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Día 30 de 365 · 30 de enero

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Éxodo 9

1Entonces el Señor dijo a Moisés: «Ve a Faraón y dile: “Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: ‘Deja ir a Mi pueblo para que me sirva. 2Porque si te niegas a dejarlos ir y los sigues deteniendo, 3entonces la mano del Señor vendrá con gravísima pestilencia sobre tus ganados que están en el campo: sobre los caballos, sobre los asnos, sobre los camellos, sobre las vacas y sobre las ovejas. 4Pero el Señor hará distinción entre los ganados de Israel y los ganados de Egipto, y nada perecerá de todo lo que pertenece a los israelitas’ ” ».
5Y el Señor fijó un plazo definido y dijo: «Mañana el Señor hará esto en la tierra». 6El Señor hizo esto al día siguiente, y perecieron todos los ganados de Egipto. Pero de los ganados de los israelitas, ni un solo animal murió. 7Faraón envió a ver, y ni un solo animal de los ganados de Israel había perecido. Pero el corazón de Faraón se endureció y no dejó ir al pueblo.
8Entonces el Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Tomen puñados de hollín de un horno, y que Moisés lo esparza hacia el cielo en presencia de Faraón. 9El hollín se convertirá en polvo fino sobre toda la tierra de Egipto, y producirá tumores que resultarán en úlceras en los hombres y en los animales, por toda la tierra de Egipto».
10Tomaron, pues, hollín de un horno, y se presentaron delante de Faraón, y Moisés lo arrojó hacia el cielo, y produjo tumores que resultaron en úlceras en los hombres y en los animales. 11Y los magos no podían estar delante de Moisés a causa de los tumores, pues los tumores estaban tanto en los magos como en todos los egipcios. 12Y el Señor endureció el corazón de Faraón y no los escuchó, tal como el Señor había dicho a Moisés.
13Entonces el Señor dijo a Moisés: «Levántate muy de mañana, y ponte delante de Faraón, y dile: “Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: ‘Deja ir a Mi pueblo para que me sirva. 14Porque esta vez enviaré todas Mis plagas sobre ti, sobre tus siervos y sobre tu pueblo, para que sepas que no hay otro como Yo en toda la tierra. 15Porque si Yo hubiera extendido Mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con pestilencia, ya habrías sido cortado de la tierra. 16Pero en verdad, por esta razón te he permitido permanecer: para mostrarte Mi poder y para proclamar Mi nombre por toda la tierra. 17Y todavía te enalteces contra Mi pueblo no dejándolos ir. 18Así que mañana como a esta hora, enviaré granizo muy pesado, tal como no ha habido en Egipto desde el día en que fue fundado hasta ahora. 19Ahora pues, manda poner a salvo tus ganados y todo lo que tienes en el campo, porque todo hombre o todo animal que se encuentre en el campo, y no sea traído a la casa, morirá cuando caiga sobre ellos el granizo’ ” ».
20El que de entre los siervos de Faraón tuvo temor de la palabra del Señor, hizo poner a salvo a sus siervos y sus ganados en sus casas, 21pero el que no hizo caso a la palabra del Señor, dejó a sus siervos y sus ganados en el campo.
22Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo para que caiga granizo en toda la tierra de Egipto, sobre los hombres, sobre los animales y sobre toda planta del campo por toda la tierra de Egipto».
23Moisés extendió su vara hacia el cielo, y el Señor envió truenos y granizo, y cayó fuego sobre la tierra. El Señor hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. 24Y hubo granizo muy intenso, y fuego centelleando continuamente en medio del granizo, muy pesado, tal como no había habido en toda la tierra de Egipto desde que llegó a ser una nación. 25El granizo hirió todo lo que había en el campo por toda la tierra de Egipto, tanto hombres como animales. El granizo hirió también toda planta del campo, y destrozó todos los árboles del campo. 26Solo en la tierra de Gosén, donde estaban los israelitas, no hubo granizo.
27Entonces Faraón envió llamar a Moisés y Aarón y les dijo: «Esta vez he pecado. El Señor es el justo, y yo y mi pueblo somos los impíos. 28Rueguen al Señor, porque ha habido ya suficientes truenos y granizo de parte de Dios. Los dejaré ir y no se quedarán más aquí». 29«Tan pronto como yo salga de la ciudad», le dijo Moisés, «extenderé mis manos al Señor. Los truenos cesarán, y no habrá más granizo, para que sepas que la tierra es del Señor. 30En cuanto a ti y a tus siervos, sé que aún no temen al Señor Dios».
31Y el lino y la cebada fueron destruidos, pues la cebada estaba en espiga y el lino estaba en flor; 32pero el trigo y el centeno no fueron destruidos, por ser tardíos.
33Salió Moisés de la ciudad, de la presencia de Faraón, y extendió sus manos al Señor, y los truenos y el granizo cesaron, y no cayó más lluvia sobre la tierra. 34Pero cuando Faraón vio que la lluvia y el granizo y los truenos habían cesado, pecó otra vez, y endureció su corazón, tanto él como sus siervos. 35Y se endureció el corazón de Faraón y no dejó ir a los israelitas, tal como el Señor había dicho por mediode Moisés.

