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Día 308 de 365 · 4 de noviembre

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Jeremías 51

1Así dice el Señor:
«Levanto contra Babilonia
Y contra los habitantes de Leb Camay
El espíritu de un destructor.
2-»Y enviaré extranjeros a Babilonia que la aventarán
Y vaciarán su tierra;
Porque estarán contra ella por todos lados
El día de su tribulación.
3-»Que no entese el arquero su arco,
Ni se levante con su coraza;
No perdonen a sus jóvenes;
Entreguen a la destrucción todo su ejército.
4-»Caerán muertos en la tierra de los caldeos,
Y traspasados en sus calles».
5¶Porque ni Israel ni Judá han sido abandonados
Por su Dios, el Señor de los ejércitos,
Aunque su tierra está llena de culpa
Delante del Santo de Israel.
6Huyan de en medio de Babilonia,
Y salve cada uno su vida.
No perezcan por su culpa,
Pues este es el tiempo de la venganza del Señor;
Él le dará su pago.
7Copa de oro ha sido Babilonia en la mano del Señor,
Que embriagaba toda la tierra.
De su vino bebieron las naciones;
Se enloquecieron, por tanto, las naciones.
8De repente cae Babilonia y se hace pedazos.
Den gemidos por ella,
Traigan bálsamo para su dolor;
Quizá se cure.
9Quisimos curar a Babilonia, pero no ha sanado;
Déjenla, y vayamos cada cual a su tierra,
Porque ha llegado al cielo su juicio,
Se ha elevado hasta las nubes.
10El Señor ha sacado a la luz nuestra justicia;
Vengan y contemos en Sión
La obra del Señor nuestro Dios.
11¶Afilen las flechas, llenen las aljabas;
El Señor ha despertado el espíritu de los reyes de Media,
Porque Su plan contra Babilonia es destruirla;
Porque esta es la venganza del Señor, la venganza de Su templo.
12Levanten bandera contra los muros de Babilonia;
Refuercen la guardia,
Pongan centinelas,
Preparen emboscadas;
Porque el Señor ha decidido, y también ejecutará
Lo que habló acerca de los habitantes de Babilonia.
13Oh, tú, que moras junto a muchas aguas,
Rica en tesoros,
Ha llegado tu fin,
El término de tu codicia.
14El Señor de los ejércitos ha jurado por Sí mismo:
«Ciertamente te llenaré de hombres como langostas,
Y entonarán contra ti gritos de victoria».
15¶Él es el que hizo la tierra con Su poder,
El que estableció el mundo con Su sabiduría,
Y con Su inteligencia extendió los cielos.
16Cuando Él emite Su voz, hay tumulto de aguas en los cielos,
Y hace subir las nubes desde los confines de la tierra.
Él produce los relámpagos para la lluvia,
Y saca el viento de Sus depósitos.
17Toda la humanidad es necia, falta de conocimiento;
Se avergüenza todo orfebre de sus ídolos,
Porque sus imágenes fundidas son engaño,
Y no hay aliento en ellas.
18Vanidad son, obra ridícula;
En el tiempo de su castigo perecerán.
19No es como estas cosas la porción de Jacob;
Porque Él es el Hacedor de todo,
Y de la tribu de Su heredad;
El Señor de los ejércitos es Su nombre.
20 Él dice: «Eres Mi mazo, Mi arma de guerra;
Contigo destrozaré naciones,
Contigo destruiré reinos,
21Contigo destrozaré el caballo y a su jinete,
Contigo destrozaré el carro y al que lo conduce,
22Contigo destrozaré al hombre y a la mujer,
Contigo destrozaré al anciano y al joven,
Contigo destrozaré al joven y a la virgen,
23Contigo destrozaré al pastor y su rebaño,
Contigo destrozaré al labrador y su yunta
Y contigo destrozaré a los gobernadores y a los magistrados.
24¶»Y pagaré a Babilonia y a todos los habitantes de Caldea
Todo el mal que han hecho en Sión
Delante de los ojos de ustedes», declara el Señor.
25«Yo estoy contra ti, monte destructor,
Que destruyes toda la tierra», declara el Señor.
«Extenderé Mi mano contra ti,
Te haré rodar desde las peñas
Y te reduciré a monte quemado.
26-»Y no tomarán de ti piedra angular,
Ni piedra para cimientos,
Pues desolación eterna serás», declara el Señor.
27¶Levanten señal en la tierra,
Toquen trompeta entre las naciones.
Reúnan las naciones contra ella,
Convoquen contra ella los reinos de Ararat, Mini y Asquenaz;
Nombren contra ella capitán,
Hagan subir caballos como langostas erizadas.
28¶Reúnan a las naciones contra ella,
A los reyes de Media,
A sus gobernadores, a todos sus magistrados
Y a toda la tierra de su dominio.
29La tierra tiembla y se retuerce,
Porque se cumplen los designios del Señor contra Babilonia
De hacer de la tierra de Babilonia
Una desolación, sin habitantes.
30Han dejado de luchar los valientes de Babilonia,
Permanecen en las fortalezas;
Se han agotado sus fuerzas,
Se han vuelto como mujeres;
Han sido incendiadas sus moradas,
Rotos están sus cerrojos.
31Un correo corre al encuentro de otro
Y un mensajero al encuentro de otro,
Para decirle al rey de Babilonia
Que su ciudad ha sido tomada de un extremo al otro.
32También los vados han sido ocupados,
Y quemados a fuego los juncos,
