mucho menos a un siervo gobernar a los príncipes.
11La discreción del hombre le hace lento para la ira,
Y su gloria es pasar por alto una ofensa.
12Como rugido de león es la ira del rey,
Y su favor como rocío sobre la hierba.
13El hijo necio es ruina de su padre,
Y gotera constante las contiendas de una esposa.
14Casa y riqueza son herencia de los padres,
Pero la mujer prudente viene del Señor.
15La pereza hace caer en profundo sueño,
Y el alma ociosa sufrirá hambre.
16El que guarda el mandamiento guarda su alma,
Pero el que desprecia sus caminos morirá.
17El que se apiada del pobre presta al Señor,
Y Él lo recompensará por su buena obra.
18Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza,
Pero no desee tu alma causarle la muerte.
19El hombre de gran ira llevará el castigo,
Porque si tú lo rescatas, tendrás que hacerlo de nuevo.
20Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días.
21Muchos son los planes en el corazón del hombre,
Mas el consejo del Señor permanecerá.
22Lo que es deseable en un hombre es su bondad,
Y es mejor ser pobre que mentiroso.
23El temor del Señor conduce a la vida,
Para poder dormir satisfecho, sin ser tocado por el mal.
24El perezoso mete su mano en el plato,
Y ni aun a su boca la llevará.
25Golpea al insolente y el ingenuo se volverá astuto,
Pero reprende al que tiene inteligencia y ganará en conocimiento.
26El que asalta a su padre y echa fuera a su madre
Es un hijo que trae vergüenza y desgracia.
27Cesa, hijo mío, de escuchar la instrucción,
Y te desviarás de las palabras de sabiduría.
28El testigo perverso se burla de la justicia,
Y la boca de los impíos esparce iniquidad.
29Los juicios están preparados para los insolentes,
Y los azotes para la espalda de los necios.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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