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Día 300 de 365 · 27 de octubre

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Jeremías 35

1Palabra que vino a Jeremías de parte del Señor en los días de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá: 2«Ve a la casa de los recabitas, habla con ellos, llévalos a la casa del Señor, a una de las cámaras, y dales a beber vino». 3Entonces tomé a Jaazanías, hijo de Jeremías, hijo de Habasinías, y a sus hermanos, a todos sus hijos y a toda la casa de los recabitas, 4y los llevé a la casa del Señor, a la cámara de los hijos de Hanán, hijo de Igdalías, hombre de Dios. Esta cámara estaba cerca de la cámara de los oficiales, que estaba encima de la cámara de Maasías, hijo de Salum, guarda del umbral. 5Entonces puse delante de los hombres de la casa de los recabitas jarras y tazas llenas de vino, y les dije: «Beban vino».
6Pero ellos dijeron: «No beberemos vino, porque Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, nos ordenó: “No beberán vino jamás, ni ustedes ni sus hijos. 7Tampoco edificarán casa, ni sembrarán simiente, ni plantarán viña, ni poseerán ninguna, sino que habitarán en tiendas todos sus días, para que vivan muchos días en la tierra donde son peregrinos”. 8Y nosotros hemos obedecido la voz de Jonadab, hijo de Recab, nuestro padre, en todo lo que él nos mandó de no beber vino en todos nuestros días, ni nosotros, ni nuestras mujeres, ni nuestros hijos, ni nuestras hijas, 9y de no edificarnos casa en donde morar, y de no tener viña, ni campo, ni siembra. 10Hemos habitado solamente en tiendas, y hemos obedecido y hecho conforme a todo lo que nos mandó nuestro padre Jonadab. 11Pero sucedió que cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra la tierra, dijimos: “Vengan y huyamos a Jerusalén ante el ejército de los caldeos y ante el ejército de los arameos”. Por eso habitamos en Jerusalén».
12Entonces vino palabra del Señor a Jeremías: 13«Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ve y dile a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén: ‘¿No aprenderán a escuchar Mis palabras?’, declara el Señor. 14‘Las palabras de Jonadab, hijo de Recab, que mandó a sus hijos de no beber vino, son guardadas. Por eso no beben vino hasta hoy, porque han obedecido el mandato de su padre. Pero Yo he hablado a ustedes repetidas veces, con todo no me han escuchado. 15También les he enviado a todos Mis siervos los profetas, enviándolos repetidas veces, a decirles: “Vuélvase ahora cada uno de su mal camino, enmienden sus obras y no vayan tras otros dioses para adorarlos, y habitarán en la tierra que les he dado, a ustedes y a sus padres; pero no me prestaron atención, ni me escucharon. 16Ciertamente los hijos de Jonadab, hijo de Recab, han guardado el mandato que su padre les ordenó, pero este pueblo no me ha escuchado” ’ ”. 17Por tanto, así dice el Señor, Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ciertamente traigo sobre Judá y sobre todos los habitantes de Jerusalén toda la calamidad que he pronunciado contra ellos, porque les hablé, pero no escucharon, y los llamé, pero no respondieron” ».
18Entonces Jeremías dijo a la casa de los recabitas: «Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Por cuanto han obedecido el mandato de su padre Jonadab, guardando todos sus mandatos y haciendo conforme a todo lo que él les ordenó, 19por tanto, así dice el Señorde los ejércitos, el Dios de Israel: ‘A Jonadab, hijo de Recab, no le faltará hombre que esté delante de Mí todos los días’ ” ».