Y los guerreros están aterrados.
33Porque así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:
«La hija de Babilonia es como una era
Al tiempo de ser pisoteada;
Dentro de poco, le llegará el tiempo de la siega».
34¶«Me ha devorado y aplastado Nabucodonosor, rey de Babilonia,
Me ha dejado como vaso vacío,
Me ha tragado como un monstruo,
Ha llenado su estómago de mis delicias,
Me ha expulsado.
35-»Caiga sobre Babilonia la violencia hecha a mí y a mi carne»,
Dirá la moradora de Sión.
«Caiga mi sangre sobre los habitantes de Caldea»,
Dirá Jerusalén.
36Por tanto, así dice el Señor:
«Yo defenderé tu causa,
Y ejecutaré tu venganza;
Secaré su mar
Y haré que se sequen sus manantiales.
37-»Y Babilonia se convertirá en escombros, en guarida de chacales,
En objeto de horror y de burla, sin habitantes.
38-»A una rugirán como leones,
Gruñirán como cachorros de león.
39-»Cuando entren en calor, les serviré su banquete
Y los embriagaré, para que se diviertan,
Duerman un sueño eterno
Y no despierten», declara el Señor.
40«Los haré bajar como corderos al matadero,
Como carneros y machos cabríos.
41¶»¡Cómo ha sido tomada Sesac,
Y arrebatada la gloria de toda la tierra!
¡Cómo se ha convertido Babilonia en objeto de horror entre las naciones!
42-»El mar ha subido sobre Babilonia;
Con la multitud de sus olas ha sido cubierta.
43-»Sus ciudades se han convertido en desolación,
En sequedal y lugar desolado;
Una tierra en la cual nadie habita,
Y por la cual ningún hijo de hombre pasa.
44-»Y castigaré a Bel en Babilonia,
Sacaré de su boca lo que se ha tragado,
Y no afluirán más a él las naciones.
Aun la muralla de Babilonia caerá.
45¶»Salgan de en medio de ella, pueblo Mío,
Y salve cada uno su vida
Del ardor de la ira del Señor.
46-»Y que no desmaye su corazón,
Ni teman al rumor que se oirá en la tierra;
Porque el rumor vendrá un año,
Y después otro rumor en otro año,
Y habrá violencia en la tierra
Con gobernante contra gobernante.
47-»Por tanto, vienen días
En que castigaré a los ídolos de Babilonia.
Toda su tierra será avergonzada,
Y todos sus muertos caerán en medio de ella.
48-»Entonces gritarán de gozo sobre Babilonia
El cielo y la tierra y todo lo que en ellos hay,
Porque del norte vendrán a ella destructores»,
Declara el Señor.
49¶Ciertamente caerá Babilonia por los muertos de Israel,
Como también por Babilonia han caído los muertos de toda la tierra.
50Los que escaparon de la espada,
Caminen, no se detengan;
Acuérdense desde lejos del Señor,
Y venga Jerusalén a su memoria.
51Estamos avergonzados porque hemos oído la afrenta;
La deshonra ha cubierto nuestros rostros,
Porque extranjeros han entrado
En los santuarios de la casa del Señor.
52¶«Por tanto, vienen días», declara el Señor,
«En que castigaré a sus ídolos,
Y por toda su tierra gemirán los heridos de muerte.
53-»Aunque Babilonia ascienda a los cielos,
Y aunque fortifique en lo alto su baluarte,
De Mi parte llegarán destructores a ella», declara el Señor.
54¶¡Clamor de gritos desde Babilonia,
Y de gran destrucción de la tierra de los caldeos!
55Porque el Señor destruirá a Babilonia,
Y hará desaparecer de ella su gran bullicio.
Bramarán sus olas como muchas aguas;
Resonará el estruendo de sus voces.
56Porque viene contra ella, contra Babilonia, el destructor,
Sus valientes serán apresados,
Quebrados están sus arcos;
Porque Dios es el Señor de retribuciones,
Ciertamente dará la paga.
57«Yo embriagaré a sus príncipes y a sus sabios,
A sus gobernantes, a sus magistrados y a sus valientes,
Y dormirán un sueño eterno y no despertarán»,
Declara el Rey cuyo nombre es el Señor de los ejércitos.
58Así dice el Señor de los ejércitos:
«La ancha muralla de Babilonia será totalmente arrasada,
Y sus altas puertas quemadas;
Los pueblos habrán trabajado en vano,
Y las naciones solo para el fuego se habrán fatigado».
59Mensaje que el profeta Jeremías mandó a Seraías, hijo de Nerías, hijo de Maasías, cuando fue con Sedequías, rey de Judá, a Babilonia en el año cuarto de su reinado. (Seraías era jefe de abastecimientos). 60Escribió, pues, Jeremías en un solo rollo toda la calamidad que había de venir sobre Babilonia, es decir, todas estas palabras que han sido escritas acerca de Babilonia.
61Entonces Jeremías dijo a Seraías: «Tan pronto llegues a Babilonia, lee en voz alta todas estas palabras, 62y di: “Oh Señor, Tú has hablado acerca de este lugar, de destruirlo hasta que no quede morador en ella, ya sea hombre o animal, sino que desolación eterna será”. 63Y tan pronto termines de leer este rollo, le atarás una piedra y lo arrojarás en medio del Éufrates, 64y dirás: “Así se hundirá Babilonia y no se levantará más, por la calamidad que traeré sobre ella; extenuados sucumbirán” ». Hasta aquí las palabras de Jeremías.