Éxodo 10

1Entonces el Señor dijo a Moisés: «Preséntate a Faraón, porque Yo he endurecido su corazón y el corazón de sus siervos, para mostrar estas señales Mías en medio de ellos, 2y para que cuentes a tu hijo y a tu nieto, cómo me he burlado de los egipcios, y cómo he mostrado Mis señales entre ellos, y para que ustedes sepan que Yo soy el Señor».
3Moisés y Aarón fueron a Faraón, y le dijeron: «Así dice el Señor, el Dios de los hebreos: “¿Hasta cuándo rehusarás humillarte delante de Mí? Deja ir a Mi pueblo, para que me sirva. 4Porque si te niegas a dejar ir a Mi pueblo, entonces mañana traeré langostas a tu territorio. 5Cubrirán la superficie de la tierra, de modo que nadie podrá ver el suelo. También comerán el resto de lo que ha escapado, lo que les ha quedado del granizo, y comerán todo árbol que crece para ustedes en el campo. 6Llenarán tus casas, las casas de todos tus siervos y las casas de todos los egipcios, algo que ni tus padres ni tus abuelos han visto desde el día que vinieron al mundo hasta hoy” ». Moisés se volvió y salió de la presencia de Faraón.
7Y los siervos de Faraón le dijeron: «¿Hasta cuándo este hombre nos será causa de ruina? Deje ir a los hombres para que sirvan al Señor su Dios. ¿No se da cuenta de que Egipto está destruido?». 8Entonces hicieron volver a Moisés y Aarón ante Faraón, y él les dijo: «Vayan, sirvan al Señor su Dios. ¿Quiénes son los que han de ir?». 9Y Moisés respondió: «Iremos con nuestros jóvenes y nuestros ancianos; con nuestros hijos y nuestras hijas; con nuestras ovejas y nuestras vacas iremos, porque hemos de celebrar una fiesta solemne al Señor».
10«¡Así sea el Señor con ustedes», les dijo Faraón, «si los dejo ir a ustedes y a sus pequeños! Tengan cuidado porque tienen malas intenciones. 11No será así. Vayan ahora solo ustedes los hombres, y sirvan al Señor, porque eso es lo que han pedido». Y los echaron de la presencia de Faraón.
12Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre la tierra de Egipto, para traer la langosta, a fin de que suba sobre la tierra de Egipto y devore toda planta de la tierra, todo lo que el granizo ha dejado». 13Moisés extendió su vara sobre la tierra de Egipto, y el Señor hizo soplar un viento del oriente sobre el país todo aquel día y toda aquella noche. Y al venir la mañana, el viento del oriente trajo las langostas.
14Subieron las langostas sobre toda la tierra de Egipto y se asentaron en todo el territorio de Egipto. Eran muy numerosas. Nunca había habido tantas langostas como entonces, ni las habría después. 15Porque cubrieron la superficie de toda la tierra, y la tierra se oscureció. Se comieron toda planta de la tierra y todo el fruto de los árboles que el granizo había dejado. Así que nada verde quedó en árbol o planta del campo por toda la tierra de Egipto.
16Entonces Faraón llamó apresuradamente a Moisés y a Aarón, y dijo: «He pecado contra el Señor su Dios y contra ustedes. 17Ahora pues, les ruego que perdonen mi pecado solo esta vez, y que rueguen al Señor su Dios, para que quite de mí esta muerte».
18 Moisés salió de la presencia de Faraón y oró al Señor. 19Y el Señor cambió el viento a un viento occidental muy fuerte que se llevó las langostas y las arrojó al mar Rojo. Ni una langosta quedó en todo el territorio de Egipto. 20Pero el Señor endureció el corazón de Faraón, y este no dejó ir a los israelitas.
21Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tinieblas tales que puedan tocarse». 22Extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas en toda la tierra de Egipto por tres días. 23No se veían unos a otros, nadie se levantó de su lugar por tres días, pero todos los israelitas tenían luz en sus moradas.
24Entonces llamó Faraón a Moisés y le dijo: «Vayan, sirvan al Señor. Solo que sus ovejas y sus vacas queden aquí. Aun sus pequeños pueden ir con ustedes». 25Pero Moisés contestó: «Tú también tienes que darnos sacrificios y holocaustos para que los sacrifiquemos al Señor nuestro Dios. 26Por tanto, también nuestros ganados irán con nosotros. Ni una pezuña quedará atrás, porque de ellos tomaremos para servir al Señor nuestro Dios. Nosotros mismos no sabemos con qué hemos de servir al Señor hasta que lleguemos allá». 27Pero el Señor endureció el corazón de Faraón, y este no quiso dejarlos ir.
28Entonces Faraón dijo a Moisés: «¡Apártate de mí! Cuídate de volver a ver mi rostro, porque el día en que veas mi rostro morirás». 29«Bien has dicho, no volveré a ver tu rostro», respondió Moisés.