Jeremías 36

1En el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra a Jeremías de parte del Señor: 2«Toma un rollo y escribe en él todas las palabras que te he hablado acerca de Israel, acerca de Judá y acerca de todas las naciones, desde el día que te hablé, desde los días de Josías, hasta hoy. 3Tal vez la casa de Judá oiga toda la calamidad que pienso traer sobre ellos, y se vuelva cada uno de su mal camino; entonces perdonaré su iniquidad y su pecado».
4Llamó, pues, Jeremías a Baruc, hijo de Nerías, y Baruc escribió al dictado de Jeremías, en un rollo, todas las palabras que el Señor le había hablado. 5Entonces Jeremías dio órdenes a Baruc: «Estoy detenido; no puedo entrar en la casa del Señor. 6Ve, pues, y lee en el rollo que has escrito al dictado mío, las palabras del Señor a oídos del pueblo, en la casa del Señor un día de ayuno. También las leerás a oídos de todos los de Judá que vienen de sus ciudades. 7Tal vez su súplica llegue delante del Señor, y todos se vuelvan de su mal camino, porque grande es la ira y el furor que el Señor ha pronunciado contra este pueblo». 8Baruc, hijo de Nerías, hizo conforme a todo lo que el profeta Jeremías le había mandado, y leyó en el libro las palabras del Señor, en la casa del Señor.
9Y en el año quinto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno, todo el pueblo en Jerusalén y todo el pueblo que vino de las ciudades de Judá a Jerusalén proclamaron ayuno delante del Señor. 10Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías a oídos de todo el pueblo en la casa del Señor, en la cámara de Gemarías, hijo del escriba Safán, en el atrio superior, a la entrada de la puerta Nueva de la casa del Señor.
11Al oír Micaías, hijo de Gemarías, hijo de Safán, todas las palabras del Señor que estaban en el libro, 12descendió a la casa del rey, a la cámara del escriba. Y estaban sentados allí todos los oficiales: el escriba Elisama, Delaía, hijo de Semaías, Elnatán, hijo de Acbor, Gemarías, hijo de Safán, Sedequías, hijo de Ananías, y todos los demás oficiales. 13Micaías les declaró todas las palabras que había oído cuando Baruc leyó en el libro a oídos del pueblo. 14Entonces todos los oficiales enviaron a Jehudí, hijo de Netanías, hijo de Selemías, hijo de Cusi, a decir a Baruc: «Toma en tu mano el rollo en el que has leído a oídos del pueblo y ven». Y Baruc, hijo de Nerías, tomó el rollo en su mano y fue a ellos. 15Y le dijeron: «Siéntate ahora, y léenoslo». Y Baruc se lo leyó. 16Cuando oyeron todas las palabras, se miraron unos a otros atemorizados, y dijeron a Baruc: «Ciertamente haremos saber al rey todas estas palabras». 17Y le preguntaron a Baruc: «Cuéntanos ahora cómo escribiste todas estas palabras. ¿Fue al dictado suyo?». 18Baruc les respondió: «Él me dictó todas estas palabras, y yo las escribí con tinta en el libro». 19Entonces los oficiales dijeron a Baruc: «Ve, escóndete, tú y Jeremías, y que nadie sepa donde están».
20Después de haber depositado el rollo en la cámara del escriba Elisama, los oficiales entraron al atrio donde estaba el rey, y contaron a oídos del rey todas las palabras. 21Entonces el rey envió a Jehudí a buscar el rollo, y este lo tomó de la cámara del escriba Elisama, y Jehudí lo leyó al rey y a todos los oficiales que estaban junto al rey. 22El rey estaba sentado en la casa de invierno (en el mes noveno), y había un brasero encendido delante de él. 23Y sucedía que después que Jehudí había leído tres o cuatro columnas, el rey lo cortaba con el cuchillo del escriba y lo echaba al fuego que estaba en el brasero, hasta consumir todo el rollo en el fuego que estaba en el brasero. 24Ni el rey ni ninguno de sus siervos que oyeron todas estas palabras tuvieron temor ni rasgaron sus vestiduras. 25Y aunque Elnatán y Delaía y Gemarías rogaron al rey que no quemara el rollo, él no les hizo caso. 26Luego el rey ordenó a Jerameel, hijo del rey, a Seraías, hijo de Azriel, y a Selemías, hijo de Abdeel, que prendieran al escriba Baruc y al profeta Jeremías, pero el Señor los escondió.
27Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías, después que el rey había quemado el rollo y las palabras que Baruc había escrito al dictado de Jeremías: 28«Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las palabras que antes había en el primer rollo que quemó Joacim, rey de Judá. 29Y a Joacim, rey de Judá, le dirás: “Así dice el Señor: ‘Tú has quemado este rollo, diciendo: “¿Por qué has escrito en él que ciertamente vendrá el rey de Babilonia y destruirá esta tierra, y hará desaparecer de ella a hombres y animales?” ’.
30”Por tanto, así dice el Señor acerca de Joacim, rey de Judá: ‘No tendrá quien se siente sobre el trono de David, y su cadáver quedará tirado al calor del día y a la escarcha de la noche. 31Lo castigaré a él, a su descendencia y a sus siervos por su iniquidad, y traeré sobre ellos, sobre los habitantes de Jerusalén y sobre los hombres de Judá toda la calamidad que les he anunciado, sin que ellos escucharan’ ” ». 32Entonces Jeremías tomó otro rollo y se lo dio al escriba Baruc, hijo de Nerías, y este escribió en él al dictado de Jeremías todas las palabras del libro que Joacim, rey de Judá, había quemado en el fuego, y aun se le añadieron muchas palabras semejantes.

