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Día 304 de 365 · 31 de octubre

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Jeremías 43

1Pero tan pronto como Jeremías terminó de hablar a todo el pueblo todas las palabras del Señor su Dios, es decir, todas estas palabras con las cuales el Señor su Dios le había enviado, 2Azarías, hijo de Osaías, y Johanán, hijo de Carea, y todos los hombres arrogantes dijeron a Jeremías: «Es mentira lo que dices. El Señor nuestro Dios no te ha enviado a decir: “No deben entrar en Egipto para residir allí”; 3sino que Baruc, hijo de Nerías, te provoca contra nosotros para entregarnos en mano de los caldeos, a fin de que nos maten o nos deporten a Babilonia».
4Así que Johanán, hijo de Carea, ni ninguno de los jefes de las tropas, ni nadie del pueblo, obedecieron la voz del Señor, de quedarse en la tierra de Judá, 5sino que Johanán, hijo de Carea, y todos los jefes de las tropas, tomaron a todo el remanente de Judá que había vuelto de todas las naciones a las cuales habían sido dispersados, para residir en la tierra de Judá: 6a hombres, mujeres y niños, a las hijas del rey y a toda persona que Nabuzaradán, capitán de la guardia, había dejado con Gedalías, hijo de Ahicam y nieto de Safán, y también al profeta Jeremías y a Baruc, hijo de Nerías, 7y entraron en la tierra de Egipto (pues no escucharon la voz del Señor) y llegaron hasta Tafnes.
8Entonces vino la palabra del Señor a Jeremías en Tafnes: 9«Toma en tus manos piedras grandes y escóndelas en la mezcla en la terraza de ladrillo que está a la entrada del palacio de Faraón en Tafnes, a vista de los judíos, 10y diles: “Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘Voy a enviar que traigan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, siervo Mío, y pondré su trono sobre estas piedras que he escondido, y él extenderá su pabellón sobre ellas. 11Vendrá y herirá la tierra de Egipto; los que sean para la muerte, a la muerte, los que para el cautiverio, al cautiverio, y los que para la espada, a la espada. 12Prenderá fuego a los templos de los dioses de Egipto, los quemará y se llevará cautivos a sus ídolos. Y se envolverá de la tierra de Egipto como el pastor se envuelve con su capa, y saldrá de allí en paz. 13También quebrará los obeliscos de Heliópolis, que está en la tierra de Egipto, y prenderá fuego a los templosde los dioses de Egipto’ ” ».