Jeremías 52

1Sedequías tenía veintiún años cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén. El nombre de su madre era Hamutal, hija de Jeremías, de Libna. 2Él hizo lo malo ante los ojos del Señor conforme a todo lo que había hecho Joacim. 3Por causa de la ira del Señor sucedió esto en Jerusalén y en Judá, hasta que Él los echó de Su presencia. Y Sedequías se rebeló contra el rey de Babilonia. 4Y aconteció que en el año noveno de su reinado, en el mes décimo, a los diez días del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él y todo su ejército, contra Jerusalén y acamparon contra ella, y edificaron un muro de asedio alrededor de ella. 5La ciudad estuvo bajo sitio hasta el año once del rey Sedequías.
6En el mes cuarto, a los nueve días del mes, cuando se agravó el hambre en la ciudad y no había alimento para el pueblo, 7se abrió una brecha en la ciudad, y todos los hombres de guerra huyeron y salieron de la ciudad de noche por el camino de la puerta entre los dos muros que había junto al jardín del rey, a pesar de que los caldeos estaban alrededor de la ciudad, y se fueron por el camino del Arabá. 8Pero el ejército de los caldeos persiguió al rey y alcanzó a Sedequías en los llanos de Jericó, y todo su ejército se dispersó de su lado. 9Entonces capturaron al rey y lo trajeron al rey de Babilonia en Ribla en la tierra de Hamat, y allí él lo sentenció. 10El rey de Babilonia degolló a los hijos de Sedequías ante sus ojos y también degolló a todos los príncipes de Judá en Ribla. 11Después sacó los ojos a Sedequías, y el rey de Babilonia lo ató con grillos de bronce y lo llevó a Babilonia y lo puso en prisión hasta el día de su muerte.
12En el mes quinto, a los diez días del mes, siendo el año diecinueve del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, que estaba al servicio del rey de Babilonia. 13Y quemó la casa del Señor, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén; prendió fuego a toda casa grande. 14Y todo el ejército de los caldeos que estaba con el capitán de la guardia derribó todas las murallas alrededor de Jerusalén. 15Entonces Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó al destierro a algunos de los más pobres del pueblo, al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia, y al resto de los artesanos. 16Pero Nabuzaradán, capitán de la guardia, dejó a algunos de los más pobres de la tierra para que fueran viñadores y labradores.
17Los caldeos rompieron en pedazos las columnas de bronce que estaban en la casa del Señor, también las basas y el mar de bronce que estaban en la casa del Señor, y llevaron todo su bronce a Babilonia. 18Se llevaron además los calderos, las palas, las despabiladeras, los tazones, los cucharones y todos los utensilios de bronce que se usaban en el servicio del templo. 19El capitán de la guardia también se llevó los cuencos, los braseros, los tazones, los calderos, los candelabros, los cucharones y los tazones de libación, lo que era de oro puro y lo que era de plata pura. 20En cuanto a las dos columnas, el mar, los doce toros de bronce que estaban debajo del mar y las basas que el rey Salomón había hecho para la casa del Señor, no era posible calcular el peso del bronce de todos estos objetos.
21Respecto a las columnas, la altura de cada columna era de 18 codos (8.1 metros), y tenía 12 codos (5.4 metros) de circunferencia y cuatro dedos de espesor, y era hueca. 22Y había sobre ella un capitel de bronce; la altura de cada capitel era de 5 codos (2.25 metros), con una malla y granadas sobre el capitel, rodeándolo, todo de bronce. Y la segunda columna era igual, incluyendo las granadas. 23Y había noventa y seis granadas que pendían; el total de las granadas era de cien en la malla alrededor.
24Entonces el capitán de la guardia tomó a Seraías, el principal sacerdote, y a Sofonías, el segundo sacerdote, y a los tres oficiales del templo. 25También tomó de la ciudad a un oficial que estaba encargado de los hombres de guerra, a siete de los consejeros del rey que se hallaban en la ciudad, al escriba del comandante del ejército que reclutaba al pueblo de la tierra, y a sesenta hombres del pueblo que se hallaban dentro de la ciudad. 26Nabuzaradán, capitán de la guardia, los tomó y los llevó al rey de Babilonia en Ribla. 27Entonces el rey de Babilonia los hirió y les dio muerte en Ribla en la tierra de Hamat. Así fue llevada Judá al destierro lejos de su tierra.
28Este es el pueblo que Nabucodonosor llevó al destierro: en el año séptimo, 3,023 judíos; 29en el año dieciocho de Nabucodonosor, 832 personas de Jerusalén; 30en el año veintitrés de Nabucodonosor, Nabuzaradán, capitán de la guardia, llevó al destierro a 745 judíos; en total fueron 4,600 personas.
31Y en el año treinta y siete del destierro de Joaquín, rey de Judá, en el mes doce, a los veinticinco días del mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, en el año primero de su reino, favoreció a Joaquín, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. 32Le habló amigablemente y puso su trono por encima de los tronos de los reyes que estaban con él en Babilonia. 33Joaquín se quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la presencia del rey, todos los días de su vida; 34y parasu sustento, se le dio de continuo una ración de parte del rey de Babilonia, una porción para cada día, todos los días de su vida hasta el día de su muerte.