Marcos 12

1Entonces Jesús comenzó a hablarles en parábolas: «Un hombre plantó una viña y la cercó con un muro, cavó un estanque debajo del lagar y edificó una torre; la arrendó a labradores y se fue de viaje. 2Al tiempo de la vendimia envió un siervo a los labradores para recibir de los labradores su parte de los frutos de la viña. 3Pero ellos, echándole mano, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías. 4De nuevo les mandó otro siervo, y a él lo hirieron en la cabeza y lo trataron vergonzosamente. 5Envió a otro y a este lo mataron; y así con muchos otros, golpeando a unos y matando a otros.
6 »Todavía le quedaba uno, un hijo amado; y les envió a este último, diciendo: “Respetarán a mi hijo”. 7Pero aquellos labradores se dijeron entre sí: “Este es el heredero; ¡vengan, matémoslo, y la heredad será nuestra!”. 8Echándole mano, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.
9 »¿Qué hará, entonces, el dueño de la viña? Vendrá y destruirá a los labradores, y dará la viña a otros. 10¿Ni aun esta Escritura han leído:
“La piedra que desecharon los constructores,
Esa, en piedra angular se ha convertido;
11 Esto fue hecho de parte del Señor,
Y es maravilloso a nuestros ojos”?».
12Y procuraban prender a Jesús, pero temían a la multitud, porque comprendieron que contra ellos había dicho la parábola. Y lo dejaron y se fueron.
13Pero enviaron* algunos de los fariseos y de los herodianos para sorprender a Jesús en alguna palabra. 14Cuando ellos llegaron*, le dijeron*: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Es lícito pagar impuesto a César, o no? 15¿Pagaremos o no pagaremos?». Pero Él, dándose cuenta de su hipocresía, les preguntó: «¿Por qué me están poniendo a prueba? Traigan un denario para verlo». 16Se lo trajeron, y Él les dijo*: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». «De César», le contestaron. 17Entonces Jesús les dijo: «Den a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». Y se maravillaban de Él.
18 Algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, se acercaron* a Jesús, y le dijeron: 19«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si el hermano de alguien muere y deja mujer y no deja hijo, que su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermano”. 20Hubo siete hermanos; y el primero tomó esposa, y murió sin dejar descendencia. 21El segundo la tomó, y murió sin dejar descendencia; y asimismo el tercero; 22y así los siete, sin dejar descendencia. Y por último murió también la mujer. 23En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Pues los siete la tuvieron por mujer».
24Jesús les dijo: «¿No es esta la razón por la que están ustedes equivocados: que no entienden las Escrituras ni el poder de Dios? 25Porque cuando ellos resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dados en matrimonio, sino que serán como los ángeles en los cielos. 26Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el pasaje sobre la zarza ardiendo, cómo Dios le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob”? 27Él no es Dios de muertos, sino de vivos; ustedes están muy equivocados».
28Cuando uno de los escribas se acercó, los oyó discutir, y reconociendo que Jesús les había contestado bien, le preguntó: «¿Cuál mandamiento es el más importante de todos?».
29Jesús respondió: «El más importante es: “Escucha, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; 30y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza”. 31El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento mayor que estos».
32Y el escriba le dijo: «Muy bien, Maestro; con verdad has dicho que Él es Uno, y no hay otro además de Él; 33y que amarle a Él con todo el corazón y con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y los sacrificios».
34Viendo Jesús que él había respondido sabiamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y después de eso, nadie se aventuraba a hacer más preguntas.
35Mientras enseñaba en el templo Jesús decía: «¿Por qué dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? 36David mismo dijo por el Espíritu Santo:
“El Señor dijo a mi Señor:
‘Siéntate a Mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies’ ”.
37 David mismo lo llama “Señor”. ¿En qué sentido es, pues, su hijo?». Y la gran multitud lo escuchaba con gusto.
38Y en Su enseñanza les decía: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y aman los saludos respetuosos en las plazas, 39los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes; 40que devoran las casas de las viudas, y por las apariencias hacen largas oraciones; estos recibirán mayor condenación».
41Jesús se sentó frente al arca del tesoro, y observaba cómo la multitud echaba dinero en el arca del tesoro; y muchos ricos echaban grandes cantidades. 42Llegó una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre, o sea, un cuadrante. 43Y llamando Jesús a Sus discípulos, les dijo: «En verdad les digo, que esta viuda pobre echó más que todos los contribuyentes al tesoro; 44porque todos ellos echaron de lo que les sobra, pero ella, de su pobreza, echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».