Jeremías 44

1La palabra que vino a Jeremías para todos los judíos que moraban en la tierra de Egipto, los que moraban en Migdol, en Tafnes, en Menfis y en la tierra de Patros: 2«Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ustedes han visto toda la calamidad que he traído sobre Jerusalén y sobre todas las ciudades de Judá, y que hoy están en ruinas y que en ellas no hay morador alguno, 3a causa de la maldad que ellos cometieron para provocarme a ira, quemando constantemente sacrificios y sirviendo a otros dioses que no habían conocido, ni ellos, ni ustedes, ni sus padres. 4Con todo, les envié a todos Mis siervos los profetas repetidas veces, diciéndoles: ‘No hagan ahora esta cosa abominable que Yo aborrezco’. 5Pero no escucharon ni prestaron atención para apartarse de su maldad, para dejar de quemar sacrificios a otros dioses. 6Por tanto, se derramó Mi ira y Mi furor y ardió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, que fueron convertidas en ruinas y en desolación, como lo están hoy.
7”Ahora pues, así dice el Señor Dios de los ejércitos, el Dios de Israel: ‘¿Por qué ustedes se hacen un daño tan grande a sí mismos cortando de entre ustedes a hombre y mujer, niño y lactante de en medio de Judá, sin que les quede remanente, 8provocándome a ira con la obra de sus manos, quemando sacrificios a otros dioses en la tierra de Egipto, adonde han entrado a residir, de modo que sean exterminados y vengan a ser maldición y oprobio entre todas las naciones de la tierra? 9¿Han olvidado las maldades de sus padres, las maldades de los reyes de Judá y las maldades de sus mujeres, las propias maldades de ustedes y las maldades de sus mujeres, que cometieron en la tierra de Judá y en las calles de Jerusalén? 10Pero hasta hoy no se han humillado, ni han temido, ni han andado en Mi ley ni en Mis estatutos que puse delante de ustedes y delante de sus padres’ ”.
11»Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Yo volveré el rostro contra ustedes para mal, y para destruir a todo Judá. 12Quitaré el remanente de Judá que ha decidido entrar en la tierra de Egipto para residir allí, y serán acabados en la tierra de Egipto; caerán a espada, por el hambre serán acabados. Tanto el pequeño como el grande morirán a espada y de hambre. Serán motivo de maldición, de horror, de imprecación y de oprobio. 13Castigaré a los que moran en la tierra de Egipto, como he castigado a Jerusalén, con espada, con hambre y con pestilencia. 14Así que no quedará quien escape ni quien sobreviva del remanente de Judá que ha entrado en la tierra de Egipto para residir allí, para luego volver a la tierra de Judá a la cual anhelan volver a fin de morar allí, porque ninguno volverá, excepto unos pocos fugitivos” ».
15Entonces todos los hombres que sabían que sus mujeres quemaban sacrificios a otros dioses, junto con todas las mujeres que estaban presentes, una gran multitud, y todo el pueblo que moraba en la tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías: 16«En cuanto al mensaje que nos has hablado en el nombre del Señor, no vamos a escucharte, 17sino que ciertamente cumpliremos toda palabra que ha salido de nuestra boca, y quemaremos sacrificios a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hacíamos nosotros, nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. Entonces teníamos bastante alimento, prosperábamos y no veíamos mal alguno. 18Pero desde que dejamos de quemar sacrificios a la reina del cielo y de derramarle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y por el hambre hemos sido acabados». 19Y las mujeres dijeron: «Cuando nosotras quemábamos sacrificios a la reina del cielo y le derramábamos libaciones, ¿acaso no sabían nuestros maridos que le hacíamos tortas con su imagen y le derramábamos libaciones?».
20Entonces Jeremías habló a todo el pueblo, a hombres y a mujeres, a todo el pueblo que así le respondía: 21«En cuanto a los sacrificios que han quemado en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, ustedes y sus padres, sus reyes y sus príncipes y el pueblo de la tierra, ¿no se ha acordado el Señor de ellos, y no ha venido esto a Su mente? 22El Señor no pudo soportar más, a causa de la maldad de las obras de ustedes y a causa de las abominaciones que habían cometido. Por eso su tierra fue convertida en ruinas, en objeto de horror y maldición, sin habitantes, como está hoy. 23Porque ustedes quemaron sacrificios y pecaron contra el Señor y no obedecieron la voz del Señor ni anduvieron en Su ley, ni en Sus estatutos, ni en Sus testimonios, por tanto, les ha sobrevenido esta calamidad, como sucede hoy».
24Entonces Jeremías dijo a todo el pueblo y a todas las mujeres: «Oigan la palabra del Señor, todo Judá, los que están en la tierra de Egipto: 25Así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: “Ustedes y sus mujeres han hablado con su boca y lo han realizado con sus manos, diciendo: ‘Ciertamente cumpliremos los votos que hemos hecho de quemar sacrificios a la reina del cielo y de derramarle libaciones’. ¡Vayan a cumplir sus votos! ¡Pongan por obra sus votos!”.
26»Pero oigan la palabra del Señor, todo Judá, los que habitan en la tierra de Egipto: “He jurado por Mi gran nombre”, dice el Señor, “que nunca más será invocado Mi nombre en toda la tierra de Egipto por boca de ningún hombre de Judá, diciendo: ‘Vive el Señor Dios’. 27Pues Yo velo sobre ellos para mal y no para bien, y serán acabados todos los hombres de Judá que están en la tierra de Egipto por la espada y por el hambre hasta que sean totalmente exterminados. 28Y los que escapen de la espada, pocos en número, volverán de la tierra de Egipto a la tierra de Judá. Entonces sabrá todo el remanente de Judá que ha ido a la tierra de Egipto para residir allí, qué palabra ha de permanecer, si la Mía o la de ellos. 29Y esta será la señal para ustedes”, declara el Señor, “de que los voy a castigar en este lugar, para que sepan que ciertamente Mis palabras permanecerán para mal contra ustedes”. 30Así dice el Señor: “Voy a entregar a Faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba su vida” ».

