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Día 301 de 365 · 28 de octubre

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Jeremías 37

1Sedequías, hijo de Josías, a quien Nabucodonosor, rey de Babilonia, había hecho rey en la tierra de Judá, reinó en lugar de Conías, hijo de Joacim. 2Pero ni él, ni sus siervos, ni el pueblo de la tierra escucharon las palabras que el Señor había hablado por medio del profeta Jeremías.
3Sin embargo, el rey Sedequías envió a Jucal, hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías, hijo de Maasías, a decir al profeta Jeremías: «Ruega ahora por nosotros al Señor nuestro Dios». 4Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo, porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. 5Entretanto, el ejército de Faraón había salido de Egipto, y cuando los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén oyeron la noticia acerca de ellos, levantaron el sitio de Jerusalén.
6Entonces vino la palabra del Señor al profeta Jeremías: 7«Así dice el Señor, Dios de Israel: “Así dirán al rey de Judá, que los envió a Mí para consultarme: ‘El ejército de Faraón que salió para ayudarles a ustedes, volverá a su tierra de Egipto. 8Y los caldeos volverán y pelearán contra esta ciudad, la capturarán y le prenderán fuego’ ”. 9Así dice el Señor: “No se engañen, diciendo: ‘Ciertamente los caldeos se apartarán de nosotros’, porque no se apartarán. 10Pues aunque ustedes hubieran derrotado a todo el ejército de los caldeos que peleaba contra ustedes, y solo quedaran heridos entre ellos, se levantaría cada uno en su tienda, y prenderían fuego a esta ciudad” ».
11Y cuando el ejército de los caldeos levantó el sitio de Jerusalén por causa del ejército de Faraón, 12Jeremías trató de salir de Jerusalén para ir a la tierra de Benjamín a tomar allí posesión de una propiedad en el pueblo. 13Estando él a la puerta de Benjamín, había allí un capitán de la guardia que se llamaba Irías, hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciéndole: «Tú vas a pasarte a los caldeos». 14Pero Jeremías dijo: «¡No es verdad! No voy a pasarme a los caldeos». Sin embargo, él no le hizo caso. Apresó, pues, a Jeremías y lo llevó a los oficiales. 15Entonces los oficiales se enojaron contra Jeremías y lo azotaron, y lo encarcelaron en la casa del escriba Jonatán, la cual habían convertido en prisión. 16Entró, pues, Jeremías en el calabozo, es decir, en la celda abovedada; y allí permaneció Jeremías muchos días.
17El rey Sedequías envió a sacarlo, y en su palacio el rey le preguntó secretamente, y le dijo: «¿Hay palabra del Señor?». «La hay», respondió Jeremías. Y añadió: «En manos del rey de Babilonia será entregado». 18Dijo también Jeremías al rey Sedequías: «¿En qué he pecado contra usted, o contra sus siervos, o contra este pueblo para que me haya puesto en prisión? 19¿Dónde, pues, están sus profetas que les profetizaban: “El rey de Babilonia no vendrá contra ustedes ni contra esta tierra”? 20Pero ahora, le ruego que escuche, oh rey mi señor; venga ahora mi súplica delante de usted, y no me haga volver a la casa del escriba Jonatán, no sea que yo muera allí». 21Entonces el rey Sedequías ordenó que pusieran a Jeremías en el patio de la guardia y le dieran una torta de pan al día de la calle de los panaderos, hasta que se acabara todo el pan en la ciudad. Así que Jeremías permaneció en el patio de la guardia.