Marcos 2

1Cuando Jesús entró de nuevo en Capernaúm varios días después, se oyó que estaba en casa. 2Y se reunieron muchos, tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta; y Él les explicaba la palabra.
3Entonces vinieron* y le trajeron un paralítico llevado entre cuatro hombres. 4Como no pudieron acercarse a Jesús a causa de la multitud, levantaron el techo encima de donde Él estaba; y cuando habían hecho una abertura, bajaron la camilla en que estaba acostado el paralítico. 5Viendo Jesús la fe de ellos, dijo* al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».
6Pero estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban en sus corazones: 7«¿Por qué habla Este así? Está blasfemando; ¿quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?».
8Al instante Jesús, conociendo en Su espíritu que pensaban de esa manera dentro de sí mismos, les dijo*: «¿Por qué piensan estas cosas en sus corazones? 9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda”? 10Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados», dijo* al paralítico: 11«A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa».
12Y él se levantó, y tomando al instante la camilla, salió a la vista de todos, de manera que todos estaban asombrados, y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás hemos visto cosa semejante».
13Jesús salió de nuevo a la orilla del mar, y toda la multitud venía a Él, y les enseñaba. 14Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de los tributos, y le dijo*: «Sígueme». Y levantándose, lo siguió.
15Y sucedió que estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores estaban comiendo con Jesús y Sus discípulos; porque había muchos de ellos que lo seguían. 16Cuando los escribas de los fariseos vieron que Él comía con pecadores y recaudadores de impuestos, decían a Sus discípulos: «¿Por qué Él come y bebe con recaudadores de impuestos y pecadores?».
17Al oír esto, Jesús les dijo*: «Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».
18Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron* y dijeron* a Jesús: «¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero Tus discípulos no ayunan?».
19Y Jesús les respondió: «¿Acaso pueden ayunar los acompañantes del novio mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. 20Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán en aquel día. 21Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo, porque entonces el remiendo al encogerse tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce una rotura peor. 22Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces el vino romperá el odre, y se pierden el vino y también los odres; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos».
23Aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y Sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas. 24Entonces los fariseos le decían: «Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo?».
25Jesús les contestó*: «¿Nunca han leído lo que David hizo cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y también sus compañeros; 26cómo entró en la casa de Dios en tiempos de Abiatar, el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados que no es lícito a nadie comer, sino a los sacerdotes, y dio también a los que estaban con él?». 27Y Él continuó diciéndoles: «El día de reposo se hizo para el hombre, y no el hombre para el día de reposo. 28Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo».

Salmo 30

Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. Salmo de David.
1Te ensalzaré, oh Señor, porque me has elevado,
Y no has permitido que mis enemigos se rían de mí.
2Oh Señor, Dios mío,
A Ti pedí auxilio y me sanaste.
3Oh Señor, has sacado mi alma del Seol;
Me has guardado con vida, para que no descienda al sepulcro.
4Canten alabanzas al Señor, ustedes Sus santos,
Y alaben Su santo nombre.
5Porque Su ira es solo por un momento,
Pero Su favor es por toda una vida.
El llanto puede durar toda la noche,
Pero a la mañana vendrá el grito de alegría.
6¶En cuanto a mí, en mi prosperidad dije:
«Jamás seré conmovido».
7Oh Señor, con Tu favor has hecho que mi monte permanezca fuerte;
Tú escondiste Tu rostro, fui conturbado.
8A Ti, oh Señor, clamé,
Y al Señor dirigí mi súplica:
9«¿Qué provecho hay en mi sangre si desciendo al sepulcro?
¿Acaso te alabará el polvo? ¿Anunciará Tu fidelidad?
10¶»Escucha, oh Señor, y ten piedad de mí;
Oh Señor, sé Tú mi ayuda».
11Tú has cambiado mi lamento en danza;
Has desatado mi ropa de luto y me has ceñido de alegría;
12Para que mi alma te cante alabanzas y no esté callada.
Oh Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Proverbios 30