Salmo 150

1¡Aleluya!
Alaben a Dios en Su santuario;
Alábenlo en Su majestuoso firmamento.
2Alaben a Dios por Sus hechos poderosos;
Alábenlo según la excelencia de Su grandeza.
3¶Alaben a Dios con sonido de trompeta;
Alábenlo con arpa y lira.
4Alaben a Dios con pandero y danza;
Alábenlo con instrumentos de cuerda y flauta.
5Alaben a Dios con címbalos sonoros;
Alábenlo con címbalos resonantes.
6Todo lo que respira alabe al Señor.
¡Aleluya!

Proverbios 21

1 Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor;
Él lo dirige donde le place.
2Todo camino del hombre es recto ante sus ojos,
Pero el Señor sondea los corazones.
3El hacer justicia y derecho
Es más deseado por el Señor que el sacrificio.
4Los ojos altivos y el corazón arrogante,
Y la lámpara de los impíos son pecado.
5Los proyectos del diligente ciertamente son ventaja,
Pero todo el que se apresura, ciertamente llega a la pobreza.
6Conseguir tesoros con lengua mentirosa
Es un vapor fugaz, es buscar la muerte.
7La violencia de los impíos los arrastrará,
Porque se niegan a obrar con justicia.
8Torcido es el camino del pecador
Mas el proceder del limpio es recto.
9Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
10El alma del impío desea el mal;
Su prójimo no halla favor a sus ojos.
11Cuando el insolente es castigado, el simple se hace sabio;
Pero cuando se instruye al sabio, adquiere conocimiento.
12El justo observa la casa del impío,
Llevando al impío a la ruina.
13El que cierra su oído al clamor del pobre,
También él clamará y no recibirá respuesta.
14Una dádiva en secreto aplaca la ira,
Y el soborno bajo el manto, el furor violento.
15El cumplimiento de la justicia es gozo para el justo,
Pero terror para los que obran iniquidad.
16El hombre que se aparta del camino del saber
Reposará en la asamblea de los muertos.
17El que ama el placer será pobre;
El que ama el vino y los ungüentos no se enriquecerá.
18El impío es rescate para el justo,
Y el malvado está en lugar de los rectos.
19Mejor es habitar en tierra desierta
Que con mujer rencillosa y molesta.
20Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio,
Pero el necio todo lo disipa.
21El que sigue la justicia y la lealtad
Halla vida, justicia y honor.
22El sabio escala la ciudad de los poderosos
Y derriba la fortaleza en que confiaban.
23El que guarda su boca y su lengua,
Guarda su alma de angustias.
24«Altivo», «arrogante» y «escarnecedor», son los nombres
Del que obra con orgullo insolente.
25El deseo del perezoso lo mata,
Porque sus manos rehúsan trabajar;
26Todo el día codicia,
Mientras el justo da y nada retiene.
27El sacrificio de los impíos es abominación,
Cuánto más trayéndolo con mala intención.
28El testigo falso perecerá,
Pero el hombre que escucha la verdad, hablará siempre.
29El hombre impío muestra audacia en su rostro,
Pero el recto asegura su camino.
30No vale sabiduría, ni entendimiento,
Ni consejo, ante el Señor.
31Se prepara al caballo para el día de la batalla,
Pero la victoria es del Señor.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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