Marcos 16

1Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. 2Muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron* al sepulcro cuando el sol ya había salido. 3Y se decían unas a otras: «¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?». 4Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida.
5Entrando en el sepulcro, vieron* a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron. 6Pero él les dijo*: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado, no está aquí; miren el lugar donde lo pusieron. 7Pero vayan, digan a Sus discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, tal como les dijo” ». 8Y saliendo ellas, huyeron del sepulcro, porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas; y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.
9 Después de haber resucitado, muy temprano el primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado fuera siete demonios. 10Y ella fue y se lo comunicó a los que habían estado con Él, que estaban lamentándose y llorando. 11Cuando ellos oyeron que Jesús estaba vivo y que ella lo había visto, se negaron a creerlo.
12Después de esto, Jesús se apareció en forma distinta a dos de ellos cuando iban de camino al campo. 13Y estos fueron y se lo comunicaron a los demás, pero a ellos tampoco les creyeron.
14Después Jesús se apareció a los once discípulos cuando estaban sentados a la mesa, y los reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. 15Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. 16El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado. 17Y estas señales acompañarán a los que han creído: en Mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas; 18tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y se pondrán bien».
19Entonces, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue recibido en el cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20Y ellos salieron y predicaron por todas partes, colaborando el Señor con ellos, y confirmando la palabra por medio de las señales que la seguían.
Ellas comunicaron inmediatamente a Pedro y a sus compañeros todas estas instrucciones. Y después de esto, Jesús mismo envió por medio de ellos, desde el oriente hasta el occidente, el mensaje sacrosanto e incorruptible de la salvación eterna.

Salmo 4

Para el director del coro; para instrumentos de cuerda. Salmo de David.
1Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia.
En la angustia me has aliviado;
Ten piedad de mí, escucha mi oración.
2¶Hijos de hombres, ¿hasta cuándo cambiarán mi honra en deshonra?
¿Hasta cuándo amarán la vanidad y buscarán la mentira? (Selah)
3Sepan, pues, que el Señor ha apartado al piadoso para sí;
El Señor oye cuando a Él clamo.
4¶Tiemblen, y no pequen;
Mediten en su corazón sobre su lecho, y callen. (Selah)
5Ofrezcan sacrificios de justicia,
Y confíen en el Señor.
6¶Muchos dicen: «¿Quién nos mostrará el bien?».
¡Alza, oh Señor, sobre nosotros la luz de Tu rostro!
7Alegría pusiste en mi corazón,
Mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su vino nuevo.
8En paz me acostaré y así también dormiré,
Porque solo Tú, Señor, me haces vivir seguro.

Proverbios 25

1También estos son proverbios de Salomón, que transcribieron los hombres de Ezequías, rey de Judá:
2¶Es gloria de Dios encubrir una cosa,
Pero la gloria de los reyes es investigar un asunto.
3 Como la altura de los cielos y la profundidad de la tierra,
Así es el corazón de los reyes, inescrutable.
4Quita la escoria de la plata,
Y saldrá un vaso para el orfebre;
5Quita al malo de delante del rey,
Y su trono se afianzará en la justicia.
6No hagas ostentación ante el rey,
Y no te pongas en el lugar de los grandes;
7Porque es mejor que te digan: «Sube acá»,
A que te humillen delante del príncipe
A quien tus ojos han visto.
8¶No te apresures a presentar pleito;
Pues ¿qué harás al final,
Cuando tu prójimo te avergüence?
9Discute tu caso con tu prójimo
Y no descubras el secreto de otro,
10No sea que te reproche el que lo oiga
Y tu mala fama no se acabe.
11Como manzanas de oro en engastes de plata
Es la palabra dicha a su tiempo.
12 Como pendiente de oro y adorno de oro fino
Es el sabio que reprende al oído atento.
13Como frescura de nieve en tiempo de la siega
Es el mensajero fiel para los que lo envían,
Porque refresca el alma de sus señores.
14 Como las nubes y el viento sin lluvia
Es el hombre que se jacta falsamente de sus dones.
15Con la mucha paciencia se persuade al príncipe,
Y la lengua suave quebranta los huesos.
16¿Has hallado miel? Come solo lo que necesites,
No sea que te hartes y la vomites.
17No frecuente tu pie la casa de tu vecino,
No sea que él se hastíe de ti y te aborrezca.
18 Como mazo y espada y flecha aguda
Es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo.
19 Como diente malo y pie que resbala
Es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia.
20 Como el que se quita la ropa en día de frío, o como el vinagre sobre la lejía,
Es el que canta canciones a un corazón afligido.
21Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan,
Y si tiene sed, dale a beber agua;
22Porque así amontonarás brasas sobre su cabeza,
Y el Señor te recompensará.
23El viento del norte trae la lluvia,
Y la lengua murmuradora, el semblante lleno de ira.
24Mejor es vivir en un rincón del terrado
Que en una casa con mujer rencillosa.
25 Como agua fría para el alma sedienta,
Así son las buenas nuevas de una tierra lejana.
26 Como manantial turbio y pozo contaminado
Es el justo que cede ante el impío.
27No es bueno comer mucha miel,
Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad invadida y sin murallas
Es el hombre que no domina su espíritu.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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