Lucas 4

1Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto 2por cuarenta días, siendo tentado por el diablo. Y no comió nada durante esos días, pasados los cuales tuvo hambre.
3Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan». 4Jesús le respondió: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre” ».
5El diablo lo llevó a una altura, y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. 6«Todo este dominio y su gloria te daré», le dijo el diablo; «pues a mí me ha sido entregado, y a quien quiero se lo doy. 7Por tanto, si te postras delante de mí, todo será Tuyo».
8Jesús le respondió: «Escrito está: “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás” ».
9Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén y lo puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo desde aquí, 10pues escrito está:
“A Sus ángeles te encomendará para que te guarden”,
11y:
“En las manos te llevarán,
Para que Tu pie no tropiece en piedra” ».
12Jesús le respondió: «Se ha dicho: “No tentarás al Señor tu Dios” ».
13Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno.
14Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y las nuevas acerca de Él se divulgaron por toda aquella región. 15Y enseñaba en sus sinagogas, siendo alabado por todos.
16Jesús llegó a Nazaret, donde había sido criado, y según Su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo, y se levantó a leer. 17Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 «El Espíritu del Señor está sobre Mí,
Porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres.
Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos,
Y la recuperación de la vista a los ciegos;
Para poner en libertad a los oprimidos;
19 Para proclamar el año favorable del Señor».
20Cerrando el libro, lo devolvió al asistente y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él. 21Y comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído». 22Todos hablaban bien de Él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de Su boca, y decían: «¿No es este el hijo de José?».
23Entonces Él les dijo: «Sin duda me citarán este refrán: “Médico, cúrate a ti mismo; esto es, todo lo que oímos que se ha hecho en Capernaúm, hazlo también aquí en Tu tierra” ». 24Y Jesús añadió: «En verdad les digo, que ningún profeta es bien recibido en su propia tierra. 25Pero en verdad les digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses y cuando hubo gran hambre sobre toda la tierra; 26sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta, en la tierra de Sidón. 27Muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio».
28Y todos en la sinagoga se llenaron de ira cuando oyeron estas cosas, 29y levantándose, echaron a Jesús fuera de la ciudad, y lo llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para tirar a Jesús desde allí. 30Pero Él, pasando por en medio de ellos, se fue.
31Jesús descendió a Capernaúm, ciudad de Galilea, y les enseñaba en los días de reposo. 32Todos se admiraban de Su enseñanza porque Su mensaje era con autoridad. 33Y había en la sinagoga un hombre poseído por el espíritu de un demonio inmundo, y gritó a gran voz: 34«Déjanos. ¿Qué tienes que ver con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién Tú eres: el Santo de Dios».
35Jesús entonces lo reprendió, diciendo: «¡Cállate y sal de él!». Y después que el demonio lo derribó en medio de ellos, salió de él sin hacerle ningún daño. 36Todos se quedaron asombrados, y discutían entre sí: «¿Qué mensaje es este? Porque con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos y salen». 37Y Su fama se divulgaba por todos los lugares de aquella región.
38Levantándose, Jesús salió de la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón se hallaba sufriendo con una fiebre muy alta, y le rogaron por ella. 39Inclinándose sobre ella, Jesús reprendió la fiebre y la fiebre la dejó; al instante ella se levantó y les servía.
40Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades se los llevaban a Él; y poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 41También de muchos salían demonios, gritando: «¡Tú eres el Hijo de Dios!». Pero, reprendiéndolos, no les permitía hablar, porque sabían que Él era el Cristo.
42Cuando se hizo de día, Jesús salió y se fue a un lugar solitario. Las multitudes lo buscaban, y llegaron adonde Él estaba y procuraban detener a Jesús para que no se separara de ellos. 43Pero Él les dijo: «También a las otras ciudades debo anunciar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto Yo he sido enviado».
44Y predicaba en las sinagogas de los judíos.