1Palabras de Agur, hijo de Jaqué: el oráculo.
Declaración del hombre a Itiel, a Itiel y a Ucal.
2Ciertamente soy el más torpe de los hombres,
Y no tengo inteligencia humana.
3Y no he aprendido sabiduría,
Ni tengo conocimiento del Santo.
4¿Quién subió al cielo y descendió?
¿Quién recogió los vientos en Sus puños?
¿Quién envolvió las aguas en Su manto?
¿Quién estableció todos los confines de la tierra?
¿Cuál es Su nombre o el nombre de Su hijo?
Ciertamente tú lo sabes.
5¶Probada es toda palabra de Dios;
Él es escudo para los que en Él se refugian.
6No añadas a Sus palabras,
No sea que Él te reprenda y seas hallado mentiroso.
7¶Dos cosas te he pedido,
No me las niegues antes que muera:
8Aleja de mí la mentira y las palabras engañosas,
No me des pobreza ni riqueza;
Dame a comer mi porción de pan,
9No sea que me sacie y te niegue, y diga:
«¿Quién es el Señor?».
O que sea menesteroso y robe,
Y profane el nombre de mi Dios.
10¶No hables mal del esclavo ante su amo,
No sea que te acuse y seas hallado culpable.
11Hay gente que maldice a su padre,
Y no bendice a su madre.
12 Hay gente que se tiene por pura,
Pero no está limpia de su inmundicia.
13 Hay gente de ojos altivos,
Cuyos párpados se alzan en arrogancia.
14 Hay gente cuyos dientes son espadas,
Y sus muelas cuchillos,
Para devorar a los pobres de la tierra,
Y a los menesterosos de entre los hombres.
15¶La sanguijuela tiene dos hijas, que dicen: «¡Dame!», «¡Dame!».
Hay tres cosas que no se saciarán,
Y una cuarta que no dirá: «¡Basta!».
16El Seol, la matriz estéril,
La tierra que jamás se sacia de agua,
Y el fuego que nunca dice: «¡Basta!».
17Al ojo que se burla del padre
Y escarnece a la madre,
Lo sacarán los cuervos del valle,
Y lo comerán los aguiluchos.
18¶Hay tres cosas que son incomprensibles para mí,
Y una cuarta que no entiendo:
19El rastro del águila en el cielo,
El rastro de la serpiente sobre la roca,
El rastro del barco en medio del mar,
Y el rastro del hombre en la doncella.
20Así es el proceder de la mujer adúltera:
Come, se limpia la boca,
Y dice: «No he hecho nada malo».
21¶Por tres cosas tiembla la tierra,
Y por una cuarta no se puede sostener:
22Por el esclavo cuando llega a ser rey,
Por el necio cuando se sacia de pan,
23Por la mujer odiada cuando se casa,
Y por la sierva cuando suplanta a su señora.
24¶Cuatro cosas son pequeñas en la tierra,
Pero son sumamente sabias:
25Las hormigas, pueblo sin fuerza,
Que preparan su alimento en el verano;
26Los tejones, pueblo sin poder,
Que hacen su casa en la peña;
27Las langostas, que no tienen rey,
Pero todas salen en escuadrones,
28 Y el lagarto, que se puede agarrar con las manos,
Pero está en los palacios de los reyes.
29¶Hay tres cosas majestuosas en su marcha,
Y aun una cuarta de elegante caminar:
30El león, poderoso entre las fieras,
Que no retrocede ante ninguna,
31El gallo, que se pasea erguido, asimismo el macho cabrío,
Y el rey cuando tiene el ejército con él.
32¶Si has sido necio en ensalzarte,
O si has tramado el mal, pon la mano sobre tu boca;
33Porque batiendo la leche se saca mantequilla,
Y apretando la nariz sale sangre,
Y forzando la ira se producepleito.

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