Jeremías 38

1Y Sefatías, hijo de Matán, Gedalías, hijo de Pasur, Jucal, hijo de Selemías, y Pasur, hijo de Malquías, oyeron las palabras que Jeremías hablaba a todo el pueblo: 2«Así dice el Señor: “El que se quede en esta ciudad morirá a espada, de hambre o de pestilencia, pero el que se pase a los caldeos, vivirá y tendrá su vida por botín y seguirá viviendo”. 3Así dice el Señor: “Ciertamente esta ciudad será entregada en manos del ejército del rey de Babilonia, y él la tomará” ». 4Entonces dijeron los oficiales al rey: «Den muerte ahora a este hombre, porque él desanima a los hombres de guerra que quedan en esta ciudad y a todo el pueblo diciéndoles tales palabras. Este hombre no busca el bien de este pueblo, sino el mal».
5El rey Sedequías dijo: «Él está en sus manos; pues el rey nada puede hacer contra ustedes». 6Entonces ellos tomaron a Jeremías, y bajándolo con cuerdas lo echaron en la cisterna de Malaquías, hijo del rey, que había en el patio de la guardia. En la cisterna no había agua, sino lodo, así que Jeremías se hundió en el lodo. 7Ebed Melec el etíope, eunuco del palacio del rey, oyó que habían echado a Jeremías en la cisterna. Estando el rey sentado a la puerta de Benjamín, 8salió Ebed Melec del palacio real y habló al rey y le dijo: 9«Oh rey, mi señor, estos hombres han obrado mal en todo lo que han hecho al profeta Jeremías echándolo en la cisterna. Él morirá donde está a causa del hambre, porque no hay más pan en la ciudad».
10Entonces el rey ordenó al etíope Ebed Melec: «Toma bajo tu mando tres hombres de aquí, y saca al profeta Jeremías de la cisterna antes que muera». 11Ebed Melec tomó a los hombres bajo su mando, entró en el palacio del rey al lugar debajo del cuarto del tesoro y tomó de allí ropas raídas y trapos viejos, y con sogas los bajó a Jeremías en la cisterna. 12Y el etíope Ebed Melec dijo a Jeremías: «Ponte ahora estas ropas raídas y trapos bajo tus brazos, debajo de las sogas»; y así lo hizo Jeremías. 13Tiraron de Jeremías con las sogas y lo subieron de la cisterna. Y Jeremías se quedó en el patio de la guardia.
14Entonces el rey Sedequías mandó que le trajeran al profeta Jeremías a la entrada tercera que había en la casa del Señor; y el rey le dijo a Jeremías: «Voy a preguntarte una cosa; no me ocultes nada». 15Y Jeremías dijo a Sedequías: «Si se la hago saber a usted, ¿no es cierto que me matará? Además, si le doy un consejo, no me escuchará». 16Pero el rey Sedequías le juró en secreto a Jeremías: «Vive el Señor, que nos dio esta vida, que ciertamente no te mataré ni te entregaré en manos de esos hombres que buscan tu vida».
17Entonces Jeremías dijo a Sedequías: «Así dice el Señor, Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: “Si en verdad usted se pasa a los oficiales del rey de Babilonia, entonces vivirá, y esta ciudad no será incendiada, y usted y su casa vivirán. 18Pero si usted no se pasa a los oficiales del rey de Babilonia, entonces esta ciudad será entregada en manos de los caldeos; y ellos la incendiarán y usted no escapará de su mano” ».
19Entonces el rey Sedequías respondió a Jeremías: «Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me maltraten». 20Pero Jeremías dijo: «No lo entregarán. Le ruego que escuche la voz del Señor en lo que le digo, y le irá bien y vivirá. 21Pero si sigue usted rehusando pasarse, esta es la palabra que el Señor me ha mostrado: 22“Todas las mujeres que quedan en el palacio del rey de Judá, serán llevadas a los oficiales del rey de Babilonia, y ellas dirán:
‘Te han engañado y han prevalecido contra ti;
Tus buenos amigos,
Mientras tus pies estaban hundidos en el lodo,
Se volvieron atrás’.
23Todas sus mujeres y sus hijos serán llevados a los caldeos. Tampoco usted escapará de sus manos, sino que será apresado por la mano del rey de Babilonia, y esta ciudad será incendiada” ».
24Entonces Sedequías dijo a Jeremías: «Que nadie sepa de estas palabras, y no morirás. 25Pero si los oficiales se enteran de que he hablado contigo, y vienen a ti y te dicen: “Dinos ahora lo que dijiste al rey y lo que el rey te dijo, no nos lo ocultes, y no te mataremos”, 26tú les dirás: “Presentaba al rey mi súplica de que no me hiciera volver a la casa de Jonatán, a morir allí” ». 27Luego vinieron todos los oficiales a Jeremías y lo interrogaron. Y él les informó conforme a todas estas palabras que el rey le había ordenado; y no volvieron a preguntarle, ya que de la conversación nadie había oído nada. 28Así Jeremías quedó en el patio de la guardia hasta el día en que Jerusalén fue tomada.