Salmo 8

Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de David.
Posiblemente instrumento o melodía procedente de Gat.
1¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra,
Que has desplegado Tu gloria sobre los cielos!
2Por boca de los infantes y de los niños de pecho has establecido Tu fortaleza,
Por causa de Tus adversarios,
Para hacer cesar al enemigo y al vengativo.
3¶Cuando veo Tus cielos, obra de Tus dedos,
La luna y las estrellas que Tú has establecido,
4 Digo: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
Y el hijo del hombre para que lo cuides?
5¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles,
Y lo coronas de gloria y majestad!
6Tú le haces señorear sobre las obras de Tus manos;
Todo lo has puesto bajo sus pies:
7Todas las ovejas y los bueyes,
Y también las bestias del campo,
8Las aves de los cielos y los peces del mar,
Cuanto atraviesa las sendas de los mares.
9¶¡Oh Señor, Señor nuestro,
Cuán glorioso es Tu nombre en toda la tierra!

Proverbios 29

1El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
2Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
3El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
4El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
5El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
6El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
7El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
8Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
9Cuando un sabio tiene controversia con un necio,
Este se enoja o se ríe, y no hay descanso.
10Los hombres sanguinarios odian al intachable,
Pero los rectos se preocupan por su alma.
11El necio da rienda suelta a su ira,
Pero el sabio la reprime.
12Si un gobernante presta atención a palabras mentirosas,
Todos sus servidores se vuelven impíos.
13El pobre y el opresor tienen esto en común:
El Señor alumbra a los ojos de ambos.
14El rey que juzga con verdad a los pobres
Afianzará su trono para siempre.
15La vara y la reprensión dan sabiduría,
Pero el niño consentido avergüenza a su madre.
16Cuando aumentan los impíos, aumenta la transgresión,
Pero los justos verán su caída.
17Disciplina a tu hijo y te dará descanso,
Y dará alegría a tu alma.
18Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena,
Pero bienaventurado es el que guarda la ley.
19Un siervo no aprende solo con palabras;
Aunque entienda, no responderá.
20¿Ves a un hombre precipitado en sus palabras?
Más esperanza hay para el necio que para él.
21El que mima a su siervo desde la niñez,
Al final lo tendrá por hijo.
22El hombre lleno de ira provoca rencillas,
Y el hombre violento abunda en transgresiones.
23El orgullo del hombre lo humillará,
Pero el de espíritu humilde obtendrá honores.
24El que se asocia con un ladrón aborrece su propia vida;
Oye el juramento, pero no dice nada.
25El temor al hombre es un lazo,
Pero el que confía en el Señor estará seguro.
26Muchos buscan el favor del gobernante,
Pero del Señor viene la justicia para el hombre.
27Abominación para los justos es el malvado,
Y abominación para el impío es el recto en su camino.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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