Marcos 13

1Cuando Jesús salía del templo, uno de Sus discípulos le dijo*: «Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios!». 2Y Jesús le dijo: «¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada».
3Y estando Él sentado en el monte de los Olivos, frente al templo, Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaban en privado: 4«Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y qué señal habrá cuando todas estas cosas se hayan de cumplir?». 5Y Jesús comenzó a decirles: «Miren que nadie los engañe. 6Muchos vendrán en Mi nombre diciendo: “Yo soy el Cristo”, y engañarán a muchos. 7Cuando ustedes oigan de guerras y de rumores de guerras, no se alarmen; es necesario que todo esto suceda, pero todavía no es el fin. 8Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en diversos lugares; y habrá hambres. Esto solo es el comienzo de dolores.
9 »Pero ustedes, estén alerta ; porque los entregarán a los tribunales y serán azotados en las sinagogas, y comparecerán delante de gobernadores y reyes por Mi causa, para testimonio a ellos. 10Pero primero el evangelio debe ser predicado a todas las naciones. 11Cuando los lleven y los entreguen, no se preocupen de antemano por lo que van a decir, sino que lo que les sea dado en aquella hora, eso hablen; porque no son ustedes los que hablan, sino el Espíritu Santo. 12El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y les causarán la muerte. 13Y ustedes serán odiados de todos por causa de Mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo.
14 »Pero cuando vean la abominación de la desolación puesta donde no debe estar (el que lea, que entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes; 15y el que esté en la azotea, no baje ni entre a sacar nada de su casa; 16y el que esté en el campo, no vuelva a tomar su capa. 17Pero, ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días!
18 »Oren para que esto no suceda en el invierno. 19Porque aquellos días serán de tribulación, tal como no ha acontecido desde el principio de la creación que hizo Dios hasta ahora, ni acontecerá jamás. 20Si el Señor no hubiera acortado aquellos días, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos que Él eligió, acortó los días. 21Entonces, si alguien les dice: “Miren, aquí está el Cristo”, o: “Miren, allí está”, no lo crean. 22Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán señales y prodigios a fin de extraviar, de ser posible, a los escogidos. 23Pero ustedes, estén alerta; vean que se lo he dicho todo de antemano.
24 »Pero en aquellos días, después de esa tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su luz, 25las estrellas irán cayendo del cielo y las potencias que están en los cielos serán sacudidas. 26Entonces verán al Hijo del Hombre que viene en las nubes con gran poder y gloria. 27Y entonces Él enviará a los ángeles, y reunirá a Sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.
28 »De la higuera aprendan la parábola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, saben que el verano está cerca. 29Así también ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que Él está cerca, a las puertas. 30En verdad les digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 31El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán. 32Pero de aquel día o de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre.
33 »Estén alerta, velen; porque no saben cuándo es el tiempo señalado. 34Es como un hombre que se fue de viaje, y al salir de su casa dejó a sus siervos encargados, asignándole a cada uno su tarea, y ordenó al portero que estuviera alerta. 35Por tanto, velen, porque no saben cuándo viene el señor de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; 36no sea que venga de repente y los halle dormidos. 37Y lo que a ustedes digo, a todos digo: ¡Velen!».

Salmo 1

1¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos,
Ni se detiene en el camino de los pecadores,
Ni se sienta en la silla de los escarnecedores,
2Sino que en la ley del Señor está su deleite,
Y en Su ley medita de día y de noche!
3Será como árbol plantado junto a corrientes de agua,
Que da su fruto a su tiempo
Y su hoja no se marchita;
En todo lo que hace, prospera.
4¶No así los impíos,
Que son como paja que se lleva el viento.
5Por tanto, no se sostendrán los impíos en el juicio,
Ni los pecadores en la congregación de los justos.
6Porque el Señor conoce el camino de los justos,
Pero el camino de los impíos perecerá.

Proverbios 22

1Más vale el buen nombre que las muchas riquezas,
Y el favor que la plata y el oro.
2El rico y el pobre tienen un lazo común:
A ambos los hizo el Señor.
3El prudente ve el mal y se esconde,
Pero los simples siguen adelante y son castigados.
4La recompensa de la humildad y el temor del Señor
Son la riqueza, el honor y la vida.
5Espinos y lazos hay en el camino del perverso;
El que cuida su alma se alejará de ellos.
6Instruye al niño en el camino que debe andar,
Y aun cuando sea viejo no se apartará de él.
7El rico domina a los pobres,
Y el deudor es esclavo del acreedor.
8El que siembra iniquidad segará vanidad,
Y la vara de su furor perecerá.
9El generoso será bendito,
Porque da de su pan al pobre.
10Echa fuera al insolente y saldrá la discordia,
Y cesarán también los pleitos y la ignominia.
11El que ama la pureza de corazón
Tiene gracia en sus labios, y el rey es su amigo.
12Los ojos del Señor guardan el conocimiento,
Pero Él confunde las palabras del engañador.
13El perezoso dice: «Hay un león afuera;
Seré muerto en las calles».
14Fosa profunda es la boca de las mujeres extrañas;
El que es maldito del Señor caerá en ella.
15La necedad está ligada al corazón del niño,
Pero la vara de la disciplina lo alejará de ella.
16El que oprime al pobre para engrandecerse,
O da al rico, solo llegará a la pobreza.
17¶Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios,
Y aplica tu corazón a mi conocimiento;
18Porque te será agradable si las guardas dentro de ti,
Para que estén listas en tus labios.
19Para que tu confianza esté en el Señor,
Te he instruido hoy a ti también.
20¿No te he escrito cosas excelentes
De consejo y conocimiento,
21Para hacerte saber la certeza de las palabras de verdad
A fin de que respondas correctamente al que te ha enviado?
22¶No robes al pobre, porque es pobre,
Ni aplastes al afligido en la puerta;
23Porque el Señor defenderá su causa
Y quitará la vida de los que los despojan.
24¶No te asocies con el hombre iracundo,
Ni andes con el hombre violento,
25No sea que aprendas sus maneras
Y tiendas lazo para ti mismo.
26¶No estés entre los que dan fianzas,
Entre los que salen de fiadores de préstamos.
27Si no tienes con qué pagar,
¿Por qué han de quitarte la cama de debajo de ti?
28¶No muevas el lindero antiguo
Que pusieron tus padres.
29¶¿Has visto un hombre diestro en su trabajo?
Estará delante de los reyes;
No estará delantede hombres sin importancia.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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